Los muros del paraíso

Exposición creada por alumnos de 2º ESO A del IES Dos Mares de San Pedro del Pinatar sobre las imágenes del paraíso en el arte medieval y moderno

La arquitectura islámica es una síntesis de elementos bizantinos, cristianos, coptos, etc. Los edificios suelen ser poco altos, y siempre parecen estar en armonía con el paisaje. Utilizó no tanto la piedra como la piedra de mazonería, el yeso y, sobre todo, el ladrillo. Estos materiales se recubrían, la mayoría de veces, con trabajos de ornamentación ricos y refinados en techos y muros. Los elementos de soporte eran el pilar y la columna; el capitel imitando el corintio y todo tipo de arcos. En los arcos, se alternaban las dovelas de colores (rojo y blanco) o los motivos decorativos. Las cubiertas podían ser alindadas, a dos aguas en madrea, o bien rodeadas o cerradas por una cúpula. Destaca la bóveda de crucería pero los nervios no se cruzan en el centro, sino que dejan un espacio interior cuadrado o poligonal. El exterior de los edificios solían ser bastante austero, pero el interior presentaba una decoración refinada con yeso policromo, lacería y motivos epigráficos. La influencia bizantina se pone de manifiesto: se excluyen los motivos animados y, en cambio, abundan los de carácter vegetal, los geométricos, los epigráficos y los de lacería (lazos).
Se planeó para su construcción de la mezquita de Córdoba una sala de oraciones con nueve naves longitudinales en cuya fachada se alzaba un minarete. Se construyó una nave central era más ancha y articulada mediante arcos de herradura que descansaban en columnas reutilizadas de monumentos romanos y visigodos. También los capiteles rematados por un gran sotabanco, llevaban además de los arcos de herradura, pilares ligeros entre el extradós. Se hizo también un segundo piso de arcos de medio punto unía estos pilares y sostenía el techo. Los acueductos romanos pudieron dar la idea de este procedimiento constructivo, además de la utilización de ladrillo rojo y piedra blanca para los dovelas de los arcos. Las de arranque estaban en disposición horizontal, y se despiezan radialmente al centro del arco. Éste va enmarcado por un alfiz, elemento decorativo de la arquitectura hispanomusulmana, derivado de la romana. La nave que precede al mihrab tiene dos cúpulas que presentaban arcos entrecruzados, uniendo el espacio hemisférico.
La flama de esta lámpara representa la presencia divina, la paz y la armonía. La "menorah" es uno de los símbolos más antiguos del judaísmo. Sus orígenes se remontan a los días del éxodo de Egipto cuando los judíos deambulaban por el desierto del Sinaí. A partir de este momento, la menorah se convirtió en un símbolo nacional judío que se utilizó como elemento artístico y religioso. Apareció en sinagogas, en lápidas, en mosaicos y sellos, con lo que eventualmente se universalizó su imagen. Para los místicos, cada brazo del candelabro simboliza uno de los siete días de la creación, como representación del origen de la vida. La luz que irradian las lámparas de la "menorah" cuando se encuentran encendidas, simboliza la presencia divina y con ella su perenne protección del hombre y la preservación de la paz y la esperanza. Es el resplandor que ilumina al mundo, guiando así al ser humano por el camino del bien.
En lo arquitectónico, la sinagoga es una sala, en cuya pared orientada hacia Jerusalén hay un arco o armario (hejal o arón hacodes) donde se guardan los sagrados rollos manuscritos (sefarim) de la Torá. Frente al hejal hay un pupitre (tebá) para la lectura de los textos litúrgicos por parte del oficiante que en la tradición sefardí de raigambre hispana suele estar situado en el centro de la sala. La tebá está rodeada de asientos para los fieles y en un algún lugar se mantiene permanentemente encendida una lámpara (tamid). Las mujeres tienen un lugar reservado ('azará), a menudo una galería en un piso superior, en ocasiones cubierta por una celosía.
El tema principal consiste en la visión apocalíptica de Cristo conocida como Pantocrátor flanqueado por dos ángeles mientras a sus pies aparecen de dentro medallones el tetramorfos o representación de los cuatro evangelistas. El Pantocrátor está inscrito en la mandorla mística y aparecen la primera y última letra del alfabeto griego, Α (alfa) y Ω (omega), como símbolo de principio y fin de todas de las cosas. El resto de personajes representados son Santo Tomás , San Bartolomé y la Virgen, junto a San Juan, Santiago y San Felipe.
El Descendimiento de Erill la Vall es un conjunto de siete esculturas de madera de álamo de la Iglesia de Santa Eulalia de Erill-la-Vall. Están repartidas entre el MNAC y el Museo Episcopal de Vich. Es una de las obras más significativas de la escultura en Cataluña del siglo XII-XIII. Las siete figuras representan al Cristo, en el centro; José de Arimatea, sosteniéndole; Nicodemo, que está desclavando la mano del crucificado; los dos ladrones Dimas y Gestas, y la Virgen María con Juan el Bautista. Fueron descubiertas y dadas a conocer en 1907 por el Instituto de Estudios Catalanes.
