Cuando se habla de la civilización maya, se hace como si hubiera desaparecido en el siglo X d. C. Nada más lejos de la realidad. Nosotros, los mayas, seguimos aquí, en las mismas montañas, selvas tropicales y planicies donde nuestros ancestros edificaron las hermosas ciudades que aún hoy fascinan al mundo. Nuestra conexión ancestral con la tierra sigue viva, y somos tan diversos, complejos y dinámicos como lo éramos antes de la llegada de los europeos y de la creación de los estados independientes en todo el continente americano. Formamos parte de un grupo variado de personas que hablan más de treinta lenguas y son ciudadanos de al menos seis países: Guatemala, México, Belice, Honduras, El Salvador y, cada vez más, Estados Unidos.
La historia de la civilización maya se desarrolla a lo largo de cuatro milenios. Algunos de nuestros logros más destacados tuvieron lugar entre los años 250 y 900 d. C., lo que los arqueólogos occidentales han denominado el periodo Clásico maya. Tradicionalmente, se ha creído que las sociedades mayas fueron destruidas y desaparecieron tras dicho periodo. Sin embargo, en el llamado periodo Posclásico (900-1500 d. C.), emergieron nuevos núcleos urbanos que no tardaron en prosperar. En el siglo XVI, las sociedades mayas tuvieron que hacer frente a las invasiones españolas y británicas en sus territorios. Desde entonces, la colonización, la asimilación y la resistencia no han cesado de caracterizar la historia maya, incluso tras la creación de Estados nación independientes.
Hoy, en el siglo XXI, la colonización y la exclusión nos siguen desafiando, pero ahora estamos mejor preparados para encarar estos retos. Esto se debe a una mayor movilidad, una mejor comunicación y un entendimiento más amplio de la historia.
Los intercambios entre académicos, activistas y artistas de Guatemala, México y Belice son habituales y permiten valorar y compartir conocimientos locales anteriormente subestimados. Este patrimonio cultural consiste en estilos rituales, prácticas calendáricas y literatura oral, entre otros. La necesidad de defendernos de la violencia de los Estados (sobre todo en la década de los 80 en Guatemala) motivó una reinterpretación del marco universal de los derechos humanos para regir los principios de la vida en común y promover cambios en los roles de género y en las relaciones intergeneracionales. Este nuevo planteamiento, que centra los principios mayas en el activismo de los derechos humanos, los estudios académicos comprometidos y las prácticas rituales renovadas, ha desembocado en un cosmopolitismo que emerge desde las bases y se materializa en celebraciones sociales, expresiones artísticas y medios digitales. En este contexto, el cosmopolitismo huye de localismos y adopta un enfoque más global; celebra la diversidad que existe entre todos, pero también aquello que tenemos en común.
El primer ejemplo de lo que denomino «cos-maya-politismo» son las fiestas o ferias de las semillas nativas en la península de Yucatán (México). Este movimiento social está fomentado por una amplia alianza de grupos comunitarios y organizaciones no gubernamentales. Es un gran ejemplo de cómo las distintas identidades e influencias convergen en festivales mayas locales. Estos son una ocasión para tratar preocupaciones generales sobre soberanía alimentaria, la protección medioambiental y la sostenibilidad, todo mediante enseñanzas tradicionales, relatos y distintas formas de arte. Curiosamente, el conocimiento maya local sirve de base filosófica para explicar y aceptar la diversidad global.
