27 oct. 2016

Prehistoria: La sociedad de El Argar

Museo de Almería

Si no dispones de mucho tiempo, te recomendamos este paseo de una hora por la exposición permanente del Museo de Almería. Pero recuerda que nos encanta tenerte por aquí y queremos que repitas otro día con más calma.

Sociedad argárica (2250 - 1550)
A finales del III milenio antes de nuestra era, amplias zonas de Europa experimentan profundos cambios, posiblemente debidos a una crisis medioambiental y social a gran escala. El Sureste Peninsular no escapa a esta crisis y, alrededor de 2250 antes de nuestra era, desaparece la organización socioeconómica de las comunidades de Los Millares, dejando paso a la sociedad argárica.

Su nombre deriva del yacimiento de El Argar, situado en Antas, y conocido desde el siglo XIX gracias a las excavaciones de los hermanos Siret. Los vestigios de la sociedad argárica se distribuyen por un área extensa, que cubre la mayor parte de Andalucía Oriental, Murcia y el sur de Alicante.

El momento álgido de la sociedad argárica coincide con el desarrollo de grandes estados, como el Imperio Medio de Egipto, la Babilonia de Hammurabi y el de la época Minoica de los palacios cretenses. No alcanza niveles semejantes de desarrollo demográfico y económico, pero se basa, igual que ellos, en marcadas relaciones sociales de explotación.

Ninguna otra sociedad contemporánea de Europa occidental alcanza niveles de desigualdad social equiparables. Las dataciones de Carbono-14 indican que la sociedad argárica perdura unos 700 años, hasta una fecha próxima al año 1550 antes de nuestra era. Todos los datos arqueológicos hacen suponer que su desaparición fue aún más brusca que su nacimiento y, seguramente, violenta.

Este período forma parte de la denominada Edad del Bronce Antiguo de Europa Occidental.

En la segunda planta del museo podemos realizar un recorrido simbólico por la Sociedad Argárica (II milenio antes de nuestra era) que, aludiendo a la fuerte jerarquización social del Argar, avanza literalmente de abajo hacia arriba, como si estuviésemos ascendiendo por las laderas de uno de los poblados más significativos de la provincia, Fuente Álamo (Cuevas del Almanzora, Almería).

Así se plantea una sala en rampa y zig-zag, ya que se disponen también una serie de muros que cortan por completo la visual y que representan las terrazas artificiales sobre las que se construyeron las viviendas de Fuente Álamo (como de otros tantos asentamientos nucleares de la Sociedad de El Argar).

Al igual que en otras salas del museo, una maqueta, algo abstracta, nos introduce en la sociedad argárica, Así encontramos una serie de explicaciones sobre los territorios políticos y económicos, la población y las estrategias subsistenciales básicas.

No representa ningún asentamiento concreto, sino un asentamiento nuclear característico que, como tal, se encuentra situado en altura con una serie de muros similares a los de la sala y que aluden a la estratificación social que es visible en los poblados.

Las casas de la minoría dominante suelen hallarse en la parte más elevada del asentamiento, donde se concentra a un mismo tiempo el almacenaje y los materiales suntuarios, así como las tumbas más ricas.

En la maqueta estos muros están confeccionados en metal para subrayar el importantísimo papel que éste (el bronce) va a desempeñar en la sociedad argárica.

Pero sólo una cuarta parte de la población residía en los poblados centrales. Por debajo vemos una llanura, el territorio de explotación económico dependiente del asentamiento. La mayor parte de la población habitaría en pequeñas granjas o aldeas dispersas, dedicada a la agricultura, la ganadería y la obtención de materias primas.

En cuanto a las estrategias de subsistencia destaca la obtención de piedra que además de servir como material de construcción, se empleaba para fabricar losas para las tumbas, así como diferentes tipos de herramientas como los molinos de mano, así nos encontramos con un montaje relativo a la producción en masa.

En esta época se introduce una novedad tecnológica consistente en el uso de molinos alargados y estrechos, sobre los que se trabaja con manos o muelas de madera. Con este instrumental es posible moler mayores cantidades de cebada en menos tiempo. Aun así, resulta una tarea muy pesada, que requiere varias horas de trabajo diarias.

