Frida Kahlo: Me pinto a mí misma

Museo Dolores Olmedo

Esta exposición es una invitación a reconocer a Frida la pintora, más allá de la figura icónica, entender el camino que la llevó a consagrarse como representante del arte mexicano para el mundo.

Me pinto a mí misma 
"Me pinto a mí misma" es una frase completamente reveladora, no sólo porque nos remite a la obra de la artista, sino al propio personaje, es decir, quién es y quién era Frida Kahlo. La exhibición destaca los tres géneros pictóricos desarrollados por Frida: retratos, autorretratos y naturalezas muertas.

Si nos situamos en el periodo de su juventud, nos encontramos con una joven aparentemente recuperada del grave accidente que sufrió en 1925. Posa no sólo para el fotógrafo, su padre Guillermo Kahlo, sino para el espectador. Desde ese momento vemos una intencionalidad que durará hasta el final de sus días: el saber y querer ser observada.

Hacia 1945, con 38 años de edad, Frida se conocía a la perfección: una mujer adulta que había acumulado innumerables experiencias de vida, quizás más que cualquier otra mujer de su edad. Entre su producción plástica se contaba con varios autorretratos célebres, pero es en Autorretrato con changuito donde la vemos rodeada de todo lo que conformaba su mundo personal.

No necesitamos de una corona para reconocer en ella a la reina que veía en sí misma. Basta verla con esa actitud de serenidad, desafiante al espectador, como tantas veces aparecerá en sus autorretratos o fotografías.

Árbol de la esperanza mantente firme
El origen de la colección de Frida Kahlo en el acervo del Museo Dolores Olmedo no se podría explicar sin la presencia del Ingeniero Eduardo Morillo Safa, el principal coleccionista de obras de la artista cuando ésta aún vivía.

Alicia de Morillo Safa se vio obligada a vender la colección tras la muerte del ingeniero. En un primer momento, las obras fueron ofrecidas a Diego Rivera quien, al carecer de recursos, le recomendó a Dolores Olmedo que las adquiriera.

Morillo había encargado a la pintora varios retratos de los miembros de su familia, como el de su madre Rosita Morillo, en quien Frida encontró una segunda madre.

Tu cuate que te quiere...
La amistad siempre fue muy importante para Frida. Desde muy joven se rodeó de gente a la que quiso y dejó de querer. Muchas son las cartas de juventud que revelan a esa chiquilla inquieta que buscaba el cariño de sus amigos; una chica audaz que buscaba la compañía y aceptación de los de su edad y trataba de huir del control familiar.

Autorretrato con boina roja nos recuerda a la "Frida cuate" (amiga-novia-amante de Alejandro Gómez Arias). Desde aquel entonces, encontramos a una jovencita inmersa en la literatura universal, preocupada por viajar, apasionada de un amor de juventud, que jamás florecería como ella esperaba y, al mismo tiempo, una mujer que descubriría su propia fortaleza.

Los primeros cuadros de Frida fueron retratos de sus amigos y vecinos de Coyoacán o de la Escuela Nacional Preparatoria. Entre éstos figura el Retrato de Alicia Galant, en cuyo reverso escribió la siguiente leyenda: Mi primera obra de arte, Frida Kahlo, 1927.

También a la serie de retratos pertenecen los de aquellas personas a las que conocería ya estando casada con Diego Rivera, como Lady Cristina Hastings y Eva Frederick, con quienes se relacionó en Estados Unidos.

Pertenecían al grupo de mujeres que acompañaban a los artistas, intelectuales, críticos, periodistas, científicos, magnates y ayudantes que rodeaban a Rivera en el país del norte.

Yo soy la desintegración
Uno de los aspectos más interesantes en la obra de Frida Kahlo es su simbología. Ésta se desarrolla a partir de distintos factores, como los colores empleados en sus cuadros, y ciertos elementos que para ella guardaban su propio significado y fue adoptando con el paso de los años, a partir de sus lecturas y vivencias. 

Frida retoma de la cosmovisión prehispánica mexicana el binomio perfecto vida-muerte y lo plasma en varios de sus cuadros, como en el que retrata y rinde homenaje a Luther Burbank.

La simbología empleada por Kahlo en estas obras se refiere a la creencia mesoamericana de que, al concluir la vida terrenal, el alma de los hombres está destinada a otro espacio espiritual.

Ese mismo simbolismo lo encontramos en El difuntito Dimas Rosas, un cuadro en el que retrata a uno de los hijos de un matrimonio que trabajaba para los Rivera-Kahlo y cuya muerte debió ser muy dolorosa, no sólo para la familia, sino para la propia Frida.

