24 abr. 2018

La Pampa, México y El Caribe

Pérez Celis - Museo Virtual

               El francotirador de la pintura por Rodrigo Alonso "Soy un francotirador de la pintura. Me mantuve ajeno a las tendencias y escuelas. Lo mío se sostiene a través de más de diez años de vida pictórica". Pérez Celis, 1971. Respuesta a una entrevista de Roque Escobar en: “Pérez Celis: De la Boca a París”, Clarín Revista, Buenos Aires, 31/10/1971.

Hacia finales de la década de 1960, Pérez Celis ya ha definido los lineamientos generales de su  poética y ha delimitado un horizonte de imágenes y de formas que lo impulsan en el camino de la creación. Sus viajes por la América Latina, y luego por La Pampa , lo guían hacia una exploración del espacio y los símbolos vernáculos que diferencian su búsqueda estética de la de cualquier otro artista de su generación. Su trabajo ya se ha ganado el calificativo de americanista y es ampliamente reconocido, tanto en nuestro país como en el resto del mundo. Los sucesivos premios y las participaciones en bienales y otras exposiciones internacionales jalonan su carrera cuando apenas se aproxima a los 30 años de edad. No obstante, y atento a los tiempos que corren, sus obras dan cuenta de los profundos cambios que bullen a su alrededor. El advenimiento de los mass-media con su carga de imágenes vibrantes, el desarrollo del pop-art, la propagación tecnológica, la carrera espacial y su correlato en el cine de ciencia ficción, el movimiento hippie y su exigencia de una libertad radical, y los conflictos sociales y políticos en torno a la Guerra de Vietnam, dejan su marca indeleble en la vida y la sensibilidad de los habitantes de este momento histórico tan singular, y en alguna medida, se infiltran también en la irrefrenable producción del artista argentino.
Frente a este contexto, Pérez Celis se posiciona con una actitud optimista. Así lo declara en una entrevista al diario Crónica sobre su viaje a los Estados Unidos en 1967: "El mismo día de mi llegada vi la marcha de los hippies hacia el Pentágono. Me impactó profundamente la demostración de esa juventud que se deja crecer el pelo, que vive sucia e intencionalmente abandonada, pero que también es carne de cañón para guerras estériles. Pregonaban la paz a su manera, es decir, iniciando una campaña sobre el amor… Allí comprendí que mi pintura tiene, como una de sus finalidades, dialogar con la gente joven. Quiero mostrar las facetas positivas del mundo, que dicho sea de paso, ha mejorado mucho pese a sus problemas" (I). Este optimismo se va haciendo carne en un cromatismo exaltado que crece a medida que finaliza la década de 1960 y comienza la siguiente. El reemplazo de la pintura al óleo por el acrílico produce superficies cada vez más lisas, y otorga a las figuras un estatuto plano y sintético, de reminiscencias gráficas, con un acabado que disimula las marcas gestuales. Manos al sol (1967) o Alas al tiempo (1967), conservan las formas sígnicas de las culturas originarias de América del Sur, pero se aproximan cromática y estilísticamente al esquematismo propulsado por los artistas pop.

Manos al Sol

"Cada período en la historia del arte – asegura el artista – lleva consigo una muerte de lo anterior. Pero es una muerte que conduce hacia una renovación. En mi caso, me di cuenta que instintivamente empezaba a estar más conectado con la gráfica: por la pigmentación, por la manera de encarar la obra, que era un poco también la influencia del pop y de esas otras cosas que iban apareciendo" (II)
Este contacto con la gráfica no es forzado ya que Pérez Celis había trabajado como diseñador, y en estos años, realiza también murales y tapices. A través de éstos establece un vínculo con las artes populares y la vida cotidiana, que hace que su aproximación al pop no resulte de la adopción acrítica de una estética foránea, sino más bien, de una relación genuina con su entorno vital.

