El viaje de la vida

La siguiente galería es el producto del trabajo desarrollado en las sesiones de EPD de la asignatura Psicología del Desarrollo del Ciclo Vital, de la alumna Marta Durán Fernández. ¡Esperamos sea de su agrado!

La vida, desde el primer balbuceo al nacer hasta el último sabio suspiro, es un tránsito, un camino que se presenta de manera diversa para cada uno. Para algunos el camino se presenta de manera turbulenta, para otros como un fácil y tranquilo sendero, puede ser que éste sea intenso y breve o una larga ruta por recorrer... Hay caminos que confluyen (y qué triste sería si esto no sucediera), y se hermanan, y se enriquecen de las experiencias del otro. Pero, en medio de este relío de laberintos diferentes, de caminos diversos, ¿podemos hayar un vago patrón que se repita, que se encuentre en el camino de todos, en la vida de todos? En tiempos en los que las guerras entre hermanos y hermanas se perpetúan, en tiempos de explotación, de dominación, de la proliferación de ideologías racistas y xenófobas, del miedo al otro porque sea extraño... ¿no sería hermoso encontrar algo que nos una a todos los seres humanos? ¿No sería hermoso darnos cuenta de que, detrás de nuestros diferentes rostros, todos sentimos con un corazón y pensamos con una mente? Espero que algún día podamos aprender a dejar a un lado las diferencias y a buscar en su lugar eso que nos une, eso que es intrínseco a todos.
Este cuadro me evoca a la primera etapa de la que normalmente tenemos consciencia, la infancia. Si hay algo que pueda caracterizar a esta es la inocencia en su estado puro, reflejada en una mirada y una sonrisa siempre sinceras. Es en esta etapa cuando comenzamos a tener conciencia del entorno que nos rodea y a tener nuestras primerizas experiencias con este: comenzamos a observarlo en profundidad, nos surgen mil cuestiones acerca de él, empiezan las primeras categorizaciones de este... Surgen también los primeros lazos afectivos, con nuestra familia más cercana, con las primeras amistades... ¿Quien no recuerda ese amigo o amiga de la infancia con el que pasaste tan buenos ratos simplemente jugando y dejando volar la imaginación? Creo que es inevitable retroceder en la memoria hasta esta etapa y no sentir las ganas de revivirla, de volver a ser ese niño o esa niña que no tenía consciencia de los problemas que más tarde se le presentarían en las venideras etapas vitales. Al fin y al cabo, una etapa sin preocupaciones, centrada en el desarrollo pleno de nuestra personalidad.
Este cuadro me evoca a la etapa de la adolescencia. Una etapa llena de claros y oscuros, de tempestades y dudas, en la que ya no te tratan como un niño, pero tampoco tienes los mismo derechos que un adulto. ¿Quién eres? ¿Quién soy? se pregunta la chica de azul rostro sin mucho éxito. Al final se convierte en una etapa de autoconocimiento, de la búsqueda incesante de nuestra identidad y nuestra ideología. La chica de rostro azul no está segura de saber lo que quiere, y para colmo siente como su entorno la mira incesantemente con una lupa en cada decisión que toma, su familia, sus amigos, sus profesores... ¡Si por lo menos ellos se pusieran de acuerdo! Sin embargo no es así, para los amigos de la chica de rostro azul lo que se debe hacer es una cosa, mientras que para su familia y su escuela es otra. Es por ello que los duendecillos rojos y azules que danzan por sus cabellos cada día nunca se ponen de acuerdo. Y eso la hace ponerse triste, cada vez más azul, y no entender nada.
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