Sin definición

Nos empeñamos una y otra vez en querer poner nombres y etiquetas. No nos damos cuenta de lo valioso que puede llegar a ser el hecho de no saber como expresar con palabras algo que simplemente hacemos y que nos hace sentir. Sin más, sentir. Es por eso que esta galería lleva por título, y aun así se convierte en una paradoja, porque ya es ponerle nombre, "Sin definición". Encontrarás reflexiones en general sobre la vida, los años que pasan tan rápido por esta, la llegada de la muerte, los cambios que se producen en el transcurso, la infancia, las ganas, los placeres...A mí escribir y tener en el pensamiento una obra me ha hecho pensar en aquellas veces que visitas un museo y observas como alguien, un desconocido, lleva parado frente a una obra un largo rato. Te preguntas qué estará pensando y acabas por aceptar que no llegarás probablemente a sentir ni a pensar lo que a esa persona se le está pasando por la imaginación. Y es ahí donde está el arte. En en el aquí, en el ahora, en ver la belleza en todo lo que te ofrezca la vida, sin intentar llamarlo a todo por su nombre, porque simplemente, para cada uno de nosotros hay cosas alrededor que pueden estar "sin definición" porque nunca antes las hemos sentido y a las que hay que descubrir desnudas para nombrarlas a nuestra manera.

Desde la esencia ¿Por qué en un museo en el cual se muestran obras con desnudos no se acepta la desnudez del visitante? ¿De qué parece que se tiene más miedo? ¿Del cuerpo que es vida misma? ¿O quizás del alma que es vida construida? La desnudez es el arte de mostrarse sin más posesión que lo que ya se lleva consigo y yo me sigo preguntando si existe algo más puro que no necesitar nada porque ya se está provisto de ello. El alma que se alimenta con los años a medida que crecemos por dentro, se muestra por fuera al habitar un cuerpo. Por eso quizás Cicerón entonó aquello de "la cara es el reflejo del alma y los ojos son sus intérpretes". Tal y como una madre trae al mundo o tal y como te entregas al amor, desnudos nos vemos, aunque nos vendan que hay que protegerse. Desde que naces hasta que mueres, de una u otra forma, te dicen "vístete". Pero no solo con telas se visten las personas, de hecho, algunas por desgracia, ni pueden hacerlo dignamente. Verdades, mentiras, cargas, excusas, alegrías, conocimientos, problemas, expectativas, triunfos y fracasos...todos ellos son ropajes, más o menos pesados, que durante la vida nos visten y nos muestran a los demás. Sé tú quién elija como "vestirse" o como "no vestirse" más bien. Intenta evitar escondites que alejen a los demás de ti. Somos sociales, necesitamos como estas mujeres, relacionarnos, entrelazar las manos, estar cerca, mirarnos y conocernos sin demasiada distancia. Muéstrate desnudo, transparente; quién te quiera, así lo hará y quién no, se marchará por haber mirado de frente a la desnudez y haberse aterrado de lo sincera que puede ser.