La representación de la Virgen María, sola o con el niño como Madre de Dios, suele hacerse más femenina y maternal, con una suave y elegante curva compositiva, las figuras transmiten sentimientos. En contraste con las vírgenes del románico ("Sedes sapientiae") que tienen un papel reducido a ser un simple trono donde Cristo se sienta para gobernar al mundo. La Coronación de la Virgen fue uno de los temas mariológicos más frecuente a partir del siglo XII, esta representación simbolizaba el triunfo de María pero a la vez el de la Iglesia y se encontraba reforzada por los textos del "Cántico de los cánticos" y del Libro de los "Salmos" que se leían durante la liturgia de las fiestas marianas.
La iglesia representada en el fondo de la composición es de un estilo románico con elementos góticos. Hay puntiagudas copas encima María, y la nave es estrecha. Está compuesta por una columnata unida por entablamentos y cubiertas con arcos de medio punto. Las columnas son de mármol rosa, rojo y púrpura. Cada uno de los capiteles está decorado. La bóveda es visible en las naves laterales, pero no en la nave central.
El Renacimiento tiene un canon de belleza semejante al del mundo clásico, que se basa sobre todo en la armonía y en la proporción. En esta época Italia pasa a ser el referente artístico de todo el continente, ya que todas las artes reflejaron este canon de belleza del mismo modo. En el Renacimiento se sigue defendiendo la idea básica de belleza como armonía de proporciones, y sus grandes creadores se afanarán por encontrar los más perfectos cánones de belleza; así, algunos afirman que lo bello se reconoce por la proporción y armonía que muestren los objetos hermosos. Y, entonces, el concepto antiguo de belleza como armonía de las proporciones adquiere en el Renacimiento una interpretación científica acorde con la cultura y los descubrimientos del tiempo.
Esta Sagrada Familia, conocida como Tondo Doni, es un cuadro del pintor renacentista italiano Miguel Ángel. Su diámetro alcanza los 120 centímetros. Se considera que esta obra se ejecutó entre el 1503 y el 1504. Miguel Ángel empleó dos medios para esta obra, témpera y óleo. El efecto colorista de Miguel Ángel se llama "cangianti" y es típico de su estilo pictórico. Es el único panel de madera pintado por Miguel Ángel. Fue un encargo de Agnolo Doni, un rico tejedor, para conmemorar su matrimonio con Alex Cecala, la hija de una famosa familia de banqueros. En primer plano está la Virgen con el Niño y detrás, san José, de grandiosas proporciones y dinámicamente articulado. María y José presentan al Niño al espectador. Esta composición de presentación podría estar refiriéndose al nombre del comitente de la pieza Doni, en italiano "regalos", y ayuda a fundamentar la tesis de que fuera él quien lo encargó.
Miguel Ángel Buonarroti, artista del periodo renacentista, era un personaje con un estilo que se clasificaba de grandioso. Tenía una gran fuerza y un gran potencial que demostraba sobre todo en sus esculturas, con un vigor y una terrible mirada llena de ira como se aprecia en algunas de sus obras como el "David" o el "Moisés". El propio carácter de genio vivo temperamental y exaltado del artista, le dotaba para realizar la mayor expresividad en la creación tanto de sus esculturas como de sus pinturas.
En el barroco se buscan los modelos de la naturaleza sin proceder a su idealización, incluso llegando al naturalismo, la preocupación por representación de estado psicológico, de los sentimientos (dolor, alegría, etc). En no pocas ocasiones la luz se pone al servicio del realismo, resaltando texturas y superficies. El tenebrismo destaca por sus composiciones simples donde la luz lateral provoca una fuerte oposición entre las zonas iluminadas y las sombras.El fondo oscuro del cuadro pone de relieve las figuras cuya suavidad llega hasta la ambigüedad.
La compañía de Jesús, cuyos miembros son comúnmente conocidos como jesuitas, es una orden religiosa de la Iglesia católica fundada en 1539 por san Ignacio de Loyola, junto con san Francisco Javier, san Pedro Fabro, Diego Laínez, Alfonso Salmerón,Nicolás de Bobadilla, Simão Rodrigues, Juan Coduri, Pascasio Broët y Claudio Jayo en la ciudad de Roma, siendo aprobada por el Papa Pablo III en 1540. La Compañía de Jesús, es una orden religiosa de carácter apostólico y sacerdotal, aunque la conforman también hermanos, es decir, religiosos no sacerdotes y que no son monjes. Fue la orden religiosa más importante de la Contrarreforma.
La imaginería es una especialidad del arte de la escultura, dedicada a la representación plástica de temas religiosos, por lo común realista y con finalidad devocional, litúrgica, procesional o catequética. Si bien la representación plástica de los misterios religiosos acompaña al Cristianismo desde sus primeros siglos, será con el arte Románico y Gótico (siglos XII-XV) donde comience la evolución de la escultura en madera o imaginería, con fin catequético. Hasta el Renacimiento tienen mucha importancia los maestros flamencos y franceses. Sin embargo a partir del Concilio de Trento (1545 - 1563) la Iglesia Católica, en respuesta a la Reforma luterana, decide potenciar las artes plásticas como medio de alcanzar la atención de los fieles. Los dirigentes barrocos parten del convencimiento absoluto de que el paso procesional que sacan las cofradías penitenciales a la calle buscando el encuentro con el fiel que no entra en la iglesia, con figuras en permanente movimiento que catan la atención del espectador y le transmiten a necesaria confianza que se ha de tener hacia los seres celestiales, es el mejor vehículo para enseñar ortodoxamente el drama del Calvario a una población iletrada.
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