27 oct. 2016

La vivienda y la vida privada

Museo Arqueológico de Córdoba

Recorrido histórico por los objetos de uso cotidiano de nuestros antepasados cordobeses

La vivienda y la vida privada 
Como espacio destinado a ofrecer refugio y habitación a las personas, sus enseres y propiedades, la casa es el lugar donde se desarrolla la vida privada. Su forma, su organización espacial y funcional, sus divisiones internas, su decoración y su ajuar han cambiado considerablemente desde las primeras estructuras neolíticas. La vivienda en Córdoba pertenece, ya desde la antigüedad clásica, al contexto cultural del mundo mediterráneo, compartiendo con otras áreas algunas soluciones espaciales: el patio como espacio central y la introversión de las habitaciones, e incluso el carácter y función de los objetos que forman parte de la existencia cotidiana.
¿Cómo vivían los íberos?
En época ibérica se puede hablar ya realmente de urbanismo y complejidad social. Las casas, de planta cuadrangular, suelen tener una estancia principal a la que se accede desde la calle y una o varias habitaciones destinadas a diversos usos, existiendo incluso viviendas con varias plantas. Los muros suelen construirse con un zócalo de piedra sobre el que se levantan las paredes de adobe o tapial que se revocan y encalan. La cubierta de vigas de madera se cubre con ramaje y barro. El ajuar doméstico está compuesto sobre todo de cerámicas, empleadas como vajilla de mesa, en la cocina o para almacenaje de productos.

En Córdoba, la vivienda ibérica se documenta en el yacimiento del Cerro de la Cruz, en Almedinilla. Los objetos cerámicos hallados aquí son realizados a torno, recubiertos por una capa de engobe sobre la que se dispone la decoración a base de bandas paralelas y circuncéntricas en color rojo vinoso. Cerámica muy influenciada por los modelos griegos, que llegaron a la Península en torno al S. V a.n.e. y que fueron imitados por la población autóctona.

La casa romana
Las casas romanas, construidas en torno a patios, están en los orígenes de la vivienda tradicional cordobesa. La domus, o casa con patio, era la vivienda de la clase más adinerada. En Córdoba se han hallado numerosos restos de este tipo de casas. Las habitaciones se distribuían en torno a patios: uno de recepción –atrium– y otro de recreo –peristilo–, situado al final de la casa, con arriates, plantas y fuentes. Las estancias más importantes –el comedor (triclinium) y algunos dormitorios (cubicula)– se decoraban con mosaicos. Las viviendas contaban también con cocina, almacenes y áreas de servicio. Existían también casas de pisos (insulae) construidas con materiales más comunes, de las cuales no se han encontrado restos en Córdoba.

Este emblema central forma parte de un mosaico perteneciente al pavimento de una vivienda del S. II a.n.e. que se descubrió al completo, pero del que sólo pudo recuperarse el motivo central. En él se representa la figura del caballo alado Pegaso, imagen mitológica del caballo que transportó a su dueño Belerofonte hasta la morada de los dioses, el Olimpo, siendo recogido por Zeus tras enviar a su dueño al suelo. Pegaso es símbolo de la inmortalidad, de la imaginación y de la poesía, dadas sus conexiones con las musas.

Elemento decorativo doméstico que en origen formaba parte de una mesa circular sostenida por tres patas (cartibulum). Pudo formar parte del mobiliario de una "domus" de época imperial.

La pieza consiste en un pie de mesa con forma de pata de felino y que acaba en la parte superior en cabeza de león, esculpida con gran detallismo, mostrando la boca abierta y la melena a base de mechones. El modo en que se ha resuelto la unión de la cabeza con la pata es un tanto fantástico, ya que la pata animal acaba en forma de hojas de acanto de las cuales nace la cabeza.

Escultura broncínea que representa una figura humana en movimiento, identificada como joven o hermafrodita danzante. Se supone que decoraba alguna de las estancias de la Villa Romana de El Ruedo, en Almedinilla (Córdoba), donde fue hallada. Durante las excavaciones en esta villa se recuperaron varias esculturas de bronce, entre las que destacan un Hypnos y este Hermafrodita. Debieron estar en torno al peristilo, que daba acceso al comedor, donde existía un pequeño templete. Por eso, pudieron tener una función religiosa además de decorativa. Las villas eran las viviendas romanas en ámbito rural, centros residenciales (pars urbana) a la vez que económicos (pars rustica), que cobraron auge a partir del S. II.

La iluminación artificial de las viviendas se resolvía con las lucernas, pequeñas lámparas portátiles de bronce o de cerámica. Estas últimas estaban realizadas a molde y se caracterizan por presentar una rica decoración en relieve en la superficie superior.

Lucerna romana de arcilla decorada con una cenefa de motivos geométricos que enmarca la representación del personaje mitológico, la górgona Medusa.

Las lucernas de bronce normalmente carecían de decoración, siendo un claro precedente de los candiles islámicos.

