27 oct. 2016

Las creencias religiosas

Museo Arqueológico de Córdoba

Recorrido por las imágenes de los diferentes cultos religiosos   

Dioses y cultos
La creencia en una realidad superior al ser humano está documentada desde la Prehistoria. Los ídolos oculados y los ídolos-placa del Calcolítico son ya representaciones de divinidades. Pero las formas religiosas más complejas comienzan a conocerse con los iberos, cuyas creencias están muy ligadas con las de fenicios, griegos, cartagineses y romanos. El politeísmo de éstos, junto con todo el ritual, se instala firmemente en la romanizada Hispania, que experimentará a finales del Imperio el mismo proceso de cristianización del mundo romano, con un conflicto particular entre el catolicismo y el arrianismo inicial de los visigodos. A este sustrato se superpone un intenso proceso de islamización iniciado con la llegada de los musulmanes, convirtiendo a cristianos y judíos en minorías religiosas cada vez menos numerosas.

Desde su origen, el ser humano ha practicado ritos relacionados con los fenómenos de la naturaleza, con fines propiciatorios o protectores. A partir del Neolítico, el mundo religioso incorpora representaciones de posibles deidades y rituales relacionados con la renovación de la vida. Este tipo de representación iconográfica de ídolos oculados procede del Próximo Oriente, siendo muy comunes desde el Calcolítico (III-II Milenio a.n.e.) Están vínculadas a ajuares funerarios en sepulcros megalíticos o cuevas. Son figuras relacionadas con algún tipo de culto o prácticas mágico-religiosas, enraizadas en el mundo de las creencias de aquellos pueblos. Se han hallado ídolos de temáticas muy variadas: antropomorfos, fálicos, oculados... unidos por un nexo común: los ojos con forma de sol y el tatuaje facial.

Las creencias religiosas del mundo ibérico mezclan tradiciones propias con las influencias orientales. Las deidades principales eran una diosa y un dios protectores de la fecundidad, los animales y el hombre, que suelen representarse rodeados de caballos. También hay genios, animales reales y fantásticos (grifos, esfinges, sirenas) que simbolizan el inframundo. Las creencias en dioses del pueblo ibérico están influenciadas por la religión griega y fenicia. Desconocemos los dioses que conforman el panteón ibérico, los ritos y cultos, que debieron ser competencia de una casta de sacerdotes. Esta pieza se ha interpretado como la representación de una sacerdotisa del santuario ibérico de Torreparedones (Baena-Castro del Río).

A partir de la romanización, el registro arqueológico de Córdoba nos muestra la sucesión de los distintos sistemas religiosos que se suceden a lo largo del tiempo: el culto imperial romano en el templo de la calle Claudio Marcelo; las religiones iniciáticas de origen oriental; la consolidación del cristianismo como religión oficial desde el S.IV; el proceso de islamización con la llegada de los musulmanes; la cristianización desde la conquista castellana del S. XIII. Todos estos sistemas tienen sus dioses, cultos y ritos que los hacen singulares. La religión romana estuvo en gran parte al servicio del poder imperial. Ejemplo de ello es el culto a la "Tríada capitolina", formada por los dioses Júpiter, Juno y Minerva. Este culto tuvo gran aceptación, como fórmula de colocar las poblaciones e instituciones imperiales bajo la protección divina. Muestra de ello es esta herma, con una representación bifronte de los dioses Júpiter y su esposa, Juno.

Parte inferior de estatua femenina que parece representar la iconografía de la diosa Minerva, la diosa itálica de las artes y de la guerra, que junto a Júpiter y Juno son grandes deidades del panteón romano.

Uno de los dioses más representados es Baco (el Dionisos griego). Numerosas piezas escultóricas son representaciones suyas o de figuras relacionadas con él (cortejo báquico). Es un dios relacionado con los mitos de renovación de la naturaleza, aunque se le conozca más comúnmente como la divinidad del vino.

Busto que se ha identificado con la imagen del dios griego Eros, el dios del amor (el Cupido romano), pues su cuerpo presenta por su parte dorsal el arranque de unas alas. En Hispania hubo una gran profusión de esculturas ideales que decoraban edificios privados y públicos que solían inspirarse en originales griegos.

Estatua que reproduce a la diosa del amor, Afrodita (Venus, en Roma) tipo Fréjus, original griego del siglo V a.n.e. del escultor ateniense Kallimachos, discípulo de Fidias. Presenta efectos de ropajes mojados en la labra, que se adhieren a la anatomía femenina. Esta pieza puede datarse en época imperial romana, a mediados del S. I de nuestra era.

En el mundo romano eran frecuentes las representaciones de divinidades domésticas, en forma de bustos (Hermas), como ésta del dios Pan, protector de los pastores y los rebaños.