La fertilidad fue uno más de los simbolismos de su pintura, a veces mezclado con elementos erótico-sexuales, como en La flor de la vida, donde nuevamente vuelven a mezclarse la vida y la muerte.

Al ser ella la que tiene el poder para dar vida y muerte, lleva este hecho a su máxima expresión en el cuadro Mi nana y yo. Observamos cómo Frida se alimenta a sí misma, al plasmarse con una doble personalidad: Frida-bebé y Frida-nana.

Se la ve como a un pequeño ser desprotegido -como tantas veces se sintió-, alimentado y cuidado por ella misma. Es decir, la Frida fuerte da apoyo y sustento a una Frida débil.

En todas estas pinturas, las referencias a la simbología, cultura e historias mexicanas son evidentes. Quizá por ello son más cercanas y atractivas para el espectador, mucho más que la intencionalidad de aquellos pintores que formaron parte del movimiento artístico conocido como Escuela Mexicana de Pintura. Frida, artísticamente, se desarrolla en lo individual, no pertenece a ninguna escuela, crea su propio estilo y, por ello, es atemporal y vigente.

Si tan sólo tuviera cerca de mí su caricia...
No fue sólo a través de la pintura que Frida Kahlo cautivó al espectador. Esa sensualidad nunca se hizo presente en sus autorretratos pero, sin lugar a dudas, siempre estuvo presente en su vida. En su pintura el tema del desnudo aparece en una decena de obras, generalmente asociado a ella misma. Sin embargo, esos desnudos son todo menos sensuales.

Lo mismo sucede con los desnudos de otras personas, como el de Ady Weber que se refiere a su prima, una joven adolescente, cuyo cuerpo no alcanza aún la madurez femenina.

También está el de Eva Frederick, que corresponde a una mujer adulta, su amiga norteamericana, quien observa serenamente al espectador.

Quise ahogar mis penas en licor...
En los autorretratos se refleja constantemente el dolor, a veces como secuela del accidente, otras por motivos distintos, como su imposibilidad para tener hijos y los abortos a los que se enfrentó, e incluso las constantes infidelidades de Diego Rivera. 

Uno de los más emblemáticos es La columna rota. Fue pintado poco tiempo después de que Frida se sometiera a una intervención quirúrgica en la columna vertebral. La operación la dejó postrada en cama y "encerrada" en un corsé metálico, que ayudaría a mejorar los malestares físicos.

Aunado a los dolores físicos estaban los dolores anímicos, provocados por las ausencias e infidelidades de Diego. La máscara (de la locura) es un cuadro que se ha asociado con una de esas deslealtades.

Frida, vestida de tehuana, enjoyada y acicalada, se esconde detrás de una máscara de cartón, uno de tantos objetos del arte popular que le gustaba coleccionar. El dolor es evidente, pero no lo vemos... es la máscara la que llora.

Nadie sabrá jamás cómo quiero a Diego
Sin lugar a dudas, su matrimonio con Diego Rivera fue uno de los sucesos más importantes en su vida, no sólo en lo personal, sino también en lo artístico, ya que vino a contribuir en el desarrollo de su pintura. 

Rivera fue para Frida su más grande amor; cartas, poemas y retratos son evidencia de ello, incluyendo los autorretratos dobles que la artista realizó, mitad Frida, mitad Diego y al mismo tiempo uno solo: Diego y yo.

La influencia artística de Rivera se manifiesta en Kahlo en algunas de las temáticas que el muralista trabajaba por aquellos años: los niños mexicanos. De esa época data La niña Virginia, un retrato donde se hacen presentes brillantes combinaciones de colores, con las mismas características discordantes que se encuentran en el arte popular mexicano.

Un detalle particular del retrato de Virginia lo constitutye el reverso, donde se aprecia, de cabeza, el Boceto para autorretrato con aeroplano. Una obra que, al ser subastada en el año 2000, rompería tres importantes récords: ser la obra latinoamericana subastada a mayor precio, ser la pintura realizada por una mujer que mejor se ha cotizado en el mundo, y ser la obra más cara de cualquier artista mexicano hasta ese momento.

Viva la vida
Hacia la década de los cincuenta, Kahlo pinta, de manera constante, naturalezas muertas; el tercer género artístico en importancia de su pintura, después de los autorretratos y los retratos. 

