27 jul. 2018

Paris 1979 - 1983

Pérez Celis - Museo Virtual

 Siento que la influencia cercana de las obras de grandes pintores de todos los tiempos, la permanente visita a los museos de Europa, marcaron en mí una suerte de inquietud  que se percibe en una mayor libertad y soltura en la creación. Pérez Celis 1982

La pintura de Pérez Celis es una especie de espejo del tiempo, donde las reflexiones de la profundidad metafísica se armonizan en música palpable. Maestro de contingencias, místico del cosmos, el pincel del pintor está dotado de un poder para unir lo espacial a lo temporal, y nos deja la impresión de que cada una de sus revelaciones artísticas nos llega por un río de lavas celestiales. La materialidad se funde en el amanecer gris del magnetismo, ennoblecido por las llamas del alma universal. Estamos presenciando una nueva alquimia del silencio. Ratimir Pavlovic, Paris 1980 

Gaston Diehl: El tiempo y su ruptura
Un destino formidable se encargó de que se crucen nuestros destinos. Así es que tuve la oportunidad en varias ocasiones desde 1979, de encontrarme con él en su taller parisino con el que tuvo la suerte de dar, al poco tiempo, frente a” L’Ile de la Cité “y al manso deslizar del Sena.
Me parece que esa atmósfera apacible y propicia le incita deshacerse poco a poco de las impresiones tan hondas que recibió en Venezuela. El bullicio y desenfreno de Caracas con sus paradójicos embrollos en el tráfico pero también su tremendo dinamismo, su facilidad a ajustarse a cualquier modernismo, su música trepidante, sus aires alocados en los que se mezclan los distintos folklores, tal conjunto de exuberante vitalidad ¿ no lo habría llevado a adoptar en sus cuadros el principio de aquellas construcciones entrecortadas, sincopadas, en las que la multiplicación de ángulos agudos, de partes sombreadas e iluminadas, denota, sin embargo, cierta tensión inquieta ? Aquellas tendencias tan marcadas, casi agresivas, ponen de manifiesto, muy a propósito, los problemas que plantea el tiempo fragmentado, atomizado, que corresponde al mundo contemporáneo.

Una toma de conciencia semejante es lógica en él ya que siempre ha respetado el alivio que puede suscitar una inquietud natural. Quiere ser un hombre a la vez apasionado e insaciable y nunca trata de regatear esfuerzos ni trabajo. Como el mismo comenta con mucha gracia, trata por cuenta suya de allegar lo que se pretende inconciliable, de aunar en su creación pasión y razón que muchos tienden a oponer. De hecho, ese vigoroso ímpetu intuitivo que se manifiesta y que tan a menudo le induce a enfrentarse con inmensidades, nunca lo descuida o lo abandona al azar sino que lo vigila, incansable, sometiéndolo a planteos profundos, a un trabajo constante y metódico que nada viene a estorbar, ni siquiera sus viajes a Argentina. Sin embargo tal asiduidad que se asemeja a la de un artesano, no le impide acumular los aportes varios que se le presenten y, con mucha modestia pretende ser como “una esponja que ha de estar dispuesta a absorber todo cuanto lo rodea”.

Gaston Diehl: El tiempo y su ruptura

Después de las horas de trabajo a las que se atiene cada día de buen grado, aprovecha los ratos libres que le quedan para gozar de las muchas tentaciones que ofrece París, sin prisa ni inútiles excesos: exposiciones, conciertos, museos que le gusta visitar paulatinamente, es decir limitándose a un artista cada vez : Goya, Turner y hoy Rembrandt.

Gaston Diehl: El tiempo y su ruptura

Por lo tanto ¿cómo ha de extrañarnos que en medio de este sosiego que no deja de ser fructífero y ventajoso para él, se va a desencadenar otro proceso de ruptura, que no tarda de acelerarse?
Se produce un cambio en su obra en la que los ritmos incisivos, violentos, la alteración de planos cortados van a ser sustituidos poco a poco por un extraño movimiento que se va ampliando hasta resolverse en una ascensión en zigzag en gradas o en escaleras. Dentro de un melódico chorrear de colores, ese surgimiento de otra clase, se yergue hacia arriba, imponiendo sus formas altivas, estrictas, que se vinculan unas con otras. Estamos lindando con una imagen poética evocadora de las soberanas cadencias de los escalones gigantes que trepan rápidamente hacia el cielo.Ese espectáculo insólito no deja de remitir al no menos impresionante de las incontables e interminables gradas de Machu Pichu o de las pirámides de Teotihuacán.

