Vincent van Gogh  Las arremolinantes y turbulentas  obras de un impresionista.

Desde su turbulenta vida, Van Gogh conmocionó el universo del arte.  Su vida y su forma de pintar, la articulación existente entre las múltiples crisis y las innovaciones estéticas, las experiencias de placer y de dolor, le dieron a su figura un notable valor estético y ético.

Al psicoanálisis le fue extremadamente beneficioso contar con las 650 cartas que le escribió a su hermano Théo, marchante de arte en París, quien le prestó apoyo financiero de manera continua y desinteresada. La gran amistad entre ellos está documentada en estas cartas que se intercambiaron desde agosto de 1872.

Este ejercicio ha  permitido relacionar el campo de la palabra con el de la representación visual, el cual lo explica y lo refuerza. La extraordinaria y fiel presentación de su ser interno hace de estas cartas casi sesiones psicoanalíticas en las que están presentes el inconsciente, la transferencia y la exaltada búsqueda de verdades interiores.

En las cartas Van Gogh valorizó y reafirmó la función creadora de la pasión, su pasión y descubre una disposición encarnizada para hacer del éxtasis y del frenesí, de la angustia y la desesperación, obras de arte. Es decir sus emociones puras manifestadas totalmente por medio del trazo, el movimiento y el color; los mismos que fueron transformándose en un lenguaje artístico, en metáforas visuales que tienen el poder de expresar, como quizá nadie lo había logrado antes, la dimensión estética que la pasión tiene sobre la mente.

Y es aquí donde yo logro anclar el arte mítico e icónico de Vincent Van Gogh como representante de un movimiento con la filosofía de Claude Lévi-Strauss, ya que él no solo ve al artista como un creador, lo ve sobre todo como un transformador de la realidad, el cual nos quiere mostrar por medio de códigos diversos marcados por alguna circunstancia en particular, su visión, así como los objetos y sujetos distintos que lo complementan. El artista es el creador de un lenguaje nuevo que se articula de manera distinta a la verbal, pero que en cada una de sus formas lleva implícito un mensaje que deberá transmitirse a diferentes espectadores, deseando en el mejor de los casos que éste sea entendido y asimilado, lo que generará un diálogo entre obra, creador y espectador. De otra forma y ante el poco entendimiento de dichos códigos el mensaje podría no ser bien recibido e igualmente mal interpretado, tal como sucede con la crítica tan cruda recibida por Van Gogh y su obra o su estilo artístico.

Y justo ahí es donde radica la importancia que Lévi-Strauss le confiere al signo y su directa relación con el objeto, sujeto o circunstancia, ya que éste determinará con precisión el significado de la obra y para quien lo hace significante. Por lo tanto la labor del artista durante el proceso creativo, antes, durante y después de la realización de la obra,  será establecer dicha relación, lo que le permitirá hacer de su representación un lenguaje más expresivo y significativo, y al mismo tiempo estará generando un objeto nuevo, la obra completa.

Esta tarea, la de significar al objeto, es decir lograr que por medio de su representación o expresión bajo ciertas circunstancias o cualidades, una idea o un pensamiento de algo material adquieran notoriedad, tenga presencia y obtengan importancia, no es de ninguna manera un trabajo simple, y mi pregunta es ¿qué no cada obra al final de su proceso logra obtener esta importancia en sí misma gracias a la dedicación, los métodos y la inspiración del artista? Es cierto que no con todas las obras suceden situaciones como ésta, solo las más representativas logran llegar hasta este punto clave y es entonces cuando estas obras cargadas de significados se vuelven íconos, signos estructuralmente mucho más complejos pero también más específicos, los cuales tienen como función ser los representantes por así decirlo y en este caso en particular de un movimiento como tal.

Y esto es lo que la obra de Van Gogh logra con muchas de las representaciones que realiza de su entono inmediato, ya que carga y recarga a la misma de simbolismos emocionalmente importantes e impactantes; con el grosor del trazo, la violencia del color, el espesor de la pintura, la ondulación vibrante y torturada de la línea, Van Gogh creó un código pasional que no dejó de enriquecer ni en las etapas de mayor crisis, ni mucho menos hacía el final de su vida.El trazo de Van Gogh es apasionadamente estructurado, aumenta en intensidad, movimiento, fuerza y vibración. Los remolinos dominan cada una de las escenas vistas y creadas por él desde la entraña y desde su mente atormentada y claramente perturbada, en muchas de sus obras.

Para ejemplificar mejor lo dicho anteriormente, tenemos una de las obras más conocidas de Van Gogh, la Noche estrellada en Arlés, en este lienzo  las pinceladas han logrado plasmar de una manera exacta el fenómeno de la turbulencia atmosférica el cual, se caracteriza por trayectorias circulares un tanto erráticas, semejantes a remolinos los cuales representó en la pintura con extraordinaria maestría, técnicamente Van Gogh re interpreta el movimiento circulatorio con su pincel logrando congelar, representar y transmitir fielmente esa sensación de movimiento. En 1884 escribe a Théo:“Yo no quiero de ninguna manera suprimir el sufrimiento porque es él quien hace expresarse más energicamentes a los artistas”

Y es justo aquí donde la forma expresiva de la que nos habla Susan Langer encaja, por la disposición de cada una de las formas, trazos y movimientos que componen la obra y que al mismo tiempo se manifiestan como la representación viva de lo que Van Gogh siente y piensa.