¡Ay, camaleón! Como un camaleón, las cosas cambian. Desde pequeños nos hacen ver que existen dos figuras, aquellos que nos han traído al mundo, aquellos por los que estamos aquí: madre y padre. Ahora bien, hay muchos tipos de familia, aunque uno sea el que prime porque haya sido así desde el origen de los tiempos. Lo que cambia es el concepto de lo que esperamos de un padre y una madre. Por fortuna a mi juicio la sociedad avanza, no dando pasos de gigante, pero evoluciona. ¿Por qué tener la figura de la madre siempre como referente? ¿No puede un hombre solo criar a un niño? ¿Qué nos hace pensar firmemente que dos hombres no pueden actuar como ambos padres de una criatura o al revés? ¿Qué nos hace afirmar que una mujer no puede ejercer la supuesta figura que se le atribuye al padre? ¿Por qué en el siglo XXI todavía cuesta aceptar que una persona puede sacar sola una familia? Estas preguntas son la demostración de lo marcados que tenemos en la sociedad los roles de género. Han sido muchas las mujeres a lo largo de la historia que se han visto obligadas a ejercer de padre y madre; y también hombres, como mi padre, que aun con su mujer los primeros años de mi infancia, después han logrado seguir adelante solos. ¿Quién tiene potestad hoy día para atreverse a definir el concepto de familia? Siempre que hablemos de unión entre las partes, una mujer y un hombre son una familia. Dos hombres, son una familia. Dos mujeres, son una familia. Todos ellos juntos con hijos, son una familia. Mis amigas y yo, somos una familia. Humildemente para mí, familia es aquello que te acoge y que comparte contigo tu día a día, tu vida, sin juzgar porque dicen que es que hace falta la figura del padre, o de la madre, o de cómo va a ser eso de que dos hombres, sin una mujer, sean capaces de criar “bien” a un niño. ¿Qué es criar bien? ¿Quién es nadie para dar lecciones? El día que hablemos de personas, en vez de hombres y mujeres, ese día, se habrá evolucionado en tantos ámbitos que no seremos conscientes de lo que hemos llegado a lograr abriendo la mente. Ese día quizás el camaleón, deja de ser tan camaleón.
La vida pasar Hoy me he parado a ver la vida pasar. Y te preguntarás, ¿cómo se ve la vida pasar? Una estación de tren, una espera por un amigo que se va y al que al final el destino no quiere que veas y gente a tu alrededor, mucha gente a tu alrededor. Esos son los ingredientes de cómo he sentido ver la vida pasar. Pretendía dar una sorpresa, por eso me aventuré a acercarme a los andenes sin más información que una hora de salida y un lugar de destino. Pero parece que me equivoqué de tren. El hecho importante aquí es que mientras esperaba apoyada en la pared, pasó casi una hora y vi la vida pasar en la vida de la gente. Algunos se llevaron un buen rato haciendo cola para pasar los controles, otros, sin embargo, llegaban corriendo minutos antes de que saliera el tren. Una chica, sobrepasada la hora de salida, pero estando todavía el tren parado, no pudo montar en él, no se lo permitieron. Imagino que, si la impuntualidad es algo que le caracteriza, a partir de ahora intentará no serlo. Otros se besaban como si no hubiera un mañana, era hasta bonito verlo, porque a veces en ese sentido el tiempo se para y te crees que estás en la escena de una película, la misma escena en la que siempre sueles decir “eso no pasa en la vida real”. Pues sí, sí que pasa o al menos en el momento en que yo lo presencié. Otros, por el contrario, tenían suficiente con un beso en la mejilla, pero un abrazo de varios minutos que denotaba una sincera y sentida despedida. Me hacía gracia como algunas personas cada dos minutos miraban y comprobaban el pasaje en el bolso, el móvil, la cartera, etc. porque me sentí identificada. Quieres tenerlo todo tan controlado y que no se te olvide nada, que te obsesionas con que algo importante no lo llevas contigo. Después está la gente que parece que se va a dejar el brazo diciendo adiós con la mano desde las barandillas y que hasta que no ve el tren marcharse no se queda tranquila; y aquellos que quieren que todo pase rápido, te dejan con el coche en la puerta principal de la estación y se marchan, no sin antes decirte “cuídate mucho por favor y avísame al llegar”. Y después de todo esto, he salido pensando que últimamente desear con todas tus fuerzas que alguien esté bien mientras viaja, no te garantiza que vaya a ser así. Siempre las ha habido, pero ahora es una época en la que se están haciendo notar hombres y mujeres a los que no le importa en absoluto la vida de los demás. No respetan la infancia cuando arman a niños como soldados o cuando los matan y presumen de sus cabezas; no respetan la juventud cuando inculcan una verdad que no existe, que su Dios no proclamó, metiéndole pájaros en la cabeza y aprovechándose de su etapa de cambio y evolución; y no respetan la adultez ni la vejez cuando asesinan de un plumazo a personas que estaban en el hall de un aeropuerto, o en el andén de una estación. Y así, salí pensando de Santa Justa la importancia que tiene ser consciente de que cada momento puede ser el último, porque como yo a mi amigo, al que le di un último beso hace cinco días y al que no he podido darle otro de despedida, esos viajeros y cuesta decirlo, ojalá no tengan que arrastrarse por un andén malheridos o víctimas del ataque de unas personas que no respetan ni ciclos vitales ni tonterías como vivir. Porque total, parece que, para ellos, vivir es una tontería que no merece ningún valor y a mí me hierve la sangre al pensar en todas las personas a las que he observado por una hora y que se me pase siquiera por la cabeza que podrían ser los próximos muertos.
