Editorial Feature

Inés de Castro: la única reina póstuma de Portugal

Descubre la historia de amor del siglo XIV que sacudió la corte real portuguesa

La historia de amor entre Inés de Castro y el rey Pedro I de Portugal está llena de mitos, amor y tragedia. Al igual que la propia historia de Romeo y Julieta de Portugal, con familias que se pelean, amantes desterrados y una venganza desgarradora, lo que hace que esta leyenda sea tan duradera es que realmente sucedió. Las pruebas ficticias y las tribulaciones de los amantes de las estrellas cruzadas palidecen en comparación con estos amantes portugueses, así que únete a nosotros para descubrir por qué esta historia de amor estaba tan prohibida y la razón por la que nuestra heroína se convirtió en la primera y última reina póstuma de Portugal.

Como muchas de las nobles de Galicia, la vida de Inês de Castro, comenzó como una vida bastante cómoda. Nacida en 1325, Inês fue la hija de Pedro Fernándes de Castro, Señor de Lemos y Sarria, y su noble señora de portuguesa Aldonça Lourenço de Valadares. Su familia desciende de familias nobles de Galicia y Portugal y también estaba bien conectada con la familia real de Castilla (por ser descendiente legítima), lo que le permitió a Inês moverse en las altas esferas.

En 1339, con tan solo 14 años de edad, todo estaba sucediendo de acuerdo al plan e Inês llegó a Portugal para servir como dama de compañía a Constanza de Castilla, que poco después se casó con Pedro, el ya mencionado príncipe e hijo del rey Afonso IV de Portugal. Y así como otros matrimonios de la época, fue arreglado para crear una alianza con otro reino.

Pedro inicialmente pensó que su esposa era adecuada (¡que galante!) hasta que puso los ojos en Inês, quien se decía tenía cabellos rubios, ojos azules, y piel blanca. Casi inmediatamente, ignorando el futuro que tenía delante de él, Pedro se enamoró de la joven Inês.

Castillo de los Duques de Albuquerque, también conocido como Castillo Cuéllar

Los dos se entrelazaron en un intenso amorío juvenil, pero mientras su atención estaba ahora completamente en Inês, Pedro, siendo el tipo correcto que era, todavía encontraba el tiempo necesario para poder dejar embarazada a su esposa Constanza. Hasta entonces, constanza, había sido dejada de lado viendo como su marido se enamoraba cada vez más de su dama de compañía, entonces, en un intento para acabar con el amorío, hizo a Inês la madrina de su hijo Luís. El motivo detrás de esta maniobra era que en la iglesia católica un padrino esencialmente se vuelve un miembro de la familia, lo que haría que el amorío se volvería incestuoso. Aunque sus vidas estaban comenzando a parecer la loca trama de una mala novela, Pedro e Inês ignoraron estas implicaciones y continuaron su romance como si nada.

Con esto, no solo el matrimonio del príncipe comenzó a desgastarse, este romance solo ponía más presión a las relaciones con Castilla, el estado medieval de la península Ibérica de donde venía Constanza. La obsesión de Pedro también tuvo otras consecuencias como el atraer a la nobleza que estaba exiliada más cerca del poder con los hermanos de Inês haciéndose amigos de Pedro y convirtiéndose en sus consejeros de confianza.

En 1344, mientras la pareja había mantenido el romance en secreto (así como pueden ser sigilosos un par de adolescentes) el rey, Afonso IV de Portugal, se enteró del amorío. Reaccionó como cualquier padre lo haría al enterarse que su hijo estaba arruinando el linaje real- desterró a Inês al castillo de Alburquerque en la frontera de Castilla para deshacerse de ella. A pesar de la distancia, Pedro e Inês continuaron encontrandose en secreto. Totalmente enfermo de amor, le mandaba mensajes usando un pequeño barco de madera que se metía entre los conductos de agua de castillo. ¿Quién necesita teléfonos cuando tienes conductos de agua?

Un año después, Constanza de Castilla murió semanas después del parto de su tercer hijo, Fernando. Sin desperdiciar el tiempo, Pedro inmediatamente, un poco despiadadamente, trajo a Inês de regreso en contra de la voluntad del rey, lo que llevó a una gran pelea entre los dos.

Las Ruinas del monasterio de Santa Clara-a-Velha en Coimbra

Varias veces -tras desterrar a Inês de la corte una vez más, esta vez a un monasterio en Coimbra- el rey intentó arreglar varios matrimonios para Pedro con otras princesas de Castilla. Él las rechazó continuamente, en un principio diciendo que estaba de luto por la muerte de su esposa y eventualmente declarando que Inês era su verdadero amor. Como era de esperarse no se la declaró elegible para ser reina por el rey y sus consejeros. Entonces, ¿qué hizo la joven pareja? Ignoraron el alboroto y el escándalo, por su puesto. Tanto así que Pedro huyó y se fue a vivir con Inês y empezaron a tener hijos, 4 en un periodo de 10 años, incluyendo dos niños.

