12 jul. 2012 - 11 nov. 2012

Abstracción y Movimiento

Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

Obras en la colección del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.

Abstracción y movimiento
En las artes visuales del siglo XX se produjeron dos grandes logros artísticos que han supuesto una revolución similar a la que supuso la perspectiva en el Renacimiento. El primero, reconocido en las historiografías del arte, es la abstracción. El segundo es el movimiento, sólo más recientemente valorado, por medio del cine expandido, los filmes experimentales y el vídeo, pero también a través de la serialidad, las instalaciones, la pintura óptica, la animación y otros nuevos medios. Esta amplia exposición intenta conjugar estos dos grandes logros para estudiar un fenómeno característico, la abstracción y el movimiento, que ha tenido tres momentos históricos fuertes: los años 20 y 30, los años 60 y 70 y la actualidad (aproximadamente los últimos diez años), siendo los dos últimos períodos los que son aquí tratados.

Plagada de referencias a la luz y la sombra, a la luz en las tinieblas o, lo que es quizás lo mismo, al amor y la muerte, en la obra de Ross Bleckner, que fue uno de los primeros artistas en hacer referencia en sus obras a la enfermedad del sida (y solidarizarse con los que la padecían) late un fuerte sentimiento romántico bien que pasado por la experiencia postmoderna. Esa tensión entre luz y sombra como conceptos se traduce también, con el tratamiento especial de ceras y barnices, en la tensión superficial de la tela, en la que aparecen tantos brillos espectrales como una profundidad sugerida.

En la obra de Bleckner los espacios entrevistos o soñados juegan con la idea del hombre enfrentado al cosmos desde sus circunstancias particulares; con mundos donde lo diminuto y la inmensidad se confunden, produciendo imágenes reveladoras de una espiritualidad tan inquietante como ambigua.

Stephen Prina es un artista postconceptual norteamericano de muy amplio registro y variados intereses (colaborador en un tiempo del grupo musical de vanguardia Red Krayola entre otras cosas). Uno de sus proyectos, todavía en marcha, es la apropiación de la obra completa de Manet, su revisión y reversión. Para ello, junto a una litografía con el catálogo completo de su obra, dispone una superficie del mismo tamaño que la obra original pero rellena de gestos uniformes siempre del mismo color sepia. El resultado es la evocación del cuadro de Manet como un fantasma abstracto pero con todo el rigor de su datación técnica y museística.

Pintar el catálogo completo de Manet se vuelve así parte de un archivo metódico, categoría frecuente en el arte conceptual. Manet es una conexión indudable con el arte de un pasado que es el principio del arte de la modernidad; la representación de su obra como obra abstracta, y una abstracción tan elemental, podría interpretarse como el último eslabón de esa modernidad canónica que el arte conceptual trató de superar.

Cuando fueron expuestos por primera vez en la galería Vandrés de Madrid, el artista José Ramón Sierra llamaba a estas obras dibujos. Su formación de arquitecto (fue el responsable de la restauración de buena parte de este monasterio y sus espacios expositivos) y su dedicación profesional a esta disciplina inunda toda su producción.

Toda obra es arquitectura, espacio, no importa si construido o planteado. La forma de construir estos paisajes abstractos y su colocación en la sala de exposición, algo muy cercano a la instalación, incide en esta idea del lugar construido.

La obra es un buen resumen de sus planteamientos iniciales en la abstracción a pesar de no incluir ningún objeto como solía y suele hacer. El espacio racional y geométrico está desmentido con gestos informales, referencia a lo inmutable y lo transitorio, a la obra que se crea a partir de lo existente, a la creación a partir de las ruinas del pasado y la memoria.

Integrante de la primera generación de artistas abstractos sevillanos, Juan Suárez debuta a finales de los 60 con una obra geométrica de relieves y colores muy refinados.

A mediados de los 70, la geometría de su obra anterior se empieza a teñir de sugerencias paisajísticas a través del gesto repetitivo de la mano del pintor, algo antes ausente. El esquema geométrico, activado por pequeñas zonas de color en los bordes, sirve de marco a otras donde se percibe la actividad de la mirada sensible del artista hacia el exterior. La sucesión de trazos en estas zonas aporta una dimensión temporal.

Así, el programa de la modernidad, la repetición y la seriación, queda activado por la transitoriedad y los ritmos cambiantes que las zonas de color contribuyen a matizar. El título de las obras nos pueden ayudan a situar el motivo que la origina: la belleza del instante irrepetible, de la sensación verdadera ante el paisaje que solo el arte puede ayudar a retener.

