Editorial Feature

¿Quiénes son los mayas?

Kanishk Tharoor arroja luz sobre los mayas de ayer y de hoy

Los turistas que llegan al sur de México y al norte de América Central suelen visitar las deslumbrantes ruinas de las ciudades de los mayas. Pero, a pesar de que sus antiguas urbes fueron abandonadas hace mucho tiempo, los mayas no desaparecieron con ellas.

Hoy, la población maya alcanza los diez millones. Esta se enorgullece de compartir un patrimonio cultural que ha sobrevivido a siglos de colonización española y revueltas políticas. ¿Quiénes eran, pues, y quiénes son los mayas?

Nahuala, 1991, Eileen Monaghan Whitaker (Colección de la Fundación Frederic Whitaker y Eileen Monaghan Whitaker)
Mujer maya, 1977, Eileen Monaghan Whitaker (Colección de la Fundación Frederic Whitaker y Eileen Monaghan Whitaker)

Según los académicos, el primer asentamiento claramente maya apareció hacia el 1800 a. C. Los cultivos de maíz y yuca tuvieron un papel esencial en el sustento de estas comunidades, por lo que no es de extrañar que el maíz sea una de las representaciones más destacadas en la iconografía maya. Ricas en yacimientos de caliza y arenisca, las tierras bajas de lo que hoy conforma el sur de México y las tierras altas de Guatemala proporcionaban el material para construir ciudades monumentales. El Mirador, en Guatemala, fue una de las ciudades más grandes del mundo en torno al 250 a. C.

La civilización maya alcanza su punto culminante entre los años 250 y 900 d. C., una era conocida entre los arqueólogos como el Período Clásico maya. En esta región florecieron multitud de ciudades conectadas entre sí por sistemas de comercio, diplomacia, intercambio cultural e, incluso, por infraestructuras físicas: los llamados sacbeob en maya yucateco —caminos elevados sobre camas de caliza que se abrían paso entre la vegetación de la selva—. Este período fue testigo del crecimiento de algunas de las ciudades mayas más conocidas: Tikal y Quiriguá en Guatemala, y Chichen Itzá en la península de Yucatán, cuyas ruinas son ahora destinos turísticos muy frecuentados

Ruinas del observatorio de Chichen Itzá, Yucatán, con el Templo de Kukulcán al fondo (Archivos fotográficos de la revista Life)

Probablemente, las estructuras mayas más emblemáticas son las pirámides escalonadas, que solían situarse en el centro de las metrópolis. Estos majestuosos edificios se habrían erigido imponentes por encima de todo lo demás. Eran lugares que albergaban grandes ceremonias e infundían un profundo prestigio espiritual. El Templo del Dios Serpiente Kukulcán en Chichen Itzá, por ejemplo, se diseñó para que durante los equinoccios de primavera y otoño, el juego de luces y sombras proyectara la figura de una serpiente ondulante a lo largo de la balaustrada de la fachada norte.

Para aquellos de nosotros nacidos en los ideales del viejo mundo en cuanto a desarrollo urbanístico, imaginar una ciudad maya clásica puede suponer todo un reto. En un principio, los arqueólogos asumieron que estas concentraciones no eran ciudades, sino complejos de grandes templos. Los avances arqueológicos de la segunda mitad del siglo XX mostraron que estos sitios eran, en realidad, ciudades vivas, rebosantes de actividad y morada de poblaciones de hasta 100 000 habitantes.

Dado que los mayas no tenían ganado, los bosques que circundaban las áreas urbanas no estaban acondicionados para el pastoreo, como ocurría en Eurasia. Concentradas alrededor de un núcleo administrativo y ritual, las ciudades mayas habrían estado relativamente dispersas, con zonas residenciales y agrícolas intercaladas. Podían presumir de sofisticados sistemas de provisión de agua con zanjas y canales de irrigación ingeniosamente diseñados.

La principal figura de gobierno de los mayas solía ser el rey, que gobernaba por derecho divino, es decir, que los dioses ratificaban su poder. La nobleza constituía entre el diez y el quince por ciento de la sociedad maya, mientras que la gran mayoría de la población eran agricultores, obreros y artesanos que, a menudo, se veían sometidos por las élites políticas a trabajos no remunerados.

Las ciudades mayas eran centros culturales y políticos, pero también patria de artesanos, músicos y escritores. La escritura maya es la única de la Mesoamérica precolombina que ha sido íntegramente descifrada. Este sistema de escritura es una lengua única constituida por glifos que representan imagen y sonido —logogramas y silabogramas—. Los académicos tienen a su disposición abundantes reservas de inscripciones mayas en estelas, dinteles y otras estructuras, además de cerámicas.

