Piezas emblemáticas: un recorrido visual por uno de los museos de Ciencias Naturales más antiguos

Museo Nacional de Ciencias Naturales, MNCN - CSIC

Descubre los especímenes más singulares del MNCN.

Los abejarucos
Al entrar en la sala de Biodiversidad nos sorprende una de las joyas de la taxidermia del MNCN.

Se trata de un diorama que ilustra el día a día de una colonia de abejarucos (Merops apiaster), una especie migradora que inverna en el África tropical y visita Europa para criar.

Lo primero que llama la atención de esta vitrina es el gran número de ejemplares que componen el grupo biológico: treinta y siete abejarucos que incluyen machos, hembras y pollos.

A partir de los distintos ejemplares podemos seguir el ciclo reproductor de estas bellísimas aves: algunas incuban los huevos, otras alimentan a los polluelos, otras se atusan para mantener en perfecto estado su plumaje, sin faltar las que vuelan en busca de insectos o las que se mantienen vigilantes para salvaguardar la tranquilidad de la colonia.

Fueron muchas las horas que el taxidermista Jose María Benedito pasó en el campo observando a los abejarucos para alcanzar tal grado de autenticidad. Con su impresionante trabajo nos permite acceder a los nidos, que consisten en galerías excavadas en taludes arenosos.

Elefante africano
El elefante africano (Loxodonta africana) es otra de las piezas emblemáticas del museo que se alza imponente en la sala de Biodiversidad.

Fue cazado en Sudán en 1913 por el duque de Alba que donó la piel al Museo. Por diversos motivos la piel acabó bastante deteriorada y permaneció hecha un fardo en sus sótanos hasta 1923.

Diez años después de su llegada al Museo, Luis Benedito abordó la naturalización y montaje del elefante que se prolongó hasta 1930. Lo más curioso es que el taxidermista no había visto un elefante en su vida, ni vivo ni disecado, por lo que tuvo que documentarse con fotografías y grabados de ejemplares vivos para averiguar las hipotéticas medidas del ejemplar.

Como la piel era muy voluminosa, ya que pesaba 600 kg y ocupaba una superficie de 37 m2, y en el Museo no había espacio suficiente para trabajarla, se trasladó al Real Jardín Botánico. En el reblandecimiento y raspado de la piel se emplearon dos años y otro más en su curtido. Después de un análisis riguroso del ejemplar y tras realizar múltiples maquetas, Benedito construyó un armazón con madera, malla metálica y escayola, que pesaba 3.450 Kg. Una vez acabada la estructura la recubrió con la piel ya curtida y encolada. Para que el ajuste fuese perfecto, tuvo que sujetarla con 77.000 alfileres hasta que se secase la cola.

Cuando el elefante estuvo montado se imponía su regreso al Museo, lo cual no fue fácil debido a las enormes dimensiones del animal. Para el traslado se construyó una plataforma, sobre la que descansa hoy en día, que sería remolcada por un camión. Su tránsito por el paseo de la Castellana, la arteria principal de Madrid, causó una gran expectación en la gente que tuvo la ocasión de contemplar un acontecimiento tan singular.

Ballena
Una de las piezas más atractivas del MNCN es el esqueleto de rorcual común (Balaenoptera physalus) que cuelga del techo en la sala de Biodiversidad.

Este cetáceo que migra a través del Estrecho de Gibraltar es el segundo animal más grande después de la ballena azul.

El esqueleto que se exhibe corresponde a una hembra adulta que quedó varada en la playa de Cortijo Blanco, en Marbella (Málaga), en febrero de 2008. Mide 21 metros y sus huesos pesan unos 2.500 kg. El peso que podría alcanzar cuando estaba viva se calcula en torno a las 40 toneladas.

Debido a su popularidad, el ayuntamiento de Marbella organizó un concurso entre los escolares para darle nombre y el que resultó elegido fue Vega.

Tilacino
Pocos animales resultan tan atractivos como el tilacino (Thylacinus cynocephalus), una pieza carismática por muchos motivos: el más triste su extinción en 1936. Aunque hasta 1986 no fue declarado extinto, tal y como exige la comunidad científica, hacía 50 años que había muerto el último ejemplar en el zoo de Hobart, en Tasmania.

Este carnívoro marsupial llama la atención por su cuerpo de perro y rayas de tigre, lo cual explica que también se le conozca como lobo marsupial o tigre de Tasmania, aunque no tiene ningún tipo de relación ni con los cánidos ni con los felinos.

