"Prometeo", de José Clemente Orozco

Pomona College Museum of Art

Exploración de la obra de Jackson Pollock, proclamada "la mejor pintura de Estados Unidos"

Aunque no fue muy conocido en Estados Unidos en su época, el artista mexicano José Clemente Orozco se convirtió en uno de "los Tres Grandes", es decir, uno de los tres principales muralistas mexicanos, junto con Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

"Prometeo" (1930) fue el primer gran mural que pintó Orozco en Estados Unidos, además de ser el primer mural de uno de los Tres Grandes en ese país.

Incluso puede decirse que la expansión del movimiento muralista mexicano fuera de México comenzó en el Pomona.

El arquitecto del edificio, Sumner Spaulding, fue el primero en sugerir que se pintara un mural poco después de que se construyera el comedor llamado "Frary Hall".

José Pijoán, profesor de Civilización Hispánica en el Pomona, les pidió a sus estudiantes que aceptaran el desafío y ellos le sugirieron que se contratara a Orozco.

Así, los estudiantes del Pomona convocaron a Orozco para que fuera a Claremont. Orozco vivió dos meses en un dormitorio del campus mientras trabajaba en el fresco.

"Prometeo" aún se destaca en el comedor "Frary Hall". Incluso en la actualidad, más de 80 años después, los estudiantes pueden experimentar a diario la obra de Orozco y los visitantes pueden verlo en su entorno original.

"Prometeo" simboliza un momento significativo de interacción e intercambio entre Los Ángeles y América Latina. Se lo aclamó de inmediato como obra maestra y los críticos destacaron la habilidad de Orozco para adaptar la composición al entorno arquitectónico.

En una entrevista con la revista "Time", se le preguntó al arquitecto Spaulding qué pensaba del mural. "En mi opinión, si quitaran el fresco, toda la estructura colapsaría", comentó. Más tarde, Jackson Pollock la proclamó "la mejor pintura de Estados Unidos".

Como tema, Orozco eligió el mito del titán Prometeo, quien les robó el fuego a los dioses para entregárselo a la humanidad y recibió como condena un castigo eterno.

El fuego representa la iluminación y el conocimiento y, para muchas personas, marca el inicio de la civilización humana. Orozco lo consideró un tema era adecuado para una institución educativa. El mural celebra el deseo del arte de iluminar y destaca las tensiones inherentes entre las fuerzas creativas y destructivas.

El mural de Orozco enfrenta a los espectadores con una ilustración ambigua, presenta una alegoría moderna del mito de la Antigua Grecia. Tras tomar el fuego del Monte Olimpo y ofrecerlo a la humanidad, el titán Prometeo recibió tanto el agradecimiento como el desprecio de los destinatarios del regalo.

En la década de 1930, la obra de Orozco era desconocida, por lo que el artista se identificaba a nivel personal con el mito de Prometeo, ya que consideraba que también se despreciaban sus esfuerzos por iluminar.

El simbolismo del fuego es de gran importancia en la historia personal de Orozco. El artista perdió la mano izquierda a los 21 años mientras preparaba pirotecnia durante una celebración del Día de la Independencia de México.

En el mural, Orozco representa al titán que trata de alcanzar el fuego para poder llevarlo a la tierra. La mano derecha de Prometeo se funde en las llamas y evoca la propia pérdida de Orozco.

"Prometeo" manifiesta las tensiones en la práctica de Orozco, la debilidad de su convicción ante los mensajes políticos en el arte público y la expresión de las agencias privadas.

La combinación del mito de Prometeo con la historia personal de Orozco destaca el conflicto inherente en su labor como agente de cambios sociales y visionario introspectivo y creativo. La falta de resolución de esas tensiones es un aspecto deliberado del mural.

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