Estos lazos entre el patrimonio antiguo y las lecturas contemporáneas se manifiestan también en el trabajo artístico de Sotz’il Jay (la casa de los murciélagos), un grupo de artistas mayas Kaqchikel oriundos de Sololá (Guatemala). Empezaron a experimentar con danza, teatro y música liderados por Lisandro Guarcax, cuya trágica muerte en 2010 reunió a artistas mayas de toda Guatemala en señal de protesta. Siguiendo con la misión de Lisandro, el grupo se sirve de la arqueología y la historia mayas para recuperar el legado artístico perdido a manos del tiempo y del colonialismo. La labor de Sotz’il Jay empieza con el esmerado estudio de las imágenes de artistas y músicos ancestrales, representados en murales, vasijas y códices. También juegan con los sonidos de réplicas de antiguos instrumentos musicales. Analizar cuidadosamente estas costumbres ancestrales y compararlas con los bailes y la música actuales ha permitido la creación de un grupo contemporáneo de danza-teatro. En el siguiente video se muestra la recreación de una danza con atavío de plumas en la espalda, tal como podría haberse practicado en el periodo Clásico maya.
Uk’u’x Ulew, o «Esencia de la Tierra», es otra representación creada para conmemorar el 13 Baktún del calendario maya en 2012. Sirve, además, como ejercicio de reflexión sobre los retos globales causados por la destrucción de la naturaleza y la contaminación del planeta.
La actitud cos-maya-polita se observa también en cómo los jóvenes mayas adoptan géneros musicales internacionales y los hacen suyos cantando en su propia lengua. Aunque la calidad y la creatividad varían mucho, los nuevos himnos mayas contribuyen a acercar las experiencias contemporáneas al público general. ¿Quieres descubrir esta variedad musical? Escucha esta.
Uno de los cantautores con más talento es René Dionisio, también conocido como MC Tz’utu Kan, que canta en el idioma maya tz'utuhil. Su estilo, tradicional y contemporáneo al mismo tiempo, combina ritmos modernos con formas rituales para expresar cosmovisiones espirituales mayas. Sus canciones son un reflejo de formas poéticas arraigadas en las tradiciones literarias mayas durante siglos, y que hoy siguen usando los guías espirituales y otros especialistas en rituales. Tz’utu no solo canta en su lengua materna, también lo hace en k'iche' y kaqchikel. Aunque estas tres lenguas pertenecen a la familia de idiomas mayas, son diferentes entre sí.
En 2015, en colaboración con un grupo de músicos conocidos como Balam Ajpu (Jaguar guerrero), que cuenta con los artistas de hip hop M.C.H.E., Dr. Sativo y Danilo Rodríguez, MC Tz’utu Kan publicó un álbum titulado Jun Winaq’ Rajawal Q’ij (Tributo a los 20 nawales). Los nawales son atributos, animales o elementos (a veces llamados energías) que se asocian a los signos de los veinte días. Aún hoy se utilizan en los calendarios tradicionales que los mayas guatemaltecos han conservado durante siglos. Las canciones son un homenaje a estos conocimientos antiguos, pero también a la actitud cosmopolita del grupo. Por ejemplo, una de sus canciones, «Ajmaq», empieza con muestras de música tradicional de África, China y Norteamérica, mientras que en «Na’oj» utilizan melodías e instrumentos andinos. En los demás temas, los ritmos electrónicos se fusionan con naturalidad con marimbas, sonajas y chirimías. El álbum de Balam Ajpu es una interpretación puramente cos-maya-polita del hip hop.
Un último ejemplo del cos-maya-politismo es la nueva escritura jeroglífica maya. La primera década del siglo XXI fue testigo de un gran avance en el desciframiento de la escritura de los antiguos mayas, gracias a la colaboración entre académicos occidentales y hablantes de las lenguas mayas. Se descubrió que la escritura glífica consistía en sílabas y en conceptos complejos. A la hora de reconstruir el antiguo idioma de los textos jeroglíficos mayas, un paso fundamental es comprender la lógica que sustenta las lenguas mayas modernas, una tarea que, sin duda, resultaría mucho más complicada sin la participación de hablantes mayas actuales. Esto ha provocado que, en las dos últimas décadas, mayas de todas las edades (sobre todo los jóvenes) hayan recuperado la escritura de nuestros ancestros para crear sus propios textos.
