El Prado disperso

Museo de Arte de Girona

Déposito del Museo del Prado en el Museu d' Art de Girona

Una pizca del Prado
El Museu d'Art conserva un conjunto de pinturas del Museo del Prado depositadas entre los años 1876 y 1882 en el antiguo Museu Provincial de Girona, fruto de la política de depósitos en instituciones oficiales y museos provinciales emprendida por El Prado a finales del siglo XIX y conocida como «el Prado disperso».

Ésta obra testimonia el éxito que este autor (Alessandro Turchi) de origen veronés alcanzó con su actividad romana y el prestigio de su arte entre la alta aristocracia coleccionista.

Se trata de un cuadro de una ejecución preciosista que, con notas de naturalidad, opta por una composición clasicista en la que escenario, luz, cromatismo y sentimentalidad se fusionan en una delicada armonía.

La colección
Son obras de los siglos XVII, XVIII y XIX que ingresaron en el museo madrileño procedentes, en buena parte, de conventos o monasterios desamortizados en 1835 o bien de las selectas colecciones reales.

Éste cuadro de Vaccaro evidencia el sofisticado lenguaje con que se expresaba el pintor, repleto de inventiva y creatividad y destilado a partir de las propuestas más renovadoras exhibidas en Nápoles durante el primer tercio del siglo XVII, desde el naturalismo hasta el clasicismo barroco, pasando por la sutilidad cromática y emotiva de Van Dyck.

También es un bello testimonio de cómo el encargo aristocrático impulsaba aventuras temáticas tan atrevidas como la historia bíblica de un incesto.

Arte y religión
La selección de obras expuesta permite evocar, por un lado, el papel tutelar que la Iglesia ejerció sobre el arte religioso en los territorios hispánicos durante la etapa de la Contrarreforma, muy visible en el énfasis que se hace sobre determinados temas, entre ellos la vida de la Virgen.

Esta pintura formaba parte de un ciclo dedicado a la vida de la Virgen que se ejecutó para la Congregación de Caballeros de Nuestra Señora de la Asunción, establecida en el colegio de jesuitas de San Esteban de Murcia.

A partir de una composición arcaizante, aún sintonizada con las formas del tardomanierismo, los autores proponen un relato de elevada eficacia devota que combina un cromatismo rico y luminoso con una manera de hacer cercana y emotiva para el espectador de la época.

El autor Francesco Solimena, podría considerarse el emblema de la sabiduría pictórica atesorada durante el siglo XVII por los mejores talleres napolitanos y, al mismo tiempo, un ejemplo de virtuosismo.

Sus creaciones impresionan por el atrevimiento compositivo, el efectismo de las luces y la intensidad dramática.

Aquí, el artista pone sus variados recursos al servicio de un relato en que la dureza del castigo de Dios contra los pecadores contrasta con su misericordia hacia los arrepentidos.

Museu d'Art de Girona
Créditos: reportaje

Museu d’Art de Girona (Agència Catalana de Patrimoni Cultural)

Dirección: Carme Clusellas
Textos y comisariado: Dr. Joan Bosch i Ballbona
Coordinación: Isabel Fabregat
Soporte técnico: Antoni Monturiol
Diseño expositivo: Cristina Masferrer Estudi
Conservación y restauración: Elena Boix, Laia Roca, Ester Horno
Montaje: Elena Boix, Jaume Soler
Rotulación: Vidcus
Traducciones: Link
Fotografias: Archivo Museu d'Art de Girona, Rafel Bosch
Adaptación digital: Irene Forts

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