Las hermas son pequeños bustos sin brazos, ideados para su colocación sobre una base con forma de pirámide invertida que se colocaban por todos los rincones de la casa o de huertas y jardines. Se consideraban dioses protectores del hogar, de las cosechas y ganados, siendo honrados en determinadas épocas del año con fiestas religiosas.

Escultura que representa al dios Hefesto o Vulcano para los romanos, considerado el dios de los herreros y del fuego terrenal. Posiblemente se trate de algún tipo de exvoto al que el propietario le tenía devoción especial por razones profesionales o espirituales. Estas figurillas solían ubicarse en los lararii o pequeños altares de la vivienda, en los que se realizaban las ofrendas y plegarias a los dioses y dioses domésticos (lares, manes y penates).

Escultura de bronce que representa al dios Marte, protector de las acciones bélicas, de especial devoción de la dinastía Julio-Claudia. Deidad consagrada en numerosos templos en el Capitolio y en el Foro de Augusto.

El culto a los numerosos dioses del panteón romano incluía sacrificios de animales. Con estos rituales, realizados por colegios sacerdotales, se relacionan las aras, como las destinadas al taurobolio (sacrificio de un toro o buey) y al criobolio (sacrificio de un carnero). Este es un altar de taurobolio con una inscripción de agradecimiento por los beneficios recibidos. Hallado cerca de un posible templo dedicado a Cibeles, diosa que junto a Attis concentraba los misterios de los ritos orientales.

Muestra de la importancia en el mundo romano de las religiones iniciáticas de procedencia oriental es esta representación del dios persa Mitra, única imagen de esta divinidad que se conserva en la Península Ibérica. El culto a este dios se desarrolló con ritos de carácter esotérico e iniciático, seguidos especialmente por los cuerpos militares. Posteriormente, fue adquiriendo un carácter más popular y se extendió a otras clases sociales. En Hispania este culto se desarrolló desde mediados del siglo II hasta finales del siglo III. Otras religiones iniciáticas de menor importancia fueron la del culto a Cibeles, de origen anatolio y relacionada con los ciclos agrícolas; y la de Isis, diosa egipcia que simbolizaba la maternidad, la fertilidad y la redención.

El dios Mitra somete al toro sujetándolo por el morro mientras hunde la daga en su cuello y gira la cabeza para mirar al Sol. De la sangre purificadora que brota del toro bebe un perro y una serpiente, mientras un alacrán atenta contra los atributos sexuales del toro. Estas representaciones zoomorfas tienen carácter simbólico: el toro es el símbolo de la fertilidad; el perro es el fiel amigo del dios, que guarda el alma; la serpiente produce las plantas y del alacrán nacen los animales y las personas. Simboliza la regeneración del ciclo vital de la naturaleza, la repetición anual del ciclo de la muerte y resurrección.

También iniciáticos, relacionados con el mito de Dionisos como dios que resucita al igual que se renueva la naturaleza en un ciclo sin fin, son los Misterios Eleusinos. Representados en este relieve, los misterios eleusinos celebraban el regreso de Perséfone, hija de Deméter (diosa de la agricultura), raptada por Plutón (Dios de los infiernos). Se vincula a la reproducción de las plantas y la vida natural. Su vuelta del inframundo es un presagio de los ciclos de la naturaleza.

La expansión del cristianismo en la Hispania tardoantigua es similar a la del resto del Imperio. Con el Reino Visigodo de Toledo se produce el conflicto entre el catolicismo de la población hispanorromana y el arrianismo de la élite gobernante. Las diferencias se superaron con la conversión al cristianismo católico de Recaredo en el III Concilio de Toledo. Este proceso se refleja en la decoración escultórica de piezas arquitectónicas, entre las que destaca el capitel de los Evangelistas, pieza destacada por ser la primera representación del Tetramorfos, en el que los evangelistas aparecen con cuerpo humano y rostro de animal simbólico. San Lucas, con cabeza de toro; San Mateo, con rasgos humanos; San Marcos, cuyo símbolo es el león y San Juan, representado con cabeza de águila.

Relieve que representa la escena bíblica de Daniel en el foso de los leones. Su simbología está vinculada a la fortaleza que la fe imprime al creyente. Pieza que nos muestra el simbolismo propio de la religión cristiana que, procedente de África, se extendió rápidamente por la Bética, que no se libró de las persecuciones, especialmente duras a finales del siglo III. A pesar de ellas, el cristianismo arraigó sólidamente en el sur de Hispania. Córdoba proporcionó figuras clave para la fijación de la ortodoxia católica, como el obispo Osio, figura principal del Concilio de Nicea del año 325, en el cual se fijó el dogma de la Iglesia.

