Archaeological Ensemble of Tárraco

Los restos romanos de Tarraco son de vital importancia en el desarrollo del diseño y la planificación urbanísticos romanos y sirvieron de modelo para las capitales de provincia de todo el mundo romano. Tarraco proporciona un testimonio elocuente de una etapa importante de la historia de las tierras mediterráneas de la antigüedad.

Es probable que aquí hubiera un asentamiento de comerciantes, fundado por los griegos de la región de Jonia, a principios del primer milenio a. C. Sin embargo, a finales del siglo V a. C., los íberos autóctonos habían creado un asentamiento llamado Kesse (también conocido como Cesse o Cissa). El procónsul romano Escipión el Africano conquistó y amuralló la ciudad en el año 218 a. C. durante la Segunda Guerra Púnica. La ciudad de Tarraco es el primer y más antiguo asentamiento romano de la Península Ibérica. Fue capital de la provincia de Hispania Citerior durante el reinado de Augusto. Por ello, y para demostrar el poder de Roma, se dotó a la ciudad de unos imponentes edificios públicos. Varios emperadores romanos la visitaron, entre ellos Augusto y Adriano, y en ella se celebraron muchos consejos en los que se reunían oficiales. El plano romano de la ciudad es excepcional, ya que se adapta a la configuración del terreno por medio de una serie de terrazas artificiales que se ven alrededor del foro de la provincia y en el barrio residencial. La ciudad cuenta con abundantes restos arqueológicos y arquitectónicos enterrados, entre los que se encuentran construcciones en perfecto estado de conservación, como el grupo de bóvedas de la calle Méndez Núñez.

El sistema defensivo de las murallas de Tarraco, uno de los primeros ejemplos de la ingeniería militar romana de la Península Ibérica, representa el símbolo más importante de la ciudad y definió sus límites desde la antigüedad hasta el siglo XIX. Estas murallas son un claro ejemplo de la técnica de construcción conocida como opus siliceum, que fue característica de Italia y que se utilizaba en las regiones de Etruria y Latium. Algunas partes de la muralla (con decoración interna y externa, puertas ciclópeas y bastiones defensivos como las torres del Capiscol, del Arzobispo y de Minerva) se conservan en buen estado. Este gran conjunto de construcciones definió el trazado de la antigua ciudad existente, donde se conserva la mayoría de los elementos arquitectónicos. Se trataba de un gran complejo distribuido en tres terrazas que se utilizaba para actividades políticas de alto nivel y para la integración de las comunidades de Hispania Citerior en el Imperio Romano, tal como revela la iconografía de los hallazgos decorativos y escultóricos. Los detalles arquitectónicos y el uso de materiales importados son una prueba de cómo trajeron de Roma a sus arquitectos y artesanos. El trabajo de estos especialistas también se aprecia en las tres construcciones romanas utilizadas para los espectáculos públicos. Alrededor de la ciudad hay un grupo de canteras de las que se extraían las piedras para realizar las construcciones romanas. También hay villas de lujo, como la Villa-mausoleo de Centcelles (modesta villa rural construida en el siglo II d. C. y ampliada posteriormente) y la Villa de los Munts (amplia zona residencial de lujo).

La cima de una colina y dos terrazas creadas más abajo sirvieron de asentamiento a la ciudad romana, sede del gobierno provincial. Entre las principales construcciones destacan las murallas construidas por Escipión, el recinto de culto al emperador, el Foro provincial (un espacio abierto con columnas), el circo (construido con hormigón romano o opus caementicium), el Foro colonial del centro de la ciudad, el teatro (levantado sobre un aljibe y un mercado portuario), el anfiteatro (construido bajo los mandatos de Trajano y Adriano y con capacidad para 14.000 espectadores), la basílica visigoda (dedicada a los mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio), la iglesia románica con planta de cruz latina tradicional (la mayoría de las partes inferiores perduran y el estudio de la decoración revela conexiones cistercienses), el cementerio paleocristiano asociado al culto a los tres mártires sobre cuyas tumbas se construyó la basílica (el museo paleocristiano del lugar alberga una gran cantidad de material procedente de excavaciones), el acueducto (construido mediante opus quadratum y provisto de dos filas de arcos), la Torre de los Escipiones (cuya atribución a Escipión es bastante dudosa) y el Arco del triunfo de Bará (que se consideraba un marcador territorial que indicaba el límite del territorio de Tarraco).

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