Alas al tiempo

De hecho, sería erróneo considerar la obra de Pérez Celis de este período como pop. El pop es básicamente urbano y metropolitano, mientras el trabajo de Celis extrae sus fuentes de los asentamientos indígenas y de La Pampa. El pop identifica lo popular con los valores de la sociedad de consumo, mientras el trabajo de Celis lo encuentra en las formas y los productos de las comunidades originarias de nuestro suelo. El pop es plano y superficial, mientras el trabajo de Celis apunta a la profundidad y el espíritu. En todo caso, si algo de esa corriente artística atrae al nuestro autor, sea probablemente su libertad absoluta a la hora de la creación (ya que el pop no entiende al arte como el resultado de una evolución estilística), sus innovaciones estéticas (el cromatismo exaltado, la rapidez de la pintura al acrílico, las reminiscencias gráficas, etc.) y la apertura hacia la exploración de las posibilidades de la consciencia (que se percibe en la vertiente ligada a la cultura psicodélica).

Texto José Gómez Sicre Director Artes visuales

Art Museum of the Americas. Pan American Union (OEA) 
Exposición. Washington, 1967
Colección Embajada de Argentina en Washington, D.C., Estados Unidos
De Tierra Cósmica. Acrílico sobre tela. Buenos Aires, Argentina, 1967

Sara, Pérez Celis y Rafael Squirru en Washington

Los colores acrílicos en los años 60 representaban un nuevo medio, reflejaban la intromisión de una novedad en la pintura tradicional. Pérez Celis los trae del primer viaje a Washington. En un interview  en México, en 1974, después de años de uso de pintura acrílica  interrogado porque usaba acrílicos  Perez Celis explicaba: “La pintura acrílica nos da un poco el color de nuestra época, porque muestra nuestra visión del color que, evidentemente ha cambiado. No nos olvidemos que, por intermedio de las luces de neón, el cine tecnicolor, incluso nuestras ropa , vemos que la apreciación del color es diferente. Pienso entonces que justamente el acrílico nos da esa nueva visión. Posiblemente, este tipo de color, si lo hubiese realizado hace treinta años atrás, nos hubiera chocado mucho más. Además  la pintura acrílica permite una mayor rapidez en cuanto a la elaboración y hasta en eso coincide más con nuestra época.  Es sabido que el arte actual llega a mayor cantidad de gente, hay mayor distribución, mientras que antes la pintura pertenecía  posiblemente a muy pocas personas. Un pintor  entonces podría estar a lo mejor, 15 años pintando un cuadro, mientras que ahora se hacen más de 15 cuadros por año”.
La psicodelia y su búsqueda de la superación de la realidad ordinaria encuentran algún eco en las pinturas de este período. Según María José Herrera, la película 2001 Odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick, causa un singular impacto sobre el artista; en ella, “Celis vio un vértigo de imágenes similar a las propias, y una sensación centrífuga del espacio como la que él mismo estaba desarrollando en las obras de ese momento”(III). En efecto, la espacialidad de pinturas como Paisaje extemporal (1968) u Homenaje a Rafael Squirru (1968) guardan una relación asombrosa con la famosa escena del corredor del mencionado filme, inspirada en las visiones psicodélicas de las investigaciones de John Whitney.
Sin embargo, Celis encuentra esa espacialidad cósmica en un lugar mucho más próximo: en las interminables extensiones de las llanuras pampeanas. En sus propias palabras: "Intento expresar la gran fuerza telúrica que irradia esa región de nuestro país. La pampa es el mejor punto de partida para enunciar lo americano. De algún modo la Argentina ya está – a través de la infinitud pampeana – en el espacio de que hablan los cosmonautas"(IV)
Colección Museo de Arte Moderno de Buenos Aires
Paisaje Ideal. Acrílico sobre tela. Buenos Aires, 1968
Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, Colombia

