27 oct. 2016

La luz de una ciudad I

Museo de Bellas Artes de Córdoba

Obras selectas del Museo de Bellas Artes de Córdoba del siglo XIV al XVIII.

Una nueva iconografía
Durante los siglos XIII al XV era aún importante la presencia de la tradición andalusí en Córdoba. Los artistas comienzan a difundir la iconografía de la religión oficial como parte del proceso de cristianización de la ciudad. Bartolomé Bermejo, Pedro de Córdoba o Alejo Fernández forman parte de esta primera generación de artistas que, influenciados por la pintura flamenca e italiana, no dudarán en introducir elementos relacionados con la tradición andalusí en sus composiciones.

La representación de la anatomía, ambientación en delicadas arquitecturas quatrocentistas y el trabajo de las telas se unen en esta obra anómina de gran calidad.

Alejo Fernández fue uno de los más importantes pintores de este momento. Las figuras comienzan a ganar rotundidad y la arquitectura adquiere presencia por influencia de Cinquecento italiano.

Los motivos decorativos de esta basa recuerdan a los utilizadas en la época andalusí, concretamente en la Córdoba Califal del siglo X. La obra procede del Convento de Santa Clara, una antigua mezquita.

A menor escala, los donantes que costearon dicho retablo y, en una escala menor que ellos, la Madre Superiora del convento.

Retóricas del Humanismo
El siglo XVI viene marcado por el triunfo del Humanismo. En Córdoba el pintor humanista Pablo de Céspedes, tras formarse en Italia, vuelve a la ciudad con el estilo de Rafael Sanzio y Miguel Ángel aprendido. La escuela formada en torno a él será la introduzca el manierismo, repitiendo los modelos del maestro y difundiendo esta nueva manera de pensar. Juan de Peñalosa, Antonio Mohedano, Cristóbal Vela Cobo y Juan Luis Zambrano forman esta escuela que se caracteriza por el uso de abigarradas composiciones, colores ácidos y voluminosas figuras.

El esquema en esta obra es propio del manierismo. Se basa en una espiral concéntrica donde la rotundidad de la figura de María llena todo espacio central al que dirigen todas las miradas.

Juan de Peñalosa, como díscipulo aventajado de Cespedés, tiene un peculiar estilo que lo hace reconocible: figuras hercúleas de complejos movimientos de colores ácidos.

La inspiración viene de grabados. Con la aparición de la imprenta, se difunden imágenes desde centroeuropa. Así, esta obra sigue un San Miguel de Martín de Vos grabado por el flamenco Hieronymus Wierix.

El triunfo del Naturalismo
La naturaleza y la búsqueda de una mayor expresión de la  realidad lleva a una nueva perspectiva en el arte. Teatralidad, contrastes lumínicos y grandes composiciones van a caracterizar a el arte del siglo XVII en Córdoba. Éste tiene en Antonio del Castillo su máximo exponente, quien domina la escuela a mediados del siglo y marcará el siglo siguiente repitiéndose sus composiciones.

Simbólico Calvario que Antonio del Castillo realizó para el Salón de Plenos del Santo Oficio de la Inquisición. Para su realización se inspiró, como era habitual, en estampas de obras centroeuropeas.

Un Cristo muerto que une lo divino y lo humano con su tez mortecina. Un apretado y justo dibujo definen una delicada anatomía demostrando las dotes dibujísticas de Castillo.

La Virgen y San Juan dialogan con los sentimientos espectador. Una Virgen doliente y un San Juan deshecho en lágrimas, envueltos en pesados mantos, donde Castillo trabaja cada uno de los pliegues.

Una bellísima Jerusalén al fondo entre tinieblas, con una reconstrucción ideal del Salomón, rematan al fondo la composición. A los pies de la cruz los huesos de Adán como redención de la Humanidad.