En la mayoría de las viviendas, la vajilla de mesa era de cerámica. La denominada "terra sigillata", es considerada la vajilla de lujo de época romana.

La Terra Sigillata se caracteriza por ser una cerámica brillante de color rojizo o anaranjado, impermeable. Ello se debe a una cuidada selección de arcillas y a un perfecto control de las fases de cocción: Tras ser decorada, era inmersa en el engobe que le dada su aspecto final, terminando la pieza con el estampillado del ´sigillum´.

La Terra Sigillata Hispánica surgirá ante el aumento de la demanda de productos cerámicos. Se crearán talleres locales que intentaban imitar la Terra Sigillata tanto Itálica como Gálica.

Un ajuar más humilde lo componen las cerámicas de paredes finas, que reciben su nombre de la delgadez de las paredes de los recipientes. El exterior puede recibir formas decorativas muy variadas: burilado, puntillado, incisa, pulimentada, rugosa, aplicaciones arenosas, de barbotina y engobe. Esta jarrita está decorada con imbricaciones de barbotina simulando escamas y en la parte superior del cuello con decoración a base de laurel.

El uso más frecuente para estas piezas cerámicas va a ser el de contener bebidas, debido a su fragilidad.

Durante el S. I de nuestra era se produce la mayor producción y difusión de las cerámicas de paredes finas, sobre todo de las que presentan aplicaciones plásticas a modo de decoración.

Los objetos de vidrio también forman parte del ajuar doméstico. Son objetos relacionados con el servicio de mesa y otras actividades. Técnicamente, son piezas sopladas y muy transparentes, lo que indica el alto nivel técnico de las producciones locales.

Jarra de paredes finas y en forma de ánfora de dos asas, soplada al aire en vidrio de tonos azulados.

La técnica de vidrio soplado fue muy utilizada en época romana para la fabricación de objetos de uso cotidiano. Además de su uso en ámbito doméstico, estas piezas se relacionan también con los banquetes fúnebres o el rito de la incineración.

Las vajillas fundidas en bronce durante el período romano eran muy usuales. En cuanto a la técnica empleada, se destaca la maestría de estos orfebres, que utilizaban en un principio la técnica del martilleo sobre una plancha hasta darle forma, posteriormente se usaron técnicas mixtas y a fines del Imperio, se generaliza la técnica de la fundición para la elaboración de este tipo de piezas.

Cucharilla de bronce a la cera perdida cuyo uso puede relacionarse con una función litúrgica o médica.

Objetos de muy diversa naturaleza componen el tocador de la mujer: peines de marfil, recipientes de vidrio para los aceites aromáticos, pinzas de bronce, agujas de hueso para sujetarse el pelo (las más largas) o pintarse los ojos (las pequeñas), espejos de bronce pulido… La mujer romana acomodada invertía varias horas al día en su peinado y maquillaje. Algunos elementos destacados del tocador romano son los frascos destinados a contener perfumes y ungüentos. Normalmente se utilizaban recipientes de alabastro, vidrio, cerámica o metal. Suelen ser de sección circular y base redondeada, sin asas, como este ungüentario de vidrio.

Para mezclar los ungüentos y perfumes se solían utilizar unas varillas o cucharillas de hueso. También de hueso son los alfileres para el pelo.

Los espejos de bronce, de origen etrusco, formaban parte de los ajuares funerarios encontrados en las tumbas femeninas. Tendencia que pasará al mundo romano, usándose también en ámbito doméstico.

Relacionados igualmente con el adorno personal se encuentran las joyas, como los collares o los anillos, que nos muestran el gran aprecio que se tenía a las joyas en el mundo romano. Muestra de ello es este anillo fundido en oro, cuyo aro se dispone en espiral con forma de serpiente, con el cuerpo decorado con incisiones que simulan las escamas del animal. Este tipo de joyas era muy usual y podía tener un doble sentido: servir como adorno personal o como amuleto protector.

Collar compuesto por una cadena de oro de cordón anudado al que se le engastan veinticuatro cuentas de granates, trabajado de forma artesanal.

Anillo formado por un aro fundido en oro de sección circular que se ensancha al centro de la cara, en la que se engasta una gema malva o un ágata, con la talla incisa de una figura de caballo. Posiblemente se trate de un anillo perteneciente a una persona con cierto status social administrativo, puesto que el uso de este tipo de anillos estaba regulado por el Estado romano.

