Las misiones en California

California State Archives

Caída y renacimiento

De 1769 a 1835, las misiones franciscanas dominaron la estructura económica y espiritual de la California española y mexicana. Desde San Diego y por toda la costa hasta llegar a Sonoma, a sesenta y cuatro kilómetros al norte de San Francisco, los frailes franciscanos fundaron veintiuna misiones, conocidas como el Estado Dorado. Estas misiones fueron parte de un proyecto compuesto por tres frentes que llevó a cabo el Gobierno español para establecer y controlar Alta California (incluido el actual estado de California). Junto con los presidios militares y los pueblos civiles, las misiones eran instituciones autorizadas por la Corona que se crearon para atraer a la civilización occidental a lo que ellos llamaban la frontera salvaje.

A mediados de la década de 1830, después de que México se independizara de España, se estableció un programa para secularizar las misiones y, de esta manera, quitarle las tierras y los bienes a la Iglesia católica para que las autoridades civiles los redistribuyeran. Posteriormente, las misiones entraron en un período de decadencia y la mayoría de los edificios quedaron en ruinas. Sin embargo, a fines del siglo XIX y principios del XX, un movimiento arquitectónico y artístico reavivó el interés por las estructuras abandonadas. Como resultado, las organizaciones locales y estatales trabajaron para restaurar las misiones y lograron reconstruir muchos de los edificios. Estas misiones restauradas, respetadas por ser bastiones de la civilización occidental o injuriadas por subyugar a los indígenas americanos y destruir su vida y cultura, nos recuerdan el importante papel que tuvo la herencia hispana de California en la formación del Estado Dorado.

Apogeo y decadencia de las misiones
En 1542, los primeros exploradores españoles llegaron a la actual California. Sin embargo, su presencia fue transitoria y de carácter exploratorio, por lo que no se logró establecer una colonia permanente. Consideraron que California era un desierto hostil, sin las culturas indígenas ricas en oro que sí encontraron en México y América del Sur. Por ello, los europeos subestimaron la utilidad de la región y prácticamente la ignoraron hasta fines del siglo XVIII. En ese momento, la Corona española veía cómo los imperios rivales amenazaban a sus colonias, pero lo que más le preocupaba era la exploración y el asentamiento ruso en Alaska y en el noroeste del Pacífico. En 1769, con el fin de impedir que los rusos avanzaran hacia el sur, España le pidió al capitán Gaspar de Portolá que dirigiera una expedición para establecer una nueva colonia en Alta California. Lo acompañaron varios sacerdotes franciscanos dirigidos por el padre Junípero Serra, quienes tenían como tarea principal establecer una serie de misiones en California y convertir a la población indígena al catolicismo romano.

No se puede hablar de las misiones franciscanas de California sin mencionar al padre Junípero Serra. Nació en España en 1713 y fue bautizado como Miguel José Serra. En 1749, viajó al Nuevo Mundo como sacerdote franciscano y sirvió durante veinte años en varias misiones en el norte y este de México. En 1769, comenzó a trabajar como voluntario para la expedición de Portolá en Alta California.

Poco tiempo después de llegar con el capitán Portolá a la actual ciudad de San Diego, Serra fundó la primera misión de la región, la Misión de San Diego de Alcalá. Durante los siguientes quince años, a pesar de tener graves úlceras en las piernas y los pies, Serra hizo extensos viajes por las regiones costeras del centro y el sur de California. Antes de fallecer en 1784, fundó otras ocho misiones y convirtió a al menos cinco mil indígenas de California al catolicismo romano. Debido a sus esfuerzos, la Iglesia católica lo canonizó en 2015 convirtiéndolo en santo.

Estas fotografías muestran la primera misión que fundó Serra en Alta California, la Misión de San Diego de Alcalá. Ya que en un principio estaban hechas de palos, barro y techos de paja, muchas de las misiones tuvieron que ser reubicadas por los problemas que presentaron las ubicaciones originales. La Misión de San Diego no fue la excepción. Los frailes lucharon contra la falta de agua, las pobres condiciones del suelo y la escasez de mano de obra. Finalmente, en 1774, lograron trasladar la misión nueve kilómetros hacia el noreste del presidio de San Diego. La iglesia de la misión todavía se mantiene en pie en el mismo lugar. En la fotografía de arriba, tomada aproximadamente en 1905, se aprecia una estructura en ruinas sin el campanario. En la fotografía de abajo, que data de alrededor de 1935, hay indicios de trabajos de reconstrucción, que incluyen un campanario escalonado de catorce metros de altura.

