16 abr. 2016

El universo femenino en El Quijote

Acción Cultural Española, AC/E

Esta exposición muestra los principales personajes femeninos que aparecen en la genial obra de Cervantes. El universo de mujeres quijotesco es tan amplio que en él caben al mismo tiempo labradoras, princesas, prostitutas, pastoras, duquesas, hombres disfrazados de mujeres, mujeres de mozos o dueñas con barbas.

1. Quijote I (1605)
En la primera parte del libro, la que se publicó en 1605, Cervantes se centra en lo que acaece en las ventas, bosques y caminos. Don Quijote escoge a Dulcinea como dama de su corazón y por ella vivirá todas sus aventuras. Encontrará personajes tan entrañables como las mozas del partido que transformará en doña Tolosa y doña Molinera; a la pastora Marcela, feminista ya en su tiempo; a la moza asturiana Maritornes; a Dorotea, que intenta forjar su destino y reencontrar su amor perdido; Zoraida que escapa de Argel, y...

El ama y la sobrina

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor… Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte.” (Quijote I,1).

¿Dulcinea o Aldonza?

“¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero… cuando halló a quien dar nombre de su dama!… había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado... Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla «Dulcinea del Toboso» porque era natural del Toboso, nombre… músico y peregrino y significativo.” (Quijote I,1).

Las mozas del partidos se transforman...

“Estaban acaso a la puerta dos mujeres mozas, d'estas que llaman del partido, las cuales iban a Sevilla con unos arrieros que en la venta aquella noche acertaron a hacer jornada; ..., se llegó a la puerta de la venta y vio a las dos destraídas mozas que allí estaban, que a él le parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas damas que delante de la puerta del castillo se estaban solazando.” (Quijote I,2).

... en doña Tolosa y doña Molinera

“Don Quijote le replicó que, por su amor, le hiciese merced que de allí adelante se pusiese don y se llamase «doña Tolosa». Ella se lo prometió... a la cual también rogó don Quijote que se pusiese don y se llamase «doña Molinera», ofreciéndole nuevos servicios y mercedes.” (Quijote I,3)

La pastora Marcela

“... y fue que por cima de la peña donde se cavaba la sepultura pareció la pastora Marcela, tan hermosa, que pasaba a su fama su hermosura...: —Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros… Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos.” (Quijote I,14).

Maritornes

“Servía en la venta asimesmo una moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del un ojo tuerta y del otro no muy sana. Verdad es que la gallardía del cuerpo suplía las demás faltas: no tenía siete palmos de los pies a la cabeza, y las espaldas, que algún tanto le cargaban, la hacían mirar al suelo más de lo que ella quisiera.” (Quijote I,16)

Las historias cruzadas de Dorotea y Luscinda

Alborotáronse todos con el desmayo de Luscinda, y, desabrochándole su madre el pecho para que le diese el aire, se descubrió en él un papel cerrado, que don Fernando tomó luego y se le puso a leer a la luz de una de las hachas (Quijote I,27).

Lela Zoraida

“Entró luego tras él, encima de un jumento, una mujer a la morisca vestida, cubierto el rostro, con una toca en la cabeza; traía un bonetillo de brocado, y vestida una almalafa, que desde los hombros a los pies la cubría… Él en lengua arábiga le dijo que le pedían se quitase el embozo, y que lo hiciese; y, así, se lo quitó y descubrió un rostro tan hermoso…” (Quijote I,37)

La hija del ventero

“A cuyas señas y voz volvió don Quijote la cabeza, y vio a la luz de la luna, que entonces estaba en toda su claridad, como le llamaban del agujero que a él le pareció ventana, y aun con rejas doradas, como conviene que las tengan tan ricos castillos como él se imaginaba que era aquella venta; y luego en el instante se le representó en su loca imaginación que otra vez, como la pasada, la doncella fermosa, hija de la señora de aquel castillo, vencida de su amor tornaba a solicitarle.” (Quijote I,43).

Las mujeres de la venta

"Pero antes que se moviese el carro salió la ventera, su hija y Maritornes a despedirse de don Quijote, fingiendo que lloraban de dolor de su desgracia; a quien don Quijote dijo:
—No lloréis, mis buenas señoras, que todas estas desdichas son anexas a los que profesan lo que yo profeso." (Quijote I,47).

2. Quijote II (1615)
En la segunda entrega del libro, Cervantes escribe que el ama y la sobrina intentan impedir una nueva salida de don Quijote, pero finalmente el buen caballero logra escapar junto a Sancho en busca de nuevas aventuras. En su camino se cruza nada menos que Dulcinea, a la que don Quijote no logra reconocer porque está encantada, según Sancho. El hidalgo se encuentra con la hermosa Duquesa, la cual habiendo leído la primera parte del libro, decide gastar varias bromas a nuestros protagonistas, generando así el encuentro con otras dueñas y doncellas enamoradas, como Altisidora, o ultrajadas, como la hija de doña Rodríguez. La acción así se desplaza de los caminos a su palacio.