Paisaje extemporal

Colección Hotel Dorá Buenos Aires
Paisaje extemporal. Acrílico sobre tela. Buenos Aires, 1968
Este espacio está lejos de la tradición del paisaje; casi podríamos decir que se ubica en sus antípodas. Porque Pérez Celis no busca reproducir las apariencias de los campos elementales sino sus efectos emocionales y simbólicos. Así, los horizontes se tornan protagónicos y las vertiginosas perspectivas provocan respuestas sensoriales potentes. El crítico venezolano Roberto Guevara describe los trabajos de este período con los siguientes términos: "Su obra es una alucinante versión de estrados, paisajes fosforescentes, extrañas síntesis de formas primordiales, que lejos de constituir, en su conjunto, una composición abstracta, resultan en definitiva telas que desbordan de incandescencia cromática, de poéticas visiones que recuerdan más el instinto que la geometría" (V).
Colección Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti
Nadir. Acrílico sobre tela. Buenos Aires, 1969

Nace el primer museo del grabado - Reuquecura 3er premio LVII Salón Nacional de Artes Plásticas (nombre de famoso cacique mapuche)

Retrato de Pérez Celis, primer premio del salón "Personalidad". Fotografía de Feliciano Jeanmart

La serie de cuadros blancos es resultado de la impresión causada por una nevada fuerte en Quemú Quemú La Pampa. La técnica empleada fue saturar todos los colores al blanco.

Homenaje a Ricardo Güiraldes

Al encuentro del camino
3er Premio LIX Salón Nacional de Arte Plásticas

Homenaje a Rafael Squirru

"Mi simbología y signografía han madurado, evolucionado. Ya no se circunscriben a los elementos primitivos de remotas civilizaciones, sino que gana el terreno de lo nuevo, lo poco conocido, lo espacial. Lo cósmico".(VI)
Tapiz ejecutado manualmente por la esposa del pintor Sara Fernández
Los títulos adquieren un carácter evocativo cada vez más evidente. Paisaje y resurrección (1971), Anticipación (1972), Oráculo del sol (1973), Viaje imaginario (1974), Alturas secretas (1975), llaman la atención sobre la íntima relación entre el espacio y sus proyecciones espirituales. Las referencias americanistas se van diluyendo en configuraciones de planos, líneas y colores que impactan directamente sobre la percepción, mediante estructuras rítmicas poderosas y efectos cromáticos vibrantes.

Mural en cemento policromado

Calle Jorge Luis Borges 2417, Buenos Aires, Argentina

Colección Fondo Nacional de las Artes. Buenos Aires, Argentina
Un mundo para todos. Acrílico sobre tela. 1972, Buenos Aires, Argentina

Anticipación

Colección Fundación Bunge & Born
El Sol Nuestro en Tierra Colorada. Acrílico sobre tela. Buenos Aires, 1972

Premio adquisición Salón Nacional de Artes Plásticas

Colección Fondo Nacional de las Artes. Buenos Aires. Argentina
Un horizonte para todos (díptico). Acrílico sobre tela. 1972, Buenos Aires
Colección Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina
Tiempo de Sol. Acrílico sobre tela. 1973. Buenos Aires, Argentina

Oráculo del sol

Viaje imaginario

Fotografía de Daphne Dougall de Zileri

Autorretrato para observar el jurado (180 x150 cm). El último envío al Salón Nacional

No obstante, a mediados de los setenta, los elementos originarios retornan a la pintura de Pérez Celis, principalmente a través de las figuras de una fauna alegórica. Ascenso y descenso indoamericano. Homenaje a Leopoldo Marechal (1975), Pájaro de la eternidad (1967), Perahansa [Gran cisne sagrado] (1976), entre otras, dan cuenta de esta línea de trabajo.

Ascenso y descenso indoamericano
Homenaje a Léopoldo Marechal

América la elección del despertar
El cuadro que según su manifestación tardó más tiempo en pintar, teniendo la premonición que su vida estaba por cambiar. En la ruta a Rosario tuvo un accidente de coche, falleció su esposa Sara y él queda entubado varios meses. Sobre el caparazón de la tortuga había pintado el cuerpo destrozado de una mujer.
"La espiral que surge del corazón representa al Hombre que se repliega sobre sí mismo, vuelve sobre su propio centro, proyecta sus emociones sobre el núcleo más íntimo de su ser con deseos de abrir su cárcel de su encierro material y ganar su libertad interior y su derecho de participar plenamente en la vida del Universo". Guillermo Nazar

Libro de poemas de Carlos María Caron, Diseños Pérez Celis después de la muerte de Sara.

