Cristóbal Balenciaga: la experiencia del lujo

Cristóbal Balenciaga Museoa

Descubre lo que significaba el lujo en la Casa de alta costura de Balenciaga.

La experiencia del lujo
La alta costura en las décadas centrales del siglo XX fue la máxima expresión de una experiencia lujosa y específicamente femenina. Un mundo de exclusividad y exquisitez en torno a las creaciones, diseñadas por los couturier y realizadas mediante métodos artesanales, a los códigos de etiqueta, que marcan el proceso de compra, y a los contextos sociales en los que se exhiben creaciones y clientas. Cristóbal Balenciaga es considerado el maestro de la alta costura y su contribución sirve como punto de referencia final.

Cristóbal Balenciaga: el maestro de la alta costura

Cristóbal Balenciaga revolucionó el concepto del vestir y de la silueta femenina. Para él, la perfección era una obligación y sus extraordinarias habilidades técnicas facilitaban la tarea. Como resultado de su personalidad innovadora, buscó una mayor simplicidad y pureza en las formas. Fue aclamado por la diseñadora de moda Coco Chanel como "el único auténtico couturier entre nosotros, capaz de diseñar, cortar, montar y coser un vestido de principio a fin".

Cristóbal Balenciaga merece el título de "El Maestro" debido a la perfección de sus creaciones y a su habilidad para adelantarse a su tiempo, creando un nuevo lenguaje técnico y visual para la silueta femenina. Su trabajo ha resistido la prueba del tiempo y resulta incluso aún más relevante hoy en día.

Lujo significa cosas diferentes para distintas personas: singularidad, exclusividad, declaración de estatus social... en el mundo de la alta costura de la maison Balenciaga significaba además tener acceso a la elegancia, a la confianza en sí mismo y al realce de la figura sin renunciar por ello a la comodidad o a la funcionalidad. Todo ello funcionaba a través de una cuidadosa elección del tejido, del corte y del diseño.

La maison Balenciaga se cortejó una reputación exclusiva: "Le plus cher et clientèle le plus riches" (el lugar más caro con los clientes más ricos).

Clientas incondicionales
Las clientas de Balenciaga eran mujeres de alto nivel social: grandes fortunas del mundo financiero e industrial, aristócratas, artistas, intelectuales y diplomáticas. Una élite social que atribuía gran importancia a su vestuario como símbolo externo de su personalidad, estatus y estilo de vida, siguiendo e incluso a veces creando los códigos de vestimenta que regían la mayoría de las interacciones sociales.

Las Balenciagas

Las Balenciagas -como fueron nombradas las clientas más leales de la firma por algunos periodistas-, se sintieron cómodas y seguras en sus prendas, listas para alcanzar el éxito en su vida social. Diana Vreeland, editora de moda de Harper's Bazaar, afirmó: "En un Balenciaga, eras la única mujer en la habitación –ninguna otra mujer existía."

Distinguidas personalidades del siglo XX como Mona Von Bismarck, Bunny Mellon, Barbara Hutton, Grace Kelly, Madame Jack Bousquet o Madeline Dittenfofer vestían creaciones de Balenciaga.

Mona Von Bismarck

Cuando Cristóbal Balenciaga cerró su taller en 1968, Diana Vreeland bromeó diciendo que Mona se recluyó en su dormitorio en la villa de Capri durante tres días.

Rachel L. Mellon

"Durante más de diez años Balenciaga ha hecho casi todo lo que llevo. Comprendió que mi necesidad combinaba una moda sencilla con vestidos de baile, abrigos de noche y sombreros extraordinarios." Bunny Mellon.

Reina Fabiola

Balenciaga contó en una entrevista a Paris Match (1968) como a los 12 años conoció a la Marquesa de Casa Torres, quien le permitió diseñar un modelo para ella convirtiéndose así en su primera clienta. En 1960 vestiría a su nieta, Fabiola de Bélgica, en su boda.

Construyendo la experiencia
Todo en la maison Balenciaga, desde el diseño de los espacios hasta el último detalle de la relación con el cliente, estaba diseñado para reforzar los atributos de elegancia, excelencia y exclusividad.

Maison Balenciaga

La maison de alta costura se estableció en París en 1937, en el número 10 de la Avenida George V.

Los salones

Los salones estaban decorados en un refinado estilo policromado en blanco con lujosos muebles dorados y pisos cubiertos de alfombras grises. Fue concebido para evitar interferencias con los colores y estampados de los vestidos que se presentaban en él.

Interiores

La imagen muestra un vestido sari en cloqué rosa con hilos metálicos, rematado con pasamanería dorada, confeccionado en París en 1961. La silla de oro y madera pertenece a los salones y probadores de la firma de EISA en Madrid.

