Trabajada como si se tratase de un boceto para una obra mayor, esta pieza sigue casi al pie de la letra la construcción que Peter Paul Rubens (1577-1640) hiciera de la misma escena, en su pintura homónima realizada entre 1624 y 1627 para el altar mayor de la catedral de Amberes.
Por lo anterior, y dado que la obra es del siglo XVIII, es posible que se trate de una versión de estudio para dar gusto a una clientela específica.
Aunque es evidente la repetición del esquema compositivo, se aprecian diferencias notables en la resolución final de esta pieza dieciochesca, curiosamente, particularidades que la vinculan más con una tradición pictórica noreuropea que con el pincel suelto y fluido que caracterizó a Rubens.
La pieza de Museo Soumaya se aprecia más adusta, no sólo por el rasgo de la corrección fisonómica, sino porque además la técnica y la aplicación de la reducida paleta le confieren a la escena una serenidad mucho más cercana a los aires de la última pintura renacentista. Incluso las figuras aparecen más sólidas, a causa de que su dibujo es muy evidente –en términos del predominio de la línea– que el de Rubens, colorista por antonomasia y representante de una forma pictórica que marcaría el estilo de pintores venecianos como Giambattista Tiepolo (1696-1770), célebre por sus enormes lienzos mitológicos usados como paneles decorativos para estancias palaciegas e iglesias.
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