27 oct. 2016

Maestros del Barroco en el Museo de Bellas Artes de Sevilla

Museo de Bellas Artes de Sevilla

El Barroco es un concepto de la vida y a la vez su expresión a través del arte. La escuela sevillana de este periodo destaca por sus artistas geniales, como Velázquez, Zurbarán o Murillo, algunos bien representados en el museo.

Roelas y el Barroco sevillano
A través de Juan de Roelas (1560-1625), que en los primeros años del siglo XVII se establece en la ciudad, una nueva estética y renovados recursos técnicos van a dejar una profunda huella. Su vínculo con la pintura de estirpe veneciana, configuran un estilo personal basado en el dominio de un colorido valiente extendido en gruesas pinceladas. Su novedoso modo de pintar va a remover decididamente el ambiente artístico local.  

Como ocurría en la pintura veneciana, Roelas también utilizaba grandes formatos. Aquí es evidente la influencia del Tintoretto, particularmente de La Crucifixión de la Scuola di San Rocco.

Junto a un colorido cálido dominado por los matices de rojos y amarillos, destaca la novedosa iconografía. Pero lo más innovador es la atención prestada a los objetos secundarios, como los animales.

Francisco de Herrera el Viejo (Sevilla, h. 1590-Madrid, h. 1654) siguió la técnica de Roelas en cuanto al uso de una pincelada suelta y un dibujo desecho, que en su caso trasladó al papel.

Grandes y complejas composiciones, articuladas en registros, caracterizaron la escuela sevillana tal como vemos en Herrera. Estas escenografías, propias del teatro, fueron apropiadas por la pintura.

El Naturalismo: Velázquez y Cano
La enseñanza de Francisco Pacheco (1564-1644) también fue fundamental en la conformación de la escuela de pintura barroca sevillana. Sus más afamados alumnos fueron Diego Velázquez (1599-1660) y Alonso Cano (1601- 1667). Un concepto distinto de pintura, basada en la corrección en el dibujo y en la realidad como referente, pusieron el fundamento para que estos artistas, ya en Madrid, eclosionaran en su plenitud artística.

Realizada por el joven Velázquez a pertir de un dibujo de Pacheco, la pintura iba situada sobre el sepulcro del personaje que, arrodillado, señala hacia el retablo principal del templo.

Firmado en 1624, es una obra temprana de Cano. Influido por el claroscuro italiano, con una gran sobriedad de color, representa al santo recordando su conversión y considerando la fugacidad de la vida.

Noble cortesano, Carlos V le encomendó la custodia del cadáver de su esposa, la bella Emperatriz Isabel hasta Granada, tras cuya visión afirmó "juro no más servir a señor que se me pueda morir".

Francisco de Zurbarán
El pintor de Fuente de Cantos (1598-1664) recibió a partir de 1626 numerosos encargos de conventos de Sevilla en los que otorga gran atención a los materiales: ricas telas o sencillos objetos, siempre acompañados de una poética espiritualidad.

Pintado para la sacristía del antiguo convento de San Pablo, el santo adquiere valores escultóricos al presentarlo configurado por luces y sombras,a la vez que nos ofrece con detalle la rica indumentaria.

El 1631 Zurbarán concertó esta obra con el Colegio de Sto. Tomás. Centrada en torno al santo, que aparece como depositario de la Teología, la escena inferior muestra el momento de la fundación del colegio.

La escena inferior es una magistral galería de retratos ante una arquitectura imaginada. En torno a los históricos Fray Diego de Deza y Carlos V, han sido reconocidos algunos contemporáneos del pintor.

A partir de una estancia en Madrid en 1634, donde colaboró con Velázquez en la decoración del Salón de Reinos, la paleta de Zurbarán se aclara, si bien no pierde su íntimo misticismo.

El conjunto que Zurbarán realiza para la Sacristía de la Cartuja de Sevilla es una obra cumbre, donde se representan algunos de los rasgos característicos de la Orden: la austeridad de vida y la oración.

La jarra de cerámica, el cuenco de porcelana, las escudillas con comida y las hogazas de pan, alineados sobre el mantel blanco, son elevados a rango de protagonistas de la composición.

Siguiendo un modelo medieval, los monjes cartujos son protegidos bajo el manto de la Virgen. Las oraciones aparecen a sus pies en forma de delicadas flores. Destaca el colorido rotundo de la obra.