El uso de las teorías científicas para conocer y comprender la complejidad de la naturaleza humana en el cosmos está en la raíz de toda la obra de Yturralde. Ya desde finales de los 60 venía trabajando en una obra altamente objetiva centrada en las figuras básicas de la geometría, algo que se intensificó en los años del Centro de Cálculo de Madrid.

Pero, desde las nuevas teorías de la comunicación y de la percepción, trataba esas figuras de sólidos geométricos con nuevas herramientas, logrando figuras imposibles desde la lógica perceptiva habitual y dando entrada a nuevas dimensiones de acuerdo a los últimos postulados de la ciencia.

El desarrollo posterior, llevar esas figuras geométricas a las tres dimensiones espaciales y a convertirlas en esculturas volantes, integradas así en un elemento natural como el aire, a merced de los vientos y las corrientes, enfrentadas a la gravedad, es una consecuencia del desarrollo del trabajo primero y de la acumulación de experiencias con el arte en los años 60, con el Land Art y las artes del entorno.

Fundado en la década de los 60 del pasado siglo, el colectivo USCO (acrónimo de“Company of Us”) fue uno de los principales exponentes de la contracultura estadounidense y tuvo una intensa actividad artística en el campo del arte cinético y la performance multimedia.

Clave en el desarrollo de la música visual y el cine expandido, entre sus miembros más activos estaban el poeta y la fotógrafa Gerd y Judi Stern, el pintor y la escultora Steve y Barbara Durkee, el ingeniero en electrónica Michael Callahan el cineasta experimental Yud Yalkut y el escritor Stewart Brand.

Con sede en una vieja iglesia en el valle del Hudson trabajaron también en Nueva York, en el área de la bahía de San Francisco y en los campus de muchas universidades norteamericanas, presentando environments psicodélicos en museos, festivales de música y cines.

Su propósito en muchas de sus obras de luz, sonido y movimiento, era romper el tiempo lineal y la dimensión espacial para producir en las audiencias experiencias sensoriales más allá de la consciencia, similares a las del LSD. En la presente instalación se puede experimentar algo similar cuando el público accede a una sala reducida delimitada por el suelo multicolor y los efectos de luz estroboscópica reflejados en las cortinas de mylar que cierran el espacio.

Formado en su mayoría por artistas cordobeses, el Equipo 57 se dio a conocer en una exposición en el café Le Rond Point en París, en junio de 1957. Ya allí publicaron un texto con sus intenciones programáticas que se vio completado con el manifiesto Interactividad del espacio plástico editado con ocasión de la exposición en la Sala Negra de Madrid en noviembre del mismo año. Formalmente, el Equipo 57 partía de las investigaciones espaciales de Oteiza y de abstracciones geométricas de los 50, sobre todo del arte concreto del suizo Max Bill.

Pero, como grupo de vanguardia, basaban buena parte de su actividad en la acción social. Así, empezaban por defender la desaparición de la figura de artista y su visión subjetiva por el anonimato del trabajo colectivo. El arte tenía que servir y adaptarse a las necesidades de una sociedad nueva,donde el hombre luchase por el bien común más que por el beneficio individual. En todo este aspecto social, el Equipo 57 debía mucho a las vanguardias rusas de la Revolución. También estaba en contra de la institucionalización del arte y el mercado, pretendiendo vender sus obras a coste de fabricación.

Las primeras intenciones plásticas, el espacio como un todo continuo en el que los elementos básicos de la pintura (forma, línea, color) se integraban e interaccionaban entre sí con idéntico protagonismo, quedaron plasmadas, además de en cuadros y dibujos,en una película de animación casi artesanal filmada plano a plano y para la que hicieron numerosos guaches; obras que no se expusieron aparte en su momento y sólo bastante después salieron a la luz.

Como todas la utopías, el intento del Equipo 57, chocó con la realidad y esta frustración, junto a la dispersión de sus componentes fue dificultando el funcionamiento del colectivo, que acabó por disolverse hacia 1963, pero su propuesta queda en la historia del arte español como una de las más radicales e intensas de cuantas pretendieron cambiar desde la acción artística el curso de su historia.

Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.
Créditos: reportaje

Abstracción y Movimiento

Organiza:
Centro Andaluz de Arte Contemporáneo
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía

Fotografía: Guillermo Mendo y Pablo Ballesteros

Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

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