El objetivo principal de las misiones franciscanas de California era transformar a los pueblos indígenas en católicos romanos y súbditos útiles de la Corona española. Con ese fin, los frailes controlaron rigurosamente la religión, la educación, la sexualidad, la política y el trabajo de las poblaciones indígenas que se unieron a las misiones, ya sea por voluntad propia o porque se les obligó a hacerlo a punta de mosquete.

La Misión de San Carlos Borromeo de Carmelo (también conocida como la Misión Carmelo), ubicada cerca de Monterrey, funcionó como sede principal del sistema misionero desde su fundación en 1770 hasta 1803. Como se muestra en esta imagen de alrededor de 1915, en esta misión se encuentra sepultado el padre Serra.

Serra fue una personalidad polémica en la historia de California. La Iglesia católica lo veneraba por su pasión evangélica y su dedicación al sistema misionero. La mayoría de sus biógrafos coinciden en que Serra admiraba a los indígenas de California y los defendía del abuso que recibían por parte de los soldados y los civiles. Sin embargo, por otro lado, Serra es considerado por muchos uno de los principales artífices de la destrucción sistemática de los pueblos y las culturas indígenas del Estado Dorado. Estos críticos señalan que miles de indígenas americanos murieron en las misiones. Ya sea por enfermedad, desnutrición, condiciones insalubres o exceso de trabajo, muchos fallecieron mientras estaban bajo el cuidado paternalista de Serra y otros frailes franciscanos.

Este collage de fotografías muestra la tercera y la cuarta misión que fundó el padre Serra. La imagen de más arriba, una fotografía coloreada a mano, muestra la Misión de San Antonio de Padua, fundada en 1771 en el actual Condado de Monterey. Esta iglesia misionera fue la primera en tener un techo de tejas de arcilla cocida. Luego, pasó a ser un elemento característico del "estilo misionero" en la arquitectura del Estado Dorado. También fue el primer complejo que albergó hasta mil indígenas americanos, la mayoría provenientes de las tribus de Salinan, Yokut y Esselen.

Para 1810, ya había en las misiones cerca de 20,000 "neófitos" (término usado para llamar a los indígenas americanos recién convertidos). Estos indígenas trabajaban en muchas de las haciendas misioneras. Allí se encargaban del cultivo y del pastoreo del ganado, que no solo servía para alimentar a la colonia, sino que también para obtener pieles y sebo, sus principales productos de exportación. Las imágenes de abajo muestran la Misión de San Gabriel Arcángel (ubicada en lo que ahora es el Condado de Los Ángeles) que tuvo uno de los rebaños más grandes de las misiones. Su fundación data de 1771 y ya hacia el año 1828, contaba con más de 42,000 animales (principalmente ganado ovino y bovino).

La Misión de San Buenaventura, ubicada en la actual ciudad de Ventura en el sur de California, tenía también muchas cabezas de ganado, que para el año 1816 ya sumaban 41,000 animales entre los cuales habían casi cinco mil caballos, una de las manadas más grandes del sistema misionero.

Los valles costeros de California disponían de excelentes condiciones de pastoreo, lo que permitió la existencia de las misiones y, posteriormente, la creación de ranchos (extensiones de tierra que el gobierno otorgó a los civiles) para acumular enormes rebaños. Las pieles y el sebo, particularmente del ganado bovino, fueron cruciales para la incipiente economía de la colonia. Estos bienes se intercambiaban por productos elaborados como algodón, sombreros, tabaco, té, azúcar y muchos artículos más. Los grandes rebaños también tuvieron un impacto inesperado en el medio ambiente de California. Destruyeron el hábitat natural y se convirtieron en una amenaza para la caza y la recolección que llevaban a cabo los indígenas que todavía vivían fuera del sistema misionero.

