En el arte virreinal peruano, el complejo pensamiento religioso llegado desde Europa estuvo representado por signos y símbolos.

Las alusiones eucarísticas son frecuentes en la figura de la Custodia, destinada a mostrar el cuerpo de Cristo (la hostia) al interior del sol. Los rayos solares que simbolizan al Padre Eterno irradian luz sobre el universo.

Los temas vinculados al madero de la Cruz, símbolo de la Redención, alcanzan un enorme número de representaciones ya sea como tema central o secundario.

La calavera y los huesos cruzados aluden a Adán ya que, según la leyenda, la madera de la Cruz procedió de un árbol que creció de la boca de Adán, en la que un ángel, después de muerto, había colocado una semilla traída del Paraíso. La Cruz fue alzada en el mismo lugar donde había sido enterrado Adán, por eso el Gólgota es llamado el lugar de la calavera.

Sobre la Cruz un pelícano se hinca el pecho, según la tradición, para alimentar a su cría con su sangre. Se simboliza así a Cristo en el Sacramento de la Eucaristía al ser alimento de vida.

El lienzo en mención, por el tratamiento dado a las figuras, es de gusto manierista y puede relacionarse con obras del taller de Lorenzo Pardo Lagos.

En esta pintura, tema de claro sentido teológico y religioso, observamos que la composición se divide en dos niveles.

En la parte baja, y ante la figura de los padres de Cristo, se observa a un santo obispo que sostiene la gran custodia fabricada por el triunfo verdadero.

La custodia enlaza la parte inferior del cuadro con la superior, en donde se representa a la Santísima Trinidad en tres figuras iguales, sin atributos que pudieran distinguirlas entre sí.

La Iglesia representada como nave es de antigua data. Al final del medioevo alcanzó gran difusión la nave de san Pedro con sus apóstoles dirigiéndose al encuentro con Jesús.

El eje de la composición es el mástil de la nave, coronado por Cristo como Rey de Reyes, junto a su madre y a seis angelotes portadores de los instrumentos de la Pasión.

Al lado de popa aparece san Pedro llevando el timón y mostrando las llaves, mientras que en una bandera se proclama que él es la piedra angular.

Protegiendo a la nave se colocó en primer término una barcaza con los Doctores Ecclesiae quienes con sus remos alcanzan ya a las naves de los herejes y de los cismáticos, que llevan al timón al mismo Demonio.

Incapaces de resistir el ataque, los personajes más significativos huyen a nado, como Lutero, Beza, Arrio, Sabelio y Calvino.

El lienzo representa a San Fernando III, Rey de Castilla y León, que fue elevado a los altares en 1671 por Clemente X.

Se trata de la entrega que hace el joven invasor moro de las llaves de la ciudad de Córdoba al perderla por la victoriosa campaña del 29 de junio de 1236 del también joven Rey.

La Virgen en la actual advocación de Nuestra Señora de los Reyes se le apareció, según relatos, al Rey, alentándole con la frase "presto se entregarán y tendrán fin tus trabajos".

Museo Pedro de Osma
Créditos: Historia

Museo Pedro de Osma

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