Seleción de las obras más destacadas de la colección

Realismos
La representación del mundo en el cambio de siglo

Francisco Pradilla dedicó y regaló este estudio a Jaume Morera, probablemente durante los años que compartieron pensionado. Se considera que éste es el segundo estudio de la obra, un trabajo de color i y de prefiguración de elementos que serán definidos con gran precisión en la obra final.

Al lado de las grandes composiciones que presentaba en los certámenes oficiales, Haes conservó muchos estudios pintados en sus salidas al campo. Es el caso de este paisaje, donde el típico molino holandés deviene una simple anécdota, cediendo el protagonismo a una naturaleza siempre cambiante.

En su búsueda de luz y escenarios acordes con su inquietud artística, Jaume Morera se interesó por el invierno en la Sierra del Guadarrama. La visión de los paisajes nevados le permitió incorporar a sus obras un dramatismo de raíz romántica que se convirtió en un rasgo característico de sus obras.

En esta obra Beruete usa el triángulo impresionista de los colores secundarios y trata los colores complementarios con gran delicadeza. Éste se combina con una técnica cercana al puntillismo para crear una ligera calima, obtenida mediante la aplicación de puntos blancos sobre el azul del cielo.

Modernismo y modernitad
Nuevos gustos para un nuevo siglo

Carles Llobet fue uno de los diseñadores de baldosas de cartón piedra más destacados del taller de Hermenegildo Miralles. Esta pieza, de 40 baldosas, estaba emparejada con otra que la Casa Miralles presentó en la Exposición de París de 1900, con baldosas también diseñadas por Llobet. Posteriormente, para protegerlo, se añadió un marco de 30 baldosas del mismo material.

Este dibujo corresponde a la ilustración que Joaquim Mir hizo para el cuento "Los tres viajeros", publicado en el número 8 de la revista Hispania. Mir tenía una clara preferencia por los personajes pobres de los alrededores de Barcelona, claros arquetipos de esta fase de su trayectoria artística.

La gitana, ser exótico con un modo de vivir pintoresco, captivó a Gonzalo Bilbao. En este caso, retrata a una canastillera que se desplaza con su familia, definiendo una obra donde demuestra su dominio de la luz a través del paisaje, que penetra a través de las ramas del gran árbol del fondo.

Esta es una de las mejores obras de la fase costumbrista de Gili i Roig. El artista estaba centrado en la reproducción de arquetipos de la pintura folklórica de tradición castellana, contrastando vivamente con los principales temas de la pintura catalana del primer cuarto del siglo XX.

Este retrato muestra el rumbo que toma la pintura de Pla, mucho más sensible a los requerimientos de la luz mediterránea y a un tratamiento más libre de las figuras. Pla se sirve del vestido de la mujer para subrayar el contraste entre luz y sombra, que se repite en situar su rostro en el vértice donde confluyen las zonas lumínicas del cuadro.

Esta obra, donada al Museo por Biosca el 1983, ejemplifica la preocupación del artista por el tratamiento de las masas del desnudo femenino a partir de la simplificación de unas formas que nos remiten a la rotundidad clasicista para expresar un estado de ensueño, sereno e intimista a la vez.

El 1903, Gili i Roig ganó el concurso de plafones decorativos de Joan Llusà con "Abisme", una parábola sobre las consecuencias de la lujuria y la frivolidad formalizada en una alegoría simbolista, una variante del eclecticismo que caracterizaba su producción pictórica de entonces.

Nuevos planteamientos artísticos
Las vanguardias

El 1932, Viladrich viajó a Marruecos. De esta experiencia surgieron una serie de 30 cuadros de oficios y temas sefardís, marcados por el gusto del artista por el realismo y el detalle minucioso, que se combinan con un aire simbolista y primitivo.

Partiendo de las posibilidades expresivas de los muelles de un reloj desplegándose en el espacio, esta obra es el trabajo previo de la pieza que Cristòfol presentó públicamente en Lleida el 1933 y que señaló el inicio de su tránsito hacia la no figuración.

Esta obra responde a un planteamiento subversivo respecto a la producción de Antoni García Lamolla hasta ese momento, aunque no tuvo continuidad. La pieza incluye un papel de periódico como generador y vertebrador, toda una novedad que a la vez sancionaba la intrusión revolucionaria de la realidad en el imaginario pictórico.

Considerada la mejor obra surrealista de Lamolla, estamos no sólo ante una de las obras más importantes de la fase surrealista de su autor, sino también una de las mejores manifestaciones de este movimiento de vanguardia en Catalunya.