La Misión de San Francisco de Asís, más conocida como Misión Dolores, fue la sexta misión que fundó el padre Serra en 1776. En 1791, se construyó la capilla de la misión con más de 36,000 ladrillos de adobe (barro, arcilla y paja). Esta capilla aún sigue en pie después de sobrevivir a numerosos desastres, entre ellos, el gran terremoto y posterior incendio que arrasaron con San Francisco en 1906. Es el edificio intacto más antiguo de San Francisco.

La misión reclutó o tomó por la fuerza a neófitos de las tribus Ohlone, Miwok y Patwin. La población neófita de la Misión de Dolores sufrió enfermedades de origen europeo contra las que no tenía inmunidad, por lo que muchos indígenas abandonaron el lugar y huyeron al interior. Las enfermedades venéreas, el cólera, la disentería, la tuberculosis, el sarampión y la gripe azotaron las tribus en todo el Estado Dorado. Su impacto empeoró debido a la concentración de las poblaciones neófitas en los complejos misioneros. Se estima que para fines del siglo XVIII, durante el inicio de la colonización española, la población total de las tribus de California era aproximadamente de 310,000 indígenas. Sin embargo, muchos fallecieron por estas enfermedades y, para finales del siglo XIX, solo quedaban 100,000 de ellos.

La Misión de San Juan Capistrano, que se muestra en estas fotografías, es una de las más conocidas de California debido, en gran parte, a las famosas golondrinas risqueras que migran a la región cada año durante el verano. La Misión de San Juan Capistrano fue también uno de los mayores productores agrícolas en el sistema misionero. Esta misión, que se ubicaba en el actual Condado de Orange, se convirtió en un centro de comercio de pieles y sebo en California. Entre 1783 y 1831, los neófitos cosecharon más de 234,879 fanegas de trigo, cebada, maíz, frijoles, arvejas, lentejas, garbanzos y habas.

Las misiones franciscanas funcionaron como escuelas de la industria y la agricultura europeas. Los neófitos aprendieron a cultivar la tierra, cuidar el ganado, construir edificios de piedra y adobe, trabajar la madera, el cuero, las herramientas agrícolas, la cuchillería, las sillas de montar, el hierro para hacer arados y otros productos, y muchas otras tareas necesarias para el estilo de vida europeo. Gracias a los trabajadores neófitos, las misiones pudieron construir amplios sistemas de riego que, a su vez, permitieron la diversificación de la agricultura en las grandes haciendas. Los cultivos más comunes incluían, además de los nombrados anteriormente, avena, cítricos, frutos y nueces de hoja caduca, uvas, cáñamo, lino, calabaza y melones.

La Misión de Santa Bárbara (cerca de la actual ciudad de Santa Bárbara) es la única que la Iglesia católica jamás abandonó. Los monjes franciscanos siguieron dirigiéndola desde su creación en 1786 hasta el día de hoy. En 1824, esta misión, junto con la Misión de Santa Inés y la de La Purísima, fue el escenario de una gran revuelta por parte de sus neófitos, que en su mayoría eran miembros de la tribu Chumash.

Las relaciones entre los monjes franciscanos y los indígenas nativos de California eran generalmente tensas. Muchos de los misioneros, seguros de que los indígenas no aceptarían voluntariamente la influencia "civilizadora" de la Iglesia, tenían una actitud extremadamente paternalista hacia ellos. Una vez que se encontraban en los terrenos de la misión, los neófitos no podían salir sin permiso. Los frailes regulaban estrictamente todos los aspectos de sus vidas, entre ellos, la religión, la educación, el trabajo, la sexualidad y la política. Cuando los neófitos rompían estas duras reglas, los castigaban con golpes y azotes. Tal severidad les generó un profundo resentimiento, por lo que se registraron altas tasas de fugitivos. Muchos huyeron de estas tierras por miedo al castigo, la enfermedad y el hambre.

En este collage de fotografías, se pueden ver cuatro misiones de California. En la esquina superior izquierda, hay una fotografía de alrededor de 1900 de la Misión de San Luis Obispo de Tolosa, que se fundó en 1772 en la actual ciudad de San Luis Obispo. Es una de las pocas misiones que todavía se encuentra en su ubicación original, ya que nunca tuvo que moverse por problemas de falta de agua o aridez del suelo.