El descubrimiento de grupos de molinos almacenados indica que la demanda de harina varíaba, dependiendo de las reservas disponibles y de las cosechas obtenidas.

La clase dominante forzó las estrategias económicas en direcciones que nos parecen poco funcionales como el que llegó a ser prácticamente el monocultivo de la cebada, debido a su fácil control.

Los frutos de su trabajo, sin embargo, son centralizados en poblados mayores, situados sobre cerros escarpados, al pie de las sierras.

El transporte del grano desde los campos de cultivo del llano exige un esfuerzo considerable a los campesinos, ya que como decíamos en los poblados centrales sólo vivía una parte de la población, entre la que se encontraban los miembros de la clase dominante.

Éstos controlan una fracción importante de los recursos económicos y facilitan al resto de la población bienes elaborados como harina, tejidos y algunos útiles metálicos necesarios para su trabajo.

Esta clase dominante establece el valor de estos productos en función de su propio beneficio. Además, vigila las fronteras y los intercambios entre territorios.

Muchos edificios argáricos funcionan como talleres multifuncionales capaces de abastecer con los productos básicos a amplios sectores de la sociedad. En ellos se trabaja para satisfacer dos de las necesidades básicas de cualquier sociedad, el alimento y el vestido.

En estos espacios de producción masiva se realizan actividades como:

- Almacenamiento de cebada y, en ocasiones también, de trigo, habas y guisantes.
- Almacenamiento de recursos minerales (cantos rodados y láminas de silex) y molinos.
- Elaboración de tejidos.
- Reparación de hoces.
- Fabricación y reparación de útiles de madera, hueso y piedra.

Y como principal función, la molienda del cereal.

Se trata de grandes estructuras (de entre 15 y 55 metros cuadrados), donde se almacenan herramientas, grano y otros recursos. Por el número y disposición de los utensilios se sabe que, en algunos de estos edificios, pueden trabajar más de diez personas a la vez.

La primera de las vitrinas de la sala está dedicada a las grandes vasijas de almacenaje: grandes ollas, urnas y otros recipientes aún mayores que llamamos con el término griego de pithoi.

Los poblados centrales disponen de almacenes donde se hace acopio de grandes cantidades de productos; entre ellos, cebada.

El reparto del cereal se lleva a cabo regularmente desde los almacenes situados en la cima de los poblados centrales. Se utilizan recipientes de capacidad estandarizada, lo que indica que el acopio y la posterior distribución están sujetos a un sistema de medidas y contabilidad controlado por la clase dominante.

En condiciones de monocultivo cerealista, la mayor parte de la población depende de estos almacenes para su alimentación, viéndose forzada a trabajar cotidianamente en régimen de explotación. Pero la cebada es un alimento de baja calidad. Una dieta basada exclusivamente en este cereal puede ocasionar un déficit de aminoácidos esenciales, hierro y calcio. Para evitarlo, es necesario completar la alimentación con proteínas animales; sin embargo, no toda la población puede permitirse su consumo.

La población infantil comienza a recibir sepultura con regularidad en el interior de los poblados a partir de 1950 antes de nuestra era. Se desconoce cuál era el ritual funerario seguido hasta entonces.
Entre 1750 y 1550 antes de nuestra era, momento de apogeo del Estado Argárico, aumenta de forma llamativa la proporción de tumbas infantiles.

Los huesos suelen mostrar síntomas de enfermedades en el momento de la muerte, principalmente infecto-contagiosas, y algunas otras relacionadas con procesos de tipo anémico. Diarreas crónicas, infecciones de diversa índole y una alimentación deficiente basada en la cebada provocan que casi la mitad de la población muera antes de cumplir los seis años. Algo más de la tercera parte llegará a la edad adulta.

La segunda gran vitrina está dedicada a la cerámica argárica de uso doméstico. Puede verse cómo a lo largo de centenares de años, tan sólo encontramos ocho formas básicas de un geometrismo absoluto y con una llamativa ausencia de decoración, sobre todo si contrastamos esto con lo frecuente que la decoración había sido en épocas pasadas e iba a serlo en épocas posteriores (clasificación fruto de las investigaciones realizadas por Luís Siret que aún hoy está vigente).

