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El 4 de julio de 1932, Frida sufrió un aborto en Detroit, después de estar bajo la supervisión de sus médicos, quienes le dijeron que si pasaba largas temporadas en cama, en total reposo, podría llevar a buen término su embarazo. Sin embargo, su cuerpo no lo resistió y finalmente fue llevada al Hospital Henry Ford, donde culminó el proceso de aborto que había comenzado en su casa.
Días después, en medio de una gran depresión, Frida pidió que le llevaran el feto de su hijo para poder pintarlo. Esto no sucedió y tuvo que conformarse con algunas ilustraciones que le fueron proporcionadas por Diego y los médicos, con las que comenzó a realizar dibujos para esta obra, que lleva el nombre del hospital donde fue atendida.
El cuadro muestra su pequeña y desvalida figura, en medio de una cama enorme, ensangrentada; su vientre se encuentra todavía abultado y a su alrededor aparecen seis elementos sujetos con listones rojos, cual si fueran cordones umbilicales, sostenidos por su mano. A la derecha, sobre la cabecera de la cama, flota un caracol -según declaraciones de Frida es un símbolo de la lentitud del aborto-; en el centro, un feto masculino, el hijo que deseaba; a la izquierda, una maqueta médica color rosa, que muestra la zona de la pelvis, aludiendo a las fracturas de su columna; abajo, a la izquierda, una maquina; en el centro, la orquídea que le regaló Diego y, por último, el hueso pélvico. Las lágrimas brotan de sus ojos, mientras que en el horizonte aparece una vista de la Ford Motor Company, en la ciudad industrial de Detroit, donde Rivera trabajaba en sus murales.
“Aborté en un abrir y cerrar de ojos", le escribió al doctor Leo Eloesser.
Hospital Henry Ford es la primera pintura en la que Frida utilizó como soporte una hoja de metal, a la manera de los retablos o ex votos mexicanos.

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