Editorial Feature

Frida en la Historia del Arte

La curadora Tere Arcq explora las influencias artísticas en Frida

Frida Kahlo es sin duda la pintora moderna de México más reconocida internacionalmente y gran parte de su fama se debe, sin duda, a la reflexión del mundo contemporáneo en torno a la manera única en que construyó su persona pública. Esto no siempre ha sido así. En vida, su trabajo fue eclipsado por la figura monumental de su esposo, Diego Rivera, el artista más aclamado de nuestro país en aquellos años. No fue sino hasta las décadas de 1970 y 1980, durante el auge de los movimientos feministas, que se comenzó el trabajo de recuperación de su obra. Su legado plástico constituye una narrativa biográfica excepcional donde a través del drama y una rica simbología relata sus experiencias íntimas, su dolor, sus creencias y pasiones. Esto constituye un reto para historiadores del arte y curadores; su vida y obra se encuentran íntimamente ligadas y su aportación artística puede diluirse ante la imponente biografía. La obra de Frida presenta un sincretismo fascinante de sistemas simbólicos y pictóricos de las más diversas procedencias que, plasmados en sus lienzos, empiezan a operar de otra manera, renovando los aspectos dramáticos de su concepción.

Autorretrato con changuito por Frida Kahlo (De la colección del Museo Dolores Olmedo)

Al lado de su padre, el fotógrafo de origen alemán Guillermo Kahlo, Frida aprendió desde niña a manejar la lente, a observar detalladamente los rostros, gestos y posturas de los clientes que acudían a su estudio, así como a adiestrarse en el uso del pincel para retocar las imágenes. Frida sabía -y esto se refleja tanto en sus pinturas, como en los múltiples retratos fotográficos que le realizaron a lo largo de su vida-, que era un recurso para inmortalizar su imagen y, en todos ellos, elegía cuidadosamente lo que deseaba proyectar. Desde su nacimiento y hasta el momento de su matrimonio con Diego, la vida de Frida transcurría entre Coyoacán, la Ciudad de México y algunos lugares aledaños, por los que las fuentes que nutrían sus creaciones provenían, en sus inicios, de lo que podía observar a su alrededor. El arte popular en algunas de sus manifestaciones como los ex votos, -esas pequeñas pinturas sobre lámina que los fieles comisionaban para agradecer los milagros recibidos y que decoraban atrios y capillas en las iglesias-, aparecen en sus cuadros a lo largo de los años.

Exvoto dedicado a la Virgen de Talpa por Frida Kahlo (De la colección del Museo Frida Kahlo)

Las relaciones amorosas y de amistad que Frida Kahlo sostuvo durante su vida, marcaron profundamente sus intereses. Cuando estudiaba en la Escuela Nacional Preparatoria (hoy Antiguo Colegio de San Ildefonso), conoció a su primer amor, Alejandro Gómez Arias, miembro de un grupo denominado “Los Cachuchas” que se identificaban con un movimiento vanguardista mexicano: los Estridentistas, fundado en 1921. Este grupo, inspirado en el Dadaísmo, rechazaba cualquier norma o institución y abogaba por una total libertad en la creación artística y surgió en respuesta al planteamiento posrevolucionario que enfatizaba la función social del arte. La admiración de estos jóvenes hacia artistas como Max Jacob, Francis Picabia, Marcel Duchamp, Picasso, Max Ernst, Giorgio de Chirico o Modigliani, entre otros, contagió a Frida y su influencia se deja sentir en sus pinturas tempranas, donde se retrata incluso con un vestido de terciopelo y un estilizado cuello alargado a la manera de Modigliani.