Todos los elementos que antes veíamos en sus autorretratos siguen ahí: las piezas prehispánicas que nos recuerdan a Diego Rivera; los pericos, que en otros momentos la rodearon, aparecen posados sobre las frutas; los listones, con los que solía acompañar las dedicatorias de sus retratos y autorretratos, los sustituye con banderitas mexicanas ensartadas en las frutas, pero con la misma intencionalidad de cariño que antes.

Un coco llora y las frutas "sangran" en lugar de su cuerpo. La sexualidad, que en otras ocasiones representó en sus cuadros, ahora se vuelve todavía más evidente, menos velada, en las frutas que se abren y nos muestran su carne, en una franca invitación al disfrute.

La última naturaleza muerta que Frida Kahlo pintó en 1954 lleva por título Viva la vida. Es un cuadro con sandías, de composición sencilla y bella. La frase es significativa; tal vez se refería a la vida que la artista quería seguir teniendo, para continuar pintando.

Curiosamente, hacia el final de su vida, Diego Rivera también pintó, como último cuadro, una naturaleza muerta titulada Las sandías, que aquí se muestra. ¿Destino, coincidencia? Quizá.

Cada (tic-tac) es un segundo de la vida que pasa...
Hacia 1938, Frida conoció en México a André Bretón, el poeta, crítico de arte francés y líder del movimiento surrealista, que pugnaba por un mundo ilógico, subconsciente, metafísico y onírico por encima del mundo lógico, consciente y físico. 

Dibujos como El sueño o Autorretrato onírico y Fantasía nos recuerdan por qué para Breton, Kahlo era una pintora surrealista. Al respecto de este dibujo, Frida expresó lo siguiente: el surrealismo es la sorpresa mágica de encontrar un león en el armario donde uno quería coger una camisa.

La tragedia es lo más ridículo que tiene "el hombre"
Del ámbito popular, Frida extrajo uno de los elementos más característicos de sus cuadros: el formato pequeño y el uso de láminas de metal para pintar sobre ellas. La primera vez que utilizó este material fue en 1932 con el cuadro "Hospital Henry Ford".

Durante el periodo posterior a su aborto, la artista produjo una litografía titulada Frida y el aborto. De esta litografía existen sólo tres de las 12 copias que realizó, pues todas las demás las destruyó. En el margen izquierdo escribió en inglés: Estas pruebas no son ni buenas ni malas a la vista de tu experiencia; trabaja duro y conseguirás mejores resultados.

Otro cuadro, con la misma manufactura pequeña, es Unos cuantos piquetitos de 1935. Éste obedece a dos situaciones en la vida de Frida Kahlo: por un lado, la relación amorosa que vivieron Diego Rivera y su hermana Cristina, hacia 1934, y que ella no tardó en descubrir, y por otro lado, su evidente sentido del humor negro: incapaz de pintar su propio dolor, se enfoca en la desgracia de otra mujer.

Sin esperanza, que aunque no fue pintado sobre lámina, conserva las características del formato pequeño empleado en las otras obras, y deja un testimonio de las dietas de engorda a las que se veía sometida, debido a que su falta de apetito le había provocado un severo adelgazamiento.

Pero, ¿dónde es que inicia esta historia? ¿De dónde surge Frida Kahlo la pintora? Ella misma lo explica en un texto de 1947:

Comencé a pintar (...) por puro aburrimiento de estar encamada durante un año, después de sufrir un accidente en el que me fracturé la espina dorsal, un pie y otros huesos. Tenía entonces 16 años y mucho entusiasmo por estudiar la carrera de medicina. Pero todo lo frustró el choque entre un camión de Coyoacán y un tranvía de Tlalpan (...).

Resulta paradójico que en su Diario haya escrito "La tragedia es lo más ridículo que tiene <<el hombre>>". Si hay una vida que haya sido trágica, es justamente la de Frida Kahlo: poliomielitis a los seis años de edad, un accidente a los 18, varios abortos, gangrena en el pie derecho a los 42 años y, finalmente, la amputación de ese mismo pie a los 46. Si eso no es tragedia, ¿entonces qué es?

Créditos: Historia

Carlos Phillips Olmedo
Director del Museo Dolores Olmedo

Josefina García Hernandez
Directora de Colecciones y Servicios Educativos

Jean-Renaud Dubois Langlet
Director de Museografía del Museo Dolores Olmedo

Adriana Jaramillo
Directora de Comunicación y Relaciones Institucionales del Museo Dolores Olmedo

Fernanda López Cano
Coordinadora de Difusión y Contenidos Digitales del Museo Dolores Olmedo

Archivo del Museo Dolores Olmedo
Erick Meza y Javier Otaola
Fotografía

Créditos: todo el contenido multimedia
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