En la parte superior derecha, se ve la Misión de San Juan Bautista. Se fundó en 1797 y está ubicada en el actual Condado de San Benito. Una característica común en la arquitectura de esta misión es la larga columnata de arcos de baja altura que se encuentra en su entrada.

En la parte inferior derecha, se observa la Misión de San José (ubicada en la ciudad de San José), también fundada en 1797. Esta misión, situada en una región con un suelo particularmente rico, no solo fue la que más productos agrícolas produjo, sino que diversificó sus cultivos para incluir un viñedo y huertos de olivos y árboles frutales. En 1868, el fuego destruyó el edificio original de la iglesia. La fotografía muestra cómo luce después de la restauración que se hizo entre 1985 y 1986.

La última imagen que está en la parte inferior izquierda es una postal de principios del siglo XX que muestra la Misión de Santa Cruz, fundada en 1791 en la actual Santa Cruz. En 1857, un terremoto destruyó gran parte de esta primera iglesia misionera. La estructura que se encuentra actualmente en este sitio es una réplica de un tercio del tamaño del edificio original.

La gran fotografía de la izquierda muestra la Misión de Santa Inés Virgen y Mártir. Se fundó en 1804 para ayudar con la superpoblación de neófitos en las misiones de Santa Bárbara y La Purísima. Más tarde, albergó al primer seminario de California, el colegio Nuestra Señora del Refugio. Se encuentra en Solvang, en el Condado de Santa Bárbara.

En la parte superior derecha, se aprecia la Misión de San Miguel Arcángel, ubicada en el Condado de San Luis Obispo. Es una de las pocas misiones que no tiene un campanario tradicional. Las misiones usaban las campanas para convocar a los frailes y neófitos a rezar, pero también las utilizaban para marcar la hora del día y regular el cronograma de vida dentro de la misión. Su campana no se encontraba en una torre, sino que colgaba de una viga de madera en un arco. Esta misión es conocida por su columnata única de doce arcos de diferentes tamaños y formas.

En la parte inferior derecha, se puede ver una representación hecha por un artista de la Misión de San Rafael Arcángel. Se fundó en 1821 a fines del período misionero y, originalmente, tenía como fin ser una asistencia, o misión substituta, de la Misión Dolores en San Francisco. Los frailes pensaron que era necesario contar con un hospital para los indígenas que se enfermaban en el área de la Bahía de San Francisco. Fue así como la Misión de San Rafael se convirtió en el primer sanatorio de California. En 1870, la ciudad de San Rafael quitó los edificios originales de la misión para usar la propiedad. Solo un peral permaneció como evidencia del lugar donde se ubicó la iglesia misionera hasta que en 1949 se construyó una réplica de la iglesia original.

Aquí se muestra el interior y el exterior de la Misión de San Fernando Rey de España, que fue fundada en 1797 en la actual ciudad de Los Ángeles, por los frailes Francisco Dumetz y Juan Lope Cortés bajo la dirección del presidente del sistema misionero, Fermín Francisco de Lasuén (sucesor del padre Junípero Serra).

Décadas más tarde, en 1842, Francisco López encontró partículas de oro en un cañón ubicado en las tierras de esta misión. Esta euforia por el primer descubrimiento de oro en California duró solo cuatro años, pero después los buscadores de tesoros destruyeron muchas de las paredes y los pisos de la antigua misión para encontrar el oro que, según ellos, los padres habían escondido. A pesar de que la iglesia se restauró en la década de 1940, un terremoto la volvió a destruir en 1971. En 1974, se terminó de reconstruir el edificio que ahora está en el lugar.

En 1798, se fundó la Misión de San Luis Rey de Francia (se puede apreciar una imagen del siglo XIX). Ubicada en la ciudad de Oceanside, en el Condado de San Diego, rápidamente se convirtió en una de las misiones más pobladas. En 1825, ya residían 2,869 neófitos, casi tres veces más que una misión promedio de California. Como resultado, también tenía uno de los mayores rebaños (más de 57,000 cabezas para el año 1808) y la mayor cosecha de productos agrícolas que cualquier otra misión en el sistema de Alta California.