La cristianización del reino visigodo aparece también representado en los "ladrillos decorados o estampillados", que formaban parte de la decoración de edificios religiosos y que se difundieron por el Valle del Guadalquivir. La decoración que presentan es muy variada, desde temas geométricos o vegetales hasta una rica simbología cristiana. Entre los motivos cristianos destaca el Crismón, formado por el anagrama de Cristo, consistente en las letras griegas X y P entrelazadas. A sus lados se sitúan la primera y la última letra del alfabeto griego, alfa y omega, simbolizando el principio y el fin de todas las cosas. Esta placa decorativa presenta además una inscripción lateral y un arco de medio punto gallonado sobre columnas que enmarcan el Crismón.

Placa cerámica decorada a molde con decoración en relieve, representando en su centro una crátera de cuerpo gallonado, pie y dos asas. A sus lados dos pavos reales afrontados y bajo ellos sendos sellos circulares con crismón de tipo constantiniano, flanqueado por las letras apocalípticas alfa y omega, que simboliza el principio y fin de todas las cosas. Simbología cristiana propia de los S. V-VI. Se supone su uso como revestimiento de sepulturas, revestimientos parietales, techumbres o exvotos.

Dintel de puerta con decoración a base de motivos cristianos: una cruz patada con alfa y omega, símbolo considerado el monograma de Cristo. Estos motivos se repiten en otras representaciones artísticas cristianas y son utilizados como símbolos del triunfo de la fe cristiana sobre el arrianismo y otras herejías coetáneas.

El Islam es una religión estrictamente monoteísta, que se extendió desde la predicación de Mahoma a mediados del s. VII. En al-Andalus, la dinastía omeya en el s. VIII implantó la interpretación malikí del Corán, la más rigorista y literal de las cuatro escuelas interpretativas del texto revelado, que admite el Islam ortodoxo o sunní. Es una religión de la que están ausentes los sacrificios y esto la diferencia del judaísmo antiguo y del cristianismo, del que rechaza ante todo el culto a los santos por asimilarlo a una forma de idolatría pagana. La invasión musulmana no supuso la desaparición del cristianismo. El proceso de islamización de la antigua Hispania, denominada ahora al-Andalus, se realiza de forma progresiva hasta su culminación en el S. XI.

La mezquita es el espacio religioso por excelencia y Córdoba posee el mejor y más acabado ejemplo. Esta celosía, que servía para tapar los vanos de las ventanas de las casas o edificios religiosos, tiene un paralelo en la Mezquita de Córdoba. Posiblemente fuera elaborada en el mismo taller al presentar el mismo programa decorativo y calidad técnica. La trama decorativa de estas celosías se resolvían con formas geométricas (triángulos, hexágonos, octógonos...) elementos totalmente iconoclastas, muy propios del mundo islámico.

Yamur que corona las mezquitas en época islámica, formado por varios cuerpos cilíndricos de tamaño descendente con función decorativa, protectora y simbólica, representando los distintos cielos. Ha sido reutilizada en época cristiana, como atestigua la veleta con remate de cruz metálica que la corona. Esta una de las escasas piezas conservadas en el Museo de época islámica de temática religiosa, dado el carácter iconoclasta de la religión islámica y la prohibición coránica de representar imágenes figurativas en ámbito público y religioso.

Cristianos y judíos eran para los musulmanes “gentes del libro”, practicantes de unas religiones toleradas, que fueron aceptados en al-Andalus a cambio de pagar un tributo. Se controlaron las manifestaciones externas de sus cultos, aunque se les permitió mantener una organización política interna. La tolerancia descendía en momentos de conflictividad política y social, durante las invasiones norteafricanas de almorávides (siglo XI) y de almohades (siglo XII) que marcarán el declive de cristianos y judíos en al-Andalus. Muchos cristianos emigran hacia los reinos cristianos, que se hacen más fuertes en la mitad norte de la Península; en cuanto a los judíos, llega a desaparecer la rica escuela talmúdica cordobesa, decayendo totalmente su judería.

Los mozárabes fueron una importante minoría durante el Emirato, aunque su número descendió paulatinamente debido a las numerosas conversiones al Islam, lo que provocó el movimiento de los mártires voluntarios, encabezados por San Eulogio. Tolerados durante mucho tiempo, los mozárabes emigraron en masa a los reinos cristianos del norte peninsular huyendo de la intolerancia de los almorávides. Esta campana de bronce, con una inscripción en la que consta el nombre del abad Sansón, confirma la presencia de la comunidad mozárabe en la Córdoba del S.X. Justifica la convivencia de los distintos credos religiosos en nuestra ciudad en esa época. Se considera la campana cristiana más antigua conservada en nuestro país.