Gaston Diehl: El tiempo y su ruptura

Estas etéreas visiones que el día de mañana dejan de existir y lo que podríamos llamar a veces, según los títulos de algunos cuadros, fugitivas evocaciones de lugares sagrados, se desvanecen para dejar paso a nuevos desmembramientos en bloques monstruosos, en fragmentos ardiendo en medio de las tinieblas que se oscurecen. Su pintura rechaza siempre cualquier tentación descriptiva así como cualquier experimentación teórica o intelectual, dejándolo a cada uno la libertad de imaginar, como le parezca, el sentido de las disposiciones de forma y colores que él ha hecho.Sería inútil pues, tras una ruptura como esta, tan normal en él, tratar de dar una interpretación del ciclo que inicia. ¿No está libre cada cual de ver la amenaza de un cataclismo, de una destrucción, de una erupción, o solamente una explosión energética, un despegue espacial, un vuelo por encima del tiempo, una de las numerosas enigmas de nuestro tiempo?

Gaston Diehl: El tiempo y su ruptura

Colección Embajada de la República Argentina en París
Planos de eternidad. Acrílico y plata sobre tela. Francia, París. 1979

Rainier III Príncipe de Mónaco el príncipe Albert, Iris y Pérez Celis

Obra pública desaparecida

Obra pública desaparecida

Obra pública desaparecida

Un mediodía a la tarde, hace 18 meses, estaba rezongando contra un nuevo locatario del inmueble, que monopolizaba el ascensor: me decidí bajar a pie mis cinco pisos, para encontrarme en el medio de cuatro o cinco cuadros de formato muy grande, de una presencia y belleza fuera de común.
Olvidando mi contrariedad, me dirigí hacia mi nuevo vecino preguntándole si él era, el autor de esas obras; con su respuesta afirmativa concluí: "encantado de conocerlo soy crítico de arte, me gustaría encontrarnos"
Al otro día comimos juntos y desde ese momento soy el testigo privilegiado de la considerable evolución de mi amigo Pérez Celis.

La obra de Pérez Celis ha sido para mí un gran descubrimiento. El hombre también, porque es raro encontrar un artista, que haga con su creación tan íntimamente cuerpo. En algunas semanas, mirando sus cuadros traídos de Argentina, los grabados y los dibujos, he aprendido a conocer un continente sobre el cual la cantidad de lecturas, películas, exposiciones y música no me habían dado, que un acercamiento limitado.
Sin representar lo invisible, la pintura de Pérez Celis simboliza y resume fundamentalmente, esencialmente, la realidad más profunda de América latina, la inmensidad de la Pampa, con la desmesura de sus cielos, el fervor de sus culturas, y la proyección del mundo futuro, que no podría ser creado que en estas tierras nuevas, donde tantas raíces inmemoriales vienen de renacer armoniosamente.
De sus ventanas parisinas, Pérez Celis contemplaba el Sena y l’île de la Cité, la antigua Lutèce, prima forma – hace veinte siglos – de lo que devendrá París. Es allá donde Notre-Dame ha sido edificada, sobre el emplazamiento de un santuario pagano, donde nació la primera universidad y vivieron los primeros reyes de Francia hasta el fin de la Edad Media.

