27 oct. 2016

El arte en Granada y Granada en el arte

Museo de Bellas Artes de Granada

La exposición gira entorno a dos ideas: la singularidad del arte en Granada y la de Granada en el arte, es decir, lo que esta ciudad ha aportado al arte como centro de creación y como lugar de inspiración.

Un nuevo orden, un nuevo arte
Desaparecido el reino nazarí, en 1492, Granada se incorpora a la corona castellana y entra de lleno en la órbita del mundo cristiano occidental, lo que supone una transformación radical de su sociedad y cultura. Se inicia un extenso plan de construcciones civiles y eclesiásticas, patrocinadas por la monarquía y la alta nobleza, a las que hay que dotar de imágenes con urgencia. No obstante, los artistas locales no podían dar respuesta a estas necesidades y a un arte que les era completamente ajeno, por lo que la solución más inmediata fue recurrir a la importación de obras y al trabajo de artistas foráneos, tanto hispanos como extranjeros. Esta sección es, pues, una síntesis de la andadura del arte en Granada antes de llegar a la etapa en la que surge lo propiamente granadino. Abarca un extenso periodo de tiempo: desde los últimos años del siglo XV hasta las primeras décadas del XVII.

Esta es una obra clave en la introducción de la estética del Renacimiento en Granada. Tan excepcional como la talla es la rica policromía en la que destaca el dorado y los temas clásicos esgrafiados.

Esta obra es un claro ejemplo de lo aprendido por los artistas que viajaron a Italia donde completaron su formación.

La Virgen sigue muy de cerca los modelos clásicos romanos reelaborados por los escultores italianos, como Donatello.

La mera contemplación de esta pintura nos informa que su autor conoció de primera mano Italia, las ruinas de la Roma clásica y la manera de los grandes del Renacimiento, Miguel Ángel y Rafael.

En esta Inmaculada Sánchez Cotán sigue con las pautas iconográficas establecidas por Francisco Pacheco en "El Arte de la Pintura", según el cual la Virgen aparece rodeada de los símbolos de la Letanía Lauretana, que hacen referencia a sus glorias y virtudes.

Pedro de Raxis será uno de los introductores del naturalismo del Barroco, aun incipiente en él. En esta obra pueden observarse las claves de teatralidad y artificio que distinguirán a este movimiento.

El maestro Alonso Cano pintor y escultor
Pintor, escultor, dibujante y arquitecto. Polifacético y controvertido. La manera de hacer de Alonso Cano supone para Granada una profunda renovación plástica y un continuo referente durante la segunda mitad de esta centuria, perviviendo esta influencia durante siglos en la obra de multitud de artistas. Su obra se separa de la de sus contemporáneos netamente barrocos ya que se basa en los principios clásicos de sobriedad y equilibrio compositivo, influido sin duda por el conocimiento de la colección de escultura clásica del rey Felipe IV y su rica colección de pintura italiana a la que tiene acceso cuando llega a la corte de la mano de su amigo Velázquez. El conocimiento y dominio de tantas disciplinas, algo reservado a pocos, le confiere a toda su producción un carácter unitario. Así, su escultura y su pintura van de la mano: utiliza el color en la escultura para incidir allí donde la gubia no alcanza mientras que en su pintura destaca la soltura en el manejo de las tres dimensiones y el volumen.

De esta obra llaman la atención dos aspectos: por una parte el escorzo de ángel trompetero, y , por otra, el tratamiento miguelangelesco que hace Alonso Cano del cuerpo del santo que no parece sufrir los rigores de la penitencia.

En esta pintura Cano demostró que la economía cromática no debe ser un obstáculo para crear una gran obra gracias a la riqueza de matices de un mismo color. Junto a esto, la sensación de movimiento llama poderosamente la atención del espectador.

El clasicismo de Cano resulta evidente en esta cabeza concebida "a la romana". Los valores descriptivos de esta talla, con múltiples facetas, se ven completados por una policromía que refuerza los detalles.

El grado de colaboración entre Alonso Cano y Pedro de Mena en la ejecución de las esculturas del crucero del Santo Ángel Custodio fue tal que aún hoy no se ha podido determinar que parte realizó cada uno de ellos.