La casa islámica
La organización de la vivienda andalusí cordobesa es heredera de las tradiciones mediterráneas. Tiene un carácter introvertido. La puerta exterior da acceso a un zaguán que da paso al patio, el espacio principal de la casa. En torno a él se disponen diversas estancias, entre las que destaca habitualmente una gran sala rectangular. Las habitaciones se usan indistintamente para comer, recibir invitados, dormir…

El ajuar doméstico es esencialmente cerámico, de gran variedad de formas, técnicas y decoraciones. Las piezas básicas del ajuar de las cocinas andalusíes son los anafes u hornillos, sobre los cuales se colocaban ollas y cazuelas para cocinar los guisos. Junto a ellos hay jarros, jarras, jarritos, tazones, botellas, que se empleaban para el trasiego de líquidos; algunos, los más ornamentados, debieron formar parte del servicio de mesa. Este es un jarro de cerámica ´pintada a bandas´, ejemplo de las cerámicas populares de uso común.

Los recipientes cerámicos eran los más comunes en la mesa: en los ataifores o fuentes se presentaban los alimentos, las tazas eran para las sopas, las redomas y botellas para el agua y el vino. Los vasos de vidrio no abundaban, estando reservados seguramente para las mesas de los más ricos.

Destacan las cerámicas vidriadas y la producción califal en “verde y manganeso”, especie de vajilla de lujo.

La cerámica verde y manganeso es el indicador que marca la islamización plena de la sociedad andalusí. Es el sello de la dinastía omeya, con su centro productor y distribuidor en Madinat al-Zahra, desde donde se extendió por todo al-Andalus.

Destaca por su triple colorido. El blanco se obtiene con plomo, sílice y dióxido de estaño. El negro es a base de dióxido de manganeso y el verde de óxido de cobre. El triple color tiene un significado simbólico: el verde representa el color del Profeta, el blanco el de la dinastía omeya y el negro la autoridad califal.
La cerámica verde y manganeso no es exclusiva de la corte, ya que suele aparecer también en distintos ambientes urbanos de Córdoba como es el caso de este ataifor, procedente de una casa situada en la zona oriental de la medina cordobesa.

Ejemplo de cerámica denominada loza dorada o de reflejo metálico, también considerada vajilla de lujo. Su uso se generalizó desde mediados del S. XI.

La iluminación de las viviendas andalusíes se realizaba con candiles, cuyos materiales de elaboración están en íntima conexión con los diferentes grados socio-económicos de las familias. El candil islámico deriva de la lucerna romana.

Candil vidriado según la técnica del vedrío, generalizada por los pueblos islámicos, que consigue la impermeabilización de la pieza tras ser sumergida en una mezcla de galena y arena previamente a su cocción.

El ajuar doméstico lo completan objetos de uso cotidiano como este biberón, que se utilizaba para consolar el llanto o suministrar medicamentos o brevajes, como adormidera o tilas.

Candil de bronce con decoración zoomorfa, identificada con un cervatillo o un perro. Representaciones figuradas que son muy frecuentes en el arte califal.

Candil de doble piquera que nos ilustra sobre la importancia del trabajo del metal en la Córdoba andalusí.

Mortero realizado en bronce. Las numerosas piezas de metal indican la existencia de destacados talleres en nuestra ciudad.

Los braseros eran utilizados para quemar productos olorosos y preparar alimentos. Su presencia en las habitaciones justifica el carácter de piezas de lujo.

Pebetero de azófar que servía para perfumar las viviendas con resinas o plantas aromáticas.

Bacín con decoración de cuerda seca parcial. Se usaba en espacios domésticos o baños comunitarios. La limpieza personal ocupaba un tiempo importante en la vida cotidiana del musulmán, no sólo por cuestiones higiénicas, era un proceso de purificación que los unía a Alá.

Esenciero de plata profusa y minuciosamente decorado que se utilizaba para contener perfumes o cosméticos.

Anillos, pulseras, colgantes, pendientes y perfumeros son objetos cotidianos de las mujeres en la Córdoba andalusí.

Collar de oro de 33 cuentas, más un cierre de forma almendrada, con la misma técnica que la pieza anterior de soldado de cuentas esféricas a partir de la unión de dos semiesferas, cincelado, repujado o filigrana.

Pareja de pendientes o arracadas de oro de 24 kilates de magnífico trabajo y calidad. Realizadas con la técnica de la filigrana y el granulado, que consiste en la incorporación sobre dos planchas finas de oro de un granulado de pequeñísimas esferas, rellenos con motivos de filigrana con finos hilos del mismo metal. Técnica de época andalusí que ha llegado hasta la actualidad, convertida en seña de identidad de la joyería cordobesa.

Museo Arqueológico de Córdoba
Créditos: reportaje

La vivienda y la vida privada

Organiza:
Museo Arqueológico de Córdoba
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía

Comisariado: Francisca López Garrido
Textos: Francisco J. Morales Salcedo y Francisca López Garrido
Fotografía: Darío Muñoz Leva
Montaje digital: Francisca López Garrido
Museo Arqueológico de Córdoba.

Créditos: todos los contenidos multimedia
En algunos casos, el reportaje destacado es obra de un tercero independiente y no siempre representa los puntos de vista de las instituciones indicadas a continuación, que son las que han proporcionado el contenido.
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