Colecciones etnográficas en Gordailua: el trabajo

Gordailua, Centro de Colecciones Patrimoniales de Gipuzkoa

Esta pequeña exposición se centra en el trabajo; concretamente en los útiles y herramientas que han conformado la sociedad vasca preindustrial.

Lan eta jan, jan eta lan: la expresión -traducible como trabajar y comer, comer y trabajar- nos remite a un mundo en el que incluso conseguir lo más básico, el alimento, suponía un gran esfuerzo. Se entiende si se sabe que se trabajaba a mano o con esfuerzo animal.

Trabajar a mano
La industria ha supuesto progresiva desaparición de las actividades artesanales en dos sentidos, ambos relacionados: la fabricación en serie de productos antes hechos a mano, y nuevas actividades económicas que han sustituido los viejos oficios.

Algunos oficios se mantienen a duras penas porque los productos que ofrecen o ya no se utilizan, o se fabrican industrialmente, casi siempre con otros materiales; es el caso de la cestería, por ejemplo.

Las cestas eran muy utilizadas para conservar y trasladar productos de todo tipo, en caseríos, en mercados, en panaderías, en la venta ambulante de pescado, etc.

No solo los materiales, incluso la mecanización del medio de transporte ha supuesto la práctica desaparición de algunos productos concretos de cestería, como las cestas específicas para cada pescado, o las que se ponían a las caballerías.

En algún caso el mantenimiento del oficio es una opción frente a la elaboración masiva y en serie. El tejido artesanal pone en valor el producto único e irrepetible por el material utilizado y por el propio trabajo hecho a mano.

La textil fue la primera actividad económica en industrializarse, ya en el s. XVIII. Sin embargo el hilado a mano perduró hasta inicios del XX porque se trataba de un complemento a los pocos recursos económicos femeninos: “poco se gana hilando, pero menos mirando”.

Sin embargo, el torno de hilo para la urdimbre del telar era un instrumento tan específico dentro del largo y costoso proceso de convertir las fibras en tejido, que apenas han quedado algunos ejemplares.

Esta era una de las pocas actividades del mundo del tejido en las que intervenían los hombres, porque era una profesión específica: tejedor.

Como ha ocurrido con la cocina, el oficio de coser, tradicionalmente femenino y anónimo, en el s. XX se vincula a grandes nombres casi siempre masculinos, cuando la costura da paso a “la moda”.

Trabajar a mano con producto industrial
La mayoría de las herramientas manuales no ha desaparecido; pero el material y la técnica de fabricación es industrial. Tal vez el mejor ejemplo sea la marca Bellota de la célebre fábrica “Patricio Echeverría” de Legazpi (Gipuzkoa).

Las grandes anclas fueron uno de los principales productos fabricados en las ferrerías vascas. Sin embargo, la mayoría eran muy modestas, de apariencia y materiales simples, pero eficaces, y utilizadas hasta hace muy poco.

Otras máquinas, mucho más recientes, siguen siendo similares en la actualidad, solo que ahora tienen motor y están fabricadas en materiales más higiénicos, como el acero inoxidable.

Hace décadas que las actividades forestales se han mecanizado, en el corte de árboles, el transporte, el tratamiento de la madera, etc.

Asimismo, la fabricación de hachas es industrial, aunque mantengan la característica tipología vasca, para pequeños trabajos puntuales, o para las pruebas de aizkolaris.

A diferencia del hacha, que sí se utiliza puntualmente, las sierras diseñadas para cortar troncos entre dos personas prácticamente han desaparecido.

Sustituidas por la motosierra, apenas se ven fuera de alguna exhibición o apuesta de deporte rural.

La herramienta más versátil
Percutir sobre algo que se quiere romper, abrir, agujerear… es probablemente la actividad transformadora más antigua. Simple y eficaz, antiquísimo y actual, el martillo se adecua a cada función concreta variando su material, tamaño, forma, disposición del mango…

Cada oficio tiene su propio martillo, y a menudo varios, porque la fabricación de un objeto puede requerir una serie de gestos aplicados a un material concreto en una superficie exacta y una fuerza determinada. Este ejemplar proviene de la donostiarra Platería Satóstegui.

La zapatería es otro oficio en el que cada martillo realiza una labor concreta. Gordailua conserva todas las herramientas de dos talleres artesanos de zapatería, uno donostiarra y otro navarro, de la Burunda.

En ocasiones, el útil se mantiene, pero se le sustituye la superficie percutora si sufre mucho o si se buscan diferentes efectos; es el caso de este martillo bujarda para piedra.

La herramienta incluso puede ser exclusiva para el uso de una sola persona; así, aparte de adaptarla a sus necesidades y características, sobrepasa su mera utilidad para convertirse en un instrumento de prestigio.

De trasto viejo a patrimonio cultural
Como consecuencia de la desaparición de algunos oficios o maneras de trabajar, muchos objetos acaban siendo considerados patrimonio, en la medida en que nos ayudan a entender la importancia que tuvieron aquellos trabajos.

Incluso en las pequeñas huertas, el duro trabajo de arar la tierra con un par de layas ha sido sustituido por instrumentos mecánicos o aperos más versátiles.

Los carros tirados por animales prácticamente han desaparecido del paisaje rural.

Pero mucho antes ya se habían adoptado las ruedas neumáticas, puesto que las características ruedas macizas del carro vasco estropeaban las vías asfaltadas.

En ocasiones el oficio artesanal se mantiene porque se sigue demandando el producto, pese a todos los cambios dentro del mundo rural. Los cencerros, por ejemplo, siguen indicando la presencia del ganado en el monte.

Aunque los hay de fabricación industrial, la necesidad de ajustar el sonido concreto de cada cencerro a los gustos y necesidades de la clientela permite la subsistencia del oficio.

Incluso se siguen hallando las colleras de fleje de madera junto a los de cuero u otros materiales, ahora sintéticos.

Sin embargo, los adornos, o tal vez símbolos que ahora no sabemos interpretar, apenas son realizados ya en pirograbado por el propio ganadero, sino que se pintan.

Hay oficios que no se han mecanizado, simplemente han desaparecido hace mucho, al menos en nuestro entorno. Sus objetos se pueden considerar tanto etnográficos como históricos: es el caso de la pesca de la ballena.

Otros, en teoría tampoco se practican puesto que son ilegales; pero la caza furtiva con trampas sigue siendo una realidad vigente.

Mugarri, mojón, significa literalmente piedra de límite. Como tal no ha desparecido, pues sigue cumpliendo su función; pero hace décadas que son de cemento. A menudo se ven viejos ejemplares junto a los nuevos.

Los que ya no se realizan son los mojones de sel. El sel es una porción de terreno circular, con un mojón central y ocho radiales. Esta forma de acotar el terreno ya no se practica, y frecuentemente los mojones han sido removidos de su emplazamiento original.

Gordailua, Centro de Colecciones Patrimoniales de Gipuzkoa
Créditos: reportaje

GORDAILUA

Centro de Colecciones Patrimoniales de Gipuzkoa
Diputación Foral de Gipuzkoa

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