El fraile Antonio Peyrí dirigió la Misión de San Luis Rey desde su fundación hasta 1832, cuando se retiró. Para ese entonces, surgía la amenaza de la secularización que anunciaba el final de la era de las misiones de California. Se dice que la población de neófitos de la Misión de San Luis Rey estaba tan disgustada por el retiro del padre Peyrí que lo siguió hasta el puerto de San Diego para rogarle que se quedara.

Según las leyes españolas, los frailes misioneros eran responsables de los neófitos conversos, sus trabajos y propiedades, hasta que estas personas estuvieran listas para dejar las misiones y tener una vida secular. Los frailes lucharon continuamente para impedir el abuso civil y militar contra los indígenas y sus trabajos. Mientras que los críticos describen esta conducta de los frailes como egoísta y paternalista, otros afirman que, sin la protección de las misiones, la población indígena habría sufrido abusos peores.

En 1823, se fundó la Misión de San Francisco Solano, la última de California. Más conocida como la Misión Sonoma, es la única que se construyó durante el período mexicano. Es también la misión más septentrional del sistema, ya que está ubicada a sesenta y cuatro kilómetros al norte de San Francisco.

En 1821, México logró independizarse de España. Como resultado, se debilitó considerablemente el poder de la Iglesia católica en América del Norte, lo que facilitó la secularización del sistema misionero. Los productos agrícolas de las misiones, junto con las ganancias de los cueros y del sebo, mantenían a aproximadamente dos tercios de la población en Alta California. Sin embargo, muchos pensaron que el continuo crecimiento de la colonia fue gracias a la redistribución de las tierras misioneras a manos privadas y a la inserción de los indígenas en los pueblos. La Iglesia no pudo evitar la creciente insatisfacción con las misiones y, como consecuencia, el Congreso mexicano votó a favor de la secularización en 1833.

Durante los años siguientes, las misiones perdieron sus grandes extensiones de tierras y entraron en un largo período de decadencia. La mayoría de los habitantes indígenas y los sacerdotes se fueron. Los vecinos de propiedades aledañas saquearon los edificios y quitaron las vigas y tejas de los techos, lo que aceleró su deterioro. Hacia fines del siglo XX, la mayoría de las misiones eran ruinas desoladas. Otras fueron modificadas hasta cambiar por completo su apariencia original.

El renacimiento de las misiones
A partir de la década de 1880, los californianos comenzaron a buscar un diseño y un estilo arquitectónico acorde a su estado y patrimonio. Para ello, se basaron en las construcciones en ruinas que quedaron de la era española y mexicana. Los artistas y los escritores dotaron a estos vestigios de la nostalgia y el romance que nunca tuvieron durante su apogeo. Fue así como los arquitectos encontraron inspiración en las viejas iglesias misioneras. Los autores ya no veían la época anterior a 1835 como una era de primitivismo supersticioso. En cambio, crearon nuevos mitos sobre padres amables que vivían en armonía con indígenas devotos y sumisos, es decir, una utopía oculta bajo las sombras de las grandes misiones. Los promotores aprovecharon el interés que se generó en torno al legado español y la "Vieja California", particularmente en cuanto a las misiones, para impulsar el turismo, el asentamiento y la inversión en estos lugares. Las misiones se convirtieron en atracciones turísticas y las organizaciones estatales, como "Native Sons and Daughters of the Golden West" y el club "Landmarks Club", junto con la Iglesia católica romana, los colaboradores del sector y ocasionalmente los gobiernos estatales y locales, comenzaron la larga restauración de las iglesias deterioradas.

La persona más popular de todas las relacionadas con las misiones del Estado Dorado nunca existió en la vida real. Se trató de Ramona, la heroína de la novela homónima escrita en 1884 por Helen Hunt Jackson. Originalmente, se escribió para exponer el maltrato que recibían los indios misioneros por parte de los angloamericanos. Sin embargo, el libro sirvió para incrementar el interés en la California española y mexicana, y para idealizar sus misiones. Desde su publicación, Ramona sirvió de inspiración para escribir canciones, crear cuatro películas y desarrollar un concurso anual.

