27 oct. 2016

Obras singulares del Museo de Huelva

Museo de Huelva

Descubre nuestra colección de Bellas Artes.

La Institución
Fue un pequeño grupo de intelectuales onubenses los que crean en la calle Ricos, antigua Castelar, un primer museo bajo el título de Museo Provincial de Bellas Artes, incorporado al Estado en 1922, que contaba con unos fondos fundacionales procedentes casi en su totalidad de particulares, salvo un pequeño lote de maestros de los siglos XIX y XX depositado por el entonces Museo de Arte Moderno de Madrid. Con la Guerra Civil, gran parte de estas obras se devolvieron a sus propietarios, almacenándose las procedentes del Estado en el Instituto de Enseñanzas Medias La Rábida, hasta la constitución del actual museo. La década de los 40 supuso un nuevo intento de dotar a Huelva de un museo, esta vez de arqueología, consecuencia inevitable de la prolífica actividad del ingeniero D. Carlos Cerdán Márquez, nombrado a tal efecto comisario de actividades arqueológicas en la provincia. Tuvo su sede en un pequeño edificio cedido por el Puerto de Huelva, donde malvivió hasta que en 1973 se inaugura el actual edificio, dotando a la Institución de un facultativo del Cuerpo Superior de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, D. Mariano del Amo, que fue el primer director del nuevo Museo Provincial de Huelva.
Obras Maestras de la Colección Pictórica del Museo de Huelva
La colección de Bellas Artes del Museo de Huelva es la única muestra de la provincia que permite seguir la evolución de la creación artística desde la Edad Media hasta la actualidad, destacando la escuela pictórica local, del Daniel Vázquez Díaz más indagador o de su discípulo José Caballero.  

Se trata de una gran composición grupal digna de ser admirada, destacada por su grandeza plástica, su dibujo arquitectural y por una sobria paleta de grises y negros. El conjunto se inspira en la famosa obra 'El entierro del Conde Orgaz' (1586-88), de El Greco.

Cada uno de los personajes está captado como si de un retrato individual se tratase.

El espacio arquitectónico deja ver una paisaje al fondo, unas casitas blancas, que hacen de esta abertura, una escapada al exterior y evitan que el espacio se vuelva en un ámbito cerrado y agobiante.

Wijnants es uno de los fundadores de la gran escuela holandesa de paisaje. Su interés está en una interpretación realista basada en la naturaleza cotidiana del entorno. Bajo una luz brillante, la soledad de un espacio arbolado, las dunas o un árbol muerto pueden alcanzar un alto grado de perfección gracias a sus datos de observación y a un acabado preciosista (que podemos observar en la vegetación pormenorizadamente detallada).

Esta obra, atribuida a Mariano Salvador Maella, representa uno de los más populares y repetidos temas de la pintura española, la Inmaculada. La Virgen, rodeada de angelitos, aparece envuelta en un manto movido por el viento celestial sobre el creciente de la luna, pisando la serpiente, con las manos unidas y la cabeza coronada de estrellas y alzada hacia el Espíritu Santo que vuela sobre ella.

En esta pintura destaca la luminosidad, que se hace presente en todo el paisaje, siendo el dibujo el protagonista de la composición.

Forma parte de un conjunto de veintiséis obras que sirvieron para decorar el claustro principal del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista de Sevilla.

José Arpa realiza sobretodo pinturas de historia, entre las que se sitúa ésta, donde merced a su maestría para el dibujo y el color consigue un magnífico estudio anatómico.

En esta obra apreciamos las tonalidades: ocre y verde, casi permanentes en la producción pictórica de Alfredo Souto; y el aspecto cercano a lo impresionista de su pincelada, ágil y suelta, así mismo, esto nos hace intuir el dominio que tuvo de la acuarela.

Se trata de la única obra en posesión del Museo de Huelva del que fuera el fundador de la Escuela de Pintura que tantos artistas formaría en la órbita del paisajismo, de un claro influjo mediterráneo.

Esta obra de Gonzalo de Bilbao se encuadra dentro de la pintura de carácter social. En ella nos presenta, denunciando hirientes desigualdades, la escena cotidiana de una casa de empeños cualquiera, con personajes ensimismados en su miseria, y en un espacio que resulta aún más angustioso por su desnudez.

El personaje retratado era hijo de un empresario francés que se asentó en Bollullos durante la Restauración por negocios vinícolas. La obra, un óleo sobre lienzo, data de principios del siglo XX. Durante los trabajos de restauración se detectó bajo el ropaje del personaje una obra antigua, que se trasluce en la pintura actual, en la que aparece la imagen de una mujer con mantilla boca abajo.

Rafael Cortés Moreno pinta esta encantadora obra, 'Marujita', situada en uno de los cabezos de Huelva, con la vista de la ría al fondo.

La obra presenta a un hombre joven en actitud melancólica, que apoya su brazo derecho sobre un cojín rojo, mientras se sostiene la cabeza con el puño cerrado, el cual se muestra con la mirada perdida, como ensimismado en sus pensamientos. Al fondo, una tela de cierta inspiración oriental, cierra la perspectiva. El autor, José Dabrio, fue alumno de José Fernández Alvarado y discípulo y admirador de Daniel Vázquez Díaz, lo firmó en 1921, en el contexto de su formación en la Academia de Pintura de Huelva.

La belleza y serenidad de esta obra se acrecientan al considerar que fue pintada en el convulso Madrid de la Guerra Civil.

Esta obra pertenece a Daniel Vázquez Díaz, considerado uno de los introductores de las vanguardias del siglo XX en España.

La temática del retrato, ha estado siempre vigente en su trayectoria representando gran parte de su producción, de hecho se considera que un tercio de su obra son retratos.

Este otro retrato de Vázquez Díaz es una obra de grandes dimensiones con una composición que nos recuerda a los retratos reales ecuestres de la pintura del barroco español y europeo.

Es una exaltación del héroe, del conquistador, que enlaza directamente con el tema de la hispanidad y que el autor que plasmaría anteriormente, con gran esplendor y maestría, en los frescos de La Rábida.

Manuel Moreno Díaz es uno de los principales representantes del cubismo en la escuela onubense de pintura. Este 'Desnudo' de 1948 muestra una estética personal que no se encasilla en ningún estilo artístico concreto, resultando un personal ejercicio de maestría.

Se trata de una obra de gran sobriedad de formas donde el artista onubense se ha inundado de una profunda melancolía alcanzando un gran éxito de crítica.

Pepe Caballero fue pintor, dibujante, grabador e ilustrador, con una obra en constante evolución. Muestra de ello es esta obra de finales de la década de los 50 y primera mitad de los 60, donde el juego de sus planos pictóricos y la elegancia cromática son sus señas de identidad, además de una personal descomposición de las formas.

Obra del surrealismo onubense, donde predominan los colores cálidos y una arquitectura cuidada que nos ofrece un paisaje árido y sereno, quizás también nostálgico.

En esta obra Rafael Boti capta con sencillez el paisaje del jardín con un personal uso de la paleta de colores. La influencia de Daniel Vázquez Díaz es una constante en su producción, definiendo un particular sentido constructivo de las formas.

Pilar Barroso es una pintora onubense puente entre la generación de artistas que crearon la escuela onubense de pintura a lo largo del siglo XX con los pintores actuales. Su maestro, Pedro Gómez, le inculcó el interés por el paisaje natural local.

Museo de Huelva
Créditos: reportaje

Obras singulares del Museo de Huelva

Organiza:
Museo de Huelva
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía

Museo de Huelva.

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