Editorial Feature

Cómo influye la moda en Francia

Pascal Morand analiza la importancia de la moda para la economía francesa

La moda es un aspecto importante en el panorama económico y cultural francés. A fin de comprender su significado, primero debemos entender la auténtica realidad de los productos de moda. En mi opinión, el producto de moda presenta cuatro características: tiene una dimensión estética y artística, a menudo se asocia con un diseñador y una marca, da lugar a ciclos cortos y una renovación rápida, se encuentra en una tendencia actual y, a veces, puede determinar las tendencias del futuro.

Estos diversos aspectos enlazan con los comentarios de Charles Baudelaire sobre la modernidad, que percibía como «efímera, transitoria, contingente, que es la mitad del arte, cuya otra mitad es eterna e inmutable». La moda es una parte de la modernidad que integra la creatividad del diseñador y las aspiraciones del consumidor. Para todos nosotros, la moda está en el «aquí y ahora», al tiempo que recoge las tradiciones de nuestro pasado y perfila nuestro futuro.

La demoiselle de magasin, de James Tissot, 1878/1885 (de la colección de la Galería de Arte de Ontario)

La moda es una parte esencial de nuestra economía y sociedad. La actividad principal de la moda consiste en elegir cómo nos vestimos y acicalamos, llevar objetos que reflejan la identidad que deseamos proyectar y los estados de ánimo que fluyen a través de nosotros. La moda siempre fluctúa entre la expresión personal y una tendencia colectiva y conjunta.
De esta manera, la economía de la moda en su sentido más estricto se relaciona con los sectores económicos de nuestro entorno personal: las actividades de creación, producción y distribución de prendas, complementos de moda (zapatos, marroquinería, etc.), perfumes y cosmética. Estas actividades en su conjunto representan el 1,7 % del PIB de Francia, 2,7 % si incluimos el empleo, especialmente aquel relacionado con los servicios y sus repercusiones, que representa 1 millón de puestos de trabajo en total. Sorprende saber que el porcentaje supera al de las industrias de automoción y aeronáutica juntas.

Christian Dior Alta Costura, Primavera/Verano 1994, Gianfranco Ferré (de la colección de la Fundación Gianfranco Ferré)

No obstante, es la creatividad y no la clientela lo que impulsa a todas las grandes marcas francesas, al igual que a las numerosas firmas jóvenes. No es que malinterpreten a sus consumidores y sus clientes, sino que garantizan que sus diseñadores tengan libertad para expresar su talento artístico. Este enfoque preserva un sentido de continuidad con la tradición francesa, que ahonda sus raíces en el humanismo y el barroco, donde las sensaciones suscitadas por la obra de arte y el objeto tienen prioridad frente a su utilidad directa. Las marcas afirman su imaginación, despliegan vigor creativo y transmiten una emoción que resonará con los consumidores y resistirá el paso del tiempo.

Vista delantera del corsé vestido por Beyoncé, de Thierry Mugler (de la colección del Centro Nacional del Traje de Escena)

Este enfoque explica el peso económico de las marcas francesas más centradas en la creatividad y el desarrollo internacional, que solas alcanzan cifras de ventas internacionales de 45 millones de euros. La cifra se eleva a 67 mil millones si incluimos marcas de grupos franceses.

La creatividad y el éxito de los diseñadores y marcas de Francia es inseparable de la experiencia de los talleres y de los artesanos que fabrican sus productos. Esta cultura proviene directamente de la tradición de las artes decorativas y la alta costura. Documentado por primera vez en 1298 por Etienne Boileau, rector de París, la artesanía se desarrolló mediante la innovación de la técnica y alcanzó su época dorada durante el Segundo Imperio, antes de disfrutar de un resurgimiento con el art Decó. En cuanto a la alta costura, fue vaticinada por Rose Bertin, «Ministro de la Moda» de María Antonieta, quien comenzó a liberar el cuerpo femenino, mientras adornaba sus creaciones con bordados, encajes y pétalos de rosa.

María Antoineta, de Louise Elisabeth Vigée Lebrun, 1783 (de la colección del Palacio de Versalles)

Charles-Frédéric Worth, un británico que se asentó en París en 1845, fue el primero en determinar estos principios, antes de que el término «alta costura» se convirtiera en su nombre oficial un siglo después.

Traje de paseo y visita, de Woth y Bobergh, 1867 (de la colección del Instituto Albany de Historia y Arte)

Si bien la moda industrial y el funcionalismo han crecido desde la década de los 50, la moda francesa nunca ha rechazado los adornos ni ha dejado de nutrir el vínculo entre creación y técnica.

Vista de la instalación, vestido de noche, de Yves Saint Laurent, 1966 (de la colección del Museo de la Moda de Kobe)

Como consecuencia, en la industria manufacturera de la moda hay 140 000 puestos de trabajo que se centran en el desarrollo de productos individuales y pequeñas series, por lo que se mantienen más cerca de la artesanía tradicional que los métodos de la «gran industria».

Primer plano de Chanel, de Loomis Dean (de LIFE Photo Collection)

Las marcas cuentan con talleres propios donde decenas de miles de empleados altamente cualificados dan forma a las creaciones de los diseñadores y sus estudios, y garantizan la alta calidad de los prototipos. Además, hay 3000 empresas artesanales que integran continuamente la moda y el lujo.

Los conocimientos especializados en artesanía e industria se extienden por las regiones francesas. Algunas se han especializado, como el distrito de Choletais y la región de Lyon , especialistas en ropa y seda respectivamente. Pero es en París donde la moda se presenta a escala mundial.

Tejido con diseño de meandros de hojas y flores, anónimo, alrededor de 1730-1750 (de la colección del Museo de Arte del Condado de Los Ángeles)

La Semana de la Moda de París, celebrada tanto para la alta costura como para la moda femenina y masculina, abarca más de 38 días del año. Es con diferencia la semana de moda más internacional: el 50 % de las marcas que se exhiben no son francesas, con independencia de las grandes aperturas internacionales de marcas francesas.

Dior, Otoño/Invierno 2010, de Michael Howells (de la colección del Consejo Británico de la Moda)

La economía de la Semana de la Moda de París es importante por sí misma. Las exposiciones y eventos relacionados con esta generan más de 400 millones de euros anuales, sin contar las ferias vinculadas a la Semana de la Moda, a las que asisten decenas de miles de profesionales de todo el mundo, con un gasto total de más de 1200 millones de euros al año.

Sin duda, la revolución digital, que ya influye en todos los niveles de la cadena de valor, está transformando la moda. Ha llevado a una mayor individualización de los productos y servicios, a la promoción de la singularidad y al desarrollo continuo del conocimiento: un código de conducta cuyo punto de referencia es la alta costura. La moda francesa se enfrenta igualmente a los retos del desarrollo sostenible. Las marcas que encarnan la moda francesa abordarán esta cuestión en los próximos años para garantizar que su fiabilidad ecológica y social se convierte en el fundamento de su identidad.

Desde su efecto medioambiental, su valor creativo, a su importancia económica, la industria de la moda francesa es una parte esencial del pasado, presente y futuro de Francia.

Pascal Morand

Pascal Morand cuenta con un máster en Administración de la HEC Paris y un doctorado en Economía. En enero de 2016, fue nombrado presidente ejecutivo de la Fédération Française de la Couture, du Prêt-à-Porter des Couturiers et des Créateurs de mode. También es profesor de la ESCP Europe Business School y miembro de la Academia Nacional de Tecnologías de Francia.

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