Dulcinea encantada

“Y sucedióle todo tan bien, que cuando se levantó para subir en el rucio vio que del Toboso hacia donde él estaba venían tres labradoras sobre tres pollinos, o pollinas, que el autor no lo declara, aunque más se puede creer que eran borricas, por ser ordinaria caballería de las aldeanas… —respondió Sancho—: que no tiene más que hacer vuesa merced sino picar a Rocinante y salir a lo raso a ver a la señora Dulcinea del Toboso, que con otras dos doncellas suyas viene a ver a vuesa merced.” (Quijote II,10).

Quiteria

“Y como Sancho vio a la novia, dijo:
—... ¡Oh, hideputa, y qué cabellos, que, si no son postizos, no los he visto más luengos ni más rubios en toda mi vida! ¡No, sino ponedla tacha en el brío y en el talle, y no la comparéis a una palma que se mueve cargada de racimos de dátiles, que lo mesmo parecen los dijes que trae pendientes de los cabellos y de la garganta! Juro en mi ánima que ella es una chapada moza, y que puede pasar por los bancos de Flandes.” (Quijote II,21).

El títere Melisendra

"¿No veen aquel moro que callandico y pasito a paso, puesto el dedo en la boca, se llega por las espaldas de Melisendra? Pues miren cómo la da un beso en mitad de los labios, y la priesa que ella se da a escupir y a limpiárselos con la blanca manga de su camisa, y cómo se lamenta y se arranca de pesar sus hermosos cabellos, como si ellos tuvieran la culpa del maleficio." (Quijote II,26).

La Duquesa

“Llegóse más, y entre ellos vio una gallarda señora sobre un palafrén o hacanea blanquísima, adornada de guarniciones verdes y con un sillón de plata. Venía la señora asimismo vestida de verde, tan bizarra y ricamente, que la misma bizarría venía transformada en ella. En la mano izquierda traía un azor, señal que dio a entender a don Quijote ser aquella alguna gran señora, que debía serlo de todos aquellos cazadores, como era la verdad…” (Quijote II,30).

Las doncellas de palacio

“Finalmente, don Quijote se sosegó, y la comida se acabó, y en levantando los manteles llegaron cuatro doncellas... La doncella barbera, cuando le tuvo con un palmo de jabonadura, fingió que se le había acabado el agua y mandó a la del aguamanil fuese por ella, que el señor don Quijote esperaría. Hízolo así, y quedó don Quijote con la más extraña figura y más para hacer reír que se pudiera imaginar.” (Quijote II,32).

La mujer aprovechada

“Señor gobernador de mi ánima, este mal hombre me ha cogido en la mitad d'ese campo y se ha aprovechado de mi cuerpo como si fuera trapo mal lavado, y, ¡desdichada de mí!, me ha llevado lo que yo tenía guardado más de veinte y tres años ha, defendiéndolo de moros y cristianos, de naturales y extranjeros, y yo siempre dura como un alcornoque, conservándome entera como la salamanquesa en el fuego o como la lana entre las zarzas, para que este buen hombre llegase ahora con sus manos limpias a manosearme.” (Quijote II,45).

Altisidora

“Y al pasar por una galería estaban aposta esperándole Altisidora y la otra doncella su amiga, y así como Altisidora vio a don Quijote fingió desmayarse, y su amiga la recogió en sus faldas y con gran presteza la iba a desabrochar el pecho. Don Quijote que lo vio, llegándose a ellas dijo:
—Ya sé yo de qué proceden estos accidentes.
—No sé yo de qué —respondió la amiga—, porque Altisidora es la doncella más sana de toda esta casa, y yo nunca la he sentido un ¡ay!...” (Quijote II,46).

Doña Rodríguez

“… vio entrar a una reverendísima dueña con unas tocas blancas repulgadas y luengas, tanto, que la cubrían y enmantaban desde los pies a la cabeza. Entre los dedos de la mano izquierda traía una media vela encendida, y con la derecha se hacía sombra, porque no le diese la luz en los ojos, a quien cubrían unos muy grandes antojos...
Miróla don Quijote… pensó que alguna bruja o maga venía en aquel traje a hacer en él alguna mala fechuría, y comenzó a santiguarse con mucha priesa.” (Quijote II,48).

Teresa y Sanchica

“—Salga, madre Teresa, salga, salga, que viene aquí un señor que trae cartas y otras cosas de mi buen padre.
A cuyas voces salió Teresa Panza, su madre, hilando un copo de estopa, con una saya parda —parecía, según era de corta, que se la habían cortado por vergonzoso lugar—, con un corpezuelo asimismo pardo y una camisa de pechos. No era muy vieja, aunque mostraba pasar de los cuarenta, pero fuerte, tiesa, nervuda y avellanada; la cual viendo a su hija, y al paje a caballo…” (Quijote II,50).