Ni tapiz ni pintor Qué cierto es aquello de que hay que vivir cada etapa. Es una paradoja como cuándo eres niño quieres convertirte en mayor, y cuándo eres adulto, deseas, en la mayoría de los casos, volver a la infancia. ¿Por qué parece que nunca estamos contentos? ¿Qué es lo que no nos permite estar a gusto con el momento que vivimos? ¿Por qué siempre andamos añorando aquello que ya no tenemos? ¿Es difícil encontrar la felicidad en el instante en el que estás sin demorarte en el que ya pasó? ¿Tanto cuesta decirnos a nosotros mismos “no seré ayer, no seré mañana, seré hoy”? ¿Gastamos la vida quizás deseando vanamente actuar como una máquina del tiempo que sabemos que no existe? Si la vida son dos trazos y un borrón, por qué quedarnos aguardando a que se pinte una ocasión que no va a tener ni tapiz ni pintor. No volverás a ser un niño por mucho que te subas a un columpio, por mucho que te sientes en el pupitre de tu antiguo colegio o por mucho que hagas como el que no tiene más responsabilidades que cuidar de su peluche. Ojalá se pudiera, pero no se puede. Por eso es tan importante y estamos cansados además de que nos lo digan personas bastantes más mayores que nosotros y que por tanto juegan este partido con ventaja, el hecho de que vivamos el momento en el que estemos como si fuera el último. Nunca volveremos a ser ni a estar como hoy. Llegarán nuevas metas que te harán crecer, ya no de niño a adulto, sino que madurará tanto el alma infantil que tienes escondida y que siempre estará, como la vieja que asomará con los años. Hay trozos del alma, que, aunque ya no te tengan, niña, siempre preguntan por ti y es por ello, por la mujer que entonces no eras, pero por la mujer que estás llegando a ser, por lo que vale la pena vivir hoy.
Resistir Me gusta pensar que las personas hemos venido al mundo para remar todos juntos. Hemos venido a no rendirnos, a cuestionarnos lo que otros no se cuestionaron, a ser conscientes de nuestro lugar en una civilización a veces sin lugar, a estar atentos de quién rema para otra dirección para poder echarle una mano porque en ese momento lo que toca es remar hacia delante...Hemos venido para tantas cosas que a veces se nos queda corta la vida. El"no llenes tu vida de años, llena tus años de vida" llega a muchos tarde, cuando ya han desperdiciado el tiempo que se les ha regalado y eso es algo que no vuelve. Cuando entregas tu tiempo a alguien o a alguna causa, estás entregando algo que no volverás a tener, por eso es tan importante distinguir lo banal de lo esencial. Mientras te toque ser martillo, dale duro y cuando te toque ser clavo, aguanta duro también. Cada momento es único, no hay instantes vacíos. Absolutamente todos esconden su misterio y es así como nos damos cuenta que la felicidad es una cualidad evasiva: si la buscas, no la encuentras. Hay que dejar fluir, como el agua, que tras golpear la barca, sigue su curso.
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