Editorial Feature

Frida Kahlo y su escritura

Jaime Moreno Villarreal recuerda los secretos que la artista reveló en sus cartas personales

Cuando Frida era jovencita, solo una línea de tranvías unía el sureño pueblo de Coyoacán, donde vivía con sus padres y hermanas, con la Ciudad de México. En la casa de los Kahlo, no había automóvil ni teléfono. Para recibir una llamada telefónica, Frida tenía que acudir a una hora prefijada a la cercana lechería Pinzón, donde había un aparato. Si llegaba unos minutos tarde, perdía la llamada. Para una adolescente tan vivaz como era ella, la correspondencia postal se volvió medio utilísimo para mantener contacto con sus condiscípulos de la Escuela Nacional Preparatoria, sobre todo luego del accidente que la dejó postrada durante meses en casa. Conforme su convalecencia se alargó, Frida comenzó a sentirse aislada y desatendida por sus amigos, a quienes escribía cartas que, muy a menudo, no recibían respuesta. Entretanto, iba forjando a parrafadas un estilo conversacional muy característico: escribía haciéndose imaginariamente presente en una charla de intensa camaradería con sus cuatezones, plena de descripciones pintorescas y frases coloquiales. Incluso antes de asumirse como pintora, Frida fue conformando así un estilo literario de gran fuerza expresiva que desarrolló a lo largo de su vida.

Letter from Frida Kahlo to Alejandro Gómez Arias, 1925 (From the collection of Museo Dolores Olmedo)
Letter from Frida Kahlo to Alejandro Goómex Arias, 1938 (From the collection of Museo Dolores Olmedo)

Poco después de contraer matrimonio con Diego Rivera en 1929, la pareja viajó a residir a San Francisco, California. La joven esposa, de 23 años de edad, mantuvo entonces una correspondencia constante con su madre, en la que además de darle novedades del día a día —en tono de charla, pero también de comadreo— y pedir noticias de la familia, le expresaba sus preocupaciones de recién casada. En esas cartas aparece una Frida que se siente otra vez desatendida, ahora por su esposo: Diego se resiste a tener hijos, trabaja mañana, tarde y noche, la deja sola. Ella se aburre en las reuniones, se le dificulta comunicarse en inglés, preferiría dedicarse a pintar, cosa que apenas consigue hacer por breves temporadas. Surgen dificultades administrativas, pues sólo Diego aporta ingresos al hogar. Frida, que es ahorrativa, contribuye como puede a enviar un poco de dinero a sus padres, pero no le complace estar “pide y pide” a su esposo. Esquiva decirlo a las claras, pero entrelíneas filtra las cuitas que le provocan las infidelidades de Rivera.

Letter from Matilde Calderón de Kahlo to her daughter Frida Kahlo, 1932 (From the collection of National Museum of Women in the Arts)
Letter from Frida Kahlo to her mother Matilde Calderón de Kahlo, 1930 (From the collection of National Museum of Women in the Arts)

Durante su estancia en San Francisco, Frida conoció al doctor Leo Eloesser, a quien hará con plena confianza su médico personal. Al paso del tiempo, mantendrá con él una correspondencia en la que la relación médico-paciente se transforma en amistad íntima y confesional. Con su “doctorcito” Eloesser, Frida ya no se siente desatendida, ha hallado a alguien que en verdad se ocupa de ella. Sin abandonar el tono afectuoso, pero con una escritura que en algún momento se torna cruda y directa, llega a exponerle por carta padecimientos físicos y morales que adoptan el molde de una consulta médica. Frida es precisa al describir sus males, tribulaciones y dudas. Esta correspondencia es fundamental para conocer su historia clínica.

Letter from Matilde Calderón de Kahlo to her daughter Frida Kahlo, 1932 (From the collection of National Museum of Women in the Arts)

Es también por medio de una carta que Frida expresa en 1934 a sus amigos Ella y Bertram D. Wolfe “la pena más grande de su vida”: la traición amorosa de Diego con su propia hermana, Cristina Kahlo. Exaltada, admite haber creído ilusamente que podría cambiar la conducta promiscua de Diego; ahora piensa en la necesidad de separarse de él aunque lo sigue amando. Algunos meses más tarde, Frida le escribe a Diego una misiva en la que da su brazo a torcer, se muestra dispuesta a aceptar sus infidelidades, a las que llama simples “vaciladas” (es decir, diversiones) que no deberían echar por tierra el amor que existe entre ellos. Juguetona, pero patéticamente, Frida termina su carta con este ruego: “Quiéreme tantito. Te adoro.”

Letter from Frida Kahlo to Diego Rivera (From the collection of Archives of American Art, Smithsonian Institution)

Ya por entonces Frida hablaba y escribía fluidamente el inglés, y comenzaba a mantener múltiples relaciones amorosas tanto en México como en Estados Unidos, algunas de las cuales originaron intensos carteos que conservó a buen resguardo hasta su muerte. En algunas de esas cartas imprimía con colorete besos de sus labios, y al firmarlas usaba el mote sugestivo de “Xóchitl” (flor, en lengua náhuatl). En esas entregas postales con hombres y mujeres, no se explayaba sobre las contrariedades que le significaba poseer, a la vez que varios amantes, a Diego como eje de su vida. De tanto apasionamiento vivido en sus cartas, puede afirmarse que en sus confidencias más íntimas Frida aún guardaba secretos.

Telegram from Frida Kahlo to Emmy Lou Packard (From the collection of Archives of American Art, Smithsonian Institution)
Letter from Frida Kahlo to Emmy Lou Packard in San Francisco (From the collection of Archives of American Art, Smithsonian Institution)

La forma del secreto hallará contenedor en el libro en blanco que una amiga le obsequió, y donde escribirá y pintará su diario. El temperamento poético que nutría en tantas de sus conversaciones postales, se liberará ahí de otro modo, mediante la libre asociación y la escritura automática, procedimientos que Frida conoció a través de sus acercamientos al surrealismo. En ese diario, se interna en su inconsciente y sus sueños, ahonda en su relación con Diego y se obsesiona con sus propias ideas revolucionarias, acompasa su prosa, cae y recae en rimas y listados de palabras, fusionando la escritura con apuntes pictóricos a tinta, pastel o acuarela, y con algunos collages.

Críticos literarios y pictóricos concuerdan en la enorme riqueza lingüística, la inteligencia gratísima y el ingenio verbal que hay en la escritura de Frida Kahlo, que hoy es fuente indispensable para quien desee conocer un poco más de cerca su labor de artista.

Frida Kahlo's Diary, front cover (From the collection of Museo Dolores Olmedo)
por Jaime Moreno Villarreal
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