El manierismo, estilo tipificado por colores iridiscentes y diáfanos y figuras alargadas en poses innaturales, llegó a América a través de obras importadas y, además, con artistas italianos que, desde 1575, vinieron a evangelizar a través del arte: Bernardo Bitti, Mateo Pérez de Alessio and Angelino Medoro.

Esta pintura está atribuida a Bernardo Bitti. En el manto y velo que cubre a la Virgen María notamos el interés del maestro por lograr texturas y los finos acabados de las telas.

El rostro de María es delicado, sus dedos son alargados y parecen apenas posarse sobre el niño, sujetándolo con mucho afecto.

Esta iconografía, conocida originalmente como Virgen de Belén en clara alusión al lugar donde nació Jesús, simboliza el momento en que la Madre da a su Hijo el preciado alimento de vida, símbolo que se transmite en estas representaciones.

Los discípulos de los pintores italianos, entre ellos fray Pedro Bedón y Luis de Riaño, difundieron los principios de la pintura manierista tardía y contribuyeron a establecer la presencia de ciertas figuras devocionales.

Frases bíblicas son el origen del tema en el cual apreciamos al Arcángel San Gabriel, que portando la azucena como símbolo de pureza, irrumpe en la habitación de María quien se encuentra leyendo.

En rompimiento de gloria aparece la paloma del Espíritu Santo.

Las prácticas artísticas de estos maestros europeos, tales como el uso de pintura al óleo, fueron una novedad para los indígenas.

Museo Pedro de Osma
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