Estos escribas mayas contemporáneos emplean la escritura glífica con distintos fines: desde crear identidades visuales para sus organizaciones y erigir monumentos conmemorativos, como en Iximché (Guatemala) o en Maní (México), hasta ilustrar literatura maya y libros de historia. La escritura ha irrumpido también en la escena social, donde los símbolos se usan en manifestaciones contra la corrupción política. Otro uso de la escritura jeroglífica es la decoración de muros y artículos de ropa, para los que se usa una interpretación personal de los grafitis.
Pero no solo copian la estética de la escritura de nuestros ancestros; a veces la reinventan. Uno de los escribas modernos más talentoso es el diseñador gráfico maya Kaqchikel Walter Paz Joj.
El texto jeroglífico que acompaña la imagen de un mono escriba dice «uk’aay Jun Chwen» (la canción de un artista/artesano). Walter explica en español la importancia de este dios patrono clásico de las artes y la escritura en la sección de comentarios: «Su canto, es con su voz y con sus manos...».
Y, como no podía ser de otra forma teniendo en cuenta la naturaleza del cos-maya-politismo, los escribas mayas contemporáneos también emplean la escritura glífica para comentar y recrear series de televisión conocidas a nivel mundial. He aquí un ejemplo del grupo Ch’okwoj Maaya Ts’íib (Escritura maya joven) y su mayanización de la famosa serie de la cadena HBO «Juego de tronos».
En la ilustración se han adaptado representaciones conocidas de perros en los códices precoloniales para simbolizar un lobo. Los glifos dicen «ke’el ku náats’al», que en maya yucateco se traduce como «se acerca un frío extremo», una reinterpretación muy original del lema de la Casa Stark en la serie: «Se acerca el invierno».
Todas estas muestras de producción intelectual maya dejan claro que no hemos desaparecido, más bien todo lo contrario. Estamos tan de actualidad como cualquier otra civilización del mundo. La reconstrucción y la transformación de la ciencia, el arte y la historia mayas tienen lugar en distintos espacios y a través de diversas estrategias. Algunos de los esfuerzos más productivos derivan del diálogo transnacional entre expertos y practicantes procedentes de los distintos rincones de la región maya y de otras partes del mundo. Estas interacciones y traducciones tan cosmopolitas se nutren de preceptos políticos, históricos y espirituales mayas. Personalmente, yo no las veo como meras versiones mayas de cosmopolitismo del siglo XXI, puesto que tienen una calidad novedosa que las hace distintas. Representan estrategias centradas en lo maya para replantearnos cuál queremos que sea nuestra contribución al mundo. Los grupos e individuos mayas mencionados en este artículo no solo están comprometidos a redescubrir el pasado, sino que están esbozando desde cero futuros cos-maya-politas.
Texto escrito por el Dr Genner Llanes-Ortiz, antropólogo maya de la Universidad de Leiden (Países Bajos).
Ch’okwoj Maaya Ts’íib está compuesto por el arqueólogo Héctor Cauich Caamal, los lingüistas (y hermanos) Gregorio y Alfredo Hau Caamal, el ingeniero Francisco Hau Caamal y el arquitecto Ulises Piña Morales.
Agradecimientos: Este artículo ha sido posible gracias a conversaciones y encuentros con los artistas y académicos mayas Yazmin Novelo, José K’oyok’ K’u, Margarita Noh, Bernardo Caamal, Pedro Uc, Antonio Mukul (+), Miguel Ventura Herrera, René Dionisio, Daniel Guarcax, Alicia Sen Sipac, Victorino Tejaxún, María Regina Firmino-Castillo, Ana Lucía Pérez Sebaquijay, Alejandro Garay Herrera, Esther Sánchez, Aurelio Sho, Anita Tzec y David Mora-Marín. Gracias a sus conocimientos, el contenido de este artículo se enriqueció enormemente. Sin embargo, soy yo quien asume la responsabilidad por cualquier error que este pudiera contener.
¿Te interesa Visual arts?
Recibe actualizaciones con tu boletín personalizado Culture Weekly
¡Todo listo!
Tu primer boletín de Culture Weekly llegará esta semana.