Calamar gigante
El calamar gigante (Architeuthis sp.) es una de las piezas más admiradas por nuestros visitantes. Para poder apreciar bien su tamaño y anatomía se muestra una maqueta a escala real.

En la sala del Mediterráneo se exhibe una hembra joven capturada por un arrastrero en Fuengirola (Málaga), el 25 de junio de 2001. Este ejemplar, conservado en formol, mide 7,5 m y pesa 65 kg.

Estos cefalópodos viven generalmente a profundidades superiores a los 400 metros, lo que dificulta enormemente su estudio. Desde el siglo XVI hasta la fecha no llegan a 700 los registros de calamares gigantes varados o vistos en el océano.

Además de tratarse de animales míticos, estos invertebrados son un buen indicador de la salud de los océanos, ya que son muy sensibles a la contaminación. De hecho, se ha propuesto al calamar gigante como organismo emblemático para la conservación de los cañones submarinos y las grandes profundidades.

Las avutardas
Este magnífico diorama realizado por José María Benedito en 1918 tiene como protagonista a la avutarda (Otis tarda), el ave voladora más pesada del mundo. Auténtica reina de la estepa, es una de las especies más emblemáticas de nuestra fauna.

Apenas unos siglos atrás era una especie común en Europa, pero actualmente ha desaparecido de la mayor parte de los países europeos. En España conserva poblaciones muy importantes, aunque también ha desaparecido en muchas áreas donde era habitual verla. Es el caso de Brunete, la localidad madrileña donde fueron cazados en 1916 el macho y dos de las hembras del montaje, o Valencia, donde fue abatida la tercera hembra en 1906.

El montaje refleja el conocimiento que el taxidermista tenía de estas aves, para lo cual visitó en muchas ocasiones los terrenos por los que mostraban querencia, para observarlas detenidamente y así poder conocer sus hábitos y atrapar sus gestos. Para darle más verismo a la escena, los hermanos Benedito fueron a Brunete y solicitaron al propietario de la finca donde fueron cazadas algunas gavillas de trigo que colocaron en el fondo de la vitrina.

Lince ibérico
El lince ibérico (Lynx pardina) es la especie de felino más amenazada del mundo y la más emblemática de nuestra fauna. Los restos de lince ibérico hallados en yacimientos arqueológicos (2.500 a.C.- 900 d.C.) están repartidos por toda la península Ibérica, lo que sugiere que pudo haber sido una especie común.
Elefante asiático
La presencia del elefante asiático (Elephas maximus) en el Real Gabinete ilustra la relevancia que tuvieron los animales procedentes de América y de Filipinas en las colecciones zoológicas reales durante el siglo XVIII. Este ejemplar fue un regalo del gobernador de Filipinas al rey Carlos III, al que le gustaban mucho los elefantes; prueba de ello es que llegó a tener cuatro.

El paquidermo fue embarcado en Manila y viajó en la fragata Venus de la Real Armada durante 180 días, desembarcando en la isla de San Fernando (Cádiz) en julio de 1773. Desde allí se dispuso su traslado a pie hasta la Granja de San Ildefonso (Segovia), donde veraneaban los reyes. Esta travesía se alargó durante 42 días y no estuvo exenta de anécdotas. Posteriormente, el elefante fue conducido a Aranjuez (Madrid) para que pudieran verlo los madrileños. Lamentablemente murió cuatro años después de su llegada a España, en 1777. Como gran amante de la ciencia que era, Carlos III solicitó que se disecase para poder exhibirlo en el Real Gabinete.

Sin duda estamos ante una de las piezas más valiosas del Museo, ya que se trata de uno de los ejemplares naturalizados más antiguos que se conocen. La taxidermia fue realizada por el disecador y dibujante del museo Juan Bautista Brú, que colocó la piel sobre una escultura de madera realizada por los escultores Roberto y Pedro Michel de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

A instancias del rey, el esqueleto se montó aparte y actualmente se exhibe junto al elefante naturalizado.

Diplodocus
Cien años después de su llegada al Museo el impresionante esqueleto de Diplodocus carnegii sigue maravillando a niños y adultos. Este coloso de más 25 metros, sólo la cola consta de más de 70 vertebras, constituye un icono del MNCN, aun cuando es sólo una réplica del esqueleto fosilizado hallado en Wyoming en 1899.
Gonfoterio
El mastodonte Gomphotherium angustidens es uno de los vertebrados fósiles más valiosos del Museo, ya que es uno de los ejemplares más completos de Europa.