La estela de Cano
La vuelta de Alonso Cano a Granada en 1652 supuso una auténtica revolución en el panorama artístico de la ciudad. La pintura y escultura de los artistas granadinos a partir de este momento y hasta bien entrado el siglo XVIII tendrán como referente el magisterio de Cano. Los rasgos que identificaron y diferenciaron al maestro, como la serenidad frente al movimiento exagerado, la interiorización del dolor frente a la escenificación externa, o la belleza idealizada frente a la crudeza de la realidad, fueron asimilados por los artistas locales. Serán numerosos los seguidores de Cano. Algunos lo trataron directamente, como Pedro Atanasio Bocanegra, Juan de Sevilla, Pedro de Moya, Felipe Gómez de Valencia o el escultor Pedro de Mena, otros , como José Risueño, sólo conocieron su obra. Unas veces será el tema, otras la composición, los modelos, la forma, el color o la luz, pero siempre se puede encontrar en cada uno de ellos alguna característica canesca.

El modelo iconográfico concebido por Cano, tanto en pintura como en escultura, con más fortuna fue sin duda el de la Inmaculada Concepción, en el que el contorno de la imagen se adapta a un perfil cerrado en forma de huso.

Junto con Pedro Atanasio Bocanegra, Juan de Sevilla fue uno de los seguidores más destacados de Cano. Tradicionalmente se ha considerado que la efigie del clérigo de este cuadro Juan de Sevilla se corresponde con el retrato de Alonso Cano.

Este es el único lienzo firmado por Pedro de Moya que se conoce hasta hoy. También Moya se dejó seducir por los modelos de Cano, patente en el grupo de Jesús y la Virgen.

Pedro de Mena será uno de los grandes escultores de su tiempo. Fue un gran creador de tipos. Hizo muy populares las parejas de bustos formados por una Dolorosa y un Ecce Homo, que también hará José de Mora.

Al igual que Cano, Risueño dominará la pintura, la escultura y la retablística. Hizo muy populares las esculturas realizadas en barro cocido y policromado, que dotaba de la blandura y el movimiento propios del XVIII.

Granada como tema. Un siglo de mito romántico
En el siglo XVIII Granada inicia un declive artístico, que, salvo algunas excelentes excepciones, se prolongará durante la centuria siguiente. Aunque durante el siglo XX Granada tampoco sería un centro artístico importante, si destacó, no obstante, por ser un lugar de destino casi obligado de artistas, literatos y músicos desde que, a partir del primer tercio de siglo, arribaran los primeros viajeros románticos. Fue sin duda el pensamiento romántico, el que hizo de Granada un mito, uno de los referentes para todos los viajeros del Grand Tour, el viaje que les llevaba a recorrer los países mediterráneos en busca de nuevas experiencias. Pocas ciudades como Granada conjugaban la belleza de un paisaje natural y la singularidad de unas ruinas orientalizantes. Esto unido a la forma de ser de sus gentes, herederas de un pasado de leyenda que alimentó la imaginación de los viajeros. De ahí que los paisajes incluyan escenas de la vida cotidiana, de los ritos religiosos, o de las celebraciones colectivas que tanto les sorprendieron. Después de los extranjeros llegaron los viajeros españoles, igualmente atraídos por la ciudad y su pasado de leyenda, destacando entre ellos el ya afamado Mariano Fortuny. El mito romántico de Granada se extenderá hasta bien adentrado el el siglo XX.

Fortuny estuvo dotado de una gran habilidad técnica. Realizaba sus pinturas con una técnica de enorme precisión y detalle en pinceladas diminutas conocida como "preciocismo", que adoptarían multitud de seguidores.

Larrocha fue uno de los pintores locales que se vio seducido por la técnica y la manera de hacer de Fortuny, el cual vivió en Granada durante dos años. Será, junto Gómez Moreno de los pocos pintores destacados en la Granada de la segunda mitad el XIX.

Rusiñol llega a Granada atraído por el pasado evocador de la ciudad, reúne en torno a si a un grupo de artistas locales con los que pinta numerosos enclaves de la ciudad y sus alrededores, como este jardín del Palacio del Cuzco de la localidad de Viznar.

La Alhambra ejerció un gran poder de atracción también para los pintores locales. De este rincón alhambreño a López Mezquita le interesa especialmente estudiar la imagen reflejada sobre la superficie agua.

Preocupado por captar los efectos de la luz, en el caso de esta pintura nos deja un estudio de la luz nocturna.

