EL BANQUETE

Museo de Huesca

Una actividad cotidiana vista en el Museo
Día Internacional de los Museos

El banquete, reflejado en las colecciones, es el discurso de la exposición con la que el Museo de Huesca celebra el Día Internacional de los Museos. 

Bajo el lema de este año –Los vínculos creados por las colecciones de los museos – se establece una relación entre esta actividad, ligada a las necesidades del ser humano, y el ritual que ha generado a lo largo de los tiempos en su contexto social, cotidiano y divino. Todo ello, visto en las colecciones de Arqueología y Bellas Artes del Museo de Huesca.

EL BANQUETE EN LA HISTORIA

El banquete tiene unos orígenes muy primitivos en la Antigüedad que poco tienen que ver con la actualidad. El hombre de hace 6.000 años se refugiaba en cuevas donde descansaba, cocinaba y almacenaba ciertos utensilios. 

Sabemos que desde el Paleolítico, unos milenios antes, aparece la conciencia de pertenecer a un grupo. La comunión en la “mesa” y la proximidad al confortable fuego es fuente de estrategias de supervivencia y de éxito frente al medio exterior. Poco a poco, como todo en la Prehistoria, esa reunión se irá ritualizando y allí se tratarán los temas humanos y divinos que afectan al grupo. Así nos lo atestiguan los restos de la vida cotidiana hallados en algunas cuevas oscenses.

La Prehistoria

El desarrollo de la agricultura y la ganadería, que tiene lugar en el Neolítico, fechado entre 6.000-2.500 a.C., propició el uso de la cerámica y, más adelante, de la metalurgia, favoreciendo las reuniones alrededor de los alimentos. Gracias a esta situación, la puesta en escena comienza a ser más elaborada, se incluyen nuevos útiles, como los vasos y vasijas del Neolítico  y la Edad de Bronce, utilizados como contenedores.

Botella.Neolítico. 4400-4100 a.C. Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca
Vaso campaniforme. Edad de Bronce. 2200- 1800 a.C. Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca

El gran vaso campaniforme hallado en Cueva Drólica es un ejemplar excepcional de perfil globular y cuello cerrado con superficie espatulada y decorada con bandas y líneas de incisiones. Su uso sería como contenedor, probablemente de líquido, muy útil en el almacenamiento de provisiones. Algunos investigadores han dado en atribuir a este tipo de recipiente un uso vinculado al consumo de bebidas espirituosas. Dado el volumen de esta pieza, en torno a 60 litros, un consumo en grupo, sin duda.

Vaso. Edad de Bronce.1100- 1000 a.C. Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca

Época ibérica

Los testimonios relacionados con el banquete, entendido como acto social y presentes en el Museo de Huesca, continúan dejando elementos de interés en la cultura ibérica.

La cerámica ibérica presenta una calidad y una perfección antes desconocida gracias a la introducción del torno de alfarero. Se destaca, dentro de las colecciones, la alfarería pintada, generalmente con motivos vegetales y geométricos en tonos vinosos, tal como vemos en este “Kalathos”, utilizado como contenedor.

Kalathos. 300-101 a.C. Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca

Época romana

El banquete, tal como se concibe en la Antigua Roma, es una oportunidad para demostrar la generosidad, cultura y riqueza del anfitrión. En el Mundo Clásico, tanto en Grecia como en Roma, el vino y los alimentos eran amenizados con conversaciones, juegos de palabras y espectáculos de música y danza. Testimonio de esta costumbre es -El Banquete de Platón-, texto escrito hacia el 380 a.C. que reproduce un diálogo sobre el amor, surgido en un escenario de banquete, donde se comparten citas como esta: “Toda acción en sí misma no es bella ni fea; lo que hacemos aquí, beber, comer, discurrir, nada de esto es bello en sí, pero puede convertirse en tal, mediante la manera como se hace. Es bello, si se hace conforme a las reglas de la honestidad; y feo, si se hace contra estas reglas”.

Vaso. 50-100 d.C. Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca

Se conoce la gran variedad de ajuar de cocina de época romana, gracias a las ollas, cuencos, bandejas y jarras que, poco a poco, han ido descubriendo los arqueólogos. De tal modo que destacamos dos tipologías: la  vajilla fina de mesa del tipo “Terra Sigillata”, y la “Cerámica Engobada” de aspecto más humilde. 

Ánforas para transportar vino, aceite o salazones serían testigos del comercio del Imperio.

Asimismo, en multitud de objetos cerámicos, observamos la representación de escenas de banquete, a modo de decoración, constituyendo una ilustración de dicha actividad.

El banquete se celebra por diversos motivos; para conmemorar ocasiones tanto ceremoniales como sociales y familiares, en la celebración de festejos, funerales, triunfos militares o acuerdos políticos.