Retrato de Osvaldo Giesso

La idea de lo sagrado se vuelve cada vez más importante, pero sin remisión alguna a una doctrina religiosa o espiritual específica. Más bien, pareciera haber una búsqueda de lo sagrado encarnada en la propia materia plástica. Hay, entonces, una vuelta a las superficies texturadas y a un claroscuro que sugiere espacios ocultos o secretos. De lo material a lo espiritual (1977), Mitología sagrada (1977), En las cosas sagradas (1978), son algunas de las obras que marcan este nuevo rumbo que coincide con su traslado a Venezuela, ciudad en la que establece su residencia momentánea.

Paramahansa Gran cisne sagrado

El pájaro de la eternidad

Desde que vive en Venezuela – señala Roberto Montero Castro – su pintura ha experimentado varios cambios. Su gama de colores se ha aclarado, tiene primarios más luminosos, y sus tierras son más cálidos. En cuanto a la estructura de la imagen, Pérez Celis está trabajando sobre planos superpuestos espacialmente hacia adelante. Ahora hay una disposición diagonal predominante para sus formas geométricas, compensada por verticales.
“Hay tres Américas. La euro (Argentina, Chile, Uruguay) la indo (México, Bolivia, Perú) y la afro (el Caribe) pero hay Venezuela, donde todo ello está representado… "Si: pinto con acrílico, porque es más duradero y menos cambiable. Venezuela, después de un viaje a Ciudad Bolívar, me ha hecho pintar con tierras ocres, grises, hago pintura con menos color que antes de gamas menos calientes; es una evolución que debo a Venezuela “. Pérez Celis interview en Nuevos Horizontes /Fígaro. Caracas 22 de Julio 1978
Como paisajista  que es Pérez asume la verticalidad que lo rodea  del mismo modo que antes nos hacía participe de los horizontes pampeanos que recorría. Valida referencia, el entorno físico seria pobre explicación para indagar las claves integrales de su arte actual. Es toda Venezuela la que se le ha metido en la piel como corresponde al espíritu sensible por antonomasia que es el espíritu del artista. Diario Horizonte Cultural. Caracas posible 1978.
Colección MACA - Museo de Arte Contemporáneo Argentino. Junin, Provincia de Buenos Aires, Argentina.
Presencia de antepasados, técnica mixta sobre tela. 1977, Caracas, Venezuela

Del libro de las mutaciones
Pérez Celis tuvo una cierta fascinación con el (I Ching) Libro de las mutaciones, dedicó una serie de dibujos en París y una serie de pinturas en New York.

Colección Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires
Al dios desconocido. Técnica mixta sobre tela. Caracas, Venezuela, 1978
Exposición Museo de Bellas Artes de Caracas, Venezuela

Un artista con visiones como Borges; un fotógrafo que captura Sud América

Museo de Historia, Antropología y Arte, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Exposición
Fundación Pérez Celis
Créditos: reportaje

Fundación Pérez Celis
Diseñadores Iván Villani y Luz Arias

Solicitar archivos en: fundacionperezcelis@gmail.com

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I. Respuesta al interview de Roque Escobar “Perez Celis: De La Boca a Paris“. Clarin Revista, Buenos Aires, 31/10/1971

II. Citado en María José Herrera, “Pérez Celis: Encontrar en los orígenes”, en Pérez Celis. Viaje al interior de la materia (cat.exp.), Buenos Aires, Biblioteca Nacional, Secretaría de Cultura de la Nación, 1994.

II.Ibídem.

IV. Citado en “Un modo de ver América”, en Panorama, Buenos Aires, 13/5/1969.

V. Roberto Guevara, “Pérez Celis y lo americano”, en El Nacional, Caracas, 29/1/1974.

VI. Citado en “Pérez Celis levanta los ojos”, en Artiempo, Buenos Aires, 1969.

VII. Roberto Montero Castro, “América: La invención del pintor”, en Pérez Celis. Pinturas (cat.exp.), Caracas, Museo de Bellas Artes, 1978.

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