Tan sólo encontramos ocho formas de cerámica que se repiten hasta la extenuación, la denominada "norma argárica". Se trata de cuencos, ollas esféricas, tulipas que alternan un sector convexo y uno cóncavo, vasijas bicónicas o copas.

Estas últimas debieron desempeñar un papel importante más allá de lo cotidiano y pudieron participar en ceremonias, tal como parece indicar su acumulación en determinados espacios, como las torres señoriales de Fuente Álamo. Sin duda, esta normalización de la cerámica está relacionada con las estrategias de redistribución económica y con la práctica de un tabú que impedía salirse de normas aparentemente muy estrictas.

La tercera gran vitrina está dedicada a la minería del cobre y la metalurgia del bronce.

En los talleres metalúrgicos de los poblados centrales de Almería se trabajan el cobre, la plata y el oro. Solamente a partir de 1800 – 1700 antes de nuestra era comienzan a producirse también objetos de bronce, resultado de la aleación del cobre y el estaño. Una de las ventajas de este nuevo material es la de proporcionar una mayor dureza a los objetos realizados por fundición, además de permitir temperaturas de fusión más bajas.

En la producción metalúrgica se utiliza una gran variedad de instrumentos.

El uso de yunques, moldes de piedra y determinados martillos y afiladores se generaliza durante la época argárica en toda la Península Ibérica. Los moldes permiten producir piezas en serie, mientras que otros utensilios facilitan las labores de forja, laminado, pulido y afilado. De esta forma, se fabrican herramientas, adornos y algunas armas, controladas estas últimas por la clase dominante.

La metalurgia argárica se centra en la producción de útiles y armas. Por vez primera se fabrican instrumentos, como alabardas y espadas, diseñados específicamente para el combate. También se producen adornos metálicos símbolos de distinción.

No hay duda de que únicamente una pequeña parte de la población tiene acceso a estos valiosos bienes y, lo que es crucial para el mantenimiento de la explotación social, posee las armas.

En la museografía del Museo de Almería sorprende una serie de palabras escritas sobre la pared: “hambre”, “muerte”, “miedo”, “metal”, “yo”, “mío” y “poder”. Se trata de una insistencia en un discurso fuerte -casi diríamos duro- sobre los orígenes de la propiedad privada y el Estado.

La sociedad Argárica mantiene una rígida estructura jerárquica. Con ligeras variaciones, el lugar de cada cual en la vida queda fijado desde la infancia y es expresado ritualmente a la hora de recibir sepultura.

En la sala se exponen reproducciones de tumbas reales con sus ajuares sepulcrales auténticos, organizadas de forma jerárquica, de modo que las primeras que encontraremos son tumbas pobres y las últimas, ya en la parte alta de la rampa, serán las de la clase dominante con los ajuares más ricos, con abundancia de vasijas, adornos, útiles y armas de bronce, e incluso objetos de plata y oro.

Se han hallado miles de tumbas repartidas por todo el territorio argárico. Tales sepulturas y las ofrendas que contenían constituyen un testimonio de primer orden para el conocimiento de esta sociedad.

La sociedad argárica entierra sus muertos en tumbas, casi siempre individuales, excavadas en el suelo de los poblados, la mayoría dentro de los espacios habitables. Los tipos de sepulturas más frecuentes son: covachas, urnas, cistas y fosas.

Las covachas se excavan en la roca y su entrada se cierra con lejas de piedra o tablones de madera. Son frecuentes, sobre todo, entre 2250 y 1700 antes de nuestra era.

Las urnas son recipientes de cerámica de tamaño muy diverso, que se depositan en una fosa y se cierran con una losa de piedra o con otro vaso cerámico invertido. Se usan a partir de 1950 antes de nuestra era.

Las cistas recuerdan a cajas rectangulares hechas de lajas de piedra o muretes de mampostería. Se utilizan durante todo el periodo argáirco ( 2250 – 1550 antes de nuestra era).

También se emplean las fosas, simples hoyos excavados en la tierra, a veces forrados con piedras.

