La Venecia de Monet

The National Gallery, London

The National Gallery, London

Monet en Venecia
Monet visitó Venecia en 1908, más bien tarde en su trayectoria como pintor. Viajó a esta ciudad a principios de octubre con Alice, su segunda mujer, y pasó allí diez semanas. Puesto que habían sido invitados por la Sra. Mary Hunter, una influyente dama de la alta sociedad y mecenas del arte que el maestro había conocido en Londres, los Monet se alojaron durante dos semanas en Palazzo Barbaro, un palacio gótico propiedad de su anfitriona, antes de trasladarse a un hotel a orillas del Gran Canal.
Arquitectura icónica
Monet tardó una semana en empezar a pintar Venecia, pero pronto se encontró a gusto trabajando, como lo demuestran los 37 lienzos sobre los puntos de referencia arquitectónicos de la ciudad que dejó para la posteridad. Recreó la emblemática fachada gótica del Palacio Ducal, la iglesia barroca de Santa Maria della Salute y la basílica de San Giorgio Maggiore, de estilo neoclásico.

También representó las fachadas de algunas casas privadas a lo largo del Gran Canal: Palazzo Dario, Palazzo Contarini y Palazzo da Mula (en la imagen).

Al igual que con las series sobre Londres y la catedral de Rouen, Monet representó el mismo tema varias veces. Por ejemplo, pintó 6 telas sobre Santa Maria della Salute.

Vistas de Venecia
La forma de trabajar de Monet era siempre la misma: empezaba el día pintando en la plaza de San Marcos y concluía su jornada con el caballete instalado en el balcón de su suite del Gran Hotel Britannia. Aunque el maestro, que por aquel entonces ya tenía 68 años, apreciaba la comodidad de trabajar desde la habitación del hotel, siguió pintando en el exterior e incluso plasmó algunas panorámicas desde una góndola.

Dada la creciente popularidad de Venecia como destino turístico de la época, sorprende que los cuadros de Monet sobre la ciudad carezcan de figura humana alguna, lo cual les confiere un aire misterioso y atemporal.

Esta cualidad onírica cobra más fuerza con las transformaciones de la luz sobre las características arquitectónicas de los edificios y su reflejo en los canales y la laguna de Venecia.

No es de extrañar que en las creaciones de un artista que había hecho del agua el tema central de su obra, los canales de la urbe dominen la parte inferior de todas las telas.

Aunque de joven Monet había asegurado que nunca iría a Venecia porque era una de las ciudades más retratadas pictóricamente del mundo, no solo lo hizo eventualmente, sino que tras pasar solo unas semanas en la ciudad ya estaba planificando otro viaje para volver a visitarla. En esta estancia relativamente breve, el maestro tuvo la sensación de no haber podido trabajar en condiciones, por lo que consideraba que sus pinturas de 1908 eran tan solo una forma de conservar su recuerdo de la urbe.

El viaje a Venecia sería el último que Monet haría fuera de Francia. Tras finalizar y exhibir sus obras en 1912, el artista, que había enviudado y seguía con grandes proyectos pese a sus problemas de visión, se concentró en pintar su adorado jardín acuático de su casa de Giverny, en Normandía, donde residió hasta su muerte en 1926.

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