Autorretrato con vestido de terciopelo por Frida Kahlo (De la colección del Museo Dolores Olmedo)

Su unión con Diego Rivera marcó tal vez la influencia más importante en su vida y en su desarrollo como artista. El interés de Rivera por el pasado prehispánico y la recuperación de la historia y la cultura de México transformaron las creaciones y la identidad de Frida. A su lado surge su pasión por la indumentaria y joyería tradicionales, la gastronomía mexicana y el coleccionismo de arte popular. Acompañaba a Rivera en sus expediciones en busca de piezas prehispánicas para enriquecer su vasta colección y descubrió culturas ancestrales que la reconectaron con su propia historia familiar. Su madre era originaria de Oaxaca, y según consta en las fotografías familiares en la Casa Azul, el linaje femenino provenía del Istmo de Tehuantepec, un lugar donde se preservaba aún la cultura matriarcal. Frida se apropio de esta imagen poderosa y se retrata ataviada como Tehuana.

Diego Rivera mira a Frida Kahlo pintar el "Autorretrato como Tehuana" (De la colección de Cincinnati Art Museum)

Las comisiones murales de Rivera en San Francisco, Detroit y Nueva York le abrieron a Frida un panorama totalmente nuevo que fue marcando una transformación en su obra. Mientras Diego pasaba sus días en los andamios de algún edificio, Frida visitaba museos, asistía a obras de teatro y al cine con frecuencia y entablaba nuevas amistades con coleccionistas, artistas, escritores e intelectuales. En Nueva York, las obras que pudo apreciar en el Metropolitan Museum of Art y en el Museum of Modern Art, en especial los cuadros del Greco, Henri Rousseau y Salvador Dalí, dejaron una impronta que se asoma en sus pinturas. En aquella ciudad conoció también a la pintora Georgia O´Keefe, quien como ella, se valía del género tradicional de la naturaleza muerta como una estrategia para representar temas tabú como la sexualidad. Para Frida, las frutas y las flores le hablaban con un lenguaje provocativo, mostrando cosas ocultas.

Naturaleza muerta por Frida Kahlo (De la colección del Museo Frida Kahlo)

Fue también a través de Rivera que conoció a André Breton, el padre del surrealismo y quien jugaría un papel fundamental en su carrera. Gracias a sus gestiones tuvo la oportunidad de presentar su trabajo por primera vez en una exposición individual en Nueva York hacia 1938, en la galería de Julien Levy, -plataforma de los surrealistas en América-, y un año después en la muestra colectiva Mexique, que se presentó en la galería Renou & Colle en París. Así, Frida Kahlo se encontró de pronto inserta dentro del círculo surrealista y conoció personalmente a artistas de la talla de Paul Klee, Picasso y Joan Miró. Durante su estancia pasó varias semanas en la casa de Marcel Duchamp, un artista que admiraba profundamente y que tal vez inspiró su exploración del alter en ego en su pintura más célebre, Las dos Fridas, que realizó para la Exposición Internacional del Surrealismo en 1940.

Las dos Fridas por Frida Kahlo (De la colección del Museo de Arte Moderno)


Las fuentes que nutrieron el imaginario de Frida Kahlo son múltiples y la Casa Azul es una fuente inagotable para nuevos estudios e investigaciones. Las colecciones de arte popular y prehispánico, libros y catálogos de exposiciones, pinturas de otros artistas que admiraba, reproducciones en miniatura de cuadros y numerosos objetos resguardados en su armario han encontrado un lugar en sus pinturas. En esa reelaboración perpetua de su identidad, Kahlo concibió extraordinarias imágenes donde se convierte en objeto y sujeto del arte. Sus autorretratos y retratos simbólicos marcan una provocativa ruptura de la línea divisoria que separa el ámbito de lo público y de lo estrictamente privado. Kahlo sorprende por su poder visionario, por ser la primera mujer artista que se reveló contra los cánones del arte para realizar una exploración de su psique cargada de símbolos y mitos personales que ha inspirado la creación de numerosos artistas alrededor del mundo.

Sin título (Autorretrato con collar de espinas y colibrí) por Frida Kahlo (De la colección de Harry Ransom Center)
Por Tere Arcq
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