1550 - 2015

El cuerpo vestido: siluetas y moda

Museu del Disseny de Barcelona

El cuerpo vestido
En todas las épocas, las diferentes maneras de vestirse tienen que ver con los códigos morales, sociales y estéticos del momento. La moda impone cánones de belleza y las siluetas y los volúmenes se modifican: la naturaleza deja paso al artificio. El vestido cambia la relación de la persona con respecto al espacio y a los demás individuos. La exposición explica como el vestido modifica la apariencia del cuerpo mediante unas acciones que tienden a comprimirlo y a liberarlo alternativamente, desde el siglo XVI hasta la actualidad.

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Crear volumen mediante estructuras interiores o bien con tejidos rígidos y amplios que lo separan del cuerpo.

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Disminuir las formas naturales del cuerpo, especialmente el tórax y la cintura.

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Estirar la imagen para que el cuerpo parezca más alto.

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Seguir las formas del cuerpo sin modificarlo.

Destapa

Insinuar la silueta, muestra piernas y brazos y enseña la piel.

El caballero y el cortesano. El vestido comprime el cuerpo (1550–1789)
En el Renacimiento se perfeccionan las técnicas de corte y confección y el vestido se adapta al cuerpo. Las mujeres visten de largo, con faldas. Ellos visten de corto, llevan ropa con perneras y enseñan las piernas. El cuerpo es un escaparate donde se exponen telas, vestidos, encajes, bordados y complementos. Se utilizan estructuras interiores para ampliar o reducir la silueta. En los siglos XVI y XVII, la moda a la española, de vestido negro y pose hierática, marca la tendencia que siguen las cortes europeas, mientras que en el siglo XVIII prevalece la moda a la francesa, que busca un efecto teatral.

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Los hombres utilizan capas triangulares, pechos hinchados, calzas de calabaza y braguetas rellenas y con volumen.

Las faldas tienen cada vez mayor volumen gracias a las estructuras interiores.

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Marcar cintura. Comprimir y aplanar el torso con cartones de pecho y corsés.

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Elevar con chapines: los primeros zapatos de plataforma y zapatos de tacón. Realzar con pelucas y adornos.

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Casaca con faldones encerados, chaleco, calzones y medias que crean una silueta filiforme.

Vestido y Revolución. El cuerpo se libera (1789–1825)
La transformación social provocada por la Revolución Francesa tiene su reflejo en el vestido. Napoleón suprime por decreto los símbolos de la aristocracia: corsés, miriñaques, calzones y zapatos de tacón. El vestido se simplifica. La silueta de hombres y mujeres se hace rectilínea, siguiendo el modelo de las estatuas griegas. Las mujeres llevan un «vestido camisa». La cintura se desplaza hasta debajo del pecho.

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Los vestidos de hombres y mujeres se hacen flexibles, la silueta se deshincha y sigue las formas del cuerpo.

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Las mujeres muestran los brazos. Las telas ligeras y transparentes permiten ver la forma del cuerpo.

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Las colas de los vestidos y las mangas largas estilizan la figura de la mujer. Los hombres llevan pantalones largos, cuello alto y sombrero de copa.

Damas etéreas. El vestido hincha el cuerpo (1825–1845)
El Romanticismo se inspira en las formas del arte gótico y del Renacimiento. Con zapato bajo, la piel pálida y los vestidos hinchados, la mujeres del segundo cuarto de esta época parecen flotar. Los hombres, bien erguidos, tienen los hombros caídos. Utilizan el traje de tres piezas, simple y cómodo, con capa o abrigo.

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Mangas enormes con rellenos y faldas de vuelo, que se hinchan y redondean gracias a la superposición de enaguas. Los hombres también adoptan una figura con volumen.

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Hacia 1828 se introduce el corsé, que llega incluso a dificultar la respiración.

La cintura vuelve a su posición natural.

Los burgueses engalanados. Exageración de los volúmenes (1845–1868)
La revolución industrial transforma la fabricación de las telas y cambia la vida de la población europea. La burguesía dicta las modas y las siluetas, que se renuevan cada vez más a menudo. Los burgueses aspiran a parecerse a los aristócratas, y recuperan las formas del siglo XVIII. Los vestidos de las mujeres están muy ornamentados y muestran el poderío económico del patrimonio familiar. Con el torso muy comprimido y la cintura estrecha, las faldas son muy amplias. Los vestidos llegan a ser tan exagerados que hacen difícil sentarse o cruzar una puerta. El hombre se hace invisible con su traje de tres piezas: pantalones, chaleco y levita o chaqueta.