Dejemos la historia para dedicarnos a nuestra época y a una página de la gran Historia del Arte, quiero hablar de la Escuela de París. Sin ser nada de formal "la Escuela de París" existe todavía, la capital francesa continúa en atraer artistas del mundo entero, como un El Dorado del espíritu.
Así pasa con Pérez Celis, que a unas semanas de su instalación, me confesaba cuán importante le parecía esta etapa parisina. Soy testigo de ella, todo empezó al calor de la investigación sobre el uso del oro y plata en hoja, porque fue un frenesí creador, que duró varios meses, durante los cuales nacieron varias obras fuertemente nuevas, continuación lógica de las pinturas precedentes, pero a las cuales, a mi criterio, les faltaba la elevación a un nivel superior en el campo espiritual y calidad pictórica.
Siempre espacios en fuga, planos que se interponen como en desprendimientos paralelos, pliegues, deslizamientos, espirales del Tiempo, espacios estáticos o en rotura. Siempre una gramática tan rigurosa de formas y los juegos de símbolos tan específicos del arte de Pérez Celis.
Pero sus cuadros son más que cabalgatas locas de nubes y de espejismos, horizontes vertiginosos, el furor de los elementos que corcovean sobre el tiempo inmóvil, los laberintos del amor y la confianza en la eternidad.
Utilizando el oro o la plata como un antiguo herrero, transmutando la vil materia como un alquimista, Pérez Celis ha logrado ahora llegar a un nivel superior donde el arte, es una misteriosa conjugación poética y profética. En ese punto donde la pintura nos permite tocar con el dedo un orden metafísico, allá donde las palabras no pueden decir lo que nos deja entrever.

París. 17.2.1980 Roger Bouillot

La obra se produce cuando se consigue el justo equilibrio entre la razón y la pasión.
Es posible que en la permanente lucha entre La razón y La pasión aparezca, tal vez, con infinita paciencia, esa forma, ese color. Es posible que en la unidad más pura del instinto y del pensamiento se pueda conseguir con alguna claridad, esa materia que contenga nuestro espíritu.
Quizás sea posible.

Pérez Celis 3-79 París

Collection Museum of the Organization of American States
Rituales de eternidad. Acrílico sobre tela. Francia, Paris. 1980

Gaston Diehl: Un llamado a lo espiritual

Por no haberse desviado de su trayectoria ya muy larga-su primera exposición, a los 17 años fue en 1956 - Pérez Celis está casi considerado como una excepción, aquí y aún más en Argentina. Tal fidelidad a sí mismo, a sus objetivos, tiende a desaparecer en una época en que es de buen tono y a veces casi una obligación, seguir los diversos cambios de orientación. Pero hay que puntualizar enseguida que no se trata solamente del proyecto adoptado desde un principio de dedicarse a expresar la faz mítica de aquel continente que recorre en todos sus sentidos, porque en lo que a esto se refiere, hay una legión de artistas que pretenden hacerlo aunque, por desgracia, la mayoría se conforma con algunas figuras anecdóticas o alegóricas traspuestas del folklore.

… El hecho de que Perez Celis haya conseguido con tanto cierto aunar en su obra, el fulgor de los colores la exaltación de las pinceladas, unos brotes con resonancias tan conmovedoras, es una prueba patente de esa sed de espiritualidad que siempre le ha animado. Las ansiosas especulaciones sobre espacio y tiempo corresponden a su voluntad de superación y de trascendencia. Hay que reconocer que tal posición es poco frecuente ya que el invitar a evadirse, el incitar a meditar constituyen por sí mismos una gran responsabilidad que asumir y pocos artistas contemporáneos lo aceptan.

Gaston Diehl: Un llamado a lo espiritual

Su ambición se sitúa, desde el principio en nivel superior, aspira a la universalidad de un lenguaje. Si durante algún tiempo, él también se vale de los signos que pretenden generalmente interpretar el mundo americano: vértigo del infinito, permanencia de lo sagrado, inmensidad de La Pampa, adoración de los astros, imágenes del típico bestiario, etc.., se apresura a simplificarlos para reducirlos a unas estructuras sibilinas. Más allá de los signos, se preocupa más por el concepto que le es propio: la exhortación a lo espiritual que trata de expresar en su obra ante todo por la preeminencia de la luz que coloca con hábiles y específicos estratagemas para que resplandezca, invada la escena evocada, confiriéndole otro sentido, un alcance superior.