Interiores

Los clientes se sentaban en esta silla mientras contemplaban desfilar a las modelos con los últimos diseños de Balenciaga. La imagen también muestra un abrigo capa en gazar verde musgo rematado con un gran volante.

Solo con invitación

El acceso a los salones de la casa Balenciaga implicaba superar el estricto control de la recepcionista de la Casa. Se necesitaba una invitación personal y ninguna de ellas se emitía sin la recomendación previa de uno de los clientes regulares.

Esta fue la invitación personal de Mademoiselle V. Quarry para la presentación de la nueva colección primavera-verano en el salón de las firma Balenciaga en París, en 1960.

Presentaciones de moda

Las presentaciones de moda para las clientas solían empezar tras la presentación oficial de la colección y se llevaban a cabo diariamente durante dos meses. Las maniquíes, trabajadoras de la firma a tiempo completo, estaban en permanente disposición de las clientas para vestir, en silencio, los diferentes modelos escogidos.

Las modelos

Las modelos se seleccionaban por tener las características anatómicas que se adaptaran al estilo Balenciaga, así como por la gracia de sus movimientos y una mirada altiva necesaria para encarnar el concepto de elegancia de la firma.

Figuras clave en la maison

Las vendedoras, figuras clave de la maison, estaban perfectamente familiarizadas con los círculos sociales y el estilo de vida de sus clientas. Elegantes y educadas, se vestían con los modelos de la firma en tonos discretos y acompañaban a las clientas durante todo el proceso de manera exquisita.

La relación entre la clienta y la asistenta se hizo tan estrecha que muchas clientes dejaron en su mano la preselección de modelos, que se enviaban como borradores, junto con las posibles muestras de tejido.

Los fittings

La prueba del modelo era un paso clave en este proceso. Las clientas eran conducidas por su vendedora personal al probador, donde una ayudante ajustaba el modelo a las medidas de la dama. La clienta sabía que, a partir de ese momento, tendría una serie de citas para los ajustes semanales, siempre adhiriéndose a una regla tácita: las características del modelo o el precio no se discuten.

"La primera prueba en Balenciaga vale la tercera en cualquier otra casa". Marlene Dietrich.

Lujo accesible
El aura que rodeaba a Balenciaga se convirtió prácticamente en una aspiración social. En 1948, se inauguró la primera boutique en la Avenida Georges V en París a nivel de la calle, donde se exhibían y vendían artículos como perfumes, guantes, bufandas, bolsos o medias. La aparición de estos accesorios y las copias (con o sin licencia) de los modelos originales proporcionó un gusto por el lujo para un amplio público.

Escaparates y fantasías artísticas

Los icónicos escaparates de la boutique fueron creados por la escultora y escenógrafa Janine Janet. La artista conoció a Balenciaga en 1952 y creó para la firma escaparates coincidiendo con cada temporada que mezclaban el mundo del arte y la moda.

Las exquisitas y artísticas decoraciones de Janine Janet traducían el lujo de las colecciones de Balenciaga con la máxima discreción. Esta vitrina seduce al transeúnte con su decoración surrealista y de inspiración renacentista, promocionando el lujo supremo: el aroma del lujo.

La esencia de Balenciaga

Le Dix, creado en 1946-1947, fue el primer perfume lanzado por la casa Balenciaga. En 1948, la casa creó su segundo perfume, La fuite des heures; en 1955 se lanzó el tercer perfume, Quadrille.

Medias de seda

Medias de seda en distintos colores, en Balenciaga París.

Grandes almacenes

Los compradores de grandes almacenes como Harrods, Bloomingdales o Saks asistían a las presentaciones de las colecciones buscando modelos que fueran fácilmente identificables con el diseñador.

Perseguían los modelos de Balenciaga ya terminados para poder copiarlos en gran cantidad bajo la etiqueta "inspirado en Balenciaga" o "adaptado de un original de Balenciaga".

En la imagen, Balenciaga para Dan Millstein.

La seducción de un Balenciaga

La seducción de un Balenciaga es mencionada en Harper's Bazaar, 1964: "Cada mujer utiliza alguna forma de sus creaciones, directa o indirectamente", aludiendo a la existencia de copias legales e ilegales.

Unos pocos afortunados

Pero también mujeres ordinarias y afortunadas podían vestir un Balenciaga en circunstancias extraordinarias, lo que nos deja entrever la personalidad del genio.

Cristóbal Balenciaga Museoa
Créditos: reportaje

Cristóbal Balenciaga: la experiencia del lujo

Organiza: Cristóbal Balenciaga Museoa
Comisariado: Igor Uría
© Fundación Cristóbal Balenciaga

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