El perfil demográfico es marcadamente joven. Aunque algunas personas superan los 60 años, la esperanza de vida es de unos 40 para los hombres y algo menos para las mujeres, tal vez como consecuencia de los riesgos de la gestación y el parto.

Los individuos que superaron las crisis de la infancia padecen dolencias asociadas con las cargas laborales, la alimentación deficiente y la edad, como artrosis, traumatismos y caries dentales, entre otras.

La diferencia entre sexos es notoria en la constitución física, especialmente en lo referente a estatura, desarrollo muscular y localización de las lesiones. Son características que denotan la existencia de desigualdades en el desarrollo del trabajo en función del sexo.

El incremento de los traumatismos, comparado con épocas anteriores, y su mayor frecuencia en los hombres, parece estar en consonancia con el aumento de la violencia.

Estamos ante una sociedad con una clara división de clases.

La sociedad Argárica mantiene una rígida estructura jerárquica. Con ligeras variaciones, el lugar de cada cual en la vida queda fijado desde la infancia y es expresado ritualmente a la hora de recibir sepultura.

Los mecanismos para la transmisión hereditaria de la propiedad aseguraban la desigualdad entre las clases.

- Clase dominante.

- Súbditos con derechos sociales.

- Servidores y esclavos.

Son espectaculares los conjuntos funerarios de las tumbas 75 (brazalete de oro) y 111 de Fuente Álamo (se trata de una niña con prestigio social adquirido desde el mismo momento de su nacimiento, lo que atestigua el concepto ¿herencia?).

En primer lugar, la clase dominante, integrada por los hombres armados en un principio con alabardas o espadas cortas y, a partir del 1800 antes de nuestra era, también con espadas largas que disuaden a la población de cualquier intento de rebelión contra el orden social establecido. Algunas mujeres forman parte de estos grupos poderosos, se entierran con diademas y suelen estar acompañadas de adornos de plata. Además, las mujeres son enterradas con un cuchillo y un punzón, lo cual parece manifestar su vinculación con determinadas tareas.

Mujeres, hombres, niños y niñas de la clase dominante lucen valiosos adornos de broce, plata y oro. Las ofrendas funerarias que reciben también incluyen cerámicas de gran calidad. El uso de las copas argáricas parece restringido a las clases altas.

A partir de 1800 antes de nuestra era, se distingue una clase formada por Súbditos con derechos sociales, derechos que les garantizan unas mejores condiciones de vida. Sus miembros se encargan de ciertas tareas productivas, además de ayudar a subyugar al resto de la población.

Los hombres de esta clase se enterraron con puñales y hachas y las mujeres con cuchillo y punzón. Las ofrendas funerarias para ambos sexos pueden incluir adornos, a menudo de bronce, también de concha, pero nunca de oro. También abundan los recipientes cerámicos de uso cotidiano.

Para terminar, estarían los servidores y esclavos, cuya distancia con las clases altas parece agudizarse conforme avanza el tiempo. Los miembros de esta clase se enterraban sin ofrendas o, a lo sumo, con un recipiente, un adorno o un útil sencillo.

Es claro el empeoramiento progresivo de las condiciones de vida y, al mismo tiempo, el agotamiento de la tierra, todo lo cual pudo desembocar en revueltas que significaron el fin de la sociedad argárica y la aparición de nuevas formas de explotación, que ligeramente se esbozan en lo más alto de la sala, dedicada al final del Argar.

Museo de Almería
Créditos: reportaje

Prehistoria: La sociedad de El Argar

Organiza:
Museo de Almería.
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Textos: Encarna Maldonado Maldonado, Beba Pérez Bernárdez, Manuel Ramos Lizana, Guía breve del Museo de Almería y Proyecto museográfico Museo de Almería.
Fotografía: Miguel Ángel Marín Francisco y Fernando Alda.
Montaje digital: Beba Pérez Bernárdez.

Museo de Almería.

Créditos: todos los contenidos multimedia
En algunos casos, el reportaje destacado es obra de un tercero independiente y no siempre representa los puntos de vista de las instituciones indicadas a continuación, que son las que han proporcionado el contenido.
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