Cuenco. Terra Sigillata. c.100 d.C. Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca

EL BANQUETE EN LA PINTURA Y UNA MUESTRA DE MOBILIARIO

 

La celebración del banquete es la puesta en escena, la representación in situ que incluye una disposición de alimentos y personajes.

 

En las colecciones del Museo, la celebración es excusa y motivo para desarrollar un programa iconográfico excepcional. Esta actividad se refleja en pinturas y grabados de época renacentista y barroca, que describen episodios bíblicos sucedidos en épocas anteriores; es el caso del grabado -La descendencia de Lot- realizado en el siglo XVIII, que representa un episodio que tuvo lugar entre 2.000-1.500 a.C; o la tabla renacentista -La Anunciación de la Virgen-, que narra un episodio desarrollado en época romana. Por este motivo, se establece una concordancia entre los utensilios y materiales conservados en el Museo de Huesca y la representación de la ceremonia en las obras de arte.

La descendencia de Lot. Anónimo. 1716-1742. Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca

Este grabado de época barroca representa una cita bíblica que ha sido muy representada desde el Renacimiento. Según las Escrituras, Lot huye con su familia de Sodoma, ciudad donde vivían y que está siendo destruida.

La escena describe el momento en que Lot se refugia con sus hijas en una cueva, con la ciudad al fondo y su esposa convertida en estatua de sal por incumplir la promesa de no mirar atrás. En primer término se representa el momento fundamental del episodio, protagonizado por el padre y las dos hijas que, preocupadas por el futuro que les espera, solas y sin descendencia, deciden embriagar a su padre para seducirle.

Se trata de una escena de banquete que no admite otros alimentos excepto el vino, causante del delirio de Lot. El conjunto se envuelve en un ambiente distendido y sensual, propio de un entorno lúdico, con las copas de vino en la mano y los cántaros muy cerca.

Degollación de San Juan Bautista. Anónimo hispanoflamenco. h.1500 Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca

El episodio de la degollación de San Juan Bautista, narrado por los evangelistas Mateo y Marcos, describe la situación acontecida en el banquete de Herodes. Salomé, hija de la esposa de Herodes, pide la cabeza del Bautista como premio al  baile que representa en su banquete, motivada por el deseo de su madre, que ansía vengarse del Bautista porque no aprueba su matrimonio.

 

En la tabla del Museo de Huesca se representa toda la escena, la degollación de San Juan Bautista en segundo término, con éste, Salomé y el verdugo; y el banquete en primer término, con Herodes y su esposa junto a Salomé, que ya porta la bandeja con la cabeza del difunto. El banquete, por tanto, se convierte en punto de encuentro de los personajes, lugar de desarrollo de los acontecimientos y escenografía de la representación.

Salomé con la cabeza de San Juan Bautista. Escuela Veneciana. 1550- 1559. Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca

La tabla de la Anunciación, procedente de Sijena, nos regala una escenografía singular, no sólo por la propia escena, donde vemos a la Virgen junto a las Virtudes Teologales y Cardinales, sino por la recreación que simula un escenario doméstico, a la izquierda de la obra, con todo detalle. La cocinera, que representa a Santa Ana como madre de familia, se sitúa en el umbral; junto a ésta, el hogar, donde se cocinan los alimentos; colgados en la pared aparecen otros útiles de cocina íntimamente relacionados con el tema que tratamos en esta exposición.

 

El banquete, en este caso, se ve sustituido por la cocina, estancia de máxima relevancia en la vida cotidiana, que cobra un interés inusitado en la representación de la Anunciación. Se sitúa como estancia femenina, vinculada a la mujer y nos ofrece una serie de elementos decorativos que enriquecen la escena.

La Anunciación. Maestro de Sijena. 1515- 1519. Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca

Este Capricho de Bernardino Montañés es  una reflexión  sobre la vida y la muerte, un juego de efectos visuales que utiliza el autor para provocar un engaño entre la apariencia y la realidad. La dulzura que se manifiesta en primer término, materializada por la escena de los dos niños, adquiere tintes más dramáticos al visualizar de lejos la calavera que se crea por el efecto visual. 

El banquete, en este caso, viene marcado por la situación de los alimentos y bebidas en primer término, junto a los dos niños, creando un pequeño bodegón que acompaña la escena y adorna la representación. Esta situación de los frutos y frascos de cristal favorece el romanticismo y relajo de la escena, resultando un complemento idóneo para esta obra.

Capricho. Bernardino Montañés. 1891. Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca
Mesa de  las águilas. Cristóbal Pérez. 1655. Foto: Fernando Alvira. Museo de Huesca

La mesa se concibe como elemento básico en nuestra cultura, a la hora de presentar el banquete. 

La que aquí presentamos es un ejemplar en madera de nogal que procede del Colegio de Santiago, cuyo uso se ha documentado como mesa de refectorio para colegiales y, posteriormente, como mesa para la Sala de Consejos del Ayuntamiento oscense.

Credits: Story

Museo de Huesca. Gobierno de Aragón

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