La Ciudad de México en la primera mitad del siglo XX

Archivo General de la Nación - México

El Archivo General de la Nación te lleva a un recorrido histórico por la vida en la capital mexicana. 

Una sociedad pujante 
Entre 1900 y 1960 la Ciudad y el Valle de México cambiaron de forma considerable. Las transformaciones sociopolíticas, generadas por el proceso de modernización iniciado en los años previos a la Revolución Mexicana, afectaron el paisaje, el entorno y la vida de quienes habitaban la capital de la República Mexicana. 

Los lagos de Xochimilco y Chalco, ubicados en el sur de la Cuenca de México, se comunicaban con la capital por medio del Canal de la Viga. Uno de los paseos favoritos de la población, era trasladarse en diferentes tipos de transportes, para visitar diversas poblaciones, hasta alcanzar el pueblo de Xochimilco.

Durante las primeras décadas del siglo XX, la Ciudad de México vivió una etapa de modernización evidente, tanto en calles y edificios, como en la introducción de servicios y una nueva infraestructura urbana. Asimismo, el aumento de la población impactó en el crecimiento urbano.

La perspectiva moderna sustituyó al antiguo panorama de la capital de la República Mexicana. Su nueva fisonomía contrastaba con el paisaje lacustre y sus canales, que la caracterizaron durante siglos.

Flamantes edificios de gran altura comenzaron a poblar las calles y avenidas del área central de la Ciudad de México. El tráfico de automóviles, autobuses, camiones de carga y motocicletas, aceleraron el ritmo de la urbe, iluminada por anuncios espectaculares, que anunciaban una nueva era comercial y de servicios, para atender las nacientes necesidades de la población.

La ampliación del territorio urbano tuvo su mayor repercusión en la extensión de grandes avenidas, como el Paseo de la Reforma y la Avenida Insurgentes, que se convirtieron en el eje de la modernización urbana.

Grandes y pequeños comercios abastecían a la población, que demandaba cada vez un mayor número de mercancías. Después de la Segunda Guerra Mundial, durante la década de los años cincuenta, el gobierno mexicano auspició una política de sustitución de importaciones y favoreció la producción de manufacturas. Las áreas industriales se asentaron en todo el país y, sobre todo, en el norte de la capital.

Nuevos elementos, como el asfalto en las calles para el tránsito de automóviles, tranvías y otros medios de transporte público y de carga, arribaron al entramado de la urbe. Las nuevas edificaciones de hormigón emulaban a las construidas en ciudades europeas.

Para 1960, la moderna capital de la República Mexicana se convirtió en una gran metrópoli y replicó su modelo de crecimiento a otras capitales de los estados de la federación, como Monterrey, la ciudad industrial, capital del estado de Nuevo León; y Guadalajara en Jalisco.

La Ciudad de México y su área conurbada constituían el Distrito Federal, conformado territorialmente por un enorme espacio rural y pequeñas poblaciones, villas y ciudades, gobernadas por ayuntamientos. A partir de 1929, el sistema municipal representativo fue sustituido por un Departamento Central, vinculado al Gobierno Federal; y las decisiones políticas y de gobierno serían tomadas por el Presidente de la República. 

La arquitectura modernista de la Ciudad de México puede considerarse un legado revolucionario, al mezclar elementos de vanguardia con la ideología del nacionalismo.

El desarrollo económico de la Ciudad de México provocó un cambio en la arquitectura. La velocidad del progreso frenó las soluciones estéticas complejas, herencia del siglo XIX. En sustitución, se consolidó un estilo arquitectónico que apostó más por el pragmatismo, apoyado por los valores de orden, distribución y exactitud.
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