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Las faldas alcanzan el máximo volumen.

El miriñaque —confeccionado primero con trama de crin (crinolina) y posteriormente con aros metálicos— es una estructura más ligera que las enaguas.

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Los corsés comprimen la cintura y el estómago y pueden provocar graves problemas de salud.

La época del polisón. Lo importante está detrás (1868–1888)
La industrialización comporta la producción en serie, primero en los complementos y la ropa interior y después en los vestidos, que se comercializan en los grandes almacenes. Mirado de perfil, el cuerpo de la mujer tiene forma de ángulo; es plano si se mira por delante y se ensancha por detrás. Se introduce el denominado «vestido tapicero», una prenda pesada que imita los cortinajes y tapicerías de las casas burguesas. Las colas de los vestidos de noche, largas y pesadas, alargan las siluetas. En la moda masculina, pocos cambios: traje de tres piezas y abrigo. En las ceremonias se utiliza el frac o el chaqué.

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El volumen de la falda se recoge en la parte de atrás, se amplía con una estructura interior (el polisón) y se alarga con una cola.

Hacia 1885 los polisones son plegables o se convierten en cojines.

Bellas en forma de “S”. El vestido deforma el cuerpo (1888–1910)
El Modernismo aporta a las artes y la arquitectura decoraciones sinuosas que imitan la naturaleza. Los vestidos y tejidos no constituyen una excepción. Pecho hinchado y basculado hacia delante, cintura estrechísima, vientre plano y pelvis hacia atrás: como una filigrana serpenteante (el famoso coup de fuet), el cuerpo de la mujer se deforma al máximo por acción del corsé y de la postura en “S”. A partir de 1900 la silueta se hace más esbelta y la falda, con corola, adopta forma de flor. El traje de los hombres es el terno de chaqueta, pantalones y chaleco con bombín. De noche y en las ceremonias llevan levita, frac, esmoquin o chaqué con sombrero de copa.

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Volantes, lazos y frunces hacen crecer las mangas, las faldas y el pecho en un solo volumen.

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El corsé comprime el busto y la cintura. Hacia 1908 los corsés son tan largos que impiden el menor movimiento. El corsé cambia la disposición de los órganos internos en el cuerpo de la mujer y provoca graves trastornos.

El vestido muestra el cuerpo. ¡Fuera corsés! (1910–1930)
La Primera Guerra Mundial marca una ruptura entre el siglo XIX y la modernidad. Se hace patente un proceso de liberación de las mujeres, que en esa época se incorporan masivamente al mercado laboral. La silueta alargada y delgada, que aplana el pecho y disimula las caderas, presenta una imagen andrógina de la mujer. La cintura se desplaza desde debajo del pecho hasta la cadera. Los vestidos modernos se adaptan a las actividades al aire libre y al baile. Como las mujeres, los hombres buscan también una silueta filiforme.

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Con la desaparición del corsé, el cuerpo se «desmolda». Siluetas rectas y simples: las túnicas no son una armadura, sino una prenda cómoda y funcional.3

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El cuerpo se muestra o se insinúa. En los años veinte, por primera vez en la historia, las mujeres enseñan las piernas.

Alta costura. La silueta artificial (1930–1960)
La indumentaria de los años de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial refleja el clima sombrío, la precariedad económica y el conservadurismo en Europa. Los vestidos evolucionan de las prendas fluidas de la década de 1930 a la moda austera de los años 1940 —con influencia de los uniformes militares—, y posteriormente a la silueta de reloj de arena que realza los símbolos de la feminidad. De día se mantienen los vestidos cortos, mientras que de noche y de fiesta vuelven los trajes largos. En los años 1950 la ropa interior acentúa la forma de los pechos en punta y las caderas. Los hombres visten trajes de tres piezas con sombrero.

La alta costura y Balenciaga

Sistema de la moda de París que se impone en todo el mundo. Modistas de renombre crean modelos originales que se muestran en desfiles dos veces al año. La ropa se confecciona de manera artesanal y a medida para un núcleo restringido de clientas.

El New Look, creado en 1947 por el diseñador francés Christian Dior (1905–1957), pone de manifiesto las formas femeninas y recupera el cuerpo encorsetado y las enaguas, como en épocas anteriores.

