Frida Kahlo: ¡Viva la vida! 

Museo Dolores Olmedo

“Pies para qué los quiero, si tengo alas pa' volar”. Diario de Frida Kahlo, 1953

La niña Frida 
Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón nace el 6 de julio de 1907 en la ciudad de México, en la casa que fuera propiedad de sus padres desde 1904, y que hoy se conoce como La Casa Azul.

Sus padres fueron Wilhelm Kahlo, de ascendencia húngaro-alemana, y Matilde Calderón, originaria de Oaxaca.

A los 6 años, Frida sufre de poliomielitis, un padecimiento que fue determinante en la deformación de su matriz y, finalmente, en su incapacidad para tener hijos. Sin embargo, la cortedad de su pierna derecha no le impide ser una estudiante inquieta y tenaz.

Cuando Frida contaba con 11 meses de edad, su madre dio a luz a Cristina, la hija menor del matrimonio Kahlo-Calderón, por lo que la pequeña Frida fue encomendada a una indígena que tenía la labor de alimentarla y cuidar de ella.

Años más tarde recrearía el suceso en un cuadro al que dio por nombre “Mi nana y yo”, en donde la artista aparece representada en parte como un bebé, con rostro adulto. Está sostenida por su nana, una indígena cuya cara está oculta por una máscara precolombina.

El accidente
A los 18 años, el 17 de septiembre de 1925, Frida tiene un trágico accidente. El autobús en el que viaja es arrollado por un tranvía. Las consecuencias son graves: fractura de varios huesos y lesiones en la espina dorsal. Frida nunca se atrevió a recrear en alguna de sus obras el accidente en forma; realizó algunos dibujos y esta pintura titulada “El camión”, en la que se observa a la gente que viajaba en este tipo de transporte. Podían coincidir una mujer indígena descalza, un obrero, un burgués y una mujer joven, que bien podría ser la misma Frida

Tras el accidente, Frida pasó largas temporadas postrada en su cama. Su madre le proporcionó un caballete portátil y un estuche de pinturas.

Uno de los primeros retratos que Frida realizó fue el de Alicia Galant, una de sus amigas y vecinas de Coyoacán.

Diego
Fue en la Preparatoria donde Frida tuvo por primera vez contacto con Diego Rivera, cuando éste pintaba el mural “La creación” (1922) en el Anfiteatro Simón Bolívar. Frida Kahlo se acercó a Rivera para mostrarle las pinturas que había realizado durante un largo periodo de convalecencia. Rivera, ante la solicitud de la joven, expresó sobre su trabajo que existía talento y sensibilidad por la pintura, a partir de entonces inició una relación que crecería hasta que unieron sus vidas en matrimonio en 1929.

El 4 de julio de 1932, Frida sufrió un aborto en Detroit, después de estar bajo la supervisión de sus médicos, quienes le dijeron que si pasaba largas temporadas en cama, en total reposo, podría llevar a buen término su embarazo.

Sin embargo, su cuerpo no lo resistió y finalmente fue llevada al Hospital Henry Ford, donde culminó el proceso de aborto que había comenzado en su casa. “Hospital Henry Ford” es la primera pintura en la que Frida utilizó como soporte una hoja de metal, a la manera de los retablos o ex votos mexicanos.

La vida de Frida Kahlo está fuertemente determinada por la introspección y el reflejo de sus emociones. Por las constantes en la temática de su pintura sabemos que el dolor físico y emocional fue fuente de inspiración y desahogo para la artista. Ejemplo notable de lo anterior es uno de sus autorretratos más afamados: “La columna rota” (1944).

En él, Frida se muestra de pie, semidesnuda, abierto su cuerpo desde el cuello hasta el vientre, mostrando a través de la gran herida una columna clásica de capitel jónico con numerosas fracturas en el fuste. Con esto crea una ingeniosa alegoría de su más grande tragedia: su propia columna vertebral rota.

El dolor se acentúa por las lágrimas en su rostro y los clavos que le penetran la piel, de entre los que se destaca uno enorme, enterrado en el lugar del corazón.

En 1934, Frida no tardó en descubrir la relación amorosa iniciada entre Diego Rivera y su hermana Cristina Kahlo. Algunos consideran que la producción de la obra “Unos cuantos piquetitos” guarda relación con este hecho, además de su evidente sentido del humor negro.

Son varios los autorretratos en donde Frida se hace acompañar de sus animales favoritos, que sustituyen la presencia de los hijos que no tuvo. A veces son los monos araña, los pericos o sus perros. Tal es el caso del “Autorretrato con changuito” de 1945, en donde está retratada de tres cuartos de perfil, vestida y peinada a la manera en que lo hacen las indígenas del sureste de México.

Se encuentra enlazada al Señor Xolotl, como llamaba a su perro itzcuintli; detrás, a la derecha, un mono araña sorprendido mira hacia el frente; atrás, en segundo plano, se encuentra un ídolo precolombino. El listón con el que están unidos termina en uno de sus extremos alrededor de su firma; el otro extremo se enrosca en un clavo que perfora las nubes de color beige, que forman el fondo del cuadro

Los últimos años
Al final de su vida, la salud de la artista decae. En sus últimos 10 años viste más de 25 corsés.

“Viva la Vida” es un cuadro especialmente importante, ya que fue uno de los últimos que Frida pintó. A pesar del deteriorado estado de salud de la artista, el título de la obra constituye un homenaje a la vida.

Créditos: Historia

Carlos Phillips Olmedo — Director general de los Museos Dolores Olmedo, Frida Kahlo y Diego Rivera-Anahuacalli
Hilda Trujillo — Directora de los Museos Frida Kahlo y Diego Rivera-Anahuacalli
Josefina García — Directora de Colecciones y Servicios Educativos del Museo Dolores Olmedo
Adriana Jaramillo — Directora de Comunicación y Relaciones Institucionales del Museo Dolores Olmedo
Patricia Cordero — Coordinadora de Difusión y Contenidos Digitales de los Museos Dolores Olmedo, Frida Kahlo y Diego Rivera-Anahuacalli

Créditos: todo el contenido multimedia
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