Sobre un paisaje imaginario muy simple se disponen unas formas orgánicas probablemente inspiradas en las esculturas de Hans Arp. La masa del centro adopta un gesto casi humano al estar sentada en un cubo y bajo un tendedero, del que cuelga otra forma biomorfa. El conjunto resulta en una visión de una realidad desconcertante que apela a los sueños y se expresa con gran lirismo, liberándose de cualquier ornamento superfluo.

Con las "Morfologies", Leandre Cristòfol inició una fase de trabajo marcada por la elaboración de formas oníricas en dos dimensiones, que eventualmente fueron sustituidas por el trabajo en el ámbito objetual.

Realizada en plena Guerra Civil, "Anticipació òntica" es un assemblage de gran lirismo, que se nos revela aparentemente ajeno a la convulsión que envolvió el momento de su creación.

Esta obra cuelga de un mecanismo formado por dos hilos. El primero había sido previamente enroscado, de tal modo que cuando recuperaba su estado inicial generaba un movimiento que enroscaba el otro hilo, y así sucesivamente. El resultado superaba la idea de móvil de Alexander Calder y se situaba en el campo del movimiento continuo y constante, de tal modo que los ralentís de Leandre Cristòfol se han considerado un claro antecedente del arte cinético en Catalunya.

El arte entre la postguerra y la transición
Del informalismo a las propuestas de fin de siglo

Si inicialmente el cielo y las nubes protagonizan las pinturas de Benseny, en esta obra las líneas de los manojos sustituyen el movimiento de las nubes, llegando a una cierta deformación de la visión general de la obra. Se trata de someter constantemente la pintura al estado de ánimo del artista, a una espiritualidad y un subjetivismo visceral siempre presentes.

A finales de los 50, Ton Sirera inició un trabajo basado en la macrofotografía de elementos de la naturaleza. Éstos se convirtieron en hitos del informalismo catalán, un movimiento en el que Sirera se adentró casi paradójicamente, pues el suyo era el más "realista" de los medios de representación.

La serie Ovals es el conjunto abstracto más coherente, elaborado y personal de Lluís Trepat, la culminación de un proceso de evolución creativa iniciado el 1956, un hito a partir del cual el artista regresa progresivamente hacia la figuración.

Algunos elementos de esta pintura, como el tratamiento del fondo de la barca —que parece agredir el soporte— y el reflejo de las casas en el agua preludian claramente la época informalista de Jaume Minguell, iniciada de la mano del Grup Cogul (1964-1965).

Después de su estancia en París, Víctor Pérez Pallarés se liberó del peso de la simbología para dejar paso a un intenso diálogo entre los signos que el gesto espontáneo deja sobre el papel, abandonando cualquier referencia figurativa hasta un estadio más tardío de su carrera.

Esta obra, muy significativa del trabajo que Albert Vives realizó durante la fase final de su participación en el Grup Cogul, muestra el interés por las texturas y el mundo matérico, y encaja específicamente en los cambios que se producen en el informalismo de principios de los 60.

Testimonio de la evolución de la obra de Ibàñez desde la desaparición del Grup Cogul (1955), esta obra aun encaja en los parámetros informalistas aunque la experimentación con el collage y las mezclas cromáticas insinúan la influencia de una nueva estética, tendiendo hacia el Pop-Art.

Al inicio de la década de los 70, Leandre Cristòfol estaba plenamente inmerso en una fase altamente experimental. De ésta surgió la serie "Dialèctica interior", un grupo de obras en forma de estructuras, susceptiblezs de ser convertidas en monumentos.

El lenguaje artístico de Benet Rosell está enraizado en el estudio de las caligrafías orientales y los alfabetos de ideogramas, que en esta ocasión plasma en un soporte agredido por la acción del ácido.

Niko fue un médico con vocación artística que se dedicó a la "carigrafía", una aproximación al retrato psicológico a partir de la definición esquemática de aspectos externos e internos de la personalidad del retratado, en una concepción muy cercana a los retratos de las vanguardias históricas.

En los años 80, Àngel Jové retomó la pintura, aunque mantuvo una concepción fundamentalmente fotográfica de las obras y el cromatismo que lo caracterizaron, acentuando la carga de elementos simbólicos y poéticos mezclados con personajes o escenografías inquietantes.

Museu d'Art Jaume Morera
Créditos: reportaje

Museu d'Art Jaume Morera
Carrer Major 31 i Avinguda Blondel 40, baixos
25007 Lleida

+34 973 700 419
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@museumorera
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