Como todos y cada uno de los diferentes tipos de formas, lógica, formal y material se ajustan de tal manera que se vuelven congruentes con el pensamiento, la emocionalidad y la técnica representativa del artista, relacionándose y adoptando aspectos semejantes entre sí que le permite cumplir con determinada función y representar sus cualidades; en este caso específico el movimiento.

Cada pincelada en la Noche estrellada de Arlés representa una aproximación de lo que no podemos percibir a simple vista, en este caso el fenómeno de la turbulencia atmosférica. Bien a bien no sabemos si Van Gogh fue en realidad capaz de ver lo que otros pintores no, o si en alguna de sus muchas crisis alucinantes ideó y representó dichas formas.

Langer nos habla de las formas dinámicas y estáticas presentes en la naturaleza, lo que se traduce en el registro del movimiento dinámico y que en el arte denomina “la forma viva”.  Para Van Gogh este fue su método de creación y expresión, osado, intenso y determinante para la representación de su estilo artístico, simbólicamente emocional, aún cuando la misma Langer también nos hace incapié en que muchas veces no hay relación sintomática entre la vida del artista y su obra, pero en el caso de Van Gogh es muy posible que esta dualidad haya estado presente de manera constante.En su vida Van Gogh se crea un eje de autoengendramiento-desarrollo-muerte y renacimiento, tanto de su obra como de su persona por medio del proceso creativo-destructivo, el primero solo en la obra y el segundo totalmente enfocado a su persona.

Las tendencias suicidas, producto de su patología emocionalmente frágil, adquirieron un sentido sacrifical lo que ayudo a crear un artista que hasta entonces era o se sentía marginado y  que con el tiempo se transformaría en un sujeto digno de admiración y de devoción. Así que toda esta circunstancialidad es lo que le da a su persona y a su obra un enfoque martirizado, mítico e icónico, reivindicando con el tiempo ambas facetas, la del hombre y la del artista, y es entonces cuando de manera súbita llega, tarde, pero llega, el reconocimiento, donde a pesar de todo lo padecido resurge para ser recompensado, aún cuando el ya no está para presenciarlo.Pocos artistas han mostrado con tanta claridad y sin ocultamiento de falsas defensas sus sentimientos, lo más inaccesible de su vida pasional, son el eje creador de su obra, y muy probablemente esto es lo que lo impulsa a no descuidar su parte creadora, y lo manifiesta, por llamarlo de alguna manera como melancolía activa, donde por medio de la pintura proyecta el principio y el final de la obra y de su vida.

Antes hablamos de su marca de nacimiento, la de saberse de cierta forma el sustituto del hermano muerto y no por decisión propia, sino por la imposición del mismo nombre y la casualidad temporal. No había ni conocía otra forma, que aprender a vivir con esto, lo cual le posibilitó con mucho esfuerzo y lucha interna aceptar por igual el dolor y el placer, ambos plasmados de manera determinante dentro de su obra.Van Gogh no perdía la esperanza, siempre tuvo la visión de que su obra se vendería por mucho más del dinero que invertía en los colores y en los lienzos y por el esfuerzo que ponía en su realización. Respecto a esto tenía sentimientos encontrados, regresa este síntoma de la dualidad a su vida; vender la obra pero no malbaratarla o guardarla para que con el paso del tiempo adquiriera su justo valor:“Al igual que el vino guardado en la bodega, será normal que alcance una valoración. Además, está claro que si me esfuerzo en hacer esa pintura, aún desde el punto de vista del dinero será preferible que esté sobre mi tela que en los tubos”. Tal vez la locura no era su manantial de capacidad creadora, ya que su creatividad artística es anterior a todos estos episodios, pero es válido decir que muy probablemente hayan servido como intensificador de su expresión artística y desahogo de su frustración y depresión.“Mi querido Théo, es todo un reto pintar la atmósfera, pero he descubierto que cuando una quiere hacer algo lo logra”.Entre mayo de 1889 y mayo 1890, tuvo arrebatos de desesperación y alucinación que le impedían trabajar. Vincent van Gogh produjo toda su obra (unas 900 pinturas y 1.600 dibujos) durante un período de solamente 10 años (etapa de 1880-90) hasta que sucumbió a la enfermedad mental posiblemente un trastorno bipolar o una epilepsia y decidió dispararse en el pecho después de una caminata y muere dos días después prácticamente en brazos de su mecenas Théo Van Gogh, él cual hasta ese día lo ayudo económicamente, de forma desinteresada adelantándole la paga  por el valor que probablemente adquirirían sus obras en un futuro. 

Van Gogh decidió ser pintor cuando tenía 27 años y siempre quiso reflejar su vida en las obras que pintaba. Su carrera pictórica está marcada por los lugares donde vivió y trabajó y los sentimientos que jamás lo abandonaron.  El 29 de junio de 1890 fallece Vincent Van Gogh, quien a través del color supo manifestar sus sentimientos como pocos artistas, sirviéndose de los tonos como vehículo y vínculo de expresión.

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