Como encargo del importante gremio de los plateros de Córdoba, Juan de Valdés Leal realiza esta magnífica "Inmaculada con San Eloy y San Antonio", conocida como "La Virgen de los Plateros".

San Eloy es el patrón del gremio de los Plateros. Valdés lo ha representado envuelto en un atuendo con todo lujo de detalles, siguiendo seguramente el rostro de alguna persona real del momento.

No pasa desapercibida la peana en la que se apoya la figura de la Virgen, un trabajo de orfebrería pictórica haciendo homenaje al gremio que se lo encarga.

El movimiento y efectismo de la composición se acentúa con los ángeles y querubes que rodean a María portando símbolos de las Letanías.

Esta obra forma parte de la decoración de la escalera del Convento dominico de San Pablo. Santa María Magdalena y Santa Catalina de Alejandría mantienen una conversación mística en una ambientación de ruinas.

Uno de los aportes más originales de Antonio del Castillo fueron las "historiejas". Pequeñas y medianas composiciones de paisajes naturales donde los personajes son elementos secundarios.

Generalmente tenían un contenido narrativo con carácter moralista y se encuadran dentro de la producción más intelectual de Castillo.

La copia del natural y el estilo de Castillo triunfan en la sociedad cordobesa que demandará este tipo de obras.

En un juego efectista y de complicados escorzos se enmarca esta pequeña obra que realiza Castillo para el "contador" de la Catedral de Granada.

La naturaleza dibujada
El interés por el natural tiene en el dibujo su principal aliado. Apuntes y estudios de gran calidad comienzan a ser comunes a partir del siglo XVII. En Córdoba, Antonio del Castillo destacada por su gran producción, versatilidad y calidad.

Este es uno de los mejores dibujos conservados en el museo. En ella José de Ribera narra de una manera teatral y con gran movimiento el momento en que Dalila corta el cabello a Sansón.

Un hermoso diseño que ilustra la relación de Antonio del Castillo con el escultor Bernabé Gómez del Río. Castillo realizó este boceto que luego Gómez del Río llevó a piedra.

Este Arcángel San Rafael es el boceto para un conocido lienzo del mismo tema. En este dibujo Castillo ha empleado la pluma de caña que deja esa característica impronta.

Largas temporadas en un cortijo, rodeado de naturaleza, hiceron de Castillo un gran conocedor de la misma y así lo deja presente en este dibujo, que curiosamente tiene en su reverso un poema.

La esencia del color
El siglo XVIII ahonda en los presupuestos del siglo anterior. La búsqueda de armónicas proporciones y el color se convierten los principales puntos del tratado sobre pintura del pintor cordobés Acisclo Antonio Palomino. A nivel local, la pintura cordobesa cae en una profunda crisis de identidad y originalidad, repitiendo los modelos de Antonio del Castillo sin mucho éxito.

Antonio Palomino además de pintor fue teórico, tratadista y biógrafo. Sus obras se caracterizan por una delicadeza de alargadas figuras y un uso refinado del color, como se refleja en esta composición.

Esta obra de José Ignacio de Cobo y Guzmán forma parte de la serie dedicada a la vida de san Pedro Nolasco pintada para la casa-madre de los mercedarios cordobeses.

Aquí se narra el milagro de su nacimiento. En el momento de nacer un enjambre de abejas hizo en su mano un panal de miel.

En la mano de este niño se encontraría un perdido panal del que chorreaba miel, una metáfora del número de personas que esa miel atraería a la Iglesia.

Museo de Bellas Artes de Córdoba
Créditos: reportaje

La luz de una ciudad I

Organiza:
Museo de Bellas Artes de Córdoba
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía

Comisario: Manuel Aguayo Marmolejo.
Textos: Manuel Aguayo Marmolejo.
Fotografías: Álvaro Holgado, Manuel Pijuán y Google Art Camera.
Montaje digital: Manuel Aguayo Marmolejo

Museo de Bellas Artes de Córdoba.

Créditos: todos los contenidos multimedia
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