La religiosidad popular
Todos estos dioses, cultos y ritos  se relacionan con las creencias populares, las supersticiones y las prácticas mágicas de la población anónima. La religiosidad popular es un aspecto de las creencias religiosas que tiene gran trascendencia, porque sus ideas, ritos y manifestaciones indican cómo son asimilados los preceptos y normas de las religiones "oficiales", desde el paganismo hasta el Islam, y cuáles son las desviaciones que se producen respecto a éstas. Es un mundo complejo, en el cual se mezclan tradiciones, procedentes incluso de las religiones prehistóricas, supersticiones, prácticas mágicas…, tendiendo a concebir y utilizar lo sagrado de manera formalista.

Cabeza que pudo formar parte de un exvoto de mayores proporciones que presenta sobre la frente un grafito latino inciso ´Dea Caelestis´ que alude, posiblemente, a la deidad a la que estaba dedicada.

A partir del siglo VI a.n.e. los pueblos íberos construyen santuarios públicos, en los que se han encontrado exvotos zoomorfos (toros, leones, grifos, esfinges...) y antropomorfos de clara influencia oriental. Este tipo de exvotos tenían la función de servir de intermediarios entre el mundo terrenal y divino.

Los íberos contemplan los exvotos como una vía para comunicarse con la divinidad. De bronce, arcilla o piedra, son ofrendas depositadas en los santuarios. Representan sacerdotes, sacerdotisas, guerreros, jinetes, partes del cuerpo (ojos, dentaduras, piernas), animales, objetos en miniatura, etc. Los exvotos pudieron ofrecerse tanto para agradecer como para solicitar favores. Este exvoto representa a una figura humana en estado de embarazo, según nos indica el gran volumen de su vientre. Puede haberse concebido en esta disposición como agradecimiento a la divinidad por la maternidad concedida.

Exvoto ibero que representa una figura humana sentada en un trono con las manos sobre su pecho portando una ofrenda. Los exvotos eran realizados en talleres como fruto de una demanda de una clientela elitista.

Exvoto ibérico de bronce que representa a una figura femenina y que ejemplifica la posición y la participación de la mujer en la ritualidad y el culto del panteón ibero. Estas piezas son consideradas no como meros objetos artísticos, sino como expresión socio-ideológica enmarcada en una estructura litúrgica bien definida, con aspectos comunes y con otros singulares del lugar.

Sabemos que en el mundo romano existían numerosos ritos mágicos, muchos de ellos procedentes del Egipto Antiguo. Los mejor conocidos son los sortilegios escritos en
las "tabullae defixionis" (tablillas de maleficios), láminas de plomo donde se grababan maldiciones y conjuros, que eran introducidas en la boca de los muertos para que llevaran estos mensajes a los dioses infernales, encargados de ejecutarlos. Se inscriben por las dos caras de derecha a izquierda. Los ciudadanos romanos practicaban este rito de dejar por escrito fórmulas de desagravio, maldición o quejas en las que solicitan venganza a los dioses, por robos, mal de ojo, injurias, celos...

Este tipo de representaciones eran muy comunes en estatuillas, lucernas, colgantes, amuletos,... en la cultura clásica. Su significado o simbología es un tanto ambigua, posiblemente asociado al origen de la vida, símbolo de la fertilidad y la opulencia, aunque también puede tener cierto sentido profiláctico. Los falos eran muy usados desde la Prehistoria como eficaces amuletos contra el mal de ojos y otros conjuros malignos. De ahí que se encontraran en la entrada de los hogares o bien, la llevaban como colgante prendido en la vestimenta para conjurar el maleficio.

Figurilla de magia negra realizada en plomo que representa a un hombre de forma muy esquemática y plana. Estas figurillas se utilizaban como complemento de un ´defixionum´ de carácter privado. El uso de la magia está presente en Siria, Egipto o Grecia, utilizándose este tipo de muñecos para prevenir determinados males o para atacar determinados comportamientos de otros individuos. Su uso está documentado en la Roma clásica, a lo largo de la época medieval y hasta la actualidad.

Museo Arqueológico de Córdoba
Créditos: reportaje

Las creencias religiosas

Organiza:
Museo Arqueológico de Córdoba
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía

Comisariado: Francisca López Garrido
Textos: Francisco J. Morales Salcedo y Francisca López Garrido
Fotografía: Darío Muñoz Leva y Francisco J. Morales Salcedo
Montaje digital: Francisca López Garrido

Museo Arqueológico de Córdoba.

Créditos: todos los contenidos multimedia
En algunos casos, el reportaje destacado es obra de un tercero independiente y no siempre representa los puntos de vista de las instituciones indicadas a continuación, que son las que han proporcionado el contenido.
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