Escultura barroca: Montañés y Mesa
La escultura adquirió durante todo el barroco sevillano una gran relevancia. Los templos cubiertos de retablos, o espacios más íntimos, acogían esculturas policromadas de santos -fundadores o miembros de la Orden-, representaciones de Cristo o la Virgen, compartiendo en muchos casos los mismos temas que la pintura. 

Juan Martínez Montañés (1568-1649), formado en Granada llega a Sevilla hacia 1587. Permaneció fiel a un cierto clasicismo, como muestra esta talla de san Bruno, de equilibrio elegante y contenido.

Juan de Mesa (1583-1627) frente a su maestro, cultiva la expresividad y el movimiento, así como una policromía más rica elaborada, como vemos en San Ramon Nonato, aplicando la técnica del estofado.

Bartolomé Esteban Murillo
Murillo (1617-1682) ha sido referente para expresar el barroco en la pintura sevillana y su estela ha sido larga. La pronta salida de España de sus pinturas ha provocado que su obra quede caracterizada por la temática religiosa y su emotiva sensibilidad, de la que este "San Antonio de Padua con el niño" es un magnífico ejemplo. Sin embargo, su técnica magistral en el manejo de la materia y en el dibujo, lo revelan como un artista de cualidades excepcionales.  

La serie de los Capuchinos supuso una renovación en la pintura devocional. Abandonando complejas composiciones, convirtió la pintura en un emotivo medio de contemplación, como manifiesta la mirada del santo.

La representación de personajes amables, como niños o ángeles, motivó que su arte fuera objeto de coleccionistas particularmente a partir de fines del siglo XVIII, al identificarse estas imágenes con el gusto rococó.

La escena, coronada por ángeles, está construida por delicados contraluces y centrada en el Niño contemplado por la Virgen, José y dos pastores, mientras una madre explica con ternura a su hijo el suceso.

Esta pintura, de técnica fluida, casi transparente, fue realizada para un altar lateral de la iglesia de Capuchinos. Sobre la Inmaculada, el Padre Eterno, y en la zona inferior aparece el dragón apocalíptico.

Este detalle muestra una paleta que ha aclarado el colorido y agilizado la pincelada. Sin embargo, el resultado es de un dibujo certero que va construyendo las formas en el lienzo con excepcional soltura.

Una composición intimista, infrecuente en la obra de Murillo, es la de la Virgen Dolorosa representada de cuerpo entero. La expresividad del rostro y las manos contrastan sobre el fondo oscuro.

El barroco pleno: Valdés Leal
Juan de Valdés Leal (1622-1690) activo primero en Córdoba, se trasladó pronto a Sevilla, cuando Murillo comenzaba a destacar. Su arte se caracteriza por un expresivo dinamismo, basado en una pincelada valiente y en composiciones de complejas perspectivas. Su prolífica producción se extendió a la decoración mural de templos,dibujos e incluso a la realización de algunas esculturas. 

Obra cumbre de Valdés es el conjunto realizado para el Monasterio de San Jerónimo de Sevilla, de escenas de la vida del santo y de religiosos. Su estilo es de un barroquismo lleno de expresivo movimiento.

El santo rechaza con gesto teatral la visión de las tentaciones que le atormentan en su penitencia. El movimiento tenso de sus brazos contrasta con la espiral que dibujan los vestidos de las mujeres.

La Virgen es elevada por ángeles desde el sepulcro hacia el cielo en un movimiento vigoroso. El espacio, definido abajo por el grupo de querubines, se disuelve mostrando figuras casi transparentes.

El tratamiento del color en las figuras muestra cómo el grupo de la Virgen es definido por una pincelada densa y amplia, mientras los ángeles músicos están realizados con finos trazos casi monócromos.

Museo de Bellas Artes de Sevilla
Créditos: reportaje

Maestros del Barroco en el Museo de Bellas Artes de Sevilla

Organiza: Museo de Bellas Artes de Sevilla
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía

Comisariado y textos: Ignacio Cano
Documentación e información de las obras: Departamento de Conservación e Investigación (Ignacio Hermoso Romero, Rocío Izquierdo Moreno y Lourdes Páez Morales)
Fotografía: Pepe Morón
Montaje digital: Ignacio Cano

Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Créditos: todos los contenidos multimedia
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