El ama y la sobrina

"Fue condición de los combatientes que si don Quijote vencía, su contrario se había de casar con la hija de doña Rodríguez, y si él fuese vencido, quedaba libre su contendor de la palabra que se le pedía, sin dar otra satisfacción alguna." (Quijote II,56).

3. Disfraces
A Cervantes le gusta jugar con el lector y en muchas ocasiones disfraza a sus personajes para que las mentiras parezcan realidad, en un brillo de espejos que nos va deslumbrando. Así empieza disfrazando al cura de princesa, aunque finalmente será Dorotea —a la que el cura y el barbero se encuentran por el camino, ataviada con la ropa de un mozo—, la que se transformará en la Princesa Micomicona. Los Duques también se divierten gastando bromas a don Quijote e invirtiendo roles: ponen barbas a dueñas, visten de pastoras a unas doncellas... Existe además una razón algo más seria para la máscara: las mujeres, cuando viajan solas, fingen ser hombres para evitar malas experiencias.

El cura disfrazado de princesa

“En resolución, la ventera vistió al cura de modo que no había más que ver. Púsole una saya de paño, llena de fajas de terciopelo negro de un palmo en ancho, todas acuchilladas, y unos corpiños de terciopelo verde guarnecidos con unos ribetes de raso blanco, que se debieron de hacer, ellos y la saya, en tiempo del rey Bamba...” (Quijote I,27).

Dorotea vestida de mozo

“El mozo se quitó la montera, y, sacudiendo la cabeza a una y a otra parte, se comenzaron a descoger y desparcir unos cabellos que pudieran los del sol tenerles envidia. Con esto conocieron que el que parecía labrador era mujer, y delicada, y aun la más hermosa que hasta entonces los ojos de los dos habían visto... En esto les sirvió de peine unas manos, que si los pies en el agua habían parecido pedazos de cristal, las manos en los cabellos semejaban pedazos de apretada nieve.” (Quijote I,28).

Dorotea como princesa Micomicona

“Dorotea, la cual, apeándose con grande desenvoltura, se fue a hincar de rodillas ante las de don Quijote; y aunque él pugnaba por levantarla…:
—De aquí no me levantaré, ¡oh valeroso y esforzado caballero!, fasta que la vuestra bondad y cortesía me otorgue un don […]
—Bien puede vuestra merced, señor, concederle el don que pide, que no es cosa de nada: solo es matar a un gigantazo, y esta que lo pide es la alta princesa Micomicona, reina del gran reino Micomicón de Etiopia.” (Quijote I,29).

Condesa Trifaldi y las dueñas barbudas

“Y luego la Dolorida y las demás dueñas alzaron los antifaces con que cubiertas venían, y descubrieron los rostros todos poblados de barbas, cuáles rubias, cuáles negras, cuáles blancas y cuáles albarrazadas, de cuya vista mostraron quedar admirados el duque y la duquesa, pasmados don Quijote y Sancho, y atónitos todos los presentes.” (Quijote I,39).

La pastoras fingidas

“… al improviso se le ofrecieron delante, saliendo de entre unos árboles, dos hermosísimas pastoras: a lo menos vestidas como pastoras, sino que los pellicos y sayas eran de fino brocado, digo, que las sayas eran riquísimos faldellines de tabí de oro. Traían los cabellos sueltos por las espaldas, que en rubios podían competir con los rayos del mismo sol, los cuales se coronaban con dos guirnaldas de verde laurel y de rojo amaranto tejidas. La edad, al parecer, ni bajaba de los quince ni pasaba de los diez y ocho.” (Quijote II,58).

Ana Félix

“—Pues ¿qué eres? —replicó el virrey.
—Mujer cristiana —respondió el mancebo.
—¿Mujer y cristiana y en tal traje y en tales pasos? Más es cosa para admirarla que para creerla. […]
—Esta, señores, es mi hija, más desdichada en sus sucesos que en su nombre: Ana Félix se llama, con el sobrenombre de Ricote, famosa tanto por su hermosura como por mi riqueza.” (Quijote II,63).

La falsa muerte de Altisidora

“… ardían velas de cera blanca sobre más de cien candeleros de plata; encima del cual túmulo se mostraba un cuerpo muerto de una tan hermosa doncella, que hacía parecer con su hermosura hermosa a la misma muerte. Tenía la cabeza sobre una almohada de brocado, coronada con una guirnalda de diversas y odoríferas flores tejida, las manos cruzadas sobre el pecho, y entre ellas un ramo de amarilla y vencedora palma.” (Quijote II,69).

Instituto Universitario de Investigación Miguel de Cervantes
Créditos: reportaje

Comisario de la exposición:
Elisa Borsari

Organizado por:
Instituto Universitario de Investigación "Miguel de Cervantes" (UAH)

Actividad que se inserta dentro del proyecto I+D+i del Ministerio de Economía y Competitividad:
DHuMAR. Digital Humanities, Middle Ages & Renaissance. 1. Poetry 2. Translation (FFI2013-44286-P)

Créditos: todos los contenidos multimedia
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