Gaston Diehl: Un llamado a lo espiritual

Incorporaciones, búsqueda y aventura

Sin embargo, para él, y a menudo lo afirma “en una época tan agitada y amenazada por todas partes, la pintura ha de ser un medio de comunicación como otro cualquiera, que ayude a los hombres a soportar las adversidades y más aun a tener esperanzas”.

El lenguaje de la pintura es más universal que el de las palabras, estamos de acuerdo:
Por eso, ante las pinturas de Pérez Celis, pintor argentino que trabajó en Caracas y luego en París, añadiendo un nombre a todos los que componen la Escuela de París; ante esas pinturas, decidimos, cabe reconocer algunos de los caracteres que se practica en día en todos los países del mundo.

Jean Cassou

Así, durante su dilatada adhesión a un geometrismo arquitectónico que algunas veces recurre al cinetismo, se desvincula precisamente de sus compatriotas al atemperar su rigurosa retórica para proporcionarle un nuevo soplo de sensibilidad y sobre todo para dejarle más sitio a una luz casi mística.


Gaston Diehl: Un llamado a lo espiritual

Salón VIP del terminal de Aerolíneas Argentinas, Ezeiza, Argentina

Obra pública desaparecida

Obra pública desaparecida

Comprendo que Luisa Mercedes Levinson, narradora de cuentos se haya avenido tan bien con el pintor Pérez Celis, narrador de imágenes. Este proviene de la misma fabulosa y fabulista Argentina. Haber escogido su talento para ilustrar un cuento de Luisa Mercedes, o para ser ilustrado por él, viene como un guante.

Jean Cassou

Manifiestan de modo perentorio una intención distinta de la de resolver, estrictamente problemas técnicas y de forma. Por supuesto, este pintor surgió en una época determinada de la pintura. Pero este dato cronológico no basta para situarlo. Él quería expresar algo muy particular, y quien le incitaba a plantear ese interrogante era, más que una coincidencia de fechas, su más secreto consejero, es decir América latina. Interrogante que predomina como el del primer hombre en el primer jardín, el primer hombre ante los elementos, la inmensidad, la naturaleza.

Jean Cassou

Pero cuidado: no hay que apresurase a reconocer, a hablar de esa universalidad de la “pintura moderna”. El principio de base, el que no hay que olvidar nunca, es que el arte es lo distinto.

Jean Cassou

Distingamos pues, en el arte de Pérez Celis, ese punto con que él mismo quiere marcar la diferencia. Este punto es América. Pérez Celis ha podido aunar su búsqueda y sus inquietudes con las del gran tumulto de la pintura del mundo entero. Pero su búsqueda y sus inquietudes siempre fueron, esencialmente, las de un latinoamericano.

Jean Cassou

Me basta con leer los títulos que pone a sus obras (Niveles de pensamiento, El otro tiempo) para estar seguro de que dichas obras no se limitan a ser preocupaciones plásticas del arte universal de hoy. No son testimonios del arte abstracto que, con este nombre, todos hacen hoy en todos sitios. Esos títulos por su significación metafísica, son más bien títulos de poemas y de obras musicales.

Jean Cassou

Toda creación es un olvido de sí mismo.
Una completa atención, sin pensamientos.
Sólo la fuerza que no está en el tiempo resiste al tiempo.
Las ideas los conceptos, las teorías, son fácilmente aniquiladas por el tiempo.
Y partir sólo de una idea es una fragmentación de nosotros mismos.
Sólo con la totalidad de nuestro ser podemos recibir y transmitir.
Y en este estado de libertad comunicarnos de un modo nuevo.

París 8 - 1982 Pérez Celis

Rómulo Macció, Raul Russo, Federico Gorbea, Raúl Santana, Ernesto Deira, Pola & Horacio Galiagnone, Iris Pérez Celis, Olga Galperin, Sra De Raúl Russo, Leopoldo Presas, Pirro, Pirossi, Pérez Celis

Studio en París
16 Quai de la Mégisserie
Estudio en París
15 Quai Voltaire
Fundación Pérez Celis
Créditos: reportaje

Fundación Pérez Celis
Diseñadores Iván Villani y Luz Arias

Solicitar archivos en: fundacionperezcelis@gmail.com

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