Los nobles y similares estaban escandalizados por la relación y además por el hecho de que habían tenido hijos, y así los rumores continuaron. Se rumoreaba que la familia Castro planeaba desheredar al hijo de Pedro, Fernando (el verdadero heredero al trono) a favor de los hijos de Inês y Pedro. Otros comenzaron a especular que la pareja se habría casado en secreto mientras vivían en Santa Clara-a-Velha.

Durante 12 meses, Afonso escuchó estas historias y especulaciones y tras otros numerosos intentos para separar a los amantes, el rey ordenó la muerte de Inês. En enero de 1355, mientras Pedro estaba cazando, tres asesinos (Pêro Coelho, Álvaro Gonçalves y Diogo Lopes Pacheco) y también Afonso, fueron al convento. La leyenda dice que cuando llegó la hora, el rey estaba supuestamente tan conmovido al ver a sus nietos que tuvo que parar la orden. Pero sus persistentes asesinos intentaron convencerlo de seguir adelante, al final él salió del cuarto diciendo “hagan lo que les plazca”. Lindo. Los tres asesinos apuñalaron a Inês hasta la muerte y terminaron decapitandola con sus espadas, lo cual fue presenciado por uno de sus hijos. Ella tan sólo tenía 29 años.

Representación en Grafifiti de Inês de Castro y Pedro I, Avenida da Índia, Lisboa, Portugal (de la colección de Galería de Arte Urbana)

Con el corazón roto e movido por la sed de venganza, cuando Pedro descubrió que su amada había sido brutalmente asesinada, declaró la guerra civil en contra de su padre y buscó a los asesinos. Fue rápidamente derrotado a pesar de todos sus esfuerzos, sin embargo dos años después, el rey Afonso murió y Pedro ascendió al trono en 1357.

Uno de sus primeros actos como rey fue su declaración en la que dijo que él e Inês se habían casado en secreto años antes, así que a pesar de estar muerta, esto la hacía la legítima reina y legitimaba a sus hijos como los legítimos herederos. Incluso hoy en día, siglos después, no ha habido nadie que pueda confirmar si esto fue o no verdad, ya que la palabra de Pedro es la única evidencia de que existía este matrimonio.

Hacer de Inês la reina póstuma del país no fue el acto más descabellado de Pedro como rey. Algunas versiones de la leyenda llevan el amor de Pedro por Inês a nuevas alturas, sugiriendo que después de declararla como la legítima reina, exhumó su cuerpo. Y como si fuera poco, Pedro después obligó a la corte entera a jurar su lealtad a su nueva reina y después besar su vestido en un acto que es más Shakesperiano que el propio Shakespeare. Pero claro, esto haría más trágica todavía, una historia que de por sí ya es trágica, un Pedro llevado a la locura por amor, pero esta parte de la historia sólo comenzó a circular en 1500, y las fuentes modernas no han encontrado evidencias de que esto haya sucedido. ¡Lo sentimos amigos del drama!

Tumba de Inês de Castro (de la colección del Monasterio de Alcobaça)
Tumba de Pedro I (de la colección del Monasterio de Alcobaça)

Este no fue el fin de la historia, porque seis años después, Pedro finalmente pudo completar su venganza sobre los asesinos de Inês. Después de años buscandolos, logró capturar a dos de los asesinos (el tercero logró escapar) intercambiandolos por fugitivos de Castilla. Pedro los ejecutó públicamente, sacándoles el corazón mientras estaban vivos, uno por el pecho y el otro por la espalda, imitando de esa manera cómo ellos habían destruido el suyo. Fue un acto que configuró su reinado, ya que después de ese suceso fue conocido por servir a la justicia de maneras brutales.

En un acto final de amor, en 1360, y para rendir homenaje a su reina póstuma, Pedro ordenó que el cuerpo de Inês fuera trasladado a Coimbra al real monasterio de Alcoçaba. Habia encomendado dos tumbas ornamentadas en mármol decoradas con escenas de sus vidas y la promesa de que estarían de nuevo juntos hasta el fin del mundo. De hecho las tumbas están una enfrente de la otra, permitiendo que Pedro e Inês se puedan ver en la otra vida.

La trágica historia de Inês ha sido inmortalizada en numerosas obras de teatro y poemas en portugués, español y francés, incluyendo “Os Lusíadas” por el famoso poeta portugués Luís de Camoês. Hay también cerca de 20 óperas y ballets creados acerca de Inês así como varias pinturas y piezas musicales

Las idas y venidas de esta historia hacen que sea fácil convertirlas en dramas. Pero mientras celebramos la pasión y romance entre este par de enamorados, es importante recordar al héroe real de esta historia: Inês. Arrastrada a una burbuja de amor, secretos y sacrificios, tuvo la mala fortuna de ser la única en pagar el precio por seguir a su corazón. Y es por eso que Inês, como la única reina póstuma, todavía ocupa un lugar importante en la historia de Portugal.

Dibujo de los disfraces del ballet de Pedro e Inês por José Barbosa (de la colección del Museu Nacional do teatro e da Dança)
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