La pintora formó parte del grupo conocido como los “Cachuchas”, porque usaban gorras de tela como signo de subversión contra el rígido código de vestir de la época.

Contexto histórico
En 1922, a la edad de catorce años, Frida Kahlo ingresó en la prestigiosa Escuela Nacional Preparatoria, ubicada en el antiguo Colegio de San Ildefonso, uno de los centros intelectuales de la capital ubicado en el centro de la Ciudad de México. Kahlo fue una de las 35 mujeres entre 2 mil alumnos inscritos en el plantel, un testimonio no sólo de su talento, sino también del deseo de su padre para que triunfara en lo académico.

En la Preparatoria, Frida Kahlo formó parte del grupo conocido como los “Cachuchas”, porque usaban gorras de tela como signo de subversión contra el rígido código de vestir de la época. Aunque la "membresía" a dicho clan podía ser informal, hay un consenso general de que había nueve miembros principales: Alejandro Gómez Arias (1906-1990), José Gómez Robleda (1904-1987), Manuel González Ramírez (1904-1979), Carmen Jaime, Frida Kahlo (1907-1954), Miguel N.Lira (105-1961), Agustín Lira (no era pariente de Miguel), Jesús Ríos Ibañez y Valle y Alfonso Villa.

En sus Memorias de un preparatoriano de siempre (1982), González Ramírez recuerda que "Los 'Cachuchas' fuimos anárquicamente alegres, y nuestro ingenio lo gastábamos en hacer versos, quemar cohetes, y estudiar a nuestro modo. ¿Estudiar, he dicho? Piadoso sería decir que nosotros estudiábamos en aquella época. En cambio, devorábamos libros de variadas materias, especialmente literatura." Pero concentrados en sus asignaturas o no, casi todos los "Cachuchas" tuvieron carreras exitosas en sus respectivas profesiones, desde el derecho (González Ramírez), la política (Gómez Arias) y la medicina (Gómez Robleda) hasta la literatura (Lira) y las artes (Kahlo, Salas), aunque algunos son mejor recordados hoy que otros.

El grupo se separó, como lo hacen todos los grupos escolares, pero Gómez Arias, González Ramírez, Kahlo y Lira continuaron una estrecha amistad. En años posteriores, Lira colgó un tablón en su biblioteca; en que coleccionaba poemas cortos y dedicaciones de amigos que lo visitaban después de que regresó a su nativa Tlaxcala. La tabla de madera contiene catorce inscripciones legibles –además de cuando menos tres que se han difuminado con el tiempo- de 1948 a 1950; de éstas, sólo las firmas de Kahlo y González Ramírez eran de los "Cachuchas".

El mensaje íntimo de Kahlo que pide a su "hermano de siempre" que no se olvide a la Cachucha número 9, incluye un pequeño autorretrato con su cabello levantado y escondido debajo de una gorra de tela. Aunque no tiene fecha, la inscripción probablemente es del 17 de agosto de 1948, cuando muchos otros firmaron la tabla.

Frida y los Cachuchas
Después de su trágico accidente del 17 de septiembre de 1925, prácticamente confinada al hogar de sus padres en Coyoacán, Kahlo empezó a pintar con algo de seriedad. Su relación con los "Cachuchas" continuó pero debió haber sido difícil para ella admitir que una prometedora carrera académica se había detenido. Sus amigos más cercanos la visitaban durante su convalecencia, y no es de sorprender que les obsequiara algunas de sus primera obras como recuerdo. Gómez Arias, el amigo más cercano de Kahlo, recibió su primer autorretrato (de 1926) y quizá dos acuarelas.

Lira llegó a poseer cuando menos cuatro de sus obras más pequeñas en papel y dos pinturas importantes: su retrato de 1927 y un óleo inconcluso ahora conocido como Pancho Villa y la Adelita. Excepto por una de la acuarelas, que fue originalmente un obsequio para Salas. Kahlo regaló a Lira directamente todas estas obras. En 1982 fueron adquiridas por el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura de manos de los herederos de Lira.

Esas dos obras de Kahlo parecen demostrar que su grupo de amigos tenía una vida activa con los cafés, como los famosos grupos literarios de la época: los Estridentistas y los Contemporáneos. Sin lugar a dudas, Kahlo y sus amigos fueron influenciados por las actividades y los estilos de vida de sus predecesores intelectuales en la Preparatoria (Torres Bodet, Pellicer, Villaurrutia, entre otros), quienes, en cualquier caso, todavía se reunían en lugares públicos ya muy avanzada la década de los veinte. Reales o imaginarias, esas obras ensoñadoras de algún "Café de los Cachuchas" se tratan de la posibilidad (perdida) de una vida rica social, cultural e intelectual en el centro de la ciudad, recordada desde el pueblo de Coyoacán.

Créditos: Historia

Texto: James Oles

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