2016

Literatura cantada - 400 años de Miguel de Cervantes

Teatro Real

Miguel de Cervantes ha tenido (y continúa teniendo) una enorme influencia en la literatura, el arte y la música. El Teatro Real rinde homenaje a su legado en el IV centenario de la muerte de Cervantes.

En 2016 se conmemora el IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 29 de septiembre de 1547 - Madrid, 22 de abril de 1616), máxima figura de la literatura hispánica y creador de la primera novela moderna, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

De todos los mitos españoles -Don Juan, la Celestina, Fígaro, ninguno ha tenido el impacto sobre las artes de Don Quijote.

La complejidad de sus personajes y la riqueza de sus episodios ha permitido que Don Quijote haya sido transladado al universo de la ópera, del ballet o de la música sinfónica, con ejemplos que se remontan a su publicación. La primera parte aparece en 1605, y antes de publicarse la segunda en 1815, se representa en París en 1614 Le ballet de Don Quichot, dansé par Mrs. Sautenir. Desde entonces, y a lo largo de cuatro siglos, la obra de Cervantes ha inspirado creaciones musicales de todo tipo.

Desde su reapertura como teatro de ópera en 1997, el Teatro Real ha acogido varios estos títulos, incluyendo los estrenos mundiales de dos nuevas óperas cervantinas.

Jules Massenet, (1842-1912) fue un compositor francés. Conocido principalmente por sus óperas, compuso más de treinta, que fueron enormemente populares a finales del siglo XIX y principios del XX. Una de ellas es Don Quichotte, representada en 2011 en el Teatro Real.

"Sus armonías son como brazos que nos envuelven, las melodías el cuello que besamos: miramos en los ojos de mujeres para descubrir qué se esconde en ellos", así describía Claude Debussy la música de Massenet.

El libreto de Don Quichotte se apoya más en versiones posteriores que en la novela de Cervantes, y convierte a Don Alonso en un mártir cristiano, reconocido por Dulcinea y Sancho como un loco sublime.

Don Quichotte es una de las pocas óperas de Massenet que no han sido condenadas al olvido y, aunque se representa con poca frecuencia, en el Real se interpretó en versión de concierto en 2011, dirigida por Marc Piollet al frente de Anna Caterina Antonacci (Dulcinea), Ferruccio Furlanetto (Don Quijote) y Eduardo Chama (Sancho Panza).

El Quijote sigue siendo una fuente de inspiración para la creación contemporánea, como atestiguan óperas recientes como ‘Don Quijote’ de Cristóbal Halffter, que tuvo su estreno mundial en el Real en 2000, ‘El caballero de la triste figura’de Tomás Marco, representada en la temporada 2015/2016.

El caballero de la triste figura (2003) afronta el reto de convertir en siete escenas la gigantesca novela de Cervantes, añadiendo además un prólogo y un epílogo. Con una acción rápida que subraya el sino triste del caballero, la ópera extrae los pasajes caballerescos, humorísticos y misteriosos, con la escena más larga de la obra ("La cueva de Montesinos") ocupando su núcleo, como corresponde a uno de los pasajes más complejos, sutiles y polivalentes del Quijote.

Don Quijote (2000), de Cristóbal Halffter, es una reflexión sobre la necesidad de la utopía en el inicio del nuevo siglo, plasmada a través de un encuentro de Cervantes con Don Quijote, los dos protagonistas de la obra.

En lugar de desarrollarse siguiendo un hilo dramático único que conduzca la acción, en la ópera se van articulando las inquietudes, dudas y desatinos de los personajes, que hacen suyas las voces de varios poetas españoles, desde Juan del Encina, Jorge Manrique y San Juan de la Cruz, hasta Salinas o Machado.

Don Quijote ha servido también de inspiración para obras infantiles, como El retablo de maese Pedro, de Manuel de Falla (1876-1946). El compositor gaditano se inspiró en este pasaje de la obra cervantina para la ópera de cámara que le encargó la princesa de Polignac en 1918.

El retablo de maese Pedro, una ópera de cámara para marionetas, nos habla de la importancia que tuvo Don Quijote para la modernidad española, también conocida como la Edad de Plata de la cultura en España. El diálogo con la tradición, tanto literaria como musical, es la "sólida base sobre la cual se ha organizado esta composición", tal y como describe el propio Falla.

El retablo es producto de cuatro años de investigación de melodías y la sonoridad de instrumentos antiguos, que se tradujeron en una instrumentación que incluía un clavicémbalo auténtico, algo que trajo grandes problemas al compositor a la hora de representarlo.

Dulcinea es "una ópera para niños sobre el Quijote de Cervantes", compuesta por Mauricio Sotelo sobre un libreto de Andrés Ibáñez. Tuvo su estreno mundial en el Teatro Real en la temporada 2005/2006.

Al principio de la ópera Dulcinea, el Niño está intentando leer Don Quijote de la Mancha, que le resulta pesado, aburrido e incomprensible. Del libro surgen Don Quijote y Sancho, que se acercan a la cama del niño y se ponen a hablar con él.

Como admite el libretista Andrés Ibáñez, bien podría tratarse de una ópera sobre la lectura. Sobre el poder de la lectura y de la imaginación, temas centrales en el Quijote y que producen uno de los personajes más originales de la literatura occidental: Dulcinea.

Dulcinea no existe: es una creación de Don Quijote. Por eso, no es sólo un símbolo del ideal, de lo imposible o del amor ideal, sino también un símbolo de la imaginación.

Aún hoy, 400 años después de la muerte de Miguel de Cervantes, su obra universal sigue sirviendo de inspiración para creadores de todo tipo, que ven en la riqueza de Don Quijote una fuente inagotable de grandes historias.

Teatro Real
Créditos: reportaje

Fotografía:

Javier del Real

Biblioteca Nacional de España - Biblioteca Digital Hispánica

Teatro Real

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