LO BELLO Y LO FEO

Las obras de arte a través de sus categorías

Lo bello así como lo cómico, o bien lo siniestro o lo trágico son palabras que empleamos para caracterizar un objeto, aunque también sirvan para referirnos a la subjetividad de una o varias personas.
Posiblemente aquello que nuestros sentidos perciben se remonte a una experiencia pasada que ha formado en la percepción una cualidad de agrado o desagrado.
Considera la siguiente pregunta: ¿Crees que lo bello implique siempre lo bueno? Parece que a lo largo de la historia estás dos categorías, una estética y otra ética, se han relacionado estrechamente.
Trata ahora de juzgar la situación desde tu propia vida cotidiana. Desde nuestra experiencia a veces tendemos a llamar "bueno" aquello que no solo nos gusta, sino que además, queremos o anhelamos.
¿Qué es lo que sucede con aquello que tememos o repudiamos? Existe un universo infinito de cosas que nos parecen buenas, y otro universo igual de inmenso de cosas que señalamos como malas.
Todo depende del cristal con que lo mires. Entramos en el mundo de las perspectivas. ¿Desde qué horizonte observas esta imagen?
Hay acciones que juzgamos virtuosas y, entonces, asociamos lo bueno con lo bello, por amor del equilibrio y la proporción. Pero, sucede lo mismo con aquello que produce dolor o pena.
Podemos reconocer cuando una acción es buena, y nos inclinamos a actuar de una forma u otra. Cuando percibimos algo que nos gusta nos acercamos, cuando no es así nos distanciamos.
También la demora de un objeto nos alerta acerca de nuestra autonomía con respecto al mismo. Si contemplamos de lejos un paisaje, podría revelársenos algo que si estamos demasiado próximos callaría.
Dentro de un círculo podemos encontrar una escena de gloria y piedad, de fraternidad y solidaridad.
También es dentro de una esfera que hallamos el castigo y la condena. Algunos colores empleados por los artistas son similares, podemos representar al hombre y a lo divino de muy diversas formas.
Generalmente, contamos con una visión premeditada de lo bello y de lo feo. Pensemos en la imagen que está ante nosotros, el relato que está detrás de la pintura, no podría ser más conmovedor.
Cambiemos la proporción y las dimensiones de lo que vemos. Podemos realmente sorprendernos sobre lo que experimentamos cuando descubrimos que lo bello y lo feo son categorías variables.
Si veneramos la belleza en sus múltiples formas, podemos abrir el canon del arte hacia nuevas formas de manifestación artística.
Es momento de reunir y distinguir lo feo con lo cómico, lo obsceno con lo grotesco. La amplia gama de posibilidades que se presentan es inabarcable. "Nada humano nos es ajeno" profería Terencio.
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