Género & Prostitución

El propósito de esta galería es el de ilustrar simbólicamente -ya que las imágenes fueron seleccionadas *** base en características referenciales y asociativas del tema en cuestión- la prostitución como una dinámica social que se ve determinada por las ***strucciones sociales producto de un universo simbólico estrictamente patriarcal. *** base en el universo simbólico en cuestión, se analiza el fenómeno de la prostitución desde diferentes aristas que hacen referencia al modo en que el imaginario social patriarcal hegemónico opera.

La prostitución como fenómeno influido por las construcciones sociales del género. Dichas construcciones sociales son elaboradas a partir de un universo simbólico que condiciona la forma en que los individuos se relacionan.
El universo simbólico influye en que se establezcan roles sociales según el género, y dichos roles son asignados bajo el patriarcalismo.
El 'deber ser' de la mujer en la sociedad es el de mujer tejedora o mujer madre.
La mujer erótica es el rompimiento de los patrones del 'deber ser' social de la mujer sumisa.
El rol asumido por la prostituta es el de mujer erótica, no responde a los patrones previamente establecidos de la mujer sumisa pero también cae en la lógica patriarcal.
El sistema sexo-género plantea la relación asociativa que debe de tener el individuo en el sentido: macho-masculino/hembra-femenino
Esto influye en el fenómeno de la prostitución dentro de los ámbitos de la prostitución masculina, tanto en la vertiente de los prostitutos como de los trasvestís.
El falogocentrismo es la reproducción discursiva del machismo propio del patriarcado.
La prostitución, como sustantivo, es femenina. Hablar socialmente de prostitución masculina es una redundancia mientras que al hablar de prostitución masculina siempre es pertinente hacer la aclaración.
La heteronormatividad de la sociedad cala fuertemente en la prostitución, estableciendo roles del 'deber ser' dentro de esta actividad. En ese sentido se entiende una relación unidireccional en la actividad: hombre contrata los servicios de una mujer.
Esta heteronormatividad femenina permite a las mujeres a ser socialmente aceptadas como trabajadoras del sexo pero esto no ocurre con los hombres.
La prostitución masculina en es un tabú, no es socialmente aceptado que el hombre ejerza la prostitución ni que la mujer contrate los servicios de un hombre.
Por esta razón se plantea que el rol que juega la mujer en la prostitución es explícito, ya que es protagonista y el del hombre es implícito ya que, de ser protagonista, no puede ser evidente.
Los espacios se destinan según el rol del género que el individuo ejerza en la sociedad, el rol femenino es en el espacio privado y, aún cuando la mujer sea pública o erótica, esta debe desenvolverse en el ámbito privado.
En el caso del hombre, socialmente se desenvuelve en el espacio público y aunque el ejercicio de la prostitución masculina sea discreto se realiza en el ámbito público.
El trasvestí representa a un individuo cuyo sexo es el macho y su género es el femenino. Pese a su condición femenina ejerce la prostitución en el ámbito público, es debido la presencia simbólica del falo.
La división sexual del trabajo también se hace presente en la prostitución, en primera instancia la prostitución femenina y masculina rompen con los patrones del 'deber ser' del hombre y la mujer en sociedad. Sin embargo, una vez en marcha la dinámica social se reproducen nuevamente los patrones patriarcales.
Las personas que ejercen el trabajo sexual deben procurar emanciparse del universo simbólico que no les permite realizarse como individuos autónomos.
El trabajo sexual debe ser considerado como cualquier otro oficio, contando con todas los beneficios sociales y legislativos que ello implica.
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