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Retato del escultor Carles Mani

Santiago Rusiñol1895

Museo del Cau Ferrat

Museo del Cau Ferrat

Este cuadro nunca fue expuesto en vida del autor.
El retrato del escultor Carles Mani (Tarragona, 1866- Barcelona, 1911) es sin duda, uno de los más inquietantes de todos los que pintó Santiago Rusiñol. La tensión del rostro, la mirada misteriosa y el ademán arisco del personaje nos muestran al hombre taciturno y atormentado y, a la vez, al artista incomprendido y maldito que siempre fue Mani. Rusiñol lo representó de medio cuerpo, sentado en una silla y con el brazo izquierdo apoyado en el respaldo. El rostro sombrío del escultor y la chaqueta negra que viste resaltan sobre un atrevido fondo bicolor, formado por los tonos rojizos de la pared y la colcha amarilla, un color claramente inspirado en el amarillo de la indumentaria del San Pedro de El Greco.
Rusiñol conoció a Carles Mani y su amigo el pintor Pere Ferran en París. Carles Mani recibió en 1894 una beca de la Diputación de Tarragona y decidió compartirla con Ferran, lo que hizo que los dos terminaran pasando una aventura de auténtica miseria de la que los salvó Rusiñol.

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