psicología del ciclo vital 

DJR 2º Trabajo Social y Educación Social EPD 13

Esta obra de arte de Bruce Nauman, describe los que son para mi los más importantes sustantivos abstractos que tienen los seres humanos en sus vidas. Un ejemplo de esto, puede ser el amor, todos lo hemos sentido, ya sea amando a alguien o siendo querido por otros. Además, se puede observar en la obra que las palabras están colocadas cerca de su opuesto. Por ejemplo, el amor está conectado al odio, la vida con la muerte, el placer con el dolor. Para finalizar, me gustaría decir que esta obra me recuerda un poco a mi vida. Cada palabra me lleva a recordar un lugar o una persona con los que sentí dolor, placer, amor, odio, vida y muerte.
INFANCIA Solemos decir que la infancia es la mejor etapa de la vida de una persona en la que no existen las preocupaciones y en la que no tenemos que decidir por nosotros. Una etapa que puede definirse como una parte de tu vida en la que todo te sorprende y te entusiasma, un conjunto de experiencias totalmente nuevas que disfrutas al máximo. Muchas personas dicen que solamente te preocupas por dormir, comer y jugar. Yo comparto esta idea, ya que recuerdo estos años jugando horas y horas en la calle, cogiendo la bici, merendando chocolate con pan y viendo las películas Disney los días que llovía y no se podía estar en la calle. Cuando recuerdo estos momentos se me dibuja una sonrisa en la cara al acordarme de todas las personas que pasaron conmigo aquellos años locos. Por eso he puesto la imagen del cuadro de Einar Hein, me transporta al campo de mis abuelos y a su pequeña casa que tienen, a correr por allí, a buscar espárragos con mis primas y al traspaso de los días escuchando las historias de mi abuelo mientras estábamos paseando. Todo esto pasaba en los primeros años de mi vida, unos años llenos de felicidad y de ilusión por el qué vendrá y por las cosas que hacía. Podría resumir esta etapa con una frase: “La infancia es la más bella de todas las estaciones de la vida”.
JUVENTUD Lo bien que sienta desplegar las alas, desmelenarse, sentir que vas a contracorriente aún haciendo lo mismo que otros muchos. La juventud se vive a sorbos, disfrutando cada trago, cada momento, alargando los buenos ratos y olvidando rápido los malos. Despacito y sin prisas. Nos hacen creer que tenemos la edad perfecta y estamos en el momento preciso de comernos el mundo. Tenemos la responsabilidad de tomar decisiones acertadas pero también de equivocarnos, de tener mil primeras veces, de inventar excusas que nos permitan hacer lo que más nos guste y de interesarnos por todo lo desconocido. Sabemos que la vida va en una única dirección pero de nosotros dependen los caminos y que mejor que tener ganas y ansias de andarlos. Sin quedarnos nunca atrás, con énfasis hasta el éxtasis, con una pasión desmedida y, por supuesto, sin más límites que los que nosotros mismos nos pongamos. En definitiva, la vida sólo espera con calma a que la vivas y la exprimas. Además, tenemos la gran suerte y la posibilidad de generar cientos de recuerdos, de ser felices y hacer que se nos note, de aparecer en el camino de personas y hacérselo más fácil, de crecer, aprender y demostrarlo, de enmarcar lugares y personas en nuestras memorias para la eternidad y de grabar hasta el último segundo de los instantes que disfrutamos. Para que llegados a una determinada edad sigamos con ganas de volar, y continuemos volando.
LA VIDA Aprendemos a vivir mientras vivimos, mientras contemplamos el paso del tiempo, los días fugaces, las horas pasajeras, los minutos eternos. Pero no debemos temerlo, que el tiempo todo lo cura, lo calma, lo suaviza y te enseña cosas que en algún momento creíste incompresibles. El tiempo es ese bien preciado que se va y no vuelve más, que se queda ahí como un recuerdo y, de vez en cuando, se nos parece en forma de memoria. Además, dicen que el tiempo todo lo olvida. Para mí más bien lo difumina, lo matiza. Con tiempo todo se hace mucho mejor, se ven las cosas con una perspectiva más nítida y clara, se aprecia la vida mucho más bonita. Cuanto menos, diferente. Y es bueno saber esperar cuando toca ser paciente y correr cuando hay que acelerar de golpe. Como dijo John Wesley “no tengo tiempo para tener prisa”. Es muy probable que todo esto no sea más que un puñado de palabras sin sentido alguno, o puede que únicamente tengamos que leer entre líneas, ordenar este barullo de letras y descubrir lo valioso que puede llegar a ser el tiempo. Cojámoslo bien fuerte mientras dispongamos de él y dejémoslo marchar cuando sea la hora. Pero jamás, nunca, lo malgastemos con el firme convencimiento de que podemos recuperarlo cada vez que se nos antoje. Porque no, el tiempo que se va nunca regresa. ¡Cuántas cosas nos quedan por vivir, por soñar, por hacer realidad!
Vida que incluye tener salud, pero que es mucho más que respirar sin que nada te duela. Consiste en disfrutar y hacer disfrutar pese a todo, en contagiar a todo tu entorno de ganas de más. Consiste en transformar el camino por el que transitas, en dejar el mundo aunque sea sólo un poco más bonito de lo que te lo encontraste. Vida que consiste en intentar no robarle la energía a nadie, sino en tratar de recargársela. Vida que consiste en ser más motor que remolque. Batería extra para la alegría de los demás. Vida que consiste en vivirla, en disfrutar cada instante, en darte cuenta de las cosas que te quedan por contemplar, en la cantidad de gente que te queda por conocer… Por eso baila, baila sin miedo, ni restricción. Baila sin presión y con devoción. Baila bailando, sin ganas o con todas. Bailar contigo. Bailar sin ton, ni son. Bailar y despeinarnos. Que de eso se trata, de bailar como nunca lo haríamos, como nunca lo hicimos, como si nunca más se volviera a repetir. Bailar sin que importe nada más. Bailar sin remordimiento. Bailar y que la vida nos pille bailando. Que la vida es baile y nosotros elegimos la canción.
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