La Muerte en la Historia de México

Museo Nacional de la Muerte

Un recorrido por la colección del Museo Nacional de la Muerte 

Época prehispánica
Las culturas del México antiguo eran heterogéneas, pero compartían un arraigado fervor religioso que incluía el politeísmo, el sacrificio humano y el canibalismo como parte indispensable para explicar y dar sentido al funcionamiento del universo.

Entre los habitantes del mundo prehispánico, el culto funerario ocupaba un lugar de primera importancia.

Las expresiones artísticas que se conservan fueron diseñadas como ofrendaspara acompañar a los muertos en la vida ultra terrena.

Los nahuas representaban su calendario a través de las calaveras.

Miquiztli, sexto día del mes.

Miccailhuiltontli, el noveno mes, cuando celebraban la fiesta de los muertecitos; y Hueimiccailhuitlo, décimo mes, cuando se realizaba la gran fiesta de los muertos

Contaban con dos formas de Tzompantli, monumento con hileras de cráneos: una construcción arquitectónica con calaveras de piedra...

... o bien con las cabezas de quienes habían sido sacrificados en honor de los dioses

Periodo Novohispano
A partir de la Conquista, los evangelizadores instauraron la religión católica, prohibieron  los sacrificios humanos, el canibalismo, la cremación y dieron carácter demoniaco a todos los dioses prehispánicos

Se usaron los manuales para enseñar a los creyentes cómo llegar con el alma libre de pecado y alcanzar una buena muerte. La muerte de un personaje de un estrato social privilegiado era un espectáculo

Según los Libros de exequias el evento se tornaba en una pomposa celebración funeraria con asistencia popular.

El cortejo mortuorio salía de Catedral hacia un templo o convento donde se celebraban misas y se levantaba un túmulo en honor del difunto.

Los esqueletos, las calaveras, los huesos y las tibias constituían la ornamentación básica.

México independiente
Libres de la tutela religiosa, la gente más humilde comenzó a visitar a sus difuntos en el día de muertos, los cementerios se convirtieron en el epicentro de verbenas y romerías, con excesos gastronómicos, etílicos, musicales y sexuales.

Los liberales en el poder cambiaron el sentido religioso de la exequia colonial por un sentimiento heroico y patriótico.

Esto dio paso al culto a los héroes nacionales por medio de homenajes públicos a los restos mortuorios, las máscaras y los monumentos.

De España llegó la tradición de retratar a niños muertos en su carácter de “angelitos” y se realizaron óleos encargados por familias acomodadas.

Conforme la fotografía se hizo accesible para todos los estratos sociales, los retratos reconocidos bajo el ritual de “la muerte niña” pasó a un sector más popular.

Se volvió práctica común la foto con niños muertos ataviados de santos o vestidos de blanco, adornados con flores y con corona, solos y en compañía.

La muerte en la gráfica
Durante la primera mitad del siglo XIX, la oración fúnebre simulada, el falso epitafio, el diálogo entre muertos imaginarios y el testamento inventado se usaron con propósitos satíricos para criticar a los gobiernos en turno, como antecedente de los versos satíricos que se conocieron como “calaveras” y que circularon en publicaciones periódicas con caricaturas.

En el grabado popular destacó la figura de Manuel Manilla, sobre quien José Guadalupe Posada construyó su gran obra.

Cuando Posada incursionó en el mundo de las calaveras, su arte alcanzó grandes vuelos. Nadie como él captó el momento histórico de la fiesta en los panteones.

Además estaba la visión de Julio Ruelas, que era trágica, obsesiva, morbosa y oscura, fiel a la moda europea, y preferida por artistas, literatos y aristócratas.

Época contemporánea
Intelectuales y pintores construyeron la idea de que todos los mexicanos teníamos un trato preferencial con la muerte, que no causaba temor y que festejábamos su llegada.

El pueblo mexicano ha tomado estas visiones de la muerte y lo ha representado desde su propia mirada en el arte popular que encontramos en cada comunidad, pueblo y ciudad del país.

Los mexicanos tenemos a la muerte como propia y la posibilidad de revisarla desde las propuestas de los artistas populares mexicanos nos confronta ante esa
realidad única y personal que nos reta...

...nos plantea cuestionamientos y nos permite vivir esa “experiencia significativa” que proponemos en el Museo Nacional de la Muerte.

Créditos: todo el contenido multimedia
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