El Museu d’Art Modern de Tarragona recibió en 1968 el legado de una gran parte de la obra del escultor Julio Antonio (Móra d’Ebre, 1889 – Madrid, 1919).

Aunque en la exposición se pueden ver varias facetas del trabajo de Julio Antonio: Los Bustos de la Raza, los poyectos monumentales y los dibujos; hay que destacar la labor de Julio Antonio en la renovación de la escultura en el Estado español y su vinculación al movimiento literario de la Generación del 98,

UNA VIDA DE ESCULTOR
Julio Antonio Rodríguez Hernández (1889-1919) Julio Antonio comenzó a dibujar a una edad muy temprana y su formación académica fue mínima. Recibió sus primeras lecciones en este campo de un profesor de Móra d’Ebre, Lluís Vinyes Viñales. Más tarde asistiría a las clases de María Pedrol en el Ateneu Tarraconense de la Clase Obrera, formación que él seguiría con varios escultores como Bernat Verderol, Feliu Ferré i Galzeran y Miquel Blay; fue en el taller del escultor de Olot donde recibió la mejor formación en esta disciplina. Dibujar era de vital importancia para nuestro escultor, lo hacía en cualquier momento y en cualquier lugar, y con un tema constante y casi absoluto en su obra, la figura humana, a excepción de los entornos de arquitectura que diseñó para sus proyectos de monumentos. Solo produjo dibujos de paisajes urbanos en el comienzo, los cuales presentó en su primera exposición en Tarragona en 1908, la mayoría de los cuales se han perdido. Fue en el taller de Miquel Blay donde fue capaz de dibujar en un ambiente favorable por primera vez, y lo aprovechó. Santos Torroella nos contó que Julio Antonio trabajó intensamente allí, como también lo hizo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. La influencia del modernismo es notable en su trabajo durante estos años. Al salir del taller de Miquel Blay, Julio Antonio se embarcaría en una carrera completamente libre, guiado e inspirado únicamente por sus propias aspiraciones y su deseo de tener éxito y de convertirse en el escultor más importante de España. Bien en su taller, bien en la calle, siempre tenía cuaderno y lápiz en mano para empezar a dibujar. Eduardo Ducay dice que cuando regresó de sus viajes por Italia y Francia fue a Almadén, donde pasó su tiempo dibujando utilizando un modelo o en la calle, tomando apuntes de los mineros o de personas en la plaza del Contador, en Óvalo, etc. A través de ellos, pudo estudiar el cuerpo bajo diferentes conceptos: académico, del natural (nuda veritas), las figuras grandiosas e idealizados que creó para sus monumentos. Obras en las que las afinidades e influencias de artistas de diferentes épocas están presentes, donde también podemos ver los cambios que se produjeron en su desarrollo como creador, en la lucha decidida y constante que fue su corta vida, con el fin de lograr el objetivo que se había puesto a sí mismo desde un buen comienzo.
Los Bustos de la Raza
Los Bustos de la Raza forman parte de una serie escultórica que recoge el objetivo de Julio Antonio de esculpir representantes del pueblo: hombres y mujeres anónimos, considerados pilares fundamentales de la raza de acuerdo con los planteamientos comunes en la mayor parte de los miembros del movimiento literario español conocido como la Generación del 98, en particular sus amigos escritores Ramón Gómez de la Serna y Eugenio Noel. Todo ello lleva a algunos estudiosos a afirmar que Julio Antonio encarnó, como ningún otro escultor, los ideales de esta generación. Ideales de regeneración que les permitieron vencer el derrotismo en el que se vio sumida España en el cambio del siglo XIX al XX. En 1908, para obtener sus modelos, Julio Antonio emprende un viaje por España acompañado de Miquel Viladrich, en busca del contacto directo con la realidad del país, de los personajes que trascienden su individualidad para convertirse en un eterno presente. En 1910 realiza Hombre de la Mancha y Minero de Almadén. En 1914 Julio Antonio efectuó una estancia en Ávila y en la Sierra de Guadarrama para volver a trabajar en la serie de los “Bustos de la Raza” y para recuperar un poco la salud. A esta época pertenecen: Moza de Aldea del Rey, Ávila de los Caballeros, Cabrero de las tierras de Zamora y El novicio.

En 1909 Julio Antonio realiza Minera de Puertollano, Rosa María, Mujer de Castilla, Ventero de Peñalsordo.

El precedente de los Bustos de la Raza fue María la gitana, amante que fue del Pernales; personaje que tiene una historia propia pero que transmite al mismo tiempo todo el simbolismo de los Bustos de la Raza.

Los monumentos
La producción monumental de Julio Antonio se inicia en 1910 con el proyecto de monumento a Lagartijo para la ciudad de Córdoba y finaliza en 1919, año de su muerte, con el proyecto de monumento a Enric Granados. Durante esta década su capacidad creativa se vuelca en el reconocimiento de personajes diversos pero al mismo tiempo también en conceptos más sublimes como el trabajo, la poesía, o la espiritualidad. Algunas de estas obras surgieron por encargo y otras por iniciativa propia. Pero en todas ellas predomina la búsqueda de la auténtica identidad del tema expresado mediante la serenidad formal.

Representa la ciudad de Tarragona. Julio Antonio era consciente de la importancia del pasado romano de la ciudad, por ello eligió una figura ligada al mundo clásico.

De la escultura monumental sólo se conserva la cabeza. En 1969 el escultor Bruno Gallart realizó una reproducción ubicada actualmente en los jardines del Campo de Marte de Tarragona.

Julio Antonio pidió un retrato de Wagner y poder escuchar su música. Una vez el artista entró en contacto con la obra de Wagner, empezó a diseñar los primeros estudios

En 1916 el concurso para erigir un monumento a Cervantes fué el acontecimiento del año en Madrid. Expuestos en el Palacio del Retiro, destacó por su belleza el proyecto presentado poe el grupo de intelectuales presididos por Julio Antonio.

Los dibujos
Los movimientos o gestos de les modelos van acompañados de una serie de líneas que los refuerzan, realzando el valor plástico de la composición. El artista consigue dotar de una mayor fuerza y expresividad a sus figuras al ocupar todo el espacio del soporte , incluso dejando parte del cuerpo fuera de él, con lo que la acción se escapa del marco.

A Julio Antonio le interesaba que los modelos posasen en posturas en las que obligaba al cuerpo a estar en tensión, para hacer resaltar la musculatura, generalmente estirando alguna cuerda, o trasportando un peso.

Las mujeres de esta serie están en actitutes más relajadas, pero igualmente sus figuras invaden el plano básico y sobresalen de sus márgenes. Texto de Antonio Salcedo Miliani

MUSEU D'ART MODERN DE TARRAGONA
Créditos: reportaje

Textos de Antonio Salcedo Miliani

Créditos: todos los contenidos multimedia
En algunos casos, el reportaje destacado es obra de un tercero independiente y no siempre representa los puntos de vista de las instituciones indicadas a continuación, que son las que han proporcionado el contenido.
Traducir con Google
Página principal
Explorar
Cercano
Perfil