Los gonfoterios eran unos proboscídeos del tamaño del elefante indio actual. Poseían cuatro defensas, las superiores mucho más desarrolladas que las inferiores. Alcanzaron la península Ibérica en el Mioceno medio y eran muy abundantes. Se encontró en una cantera de arcilla de Yuncos (Toledo) en 1970. Está deformado debido a que tuvo que soportar una gran presión de sedimentación.

Megaterio
El megaterio (Megatherium americanum) es una pieza excepcionalmente valiosa ya que se trata del primer esqueleto de un gran mamífero fósil reconstruido y montado.

Los restos de este gran perezoso del Pleistoceno superior fueron encontrados en 1787 por un misionero español a las orillas del río Luján en Argentina.

Un año después fueron enviados al Real Gabinete y en 1789 el dibujante y taxidermista Juan Bautista Brú dibujó y reconstruyó el esqueleto.

Otro aspecto que otorga un extraordinario valor a este ejemplar, es que fue precisamente gracias a los dibujos realizados por Brú, tanto de los huesos aislados como del animal montado, que el francés Cuvier pudo describir y nombrar al megaterio, por lo que este espécimen constituye el holotipo de la especie.

Incluso Darwin estudió a este animal gracias a los dibujos de Brú, que también habían sido enviados al paleontólogo Thomas Jefferson, quien años después sería el tercer presidente de los Estados Unidos de América, aunque no tuvo ocasión de estudiarlos.

Espejo inca
Este espejo precolombino, realizado con una obsidiana pulida, es una pieza única que fue donada al MNCN en 1925. Sólo existen cinco espejos redondos en el mundo que estén expuestos.

Aunque es comúnmente conocido como espejo inca, realmente pertenece a la civilización azteca. Su nombre deriva de un error ya que en el siglo XVIII se creía que pertenecía a los incas. La obsidiana es un vidrio volcánico cuyo uso estaba muy extendido en las culturas mesoamericanas.

Azufre de Conil
Uno de los mayores tesoros del museo son las muestras de azufre cristalizado de Conil (Cádiz, España), algunas de gran tamaño y perfecta cristalización, recogidas en 1791 por Francisco Javier Molina.

La recolección del mineral fue muy trabajosa ya que las cristalizaciones se hallaban muy profundas. Pero el celo y el ingenio de Molina hizo posible que finalmente se extrajeran unos macrocristales excelentes, con los que llenaron seis cajones, y que fueran transportados intactos hasta Madrid.

En el Museo se conservan más de 60 ejemplares de azufre cristalizado. Algunos son realmente espectaculares y fueron exhibidos en la Exposición Universal de París de 1867.

Meteoritos
Una de las colecciones que despiertan más expectación entre los visitantes del Museo es su colección de meteoritos, la más importante de España. Consta de unos 300 ejemplares o fragmentos de 160 meteoritos procedentes de distintas partes del mundo.

El inicio de la colección se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, cuando el Marqués de Socorro se ocupó de organizar el escaso material que había en el museo, apenas algunos ejemplares antiguos, a los que añadió otras piezas obtenidas por intercambio o compradas. Muchos de los meteoritos de la colección se deben a cambios con otros museos llevados a cabo por el geólogo Salvador Calderón en la primera mitad del siglo XX.

El meteorito más antiguo, tal y como reflejan los documentos depositados en el Archivo del Museo, cayó en Sena (Huesca, España) en 1773. El más moderno procede de Puerto Lápice (Ciudad Real, España) y cayó en 2009.

Museo Nacional de Ciencias Naturales, MNCN - CSIC
Créditos: reportaje

Coordinación: Pilar López García-Gallo, Departamento de Comunicación y Programas Públicos, MNCN-CSIC.

Producción y realización de la exposición: Mª Soledad Alonso, Servicio de Audiovisuales-Mediateca, MNCN-CSIC

Textos: Carmen Martínez, Servicio de Audiovisuales-Mediateca, MNCN-CSIC

Fotografía: Servicio de fotografía, Dpto. de Exposiciones y Servicio de Audiovisuales-Mediateca, MNCN-CSIC

Vídeo: Servicio de Audiovisuales-Mediateca, MNCN-CSIC

Han colaborado:
Vicedirección de Colecciones y Documentación, MNCN-CSIC
Dpto. de Comunicación y Programas públicos, MNCN-CSIC

Más información:
web del MNCN

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