El resurgir del siglo XIX
Tras un largo paréntesis Granada vuelve a recuperar su sitio en el panorama artístico y cultural nacional. El siglo XX se caracteriza por la gran diversidad de movimientos artísticos que surgen y por la rapidez con que se suceden unos a otros, aunque en realidad no llegan a extinguirse sino que coexisten. Distintas generaciones de artistas, con inquietudes bien diferentes, se dan el relevo progresivamente. La primera de ellas, la de Rodríguez-Acosta o López Mezquita, es la que se forma con los maestros del siglo XIX y alcanza su madurez en el inicio del siglo XX. Sin separarse totalmente de la tradición, sobrepasan el academicismo más rancio, llegando a dominar la primera mitad del siglo con una producción acomodada al gusto burgués. La segunda generación, con unas inquietudes artísticas muy diferentes, es la que nace a finales del siglo. A ella pertenecen artistas como Manuel Ángeles Ortiz e Ismael González de la Serna. Viajarán a la capital francesa donde entrarán en contacto con los movimientos de las vanguardias históricas y con personajes tan decisivos como Picasso, formando parte del grupo conocido como Artistas españoles de la Escuela de París. Una tercera generación, aquella que nace en pleno siglo XX, dominará el panorama creativo de la segunda mitad de siglo. A ella pertenecen artistas de la talla de José Guerrero y Manuel Rivera, cuyos frutos están vinculados con la abstracción y con el uso de nuevos materiales. Lo que une a estas dos últimas generaciones es la ruptura con el arte tradicional.

Es éste uno de los desnudos de corte simbolista más conocidos de los realizados por Rodríguez-Acosta. Otros dos se conservan en el museo: "Desnudo de la mantilla" y "Desnudo con bola de cristal".

Es una obra de gran complejidad compositiva basada en diagonales cruzada, que parten y tienen como centro a la bailaora, que se mueve como una bacante. Un total de 18 personajes componen una magnífica galería de retratos.

González de la Serna asimiló los postulados cubistas como demuestra esta obra en la que incorpora la técnica del "papier collage". Es muy frecuente en sus composiciones la incorporación de partituras musicales.

El retorno a Granada supuso el inicio de una etapa de gran creatividad para Ángeles Ortiz. En esta composición acomete la representación de este rincón alhambreño reduciéndolo a formas geométricas básicas (triángulos) con un claro punto de fuga, pudiendo distinguir el cielo en la parte superior.

Rivera incorporó a su universo creativo nuevos materiales ajenos a lo propiamente pictórico, como la tela metálica. Utilizó la superposición de planos y telas para crear efectos de vibración cromática.

Guerrero gustó de realizar series grandes lienzos sobre un mismo tema. Esta de Arcos Negros es una evolución de la serie Fosforescencias. En ambas denota una de sus grandes preocupaciones: el orden y la estructura de la superficie pictórica.

Obras singulares
En esta sección se incluyen obras, que aunque puedan tener cabida en algunas de las anteriores, tienen en común su singularidad dentro nuestras colecciones, bien sea por la técnica o los materiales empleados, por la temática, por la calidad o por otros valores excepcionales.

La tradición ha vinculado este esmalte con Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Aunque se pueden distinguir dos manos y dos estilos, en ambos destaca la calidad técnica y la precisión en la ejecución.

Es esta una de las dos esculturas realizadas en marfil que se conservan en nuestras colecciones, de ellas ésta es la de mayor calidad técnica y compositiva. El trabajo en marfil requiere de una gran precisión técnica.

Sánchez Cotán es considerado como uno de los creadores del prototipo de bodegón español popularizado en el primer tercio del siglo XVII. De todos los que hizo este es el de mayor sobriedad y sencillez. Su esquema compositivo fue muy imitado por otros.

Las deudas de este bodegón, como otros de Van der Hamen, con los de Sánchez Cotán son innegables ya que se inspiró directamente en sus modelos, no solo en la forma de colocar los objetos sobre un alfeizar sino también en el uso de la luz descriptiva.

Museo de Bellas Artes de Granada
Créditos: reportaje

El arte en Granada y Granada en el Arte

Organiza:
Museo de Bellas Artes de Granada
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía

Comisariado: Ricardo Tenorio Vera y Emilio Juan Escoriza Escoriza
Textos: Ricardo Tenorio Vera, Emilio Caro Rodríguez y Emilio Juan Escoriza Escoriza
Fotografía: Javier Algarra, Vicente del Amo
Montaje digital: Ricardo Tenorio Vera y Emilio Juan Escoriza Escoriza

Museo de Bellas Artes de Granada.

Créditos: todos los contenidos multimedia
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