La serie de Rouen de Monet

The National Gallery, London

Galería Nacional de Londres

Monet in Rouen
Claude Monet (1840–1926) pintó la famosa catedral de Rouen, en Normandía, más de 30 veces. Los cuadros de esta serie, que actualmente forman parte de diferentes colecciones públicas y privadas de todo el mundo, como las de Tokio o Los Ángeles, captan el exterior de la catedral en horas del día y condiciones atmosféricas distintas, reflejando así los diferentes efectos de la incidencia de la luz en las piedras de esta construcción medieval.

Monet se desplazó hasta Rouen para pintar la catedral en dos ocasiones, a principios de la primavera de 1892 y en la misma estación un año más tarde. Pintó dos telas al aire libre, en plein air, de un aspecto de la catedral en el que se aprecian las casas torcidas adyacentes a la Tour d'Albane.

La serie de Rouen
El artista pintó la mayoría de los cuadros de esta serie desde estancias situadas cerca de la fachada occidental de la catedral. En esta imagen puedes ver tres de las pinturas de la serie, que permiten apreciar la gran variedad cromática y de matices.

Monet trabajó desde varias ubicaciones con perspectivas privilegiadas desde donde podía apreciar el ancho completo de la fachada, el portal, la Tour de Beurre y la Tour d’Albane. Durante una temporada, instaló su taller en el primer piso de una boutique de lencería, donde compartía el espacio con un probador separado por un biombo.

Desde estas ubicaciones de dimensiones reducidas podía trabajar durante largas horas en varios cuadros a la vez a medida que transcurría el día. No terminó todas las pinturas de la catedral en Rouen, sino que siguió trabajando en su amplio estudio de Giverny al abandonar la ciudad y entrado el año 1894.

Monet se había desafiado a sí mismo a pintar la catedral, pero no le estaba resultando fácil. Escribió a su mujer: "Estoy trabajando sin descanso, no puedo pensar en nada que no sea la catedral".

El artista quería que los cuadros de la catedral se vieran como un todo, de modo que seleccionó 20 lienzos para exponerlos en la galería que su marchante Durand-Ruel tenía en París en 1895. A Durand-Ruel le preocupaba que el precio de 15.000 francos que había fijado Monet fuera excesivo, pero algunos se vendieron.

La exposición tuvo distinta acogida entre los críticos, debido, en parte, al hecho de que el motivo de la serie fuera un edificio religioso. Algunos destacaron cierta cualidad onírica en la forma en que la luz incidía en la fachada de la catedral, una sensación que quizás cobraba más fuerza al contemplar los 20 lienzos en su conjunto.

Los cuadros de la serie de Monet
A lo largo de su carrera, Monet pintó casi siempre sobre los mismos temas. A partir de 1890, empezó a trabajar en series, tanto en el ámbito urbano como en el rural: los almiares del campo junto a su casa de Giverny, una hilera de álamos a orillas del cercano río Epte, las Cámaras del Parlamento británico, las iglesias y palacios de Venecia, el puente japonés de su jardín y los numerosos cuadros de nenúfares. Cada uno de estos lienzos es un ejercicio para capturar la atmósfera que se crea entre Monet y el motivo, el efecto de las diferentes condiciones climáticas, la luz, la humedad, la luminosidad, las sombras y la niebla.
"Todo cambia, cada piedra"
Aunque la ornamentada fachada de la catedral está tallada en piedra monocroma, en la serie de lienzos podemos ver una miríada de colores, una amplia gama de malvas, verdes, rosas y naranjas, entre otros. Monet experimentó con pigmentos en un afán de capturar la atmósfera y la luz que envolvían la catedral, al igual que utilizó muchos colores para pintar la superficie de los acantilados calizos de Étretat. Acerca de pintar la catedral, Monet escribió: "Todo cambia, cada piedra".

Detalle de "El acantilado de Aval" de Claude Monet, Etrétat, 1885.

Detalle de la "La catedral de Rouen" de Claude Monet, fachada occidental, 1894.

Los cuadros de la catedral de Rouen representan un cambio de rumbo del pintor. Ya no busca capturar únicamente los efectos de la luz y de las condiciones climáticas. Sobre su trabajo en Rouen, anotó: "Cada vez tengo mayor necesidad de reflejar lo que siento o experimento".

En esta serie, los cuadros de la imponente fachada de la catedral están imbuidos de un aspecto psicológico que persistirá en otras series arquitectónicas posteriores, especialmente en sus escenas de Venecia.

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