Cristóbal Balenciaga (1895–1972) es el maestro en la investigación de formas y volúmenes. En una misma prenda combina diversas acciones: amplía y reduce, perfila y desplaza. Sus siluetas, con nuevos sistemas constructivos, influencian toda la moda posterior.

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Se exagera el volumen de las faldas en las caderas, con unos cojincillos interiores o mediante pliegues en el vestido. El busto crece, con sujetadores como cucuruchos.

La Cooperativa de Alta Costura

Pedro Rodríguez (1895–1990) crea en Barcelona la Cooperativa de Alta Costura. Esta entidad organiza los Salones de la Moda Española, donde se citan «los cinco grandes»: Asunción Bastida, Pedro Rodríguez, El Dique Flotante, Santa Eulalia y Manuel Pertegaz.

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El talle se comprime gracias a la faja y el cinturón. La cintura, estrechísima, se denomina «cintura de avispa».

Prêt-à-porter. El cuerpo se muestra (1960–1990)
Durante la década de 1960 se produce una ruptura sociocultural. Los jóvenes se rebelan y ponen en cuestión los cánones de belleza establecidos, con nuevas apariencias donde el atrevimiento es la norma. Ya no existe una silueta única. La moda unisex aporta túnicas, vestidos y pantalones, cortos o largos, de vivos colores. En los años ochenta abundan las formas exageradas y las texturas brillantes. Prêt-à-porter: Series firmadas por los modistas que se adaptan a los nuevos aires de cambio social y se dirigen a una clientela más numerosa.

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En los años ochenta, las capas, las hombreras desproporcionadas y las faldas con enormes volúmenes crean una figura superlativa.

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La ropa interior femenina ya no estructura la silueta, o ya no se lleva. El vestido se adapta al cuerpo y constituye una segunda piel que muestra su movimiento con nuevos tejidos elásticos, como la licra (Lycra®, 1959).

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Las mujeres de los años sesenta presumen de piernas gracias a la minifalda, los pantalones cortos y los pantis. También se dejan al descubierto la espalda y el estómago.

Diseñadores versus globalización. El vestido perfila, envuelve o muestra el cuerpo (1990–2015)
Hombres y mujeres modifican su cuerpo con piercings, tatuajes y otras acciones sobre la piel que han sido socialmente aceptadas y adoptadas. Streetwear: los jóvenes establecen cánones de belleza diferentes. Las redes sociales difunden imágenes de la calle que marcan tendencia. Las corrientes minimalistas de los noventa utilizan el negro y persiguen la forma más pura y sencilla. Los diseñadores crean pequeñas colecciones de moda que se comercializan en tiendas multimarca o en las de los propios autores. Al mismo tiempo, la gente de la calle tiene acceso a vestidos de consumo masivo iguales en todo el mundo. La investigación con tejidos innovadores y las aplicaciones high–tech cambian la relación del cuerpo con el vestido y la moda.

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Aparecen siluetas desconocidas, con vestidos que deforman o envuelven el cuerpo.
La ropa interior es estructurada, con elementos como el Wonderbra y los corsés, que recuperan tradiciones históricas. Pero estas piezas cada vez se adaptan mejor al cuerpo, gracias a tejidos flexibles, termocosturas y modelados.

La ropa interior es estructurada, con elementos como el Wonderbra y los corsés, que recuperan tradiciones históricas. Pero estas piezas cada vez se adaptan mejor al cuerpo, gracias a tejidos flexibles, termocosturas y modelados.

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Vestidos, camisetas, mallas y bodies ajustados, realizados con tejidos elásticos, describen una nueva silueta completamente anatómica.

Revelar

Las nuevas transparencias y las prendas mínimas permiten exponer la piel, la superficie del cuerpo.

Museu del Disseny de Barcelona
Créditos: reportaje

Producción
Museu del Disseny de Barcelona.

Comisariado
Teresa Bastardes y Silvia Ventosa, Departamento de Colecciones del Museu del Disseny. Con la colaboración del Departamento de Exposiciones.

Basada en la exposición 'El cuerpo vestido' en el Museu del Disseny de Barcelona.

Créditos: todos los contenidos multimedia
En algunos casos, el reportaje destacado es obra de un tercero independiente y no siempre representa los puntos de vista de las instituciones indicadas a continuación, que son las que han proporcionado el contenido.
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