La novela también incrementó el comercio turístico, ya que aparecieron sitios en todo el sur de California que decían ser la "Casa de Ramona" o el "Lugar de matrimonio de Ramona". Además, el personaje de Ramona se convirtió en una valiosa herramienta de marketing. Durante fines del siglo XIX y a principios del XX, su imagen se usó en muchos envases, desde la diosa clásica hasta la flapper moderna. Las dos marcas comerciales que aparecen aquí, que datan de 1903 (la de arriba) y 1923 (la de abajo), muestran la gran libertad artística para representar a esta heroína.

Gran parte de la arquitectura que se usó en la construcción de las misiones nació por necesidad. La falta de seguridad, materiales de construcción y mano de obra calificada redujo las opciones disponibles para los frailes. El estilo colonial español, popular en ese entonces en la propia España, también influyó en el diseño de muchas de las misiones.

Los edificios generalmente tenían un patio central y paredes sólidas de adobe enyesadas con estuco. Los techos tenían pendientes bajas y estaban cubiertos de tejas de arcilla inflamable. Además, los arcos eran anchos y las galerías exteriores eran amplias con columnas curvas que sostenían los techos bajos. Se minimizaron los adornos arquitectónicos y, en su lugar, se usaron líneas claras y sencillas que atrajeron a los arquitectos de toda California.

Estos elementos arquitectónicos y muchos más fueron adoptados por el movimiento arquitectónico "Estilo Misión" que surgió a fines del siglo XIX y principios del XX. Aún se aprecia este estilo en la construcción de todo el Estado Dorado. De hecho, se puede ver en una gran variedad de edificios, entre ellos, la Universidad Estatal de San Diego. Como se puede ver en este boceto de alrededor de 1930, el arquitecto Alfred Eichler se basó, en gran medida, en el vecino campanario de la Misión de San Diego para diseñar la entrada al patio de la universidad.

A fines del siglo XIX y principios del XX, muchas marcas comerciales se aprovecharon de este movimiento y usaron las imágenes de los edificios misioneros para atraer a los compradores. Cada una de las cuatro marcas comerciales que se nombran a continuación muestra una misión de California diferente. En la parte superior izquierda, hay una imagen de 1893 de la marca "Mission Brand" donde se puede ver la Misión de San Carlos Borromeo de Carmelo, oficina principal del padre Junípero Serra. La marca comercial "Mission Leaf Lard" registrada en 1905, incorporó en su diseño la imagen de la Misión San Gabriel Arcángel (como se puede ver en la parte superior derecha). Por su parte, la marca "Mission Remedy Company" (en la parte inferior izquierda) usó la imagen de la Misión de San Juan Capistrano para vender sus productos en 1903. En la parte inferior derecha, se puede ver la primera misión de California, la Misión de San Diego de Alcalá, que adorna la marca comercial de "Chula Vista Fruit Association" en 1903.

A medida que crecía el interés en las misiones, muchos ciudadanos de California comenzaron a pensar en la restauración y reconstrucción de estas ruinas de piedras y ladrillos de adobe. Ya que se temía que estos edificios antiguos se derrumbarían sin una intervención, las organizaciones privadas, los ciudadanos, la propia Iglesia católica y los gobiernos estatales y locales asignaron fondos y personal para restaurar o reconstruir la mayor cantidad posible de edificios misioneros.

Por ejemplo, en la fotografía de la derecha tomada a principios del siglo XX, se ven las ruinas de la Misión de Nuestra Señora de la Soledad (más conocida como la Misión de Soledad), la que prácticamente está hecha escombros. En la fotografía ubicada en el extremo izquierdo, se aprecia la reconstrucción de la capilla misionera que comenzó en 1954 bajo los auspicios de la fundación "Native Daughters of the Golden West". Al igual que muchas otras de las capillas restauradas, ahora funciona como una iglesia católica y un museo.

