Creencias: Naturaleza, Magia y Religión.

Conjunto Arqueológico de Cástulo

Ritos, objetos y lugares: Materiales del imaginario mediterráneo.

Oriente y Occidente
Entre los siglos IV y III a.C., Collado de los Jardines (Santa Elena) y Cueva de la Lobera (Castellar) fueron lugares sagrados para comunidades localizadas a uno y· otro lado de Sierra Morena entre las que Cástulo desempeña un papel rector (un punto de encuentro periódico y obligado). Se sitúan en los confines del territorio, y fueron lugares de peregrinación, el destino del viaje iniciático que constituye la clave de la experiencia religiosa. Desde el siglo VIII al VI a.C., el santuario de la Muela estuvo vinculado al puerto en el río Guadalimar, y por tanto fue puerta de entrada de los cultos orientales y sus imágenes, como la diosa Astarté, o la esfinge, que acabará identificando a la ciudad de Cástulo. En este fugar se realizaron ritos de ofrenda y banquete, además de actividades metalúrgicas y comerciales.

Representación de la diosa Astarté perteneciente a un thymiaterium procedente de la necrópolis de Torrubia de Cástulo y que habría sido fabricada en un taller fenicio del Sur de la Península Ibérica. Esta figura, junto a otras dos similares a modo de cariátides, eran el soporte de la cazoleta en la que quemar incienso en las ceremonias rituales.

Junto a este elemento se conservaron numerosos fragmentos de bronce fundidos del thymiaterium, como son, la cazoleta, una cierva y otra cariátide similar.

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Este friso de arenisca procede de la Necrópolis de Estacar de Robarinas de Cástulo. La iconografía remite a la cultura ibérica tanto por los típicos círculos concéntricos como por la flor de loto, puesto que este es el simbolo de Astarté, una divinidad muy importante en el pateón ibérico y en la ciudad de Cástulo.

Esta diosa, por tanto, se relaciona con la custodia y la protección de los muertos por lo que su ubicación en un túmulo funerario de un importante personaje ibérico es perfectamente compatible.

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En este anillo con chatón ovalado se representa una esfinge alada tocada con un klaft egipcio, y sobre la que se encuentra el disco solar.

Este tipo de decoración podría cumplir una función protectora frente al mal, ya que la esfinge en el mundo es un animal divino guardián y protector de las divinidades.

El carácter orientalizante de la decoración refleja la influencia feno-púnica en la sociedad ibérica, y según su tipología se podría encuadrar en una cronología de finales del S. V a.C. y la primera mitad del S. IV a.C.

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Esta olla está fechada en el siglo VII a.C., y evidencia los contactos en esa época de Cástulo con tartessios y fenicios. Desde la prehistoria, la conexión con el Mediterráneo oriental se establece a través del río Guadalimar.

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Esta pieza es un ejemplo evidente en dónde se puede apreciar el inicio del ibérico antiguo. Los motivos decorativos de serie de círculos concéntricos en los vasos cerámicos fueron típicos de las sociedades del ibérico pleno, siendo este motivo prácticamente desconocido en los asentamientos fenicios de Andalucía.

Observamos por tanto, una transformación de los rasgos culturales de las sociedades colonizadoras-comerciales fenicias, hacia una interpretación muy particular de las mismas por el mundo indígena, que va a dar como resultado directo la formación de la sociedad ibérica plena.

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Los exvotos son elementos típicos del carácter religioso de la cultura ibérica en su fase plena, que se caracteriza por la utilización de santuarios públicos ligados a la ciudad y al territorio, ubicados en plena naturaleza, en lugares en donde el paisaje se muestra imponente y existen cuevas estratégicamente situadas, a las que se le dan el valor de santuario y en donde el agua surgida de manantiales cercanos tiene una gran importancia.

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Este pequeño recipiente de cerámica se encontraba enterrado bajo suelo de una vivienda ibérica de Cástulo. Se trata de un rito fundacional de la vivienda, y en su interior, se encontró una ofrenda, ahí se conservaron los huesos de un pequeño gorrión.

Santuario de Torre Alba
El santuario de la Torre Alba estuvo en una posición prominente de la acrópolis de Cástulo. Las primeras actividades en este lugar se datan en los siglos VIII-VII a.C. y en el siglo III a.C. fue objeto de una profunda reedificación en el contexto de la Segunda Guerra Púnica entre Roma y Cartago. Después del año 206 a.C., cuando Cástulo se incorporó a la órbita de la República Romana, se reanuda el culto en la Torre Alba, manteniéndose al menos hasta el siglo II d.C.

Torre Alba.

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El exvoto u ofrenda votiva se realizaba con la intención de rogar o dar gracias a la divinidad benefactora. Por ello, tenía en su mayoría carácter individual y, sobre todo, voluntario. El devoto depositaba ante su dios un exvoto; se trataba, por tanto, de un regalo in aeternum, distinto al verificado en un sacrificio o en la ofrenda de flores, de frutos de la tierra o de alimentos preparados.

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Pequeño amuleto tallado sobre hueso que representa a Harpócrates.

Este personaje fue adaptado por los griegos del dios egipcio Horus niño, que representaba el sol naciente, transformándolo en su dios helenístico conocido como Harpócrates, una interpretación del Har-pa-khered egipcio.

Este amuleto se halló en el extremo noroeste de la ciudad de Cástulo, donde destaca la presencia de un templo o santuario y elementos relacionados con el culto a las divinidades al menos desde la etapa orientalizante.

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Este entalle probablemente perteneció a un colgante, y está realizado sobre cristal de roca de gran calidad.

La representación muestra una escena campestre, en la que aparece un erote en actitud de intentar, con una vara, ahuyentar a un ave que se encuentra posada sobre la rama de una parra, árbol al que también se le apoya una escalera, en el lado opuesto.

La representación de erotes suele encontrarse entre las más habituales, teniendo paralelos muy cercanos en cronología similar, como en el propio Mosaico de los Amores, en el que también, curiosamente, la escena presenta combinación de alados, aves y seres mitológicos.

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Esta pieza formaba parte de un askos, una jarra con forma de ciervo con un pico vertedero. Es una pieza que debió tener una función ritual, quizás la realización de libaciones dentro de actividades religiosas y funerarias.

Las libaciones son rituales consistentes en derramar vino u otros líquidos sobre algún elemento sagrado como ofrenda a los dioses.

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Este tipo de recipientes con forma de pie son conocidos en el mundo griego oriental desde comienzos del siglo VI a.C., aunque existen ejemplares precedentes en períodos anteriores.

El lugar del hallazgo y su contexto permiten adscribirle una función ritual, localizándose en la zona del santuario de la Torre Alba junto a otros elementos depositados como ofrenda.

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Esta jarrita u oinochoe en una producción de barniz negro de los talleres de la ciudad de Teano en la Campania septentrional, y es una imitación de las producciones metálicas, mucho más costosas.

Este tipo de imitaciones toreúticas de barniz negro tienen su origen en los talleres del área etrusca desde finales del S IV a.C.

Este tipo de recipientes se identifican como objetos destinados a actividades rituales relacionadas con el culto a las divinidades. En este caso, el recipiente se ha localizado, a modo de ofrenda y junto a otros materiales, junto al santuario de la Torre Alba, permitiendo determinar su funcionalidad dentro de las actividades de culto.

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En la Península Ibérica este tipo de pinzas eran ya conocidas en contextos del Bronce Final, aunque con un tamaño menor. En época ibérica, las pinzas acabaron por formar parte de ajuares funerarios, específicamente de guerreros.

En este caso, fueron localizadas en la zona del santuario de la Torre Alba, enterradas en el suelo a modo de ofrenda junto a otros objetos, como cerámicas o la garra de un oso.

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En el extremo se ha fosilizado el tejido en el que estaba envuelta cuando se depositó en el lugar.

La garra de este oso fue localizada en la zona del santuario de la Torre Alba, en un contexto votivo junto a otros elementos depositados en el lugar como ofrendas sagradas.

La presencia de oso pardo en Andalucía está constatada hasta bien entrada la época moderna, a mediados del siglo XVII, situando su extinción definitiva a lo largo del siglo XIX.

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Panteón Romano
Roma impone en el Mediterráneo un nuevo orden religioso, donde Júpiter se acompaña de Juno y Minerva (tríada capitolina) para encabezar a todos los dioses olímpicos, y donde también tienen cabida un elenco de héroes, como Hércules o Eneas, y los propios emperadores divinizados. Minerva tuvo una especial veneración en Cástulo (su imagen aparece reiteradas veces), y se identifica con la Atenea griega, que bendice a su pueblo con el olivo, teniendo a su cargo la protección de las artes y los saberes prácticos, entre los que se encuentra la guerra.

Este estuco con la representación de Neptuno procede de una de las salas del edificio, posiblemente dedicado a Domiciano, en el que se encuentra el mosaico de los Amores, en el centro monumental de Cástulo.

En la zona inferior se ha conservado la representación de un hipocampo, una animal mitológico con cabeza de caballo y cuerpo de pez.

Este estuco con la representación de Hércules, también procede de una de las salas del edificio, posiblemente dedicado a Domiciano, en el que se encuentra el mosaico de los Amores, en el centro monumental de Cástulo.

Este quemaperfumes, por su forma y tamaño parece que tendría un uso doméstico. Este uso podría ser ritual para quemar esencias aromáticas en los pequeños altares de los dioses lares y penates o simplemente como función profiláctica.

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Minerva para Roma, Atenea para Grecia; es la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de la guerra, además de la protectora de Roma.

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En época romana era muy frecuente el uso de estos entalles en anillos, cuyo uso dentro de la sociedad era reconocido como un privilegio que diferenciaba a los hombres libres de los esclavos.

El grabado de las gemas era llevado a cabo principalmente en la manufactura de joyas, en anillos sobre todo. Pero los entalles no se usaban solo sobre este soporte, sino también exentas, como amuletos, cuya posesión protegía a su dueño de diversos males y enfermedades, y en muchos aspectos se depositaba en las tumbas, para que protegiese a la persona incluso después de su muerte.

Ángeles y demonios
El cristianismo ha convivido con creencias populares en la protección que otorgan exvotos, medallas y cintas, que en apariencia nos recuerdan a los antiguos amuletos. En esta nueva tradición, no persiguen la salud o la prosperidad, sino manifestar la identificación con un dios omnipresente y protector. Un simple objeto que encierra una conexión directa entre el creyente y su divinidad. No obstante, los amuletos no han desaparecido de nuestras vidas y seguimos conviviendo con higas, cascabeles, tréboles y piedras. Los amuletos se encuentran en todas las culturas, desde la más remota antigüedad hasta hoy, y se les quiere atribuir poderes extraordinarios para preservar a las personas y los bienes de enfermedades, maleficios y conjuros. Campanillas y cascabeles, piedras variadas, higas y otros objetos cotidianos neutralizan los efectos de las maldiciones que otros nos pueden dirigir (en ocasiones, escritas en placas de plomo). En la antigua Roma, como también en Cástulo, los amuletos más habituales tuvieron forma de falo.

En la tradición occidental, el cuarzo ha sido siempre considerado como una roca de elevado poder sobrenatural. En la antigüedad, el citrino se utilizaba como piedra-talismán para protegerse contra la peste, algunos problemas de piel e incluso para evitar pensamientos perversos, como el mal de ojo. Además servía como potenciador de hechizos, algunos de los cuales eran ciertamente singulares, como servir de antídoto para mordeduras de reptiles venenosos.

Gracias a las fuentes sabemos que las gemas-amuletos eran tan importantes como frecuentes, y poseerlas no era un lujo, sino algo cotidiano y normal, como ocurre con otros amuletos de bronce o terracota, mucho más presentes dentro del registro arqueológico.

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Para los romanos, los colgantes fálicos ofrecían protección frente a males como el mal de ojo, sin que tuviera una connotación erótica.

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Las gemas mágicas servían como amuletos de protección frente a enfermedades y desgracias, y comenzaron a tener uso a partir del siglo II d.C. con la llegada de las religiones orientales y el cristianismo.

Estos amuletos suelen estar grabados en ambos lados, representando un tema figurativo en la parte frontal y una inscripción en la trasera, de manera que al engarzarse la pieza en un anillo, el texto quedaba oculto.

Las inscripciones, que correspondían a palabras o fórmulas mágicas, se realizan normalmente con caracteres griegos, y en las representaciones eran usadas divinidades egipcias, griegas o romanas.

Esta placa de plomo está escrita por sus dos caras y contiene una plegaria de carácter mágico-religioso, dirigida a una divinidad mencionada siempre como “Dominus” (señor), por lo que desconocemos su identidad. Es probable que la persona que encargó la inscripción se llamara Calvius Callidus, aunque si sabemos seguro contra quién estaba destinada: Iulius Paternus, que aparece mencionado en varias ocasiones en ambas caras del plomo. Es probable que el tal Iulius Paternus hubiera cometido algún tipo de agravio para cuya satisfacción o castigo, a ojos de la persona que encargó la inscripción, fuera necesaria la intervención de la divinidad.

Está escrita con letras de acusado carácter cursivo y de difícil lectura.

Monoteistas
Las religiones monoteístas también están presentes en Cástulo, representadas por el judaísmo, el islamismo y el cristianismo.

Las excavaciones arqueológicas realizadas en el centro de la ciudad de Cástulo han revelado la existencia de tres lucernas decoradas con la menorah, el candelabro de siete brazos que representa uno de los elementos rituales más importantes del judaismo.

Estos fragmentos de cerámica, junto a la presencia de otros elementos con escritura en hebreo evidencian la existencia de una comunidad judía en Cástulo en torno al siglo V d.C.

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En el centro de la ciudad de Cástulo se recuperó un fragmento de un cuenco de cerámica con un posible grafito en hebreo, un cuenco que debió utilizarse como tapadera de otro recipiente.

En este momento, salvo excepciones, en las comunidades judías hispanas desconocían el hebreo, aunque este quedaba fosilizado en pequeñas fórmulas que no presuponen un suficiente conocimiento del mismo.

Se plantean diferentes interpretaciones del texto, aunque ninguna es segura, debido al carácter del soporte, la brevedad del texto y la poca pericia de quien lo escribió.

Una de las posibles lecturas podría ser la siguiente:

של כפרה
“Del perdón”

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Este tipo de monedas de plata cuadradas fueron acuñadas por primera vez en el Occidente islámico por los emires almohades, un imperio que se extendió por el Norte de África y al-Andalus entre el 1121 y el 1269.

En el anverso y en el reverso podemos encontrar en grafía cursiva la shahada o profesión de fe islámica, la declaración de fe en un único Dios (Allāh) de acuerdo a la fe islámica y las enseñanzas de Mahoma, indicando también el nombre del imán almohade Al Mahdi. En este caso la moneda carece de ceca.

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La patena representa una de las manifestaciones de iconografía cristiana sobre este soporte más antiguas y mejor conservadas de la Península Ibérica.

La pieza muestra a tres personajes con aureola, destacando la figura central, un Cristo en Majestad flanqueado por dos Apóstoles, probablemente Pedro y Pablo. La escena se desarrolla en el orbe celeste, enmarcada entre dos palmeras, que, en la iconografía cristiana, representan la inmortalidad, el más allá, el cielo…

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Créditos: reportaje

Creencias: Naturaleza, Magia y Religión

Organiza:
Conjunto Arqueológico de Cástulo, Linares (Jaén)
Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía

Colaboración:
Universidad de Jaén – Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica.

Comisariado: Marcelo Castro López y Concepción Choclán Sabina

Textos: Francisco Arias de Haro, David Expósito Mangas y Marcelo Castro López.

Fotografía: Francisco Arias de Haro, Jose Manuel Pedrosa Luque y Yolanda Ogayar Martínez.

Infografía: Isidoro García Hernández (esTRESd Patrimonio Virtual) y Francisco Arias de Haro

Montaje digital: Francisco Arias de Haro.

Conjunto Arqueológico de Cástulo..

Créditos: todos los contenidos multimedia
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