Jeroglífico maya en el vaciado de la Estela C de Quiriguá (Colección del Museo Británico)

De las muchas atrocidades que cometieron los españoles desde su llegada en el siglo XVI, la destrucción rutinaria de documentos y objetos culturales mayas está entre las más viles; siglos de pensamiento y expresión maya transformados en columnas humeantes.

Solo un puñado de estos libros sobrevivieron a la conquista española. El más conocido, el Popol Vuh en la lengua k'iche’ de las tierras altas guatemaltecas, nos regala la narración de la mitología e historia del pueblo k'iche'. Comienza con el mito de la creación, que abre con las siguientes líneas: «He aquí el relato de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, callado; todo inmóvil, silencioso, y vacía la extensión del cielo». A esto le sigue cierta agitación y, después, el mundo y sus habitantes animados emergen desde el vacío.

Además de escritores y narradores, los mayas eran matemáticos consumados. Utilizaban un sistema de numeración vigesimal —la base es el número 20— que incluía un símbolo para el cero, concepto que aún no había llegado a Europa desde Oriente. Estos símbolos numéricos permitían realizar enormes cálculos con gran meticulosidad. Como era de esperar, las matemáticas mayas encontraban su más efectiva aplicación en la observación de los cielos.

Glifos del calendario maya del tzolk’in, vaciado de la Estela A de Quiriguá (Colección del Museo Británico)

La astronomía de los mayas era más avanzada y precisa que la de sus coetáneos en otras partes del mundo. Con su más sofisticada tecnología, el ojo humano, los astrónomos mayas estudiaron el movimiento del sol, los planetas y las estrellas. Al trazar el recorrido del sol, pudieron calcular con gran exactitud la duración del año solar, que según ellos tenía 365,242 días (se quedaron cortos por 0,000198). Asimismo, los astrónomos mayas estimaron la duración del mes lunar: 29,5308 días (una pizca más que el cómputo moderno de 29,53059). A diferencia de muchos de sus homólogos euroasiáticos, los mayas no partían de la idea de que los cuerpos celestes se movían en esferas perfectas. Tras siglos de prolijo estudio, su idea de los cielos era más matizada y refinada.

También concibieron un calendario, conocido como Cuenta Larga, que contaba los días desde la creación del mundo —supuestamente el 11 de agosto de 3114 a. C.—. Este cálculo ha resultado de gran ayuda a los historiadores a la hora de descifrar la cronología de la historia maya anterior a la conquista, puesto que está representada en multitud de inscripciones. Esto permite a los académicos fechar con cierta exactitud el curso de eventos políticos relevantes.

El calendario maya de Cuenta Larga en la Estela C de Quiriguá (Colección del Museo Británico)

Hacia el año 900 d. C. muchas de las principales metrópolis mayas de las tierras bajas del sur de México y Guatemala sufrieron un gran deterioro y fueron abandonadas. Las causas exactas de esta transformación siguen sin estar claras. Guerra, conflictos sociales, cambios medioambientales... Todos estos aspectos pudieron contribuir. Hoy, el término colapso, comúnmente utilizado para describir lo que ocurrió con la civilización maya en esta época, despierta recelo entre los académicos. Las comunidades mayas permanecieron activas y dinámicas a pesar de haberse reconstituido en asentamientos de menor tamaño.

La llegada de los españoles se tradujo en una absoluta catástrofe humana. A causa de enfermedades ajenas a los mayas como la viruela y la fiebre tifoidea, su población se vio reducida hasta un 90 % entre los años 1500 y 1600 d. C. El catolicismo y el castellano también realizaron profundas incursiones en la vida maya.

Arte maya, Dmitri Kessel (Archivos fotográficos de la revista Life)

Pero la religión y cultura maya se mantuvieron constantes y, a menudo, coexistieron con ritos cristianos.

Mujeres de la Cofradía Santo Domingo Xenacoj, Sacatepéquez, 2013 (Colección del Museo Ixchel del Traje Indígena)
Cofradía de Santiago Sacatepéquez (Colección del Museo Ixchel del Traje Indígena

En la actualidad hay más de veinte lenguas mayas que han sobrevivido. Muchas son incomprensibles entre sí y tan dispares como pueden serlo el neerlandés y el portugués. Estas lenguas y sus hablantes ya no están limitados a los confines de los núcleos mayas tradicionales en México y América Central. Debido a la inmigración y desvinculación, miles de hablantes de lenguas mayas viven ahora en Estados Unidos. Idiomas como el k'iche', mam y q’anjob’al, que antaño solo se escuchaban en las tierras altas guatemaltecas, han recorrido un largo camino.

Texel, 2013 (Colección del Museo Ixchel del Traje Indígena)
Words by Kanishk Tharoor | Translation by Carolina Casado Parras
Compartir esta historia con un amigo
Traducir con Google
Página principal
Explorar
Cerca
Perfil