La Purísima Concepción de María Santísima es el complejo más restaurado de todas las misiones del Estado Dorado. Se fundó en 1787, pero un terremoto la destruyó en 1812. El fraile Marià Paieres, encargado de la misión en aquel momento, solicitó y recibió permiso para reconstruirla en una nueva ubicación a seis kilómetros del Camino Real, en la actual ciudad de Lompoc en el Condado de Santa Bárbara. Aún permanece en el mismo sitio y es el único complejo misionero dispuesto de manera lineal y no alrededor de un patio central.

En 1933, la propiedad de La Purísima y los terrenos aledaños, en ese entonces a cargo de manos privadas, fueron transferidos al estado de California. Poco tiempo después, el Cuerpo Civil de Conservación, a cargo del Servicio de Parques Nacionales, empezó el proceso de restauración.

Según el Departamento de Parques y Recreación de California, la reedificación de La Purísima fue uno de los proyectos de restauración y reconstrucción histórica más grandes de los Estados Unidos. Para ello, el personal usó materiales locales, cambió el suelo de algunos de los viejos cimientos del edificio por ladrillos de adobe y baldosas, y removió la arcilla de las áreas aledañas. Las tareas en los tres edificios principales y en los tres más pequeños terminaron antes de que se declarara al complejo misionero como monumento histórico del estado en 1941. En la actualidad, diez de los edificios originales están completamente restaurados, incluidas la iglesia (el campanario que se ve a la izquierda) y la fábrica de jabón de la misión, que se muestra en la fotografía de la derecha.

En las dos imágenes que se muestran aquí, se puede ver la Misión de Santa Clara de Asís.

La misión, fundada en 1777, atravesó distintos desastres que destruyeron varias de las edificaciones de la iglesia. En 1851, la misión y parte de las tierras aledañas se convirtieron en el centro de la Universidad de Santa Clara, un colegio jesuita privado y la primera universidad del Estado Dorado. Diez años después, en 1861, la universidad emprendió una campaña para renovar muchos de los edificios del campus, incluida la iglesia misionera. El diseño del edificio restaurado, que se puede ver en la parte inferior de estas dos fotografías, incorporó detalles de la arquitectura de estilo italianizante y un segundo campanario. Sin embargo, a fines de la década de 1920, el fuego destruyó la edificación remodelada.

Más adelante, la iglesia pasó por otra fase de reconstrucción. El edificio reconstruido, que se ve en la fotografía de arriba, se diseñó para reflejar una antigua iglesia que había sido destruida en un incendio de 1825. En lugar de los tradicionales ladrillos de adobe, se hizo de hormigón reforzado con acero, una modificación necesaria para adaptarse a la geografía californiana propensa a los terremotos.

El interés en las misiones franciscanas continuó durante todo el siglo XX hasta la actualidad. Para la década de 1950, las escuelas públicas secundarias de California ya habían incorporado la historia de las misiones en sus planes de estudio. Los alumnos de cuarto grado de todo el Estado Dorado todavía construyen dioramas de las misiones y aprenden cómo era la vida en ellas.

Hoy en día, tanto los historiadores como los profesores reconocen la cruda realidad que atravesaron las misiones y la importancia que tuvieron para forjar la historia de California. Los gruesos muros de adobe reunieron la compleja interacción entre la cultura de los europeos y los indígenas americanos, las luchas de poder entre la Iglesia católica y las autoridades civiles y militares tanto españolas como mexicanas, y las tensiones entre los frailes y los neófitos bajo el sonido de las campanas misioneras que convocaban a los fieles a decir sus plegarias.

Las misiones de California y sus frailes se pueden analizar desde distintos puntos de vista: como destructores de vidas y culturas, como defensores de la fe y de la civilización occidental, como instituciones paternalistas que disciplinaban estrictamente a sus neófitos o como hermanos amables que se preocupaban genuinamente por el bienestar de los indígenas que estaban a su cargo. Sin embargo, ninguna de estas interpretaciones abarca completamente al sistema misionero, que fue todo esto y mucho más.

Créditos: Historia

All images from records held by the California State Archives.

Digital exhibit and imaging by Jessica Herrick (2017). Portions adapted from physical exhibit by Blaine Lamb (2007).

California State Archives
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www.sos.ca.gov/archives
1020 O Street
Sacramento, CA 95814
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