Relato de un aventurero

British Museum

Alfred Maudslay en Guatemala

A. P. Maudslay
Aunque las ciudades perdidas de los antiguos mayas eran, al menos en parte, conocidas por la población local —y la fuente de materiales de construcción para los pueblos coloniales—, tuvieron que esperar hasta el siglo XIX para alcanzar la fama en el mundo occidental. Uno de los primeros exploradores, cuyas contribuciones al estudio del mundo maya y a nuestro conocimiento acerca de la escritura jeroglífica permanece infravalorada, fue Alfred Percival Maudslay (1850-1931). En 1880 se jubiló como oficial de la colonia en el Pacífico Sur e inició sus viajes por América Central.

En parte, su inspiración procedía de los famosos libros de J.L. Stephens (1805-1852): Incidentes de viaje en América Central, Chiapas y Yucatán (1841) e Incidentes de viaje en Yucatán (1843).

Stephens viajó junto con Frederick Catherwood (1799-1854), arquitecto y artista, y ambos visitaron cuarenta y cuatro sitios mayas antiguos. Los minuciosos dibujos de Catherwood —y posteriormente las litografías y grabados basados en estos— son muy rigurosos, pero muestran también la imagen un poco idealizada de las exploraciones.

Viajar en la década de 1880
El largo camino hacia Quiriguá

El Museo Británico conserva algunos de los cuadernos de campo y diarios que Maudslay escribió durante sus viajes. La mayoría de las páginas contienen medidas y anotaciones, pero también esconden algunos bocetos.

Maudslay viajaba con un pesado equipaje: no solo objetos personales, sino también múltiples cajas de placas de vidrio y productos químicos para sus fotografías, así como sacos de yeso París para realizar los moldes, por nombrar algunos ejemplos. En zonas más accesibles, estos objetos eran transportados en hileras o trenes de mulas, pero en terrenos especialmente montañosos, la labor de los porteadores tenía un valor incalculable.

Aquí vemos uno de los campamentos de Maudslay, probablemente a principios de la década de 1890, durante un viaje por Guatemala con su esposa Anne.

Anne tenía muy poca experiencia montando a caballo antes de su viaje con Alfred, pero al final de esta aventura se encontró despidiéndose de «una vieja amiga» al decir adiós a su intrépida mula.

Algunos de los artefactos que acompañaron a Maudslay en sus viajes nos parecen hoy engorrosos, como por ejemplo este catre plegable.

La omnipresente tetera, sin embargo, tiene más sentido.

Según cuentan, el hotel de Anne y Alfred en Antigua (Guatemala) dejaba bastante que desear, pero el majestuoso paisaje y su excursión al Volcán de Agua (al fondo de la imagen) –así como la vista desde arriba– lograron compensar la decepción con creces.

Quiriguá
Medir, moldear y fotografiar un sitio maya

En 1883, Maudslay visitó Quiriguá por segunda vez. En esta ocasión, llegó con mucho tiempo, un grupo de colaboradores y ambiciosos planes para explorar científicamente la antigua ciudad.

«Fue la inesperada majestuosidad de los monumentos que ese día se dibujaron ante nosotros lo que me llevó a dedicar tantos años a hacer copias; conservadas en los museos de Europa y América, lo más probable es que estas vivan más tiempo que los monumentos originales».
(Maudslay, 1899, pág. 149, con referencia a su visita a Quiriguá en 1882).

A Maudslay le interesaban mucho las descripciones de los antiguos jeroglíficos mayas. Aunque en aquella época no se podían leer, estaba convencido de que algún día se descifrarían y por eso quería asegurarse de que existían buenas copias para su estudio.

Para garantizar copias detalladas de las inscripciones, contrató a un maestro yesero de Londres, Lorenzo Giuntini, y envió cuatro toneladas de yeso París desde Carlisle hasta Quiriguá.

Este es el Zoomorfo P durante la realización del molde por Giuntini, que usó dos toneladas de yeso París. Dado que la escultura presenta un relieve profundo, las áreas pequeñas requieren moldes separados. En este caso concreto, hay más de seiscientos moldes de yeso por piezas que conforman un rompecabezas bastante grande de este monumento.

Después, estos moldes por piezas se habrían guardado con cuidado en paquetes acolchados individuales para enviarlos a Inglaterra, donde se usarían para realizar un vaciado completo del original con todo detalle.

Aparte de los moldes, las fotografías de Maudslay también muestran los monumentos y sus inscripciones en contexto, además de facilitar la observación de los detalles. Aquí se ve el Zoomorfo B, cubierto de hermosos glifos.

Tenía, a su vez, dibujos detallados de las inscripciones hechos a partir de fotografías y vaciados que verificaba posteriormente con el monumento original. Aquí se observa parte del texto en el lateral del Zoomorfo B, en la última foto.

Hoy utilizamos escáneres de luz estructurada para crear imágenes 3D de los vaciados de Maudslay; es el siguiente paso en la historia de la captura de imágenes. Normalmente, la inscripción en los vaciados se ha conservado mejor que en los monumentos originales, lo que permite a los investigadores un mejor acceso mediante la tecnología moderna y esto, a su vez, ayuda en el desciframiento de la antigua escritura maya de manera continuada.

Los archivos del Museo Británico albergan más de ochocientos negativos de placa de vidrio que pertenecieron a Maudslay.

En muchos casos, su detalle y claridad eclipsa las modernas instantáneas digitales.

Gracias a la nueva tecnología de la que nos servimos para producir copias digitales de alta calidad de los negativos, ahora podemos apreciar mejor el aspecto del equipo de Maudslay delante del pequeño rancho que construyó para llevar a cabo los trabajos en Quiriguá y en el que él y sus colaboradores pasaron varios meses.

También encontramos más detalles de los rostros de los hombres que trabajaron con Maudslay en Quiriguá en 1883.

Aquí con al menos uno de sus camaradas dispuesto a emprender nuevas aventuras, exploraciones e investigaciones del fascinante mundo de los antiguos mayas.

Créditos: Historia

Todas las imágenes © Trustees of the British Museum.
Texto y selección de imágenes: Claudia Zehrt, curadora para el Proyecto sobre los Mayas del Museo Británico y Google Arts & Culture.
Gracias a Kate Jarvis, Amy Drago, Christos Gerontinis, Jonathan Mortemore, Jago Cooper y otros colaboradores de este proyecto del Museo Británico y Google Arts & Culture.

Créditos: todo